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Siempre Te Espere

Siempre Te Espere

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia / Pareja destinada
Popularitas:589
Nilai: 5
nombre de autor: sarais

novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero

NovelToon tiene autorización de sarais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El color de la verdad

Eros intentó todo.

Mientras más lo intentaba más se hundía más rencor se sembraba en su corazón le daba rabia que ella no confiara en el sabiendo que el nunca traicionó su confianza

Llamadas desde números desconocidos.

Mensajes a través de contactos en común.

Correos que jamás fueron respondidos.

Pero cada intento terminaba en el mismo muro: Franco.

Siempre estaba pendiente de todo pues sabía que Eros no se andaría con rodeos por conseguir a Amber y sabía que si Eros no daba con ellos era por casi milagro por qué siempre le pasaba los talones sabe que Eros logra lo que se propone lo hacía correr más rápido de lo que esperaba y eso le daba rabia pero no estaba dispuesto a volver no todavía tenía que ver cómo afrontar el nacimiento de él hijo de Amber

Amber no tenía teléfono propio.

No tenía redes activas.

No tenía libertad.

Franco la había aislado con una excusa elegante: “protección”.

En realidad, era control.

Solo hasta que todo se calme —le repetía.

Pero nada se estaba calmando.

Y Amber lo sabía.

Las últimas semanas del embarazo fueron silenciosas y tensas. Franco estaba más presente que nunca. Demasiado atento. Demasiado vigilante.

sabía que el más mínimo error y tendría a toda la famila de Amber en la puerta de su casa están frustrado si , pero más eran las ganas de ver a Eros sufrír y si con eso lo lograba no daría marcha atrás.

No tocaba el tema del padre por qué le sabía que si hijo no era el se cuidaba y no por qué no quisiera tener un hijo con Amber Era la única condición que le puso Amber no quedar embarazada se arrepiente de haber seguido esa condición de no haber hecho caso ella a hora estaría esperando a su hijo y normal hijo del idiota de Diego cada vez que lo pensaba más rabia le daba

Pero lo pensaba todos los dias

Todo el tiempo.

___________

Un mes después, en una clínica privada lejos de la ciudad donde comenzó todo, Amber dio a luz.

El parto fue largo.

Doloroso.

Pero cuando escuchó el llanto, todo lo demás se desdibujó.

—Es un niño —dijo la enfermera con una sonrisa suave.

Lo colocaron sobre su pecho.

Y Amber supo.

No necesitó pruebas.

No necesitó fechas.

Aunque ella sabía que con Eros no se cuido tenía miedo de que el método de franco fracasará ya que ningún método es seguro pero con esto lo supo no tenía por qué tener miedo o si pero no de que su hijo fuera de franco

El bebé tenía la piel clara, casi dorada bajo la luz blanca del hospital. Un cabello suave y negro comenzaba a notarse en su cabecita húmeda.

Y cuando abrió los ojos…

Verdes.

Intensos.

Exactamente como los de Eros.

Franco entró minutos después.

Se detuvo en seco.

Miró al niño.

Y el aire cambió.

—No —murmuró.

Amber sintió el tono antes de entender la palabra.

Franco se acercó despacio.

Observó cada detalle.

La forma de la nariz.

La estructura del mentón.

El color imposible de negar.

—No puede ser —repitió.

Amber abrazó más fuerte al bebé.

—Se llama Eric —susurró ella.

Franco levantó la mirada.

—¿Qué dijiste?

Eric.

El nombre quedó suspendido.

Franco soltó una risa seca.

—Claro.

No preguntó por qué.

Sabía por qué.

Eric.

Eros.

Demasiado parecido.

—Este niño no puede verse así —dijo de pronto, con frialdad.

Amber sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—No puede ser tan evidente.

Se acercó más, bajando la voz.

—¿Tú crees que la gente es estúpida?

—Es un bebé, Franco que te pasa ? quedó sorprendida se espero todo menos eso .

—Es un error visible.

Ella lo miró, incrédula.

—No es un error _ dijo molesta

Tiene sus ojos, Amber.

La acusación fue directa.

—Los bebés cambian —intentó ella.

—No lo suficiente no se que vas hacer .

El silencio se volvió pesado.

Franco pasó una mano por su cabello, alterado.

—No sé qué vamos a hacer.

—No vamos a hacer nada —respondió ella con firmeza inesperada.

Él la miró.

No quiero que nadie se dé cuenta.

—¿Darse cuenta de qué?

