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La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Gala benéfica.

La vida de Alelí se había convertido más difícil , vivía atada a dos mundos que no debían tocarse.

Por las mañanas trabajaba en la clínica jurídica donde había conseguido empleo tras graduarse en Derecho con énfasis en derecho penal y criminología. Su puesto como analista legal le permitía revisar expedientes de casos archivados, denuncias por desapariciones, violencia y corrupción. Era un lugar perfecto para alguien que sabía buscar patrones.

Demasiado perfecto.

Entre carpetas polvorientas y archivos digitales protegidos, encontraba nombres que se repetían. Apellidos ligados a rutas, propiedades fantasmas, fundaciones de fachada. Poco a poco, iba reconstruyendo mapas invisibles de poder.

Por las noches, seguía siendo otra cosa.

La flor no había dejado de aparecer.

Mientras tanto, su relación con Maykol avanzaba a un ritmo que ninguno de los dos había planeado. Pasaban más tiempo juntos, compartían espacios más íntimos, silencios más largos.

Alelí lo acompañaba con frecuencia a la mansión Zurita. Allí caminaba con elegancia por los pasillos donde el poder se respiraba denso. Observaba cuadros, escoltas, rutinas de seguridad. Escuchaba conversaciones entre tíos y primos que hablaban en metáforas cuando se referían a negocios.

Y siempre, en algún punto del día, sus ojos terminaban en Raúl Zurita.

El hombre que había ordenado la muerte de sus padres.

Él también la observaba.

No con hostilidad abierta, sino con esa mirada analítica de quien ha sobrevivido desconfiando.

Maykol notaba esa tensión, aunque no entendía su raíz.

Anita, por su parte, comenzaba una nueva etapa en el hospital privado donde trabajaba Luis.

Gracias a su carrera en Derecho, consiguió un puesto en el departamento legal y de auditoría médica, encargándose de revisar demandas por negligencia, contratos confidenciales y protocolos internos en casos delicados.

Eso la obligaba a trabajar muy cerca de Luis.

—No sabía que serías tan estricta revisando informes —le dijo él una tarde, mientras compartían café.

—Alguien tiene que cuidar que los héroes no se equivoquen —respondió Anita con una sonrisa.

Luis la miró con ternura.

—Entonces quédate cerca. Me haces mejor.

Ya no había dudas. Eran novios. Y Alelí y Maykol estaban genuinamente felices por ellos.

—Luis es distinto —le dijo Alelí a Maykol una noche—. Cuídalo.

Maykol sonrió.

—Es el único que me ha dicho cuando estoy siendo un idiota. Lo haré.

La invitación llegó días después.

No era una fiesta privada de los Zurita.

Era una gala benéfica organizada por la Asociación Empresarial del Norte, un evento anual donde las familias más influyentes —legales e ilegales— se mezclaban bajo la excusa de donar dinero a hospitales y fundaciones.

Un club exclusivo en la zona más alta de la ciudad. Seguridad privada. Invitaciones limitadas. Política y crimen vestidos de etiqueta.

—Es importante que vayamos —le dijo Maykol a Alelí mientras se ajustaba el traje—. No podemos permitir que Calderón crea que evitamos estos espacios.

Alelí entendió de inmediato.

En ese mundo, la presencia era una declaración de poder.

—Entonces vayamos —respondió.

El club brillaba en dorado y negro. Música suave, copas de cristal, conversaciones medidas.

Raúl Zurita estaba presente, impecable, acompañado por algunos de sus hermanos y socios. A varios metros de distancia, la familia Calderón ocupaba otra sección del salón.

Y ahí estaba Alex.

No cruzaron miradas de inmediato.

Pero la tensión estaba viva.

Maykol caminaba con elegancia firme, la mano de Alelí apoyada en su brazo. Ella lucía espectacular, serena, imposible de ignorar.

Alex fue el primero en mirarla.

No con burla. No con provocación.

Con interés.

—Así que ella es la famosa novia de Zurita —murmuró a uno de sus hombres.

—¿Problemas? —preguntó su acompañante.

Alex negó suavemente.

—No. Curiosidad.

La noche avanzó entre discursos hipócritas sobre responsabilidad social y aplausos fingidos.

Maykol se apartó un momento para saludar a un empresario aliado. Alelí quedó sola cerca de la barra.

—No pareces impresionada —dijo una voz a su lado.

