—Pablo Santander es un enólogo y bodeguero muy conocido en su pueblo, y un día, rescata a su sobrina Antonella de un orfanato, quien vivió situaciones traumáticas, pero es carismática y sonriente. Con el paso del tiempo, Antonella va viendo la rivalidad en la que se ve involucrada sin desearlo.
Muchos adolescentes/jóvenes inexpertos descubriendo el amor por otro lado.
—<<<Rivalidades, amor, amistad, amor sano, romance, amistad, romance estilo "RyJ", infidelidades, dr, problemas de autoestima, mafia, negocios, realismo, bodegas, viñedos, familia disfuncional, clasismo, amor eterno, etc>>>
—Idioma: español (Argentina)
—Pueblo de Buenos Aires.
—Ambientado en: Junio 2002- Febrero 2006.
—Cantidad de temporadas: 4.
—Duración de capítulos: 45/50 minutos.
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T1 E15
*Ella jugaba con los dedos de sus manos, sintiendo la presión del momento*
Mariano: [curiosidad] ¿Verdad? ¿Qué verdad, Nella?
Antonella: Vení, sentate...
*Antonella y Mariano se sientan en una mesa apartada, el ambiente se vuelve más íntimo. Mariano estaba curioso, pero Antonella lucía triste*
Mariano: [preocupación] Decime qué pasa. Me estás asustando...
Antonella: [mirando hacia abajo] Sos una persona muy especial para mí. Desde que te conozco, alegras mis días... Pero hay algo que hace tiempo me está atormentando, y no te dije...
Mariano: ¿Qué cosa?
Antonella: [voz entrecortada] Hay algo en mí... Muy malo...
Mariano: ¿Algo muy malo? Lo dudo. No hay nada de malo en vos.
Antonella: [lágrimas en los ojos] Sí, lo hay. Yo... tengo un secreto...
Mariano: ¿Un secreto?
Antonella: Sí, un secreto que... que si te lo cuento, lo cambia todo...
Mariano: Mirá, si no querés, no estás obligada a contarme, Nella...
Antonella: [angustia] Es que esto me supera cada día más...
*Él apoya sus manos en los hombros de Antonella, mirándola a los ojos con ternura y comprensión. Luego, acaricia su rostro con suavidad*
Mariano: Shh, a ver, tranquila. Escuchame una cosa...
Antonella: [la mirada fija en él] ¿Qué?
Mariano: Hay dos cosas que me encantan, además de vos. Los secretos y el misterio. Así que si no querés decírmelo, no pasa nada. Todo a su tiempo. No niego que me intriga saber qué es, pero yo te voy a esperar hasta que estés lista...
*Antonella lo mira con culpabilidad y tristeza*
Antonella: [sonrisa triste] ¿Por qué tenés que ser tan bueno?
Mariano: Porque eso es lo que te merecés. Vos te merecés todo lo bueno...
*El ambiente entre ellos se volvió más denso. Con el corazón latiendo rápidamente, Antonella se acercó un poco más a Mariano*
*Entonces, en un momento de vulnerabilidad compartida, se inclinaron el uno hacia el otro y se besaron suavemente*
*Por otro lado, en casa de los Montero, Giuliana estaba tranquila, planchando ropa. Su marido, César, se acercó a ella con una expresión seria en el rostro*
César: Giuli...
Giuliana: [mirando hacia arriba] ¿Sí, amor?
César: Quería hablar con vos...
Giuliana: *curiosidad* Claro, ¿de qué?
César: De lo que pasó ayer... con eso de la ropa...
Giuliana: Oh... ¿qué con eso?
César: Me quería disculpar, estuve fuera de lugar y lo admito...
Giuliana: No, capaz vos tenías razón...
César: No, yo me equivoqué. Y te pido disculpas...
Giuliana: [sonriendo ligeramente] No pasa nada, no estoy enojada...
César: [tono manipulador] Es que sos muy linda, ¿entendés? Y a mí me da inseguridad que salgas de esa forma...
Giuliana: Pero yo solo te quiero a vos, tontito...