—De que no es mío es un bastardo no es mi hijo si te has dando cuenta verdad que no a ti se parece

La frase cayó cruda.

Amber sintió que algo dentro de ella se endurecía.

—No puedes cambiar el color de sus ojos.

Franco la miró, tenso.

—Se pueden usar lentes de contacto cuando crezca.

Ella abrió los ojos, horrorizada.

—¿Estás escuchándote? Es un bebé y faltaría mucho para que el pueda usar eso franco estás loco

_ hay que cambiar todo en el

O teñirle el cabello cuando sea mayor. Lo que sea necesario.

—Es un niño, Franco.

—Es una amenaza.

El bebé se movió inquieto entre los brazos de Amber.

Franco bajó la voz aún más.

—Si alguien empieza a comparar… si alguien nota el parecido…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Amber sostuvo la mirada.

Por primera vez, no había miedo.

Había decisión.

—No voy a ocultarlo es tu decisión seguir conmigo es que a mí hijo no lo tocas

Franco dio un paso atrás.

—Entonces aprende a mentir mejor.

El llanto de Eric rompió el silencio.

Franco lo observó un segundo más.

Esos ojos verdes lo desafiaban sin saberlo

No puede parecerse tanto —murmuró.

Pero la verdad no se disfraza fácilmente.

Y aunque Franco intentara cambiar el reflejo en el espejo…

Eric ya había nacido con el rostro del hombre que no debía existir en su historia.

Y tarde o temprano, alguien más lo notaría.

___________

Cuando Franco salió de la habitación para atender una llamada —o quizá solo para respirar lejos de esos ojos verdes que lo desafiaban— el cuarto quedó en silencio.

Por primera vez desde el parto, Amber estuvo sola.

Sola de verdad.

Con su hijo.

La luz de la tarde entraba tenue por la ventana del hospital. Eric estaba envuelto en una manta blanca, pequeño, tibio, perfecto.

Amber lo acomodó con cuidado entre sus brazos.

Lo observó sin prisas.

La forma diminuta de su nariz.

La suavidad de su cabello negro pero un negro castaño no era un negro oscuro era precioso.

Y esos ojos…

Verdes. Intensos. Inconfundibles.

Se le quebró la respiración.

—Hola, mi amor… —susurró.

Eric se movió apenas, como si reconociera su voz.

Amber pasó un dedo con delicadeza por su mejilla.

—Perdóname por el mundo al que llegaste.

No lloraba con desesperación.

Lloraba en silencio.

Con esa tristeza firme que no grita, pero pesa.

—No eres un error —le dijo con suavidad—. No eres un problema. No eres una amenaza.

Lo acercó más a su pecho.

—Eres lo único que hice sin miedo , eres perfecto eres tan bello mi amor

Sus labios temblaron al recordar la noche en la oficina. La habitación de madera. La forma en que Eros la miraba como si ella no fuera posesión de nadie.

Como si fuera elección.

—Tu papá… —murmuró, y la palabra salió cargada de emoción— no sabe que ya estás aquí.

Una lágrima cayó sobre la manta.

—Pero algún día lo sabrá.

Eric abrió los ojos lentamente.

Y Amber sintió que el mundo entero cabía en ese color.

—Te prometo algo —susurró, inclinándose para besar su frente—. Te voy a proteger. De todo. De todos.

Su voz se volvió más firme.

—No voy a dejar que te cambien. No voy a dejar que escondan quién eres. No voy a dejar que te apaguen para que otros se sientan tranquilos.

Respiró profundo.

—Y si tengo que mentir, mentiré. Si tengo que huir, huiré. Si tengo que enfrentarme al mundo entero… lo haré.

Sus dedos pequeños se cerraron alrededor del suyo.

Amber sonrió entre lágrimas.

—Pero un día… —continuó, más bajito— un día vamos a estar con papá. Los tres.

No sabía cómo.

No sabía cuándo.

Pero por primera vez en meses, la esperanza no dolía.

Él tiene tus ojos —susurró con una pequeña sonrisa—. Y tú tienes su fuerza.

Se inclinó y apoyó la frente contra la de su hijo.

—Eres Eric.

El nombre ya no era una provocación.

Era una verdad.

Afuera, los pasos en el pasillo anunciaban que el mundo seguía girando.

Pero dentro de esa habitación, Amber acababa de tomar una decisión que cambiaría todo.

Ya no estaba sola.

Y ahora tenía algo más fuerte que el miedo.

Tenía un motivo.

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