Había pasado un año desde que Geisa había abandonado a su marido, el jeque Ali Hasam y echaba de menos a aquel hombre guapo, arrogante y apasionado, pero ¿de qué serviría volver a él si no era capaz de darle lo que él tanto necesitaba: un hijo y heredero? Cuando Ali la engañó para que regresara, Geisa se sintió furiosa y confundida. ¿Por qué la quería a su lado mientras luchaba con su padre por el trono de Jezaen ? Porque sólo podría triunfar si les demostraba a sus enemigos que tenía una esposa fiel y embarazada...
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Capitulo 15
Ella estaba con la barbilla apoyada en las rodillas, pero se volvió para mirarlo. El cuerpo de Hassan vibró de tentación bajo la bata color arena.
-¿Convencer a mi padre para que conspire contra mí no es ser retorcido?
-Se sintió aliviado de que yo quisiera hacer algo. Me deseó buena suerte y me ofreció toda la ayuda posible -ella no dijo nada y se limitó a suspirar-. Sabes que tu padre se preocupa por ti -añadió con voz ronca-. No le has contado por qué me dejaste, ¿verdad?
La pregunta hizo que ella volviera la vista a la ventana y dejara la mirada perdida en la oscuridad exterior.
-Aceptar que soy un fracaso no es algo que quiera compartir con nadie -murmuró.
-Tú no eres ningún fracaso.
-¡Soy estéril! -exclamó, soltando la única palabra que ninguno de los dos quería oír.
Hassan se puso en pie en un arrebato de furia.
-¡No eres estéril! No fue eso lo que te dijeron los médicos, y lo sabes.
-¿Cuándo dejarás de negarlo? -gritó ella. Se puso en pie para encararlo. Tenía el rostro tan blanco como la sábana-. ¡Tengo un ovario dañado, y el otro solo ovula cuando le da la gana!
-Eso no implica ser estéril.
-Después de tantos años, ¿aún puedes decir eso? Lo miraba como si él estuviera tratando de hacerle daño. y como no tenía respuesta para esa última pregunta, Hassan pensó si acaso no habría sido esa su intención. El último año juntos había sido un infierno, y el anterior no fue mucho mejor. El matrimonio había llegado a ser una decepción que ensombrecía el pasado y el futuro. Al final, Geisa no pudo soportarlo más y lo dejó.
-Podemos probar otros métodos de concepción -sugirió él.
-¿Quieres que mis óvulos se cosechen como granos de trigo y que tu hijo sea concebido en una probeta? Tu pueblo jamás lo perdonaría.
Hassan tragó saliva. Geisa tenía razón. Estaba hablando de las tribus del desierto, que mantenían el equilibrio de poder en Jezaen. Vivían apegados a las viejas costumbres, y veían el progreso como un mal inevitable. El mismo Hassan había corrido un gran riesgo al casarse con una mujer occidental. Las tribus lo habían sorprendido al ver esa decisión como un signo de fuerza, pero fue lo único que le concedieron. No comprenderían que se tomara tantas molestias en concebir a un hijo, cuando lo único que tenía que hacer era intentarlo con una segunda esposa.
-¿Por qué me has traído? -preguntó ella, y corrió a refugiarse en el cuarto de baño con la misma intención con la que lo había hecho él estar a solas con su dolor…
***
DOS horas, pensó Geisa al quitarse el reloj de oro y dejarlo sobre la encimera de mármol, junto a los pendientes y el collar de diamantes.
Dos horas juntos y ya se estaban haciendo daño.
Dejó escapar un suspiro y se sentó en la taza del inodoro. A su alrededor todo era blanco. Azulejos, baldosas, techo, cerámica. Sin duda hacia falta un toque de color para. ..
Cerró los ojos. Se estaba refugiando tras una actitud profesional para intentar evitar los pensamientos que la atosigaban.
La situación era absurda, especial y agridulce. No sabía si reírse por los extravagantes métodos de Hassan para unirlos, o llorar por la angustia que les estaba causando…