*César le sonríe, sintiendo un alivio al escuchar sus palabras*
César: Y para compensarte, te quería invitar hoy a un restaurante carísimo que abrieron hace poco. ¿Qué decís?
Giuliana: [sus ojos brillando de emoción] ¿En serio? ¡Me encanta! ¡Claro que sí!
*Giuliana lo besa de nuevo, esta vez con más entusiasmo, sintiéndose feliz y valorada*
*Por otro lado, Miguel estaba paseando por la plaza, disfrutando del ambiente soleado. Al mirar a lo lejos, vio a Luli y se sintió emocionado al reconocerla. Sin pensarlo, decidió acercarse a ella, contento*
Miguel: ¡Luli!
*Luli se sorprendió al verlo, su expresión cambiando de sorpresa a una mezcla de alegría y nerviosismo. Ella llevaba un suéter beige de lana, que parecía fuera de lugar en aquel día caluroso*
Miguel: ¿Cómo estás?
Luli: [sonrisa forzada] Hola, Miguelito... Bien, bastante bien, por suerte...
Miguel: ¿Qué hacés vestida así? ¡Hace un calor de locos!
Luli: Ehh, nada, simplemente tengo frío... mucho frío...
Miguel: ¿En serio?
Luli: [sin poder sostener la mirada] Sí... y ahora te dejo porque tengo que ir a comprar las cosas de la comida de hoy...
Miguel: ¿Por qué siempre me esquivas, Luli?
Luli: Es que tengo marido y no quiero hacerlo enojar...
Miguel: Y él... ¿te trata bien?
Luli: [nerviosa] Ehh, obvio...
*Miguel la miró fijamente, sintiendo que había algo más detrás de sus palabras. Aquel golpe que había notado en su cara lo inquietaba*
Miguel: Estoy empezando a sospechar que ese golpe que tenés en la cara no es porque te caíste...
Luli: Sí fue por eso, ¿por qué más si no?
Miguel: No sé...
Luli: Miguel, después nos hablamos por teléfono, ¿dale? En serio, tengo que llegar a mi casa...
Miguel: Pero...
Luli: [interrumpiéndolo] ¡Chau, nos vemos!
*Luli se dio la vuelta y se alejó rápidamente, dejando a Miguel mirando su figura alejarse con preocupación. La sonrisa que había sentido al verla se desvaneció, reemplazada por inquietud*
*Por otro lado, en casa de los Santander, todos estaban charlando animadamente, disfrutando de la compañía. De repente, Gina recibió una llamada, lo que interrumpió su momento*
Gina: ¿Quién será? Ahí vuelvo, chicos...
Antonella: Dale...
*Gina se alejó del grupo y se dirigió a la cocina. Una vez allí, contestó la llamada, sintiendo una mezcla de anticipación y nerviosismo*
Gina: ¿Hola?
"Marcelo: Hola, hermanita..."
Gina: ¿Marcelo?
"Marcelo: El mismo..."
Gina: [sonriendo al escuchar su voz] ¡Tenía tiempo que no me llamabas! ¿Cómo andas?
*El ruido de una tos interrumpió la conversación, y Gina notó que sonaba muy agotado*
"Marcelo: Bien, ando bien..."
Gina: ¿Por qué se te escucha tan raro?
"Marcelo: No, por nada..."
Gina: Dale, decime. Yo te conozco...
"Marcelo: Solo ando un poco enfermo..."
Gina: [alarmada] ¿Qué tenés?
"Marcelo: Me diagnosticaron algo así como... tubérculo..."
Gina: ¿Qué?
"Marcelo: Y no estoy pudiendo pagar los medicamentos..."
Gina: Pero... ¿pero y por qué no me llamaste antes?
"Marcelo: Porque me enteré recién ayer, hermanita..."
Gina: [confundida y angustiada] Pero no entiendo... ¿y por qué no los podés pagar?
"Marcelo: La poca plata que tenía me la gasté en otra cosa. Y ahora estoy más seco que oruga en un desierto..."
Gina: ¿Necesitás plata?
"Marcelo: Sí, un poco..."