Alelí giró lentamente.

Alex Calderón.

—¿Debería estarlo? —respondió ella con calma.

Alex sonrió levemente.

—La mayoría se intimida aquí.

—Yo no soy la mayoría.

Él la observó con atención.

—Eso ya lo noté.

El silencio entre ellos no era incómodo. Era eléctrico.

—Dime algo —continuó Alex—. ¿Qué hace una mujer como tú en medio de una guerra que no le pertenece?

Alelí sostuvo su mirada sin parpadear.

—Las guerras nunca son tan simples como parecen.

Alex inclinó la cabeza.

—Interesante respuesta.

A unos metros, Maykol los vio.

La sangre le hirvió.

Se acercó con paso firme.

—¿Hay algún problema? —preguntó, sin apartar los ojos de Alex.

—Ninguno —respondió Alex con tranquilidad—. Solo conversación civilizada. ¿No es eso lo que se hace en territorio neutral?

Maykol apretó la mandíbula.

—Mantén tu distancia.

Alex sonrió.

—La mantendré… si ella quiere.

Alelí intervino antes de que la tensión explotara.

—No hay nada aquí —dijo, mirando a Maykol.

Alex dio un paso atrás.

—Nos veremos pronto.

Y se alejó.

De regreso al penthouse, el silencio era pesado.

—¿Qué quería? —preguntó Maykol.

—Hablar.

—¿De qué?

Alelí lo miró.

—De guerras. De curiosidad. De nada importante.

Maykol no parecía convencido.

—No me gusta que se te acerque.

—¿Celos? —preguntó ella suavemente.

—Instinto —respondió él.

Pero no era solo Alex lo que lo inquietaba.

Era ella.

Había algo en su forma de sostener aquella conversación. Demasiado firme. Demasiado estratégica.

Como si estuviera acostumbrada a negociar con lobos.

Esa misma noche, en otro lugar de la ciudad, Alex bebía solo.

—¿La atacarás para provocar a Zurita? —preguntó uno de sus hombres.

Alex negó con la cabeza.

—No.

—¿Entonces?

—Quiero entenderla.

Se recostó en el sillón, pensativo.

—No es una pieza. Es un misterio.

Y eso lo hacía peligroso.

Maykol, incapaz de dormir, abrió su laptop.

Había intentado investigar a Alelí antes. No encontró nada.

Pero ahora buscaba más profundo.

Registros antiguos. Direcciones. Historiales.

Y algo no encajaba.

Había vacíos.

Espacios en blanco demasiado limpios.

—¿Quién eres? —murmuró para sí.

Mientras tanto, Alelí observaba la ciudad desde su ventana.

Sabía que el tablero estaba cambiando.

Maykol dudaba.

Alex se interesaba.

Raúl observaba.

Y ella… estaba cada vez más cerca del centro de la guerra.

La flor seguía intacta.

Pero el jardín empezaba a sospechar.

1
Omaira Sanchez
😭 Quiero seguir 😭 leyendo,
Omaira Sanchez
Excelente, me tiene Atrapada,
Mariscal Morin
Que 💩 💩 💩 de padres
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
A la mad @***
Mariscal Morin
Estoy hasta sudando, 😅 😅 no manches 😅😅😅
Mariscal Morin
Tanto misterio 😊😊😊😊
Mariscal Morin
A la mamá, como que sintieron ñañaras 😊😊aber en que terminan
Mariscal Morin
Esta saliendo bien chingona 🌷🌷
Mariscal Morin
Que bella historia 🌷🌷🌷🌷🌷🌷
Mariscal Morin
Todo fríamente calculado, para vengar a sus padres 😟😟😟
Mariscal Morin
Me esta gustando mucho esta historia 😊😊
Mariscal Morin
No es bueno crecer con tanto odio 😟😟😟
Mariscal Morin
Pobresita niña 😟😟😟
Amelia Mirta Fernández
me encanta como se está relatando la trama. muy sutil.
Amelia Mirta Fernández
Me gusta hasta ahora..recién empiezo su lectura..
Amelia Mirta Fernández
Interesante comienzo. 👏👏👏👏👏🥰
Beatriz Elsa Ponzo
tienen que dejar de cortar la historia asi
Beatriz Elsa Ponzo
no tienen que cortar así
Beatriz Elsa Ponzo
hoy ya es 19 y como sigue. qye injusto cortar así
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