Gina: No te preocupes, voy a ver la manera de conseguir plata. Yo me voy a encargar de que no te pase nada...
"Marcelo: Gracias, hermanita, te quiero mucho..."
*Gina sonrió a pesar de la preocupación que la invadía, y él cortó la llamada. Se quedó pensativa unos segundos, sintiendo la gravedad de la situación mientras su mente se llenaba de preocupaciones*
*Finalmente, con un suspiro profundo, volvió al comedor, tratando de ocultar su angustia*
Pablo: ¿Quién era, Gina?
Gina: Eh... Mi hermano...
Pablo: [sonrisa] ¿En serio? ¡Re bien! ¿Y qué se cuenta?
Gina: Nada, todo igual por suerte...
Pablo: [notando su tono] ¿Todo bien? Te siento rara...
Gina: [titubeo nervioso] ¿Eh? ¡Sí! ¡Todo más que bien!
*Gina trató de sonreír, pero la preocupación seguía acechándola*
Antonella: Che, familia...
Pablo: ¿Qué pasa, Anto?
Antonella: ¿Alguno de ustedes tiene ropa que ya no use?
Pablo: Claro, hija... Perdón, Anto, ¿para qué?
Lorenzo: Si es para ella desde ya aviso que una remera tuya le va a llegar hasta las rodillas.
Antonella: Ja ja ja, dejá de gastarme un ratito, ¿sí?
Lorenzo: Ay, ni que fuera mentira...
Pablo: ¿Para qué querés ropa, Anto?
Antonella: Para unos amigos de la calle que no tienen ropa...
Pablo: [sonriendo con orgullo] Es muy lindo de tu parte... ¿pero más o menos de qué estatura serán? Porque si son petizos, mi ropa no les va a andar.
Antonella: [picardía] Por eso, yo decía que capaz, ALGUIEN, tan solidario y buena persona, me podría dar ropa que ya no use...
*Antonella vio a Lorenzo de reojo, con una sonrisa manipuladora*
Lorenzo: Ya sé a dónde querés llegar. No hace falta que me intentes chamuyar, está bien, solo si es para ayudar a otros.
Antonella: [sonrisa radiante] ¡Ay, gracias!
*Antonella se acercó a Lorenzo y le dio un pequeño abrazo, que lo tomó por sorpresa. Su confusión era evidente, pero también había una calidez en el gesto que lo hizo sonreír*
Lorenzo: [risa nerviosa] Bueno, tampoco es para tanto...
Pablo: ¡Claro que es para tanto! ¡Es un gesto hermoso, Anto!
Antonella: Para mí, ayudar a otros es lo más importante. Y ustedes son los mejores por apoyarme.
*Lorenzo, aún un poco confundido, se encogió de hombros, pero una sonrisa se asomó en su rostro*
Lorenzo: Bueno, entonces, voy a buscar algunas cosas que ya no uso. No quiero que mi ropa termine en las rodillas de nadie...
*Antonella rió mientras Lorenzo se levantaba y se dirigía a su habitación, y Pablo se quedó mirando a su sobrina con aprecio*
Pablo: En serio, Anto, me alegra que te preocupes por los demás. Eso dice mucho de vos.
Antonella: Gracias, tío. Significa mucho para mí.
*La conversación continuó, llena de risas y anécdotas*
*Por otro lado, Thiago iba caminando por la plaza, vigilando atentamente a su alrededor, asegurándose de que nadie lo viera ni lo siguiera. Su corazón latía con fuerza, y una sensación de nerviosismo lo invadía. Finalmente, se sentó en una banca, tratando de calmarse mientras esperaba a alguien. Para distraerse, sacó un cigarrillo y lo encendió, inhalando profundamente para aliviar un poco su ansiedad*
*Segundos después, esa persona apareció a lo lejos. Thiago se enderezó en la banca, y cuando Tomás se acercó, se saludaron con un choque de palmas, el gesto cargado de complicidad*
Tomás: Hola, amigo...
Thiago: ¿Qué hacés? ¿Cómo andás?
Tomás: Bien, ¿y vos?
Thiago: Bien, muy ansioso porque llegaras...
Tomás: ¿Tan ansioso estás por...?
Thiago: [interrumpiéndolo] Ni hablar, ¿trajiste lo que te pedí?
*Tomás, con un gesto de resignación, sacó de su bolsillo una pequeña bolsita con cigarrillos (m). Tomás le pasó la bolsita, y Thiago, con manos temblorosas, sacó uno de los cigarrillos y comenzó a fumarlo, inhalando con fuerza como si eso pudiera calmar su inquietud*
Tomás: No sé si esté bien esto que estamos haciendo, amigo...
Thiago: ¿Ya te querés borrar?
Tomás: No, pero esto... no está muy bien...
Thiago:Si querés, borrate, pero no se te ocurra decirle nada a nadie, ¿ok?
*Tomás asintió con la cabeza, aunque su mirada reflejaba dudas*
*Por otro lado, Dani y Rafa estaban sentados en un tronco en la plaza, disfrutando del sol y charlando animadamente. De repente, vieron a Antonella corriendo hacia ellos, su rostro iluminado por una gran sonrisa y con dos bolsas grandes en las manos*
Antonella: [entusiasmo] ¡Hola, chicos!
Dani: ¡Anto!
Rafa: [tono juguetón] Hola, Petinella.
Antonella: [risa ligera] Cuándo no...
Dani: ¡Qué bueno que viniste a visitarnos!
Antonella: Sobre todo porque les traje un regalo en estas bolsas...
Dani: ¿En serio?
Rafa: ¿Regalo de qué? ¿Qué es?
Antonella: Veanlo por ustedes mismos...
*Ella les entrega una de las bolsas, y ellos la abren, mirando confundidos. Cuando ven la ropa en su interior, sus ojos se iluminan de sorpresa*
Dani: ¿Y esto?
Antonella: [sonriendo con orgullo] Es lo que parece. Ropa que no usamos más, para ustedes.
Dani: ¡Re piola! ¡Encima es ropa re linda!
Rafa: [examinando las prendas] Parece ropa de ricos, pero está piola...
Dani: ¡Gracias, hermanita!
*Dani la abraza con alegría, y ella le corresponde*
Rafa: Te la rifaste, Petinella, eh.
Antonella: [riéndose] Gracias, supongo...
Dani: ¡Ahora vamos a poder intentar conseguir trabajo!
Rafa: Sos una genia, eh.
Antonella: No hay de qué, los amigos de mi familia son mis amigos también...
Dani: Hablando de eso, ¿pudiste hablar con tu novio?
Antonella: [sorpresa] Uh, me olvidé, qué lela que soy, sabía que de algo me olvidaba. Pero te juro que ni bien lo vea le voy a decir...
Dani: Dale, Anto, no te preocupes.
*Dani y Antonella se abrazan de nuevo, esta vez con más cariño*
*Rafa, observando la escena, no pudo evitar sonreír ante la alegría de sus amigos*
*Por otro lado, en la casa de los Santander, Pablo estaba ocupado con su trabajo en la bodega, organizando algunos suministros y revisando el inventario. De repente, sintió la presencia de alguien y, al voltear, vio a Gina acercándose a él de forma tímida y nerviosa*
Gina: Pablo...
*Pablo se detuvo y le sonrió, iluminando su rostro con su calidez habitual*
Pablo: ¡Gina! No te había visto...
Gina: [sonriendo débilmente] Sí, hola...
Pablo: ¿Todo bien?
Gina: Sí, sí...
Pablo: ¿Segura? ¿Necesitas algo?
Gina: En realidad... sí...
Pablo: [inclinándose un poco hacia ella] ¿Qué necesitas?
Gina: Quería saber si... si me podías dar algún adelanto...
Pablo: Claro, ¿cuánto necesitas?
Gina: [ligero titubeo] Como mucho 100 pesos...
*Pablo la miró con curiosidad, sintiendo que había más detrás de su solicitud*
Pablo: Bueno, ¿pero pasó algo?
Gina: [evitando su mirada] Es para uso personal...
Pablo: ¿Algo que yo deba saber?
Gina: [voz temblorosa] No, es solo que un familiar está enfermo y necesito pagarle los medicamentos...
*La sinceridad en su voz hizo que Pablo se sintiera preocupado, pero también decidido a ayudar*
Pablo: No se diga más, ahí te los doy.
*Entonces, Pablo sacó su billetera con rapidez, sintiendo la urgencia de la situación. Comenzó a contar varios billetes, asegurándose de que pudiera ayudarla lo suficiente*
*Segundos después, le extendió el dinero con una expresión de apoyo*
Pablo: Acá tenés...
Gina: Gracias, muchas gracias, en serio...
Pablo: [sonrisa cálida] No me agradezcas, somos amigos.
*Gina le sonrió, sintiendo un alivio en su pecho. Sin más, se despidió y se alejó, con el dinero en la mano y una nueva determinación*
*Pablo, mirando cómo se alejaba, sintió una mezcla de satisfacción y preocupación*
*Por otro lado, en la acogedora cafetería de Mariano, Mariano estaba sentado en una silla, con Antonella sentada sobre él, en sus piernas. Ambos estaban muy contentos, sus rostros iluminados por sonrisas genuinas. Antonella mordisqueaba una barrita de cereal, disfrutando del momento en compañía de su amor*
Antonella: Amor, te quiero hablar de algo...
Mariano: *[sonrisa curiosa] A ver, decime...
Antonella: ¿Te acordás que me dijiste que venías necesitando alguien que te ayude? Tipo... ¿un mesero?
Mariano: Sí... ¿por qué?
Antonella: Tengo un hermano que está en la calle. Y está necesitando mucho de un trabajo, pensaba que capaz...
Mariano: [mirándola con atención] Sin problema, solo si vos me asegurás que es de fiar.
Antonella: Lo es, creeme. Es un chico muy dedicado, muy honesto, nunca haría nada desleal...
*Mariano la miró a los ojos, sintiendo la pasión y el compromiso detrás de sus palabras. La conexión entre ellos era palpable, y se dio cuenta de cuánto significaba para ella ayudar a su hermano*
Mariano: Bueno, entonces decile que un día de estos venga. Le tomo una entrevista, y ahí le doy el empleo.
Antonella: [sonriendo radiante] Ay, sos un amor y un divino, ¿sabías?
Mariano: Sí, lo sabía, pero es lindo que me lo recuerden...
*En ese instante, Mariano la inclinó hacia él, atrapando sus labios en un beso suave pero lleno de ternura. Antonella respondió al instante, cerrando los ojos*
*Cuando finalmente se separaron, ambos respiraron entrecortadamente, sonriendo. Antonella acarició suavemente la mejilla de Mariano, disfrutando de la conexión especial que tenían*
*Por otro lado, en la casa de los Montero, Chiara estaba concentrada, diseñando unas telas. De repente, escuchó la voz de Marco, que resonó en la habitación con un tono enojado*
Marco: ¡Chiara!
Chiara: [levantando la vista, sorprendida] ¿Qué pasa, Marco?
Marco: [frustrado] ¿Me podés explicar por qué no hay ni una camisa limpia?
Chiara: No hice tiempo de lavarlas...
Marco: ¿Cómo que no hiciste tiempo? ¿Qué es más importante?
Chiara: [sarcasmo] Ehh... Cocinar, comer... ¿o querés cocinar vos y yo limpio la casa?
Marco: ¡Así no son las cosas! ¡Vos, como mujer, deberías mantener el hogar limpio y hacer las labores de la casa, entre ellas, cocinar!
Chiara: ¿Y acaso se te van a caer los anillos porque hagas algo vos, una vez?
Marco: [enfurecido] ¡No, pero yo tengo que trabajar! ¡No tengo tanto tiempo para perder!
Chiara: Vivo todo el día haciendo cosas. Recién me hice un pequeño tiempo para sentarme. NO me lo arruines.
Marco: ¡No veo a nadie más acá!
Chiara: ¡Bueno, pedíselo a Thiago, qué sé yo!
Marco: ¡Thiago no está nunca en la casa!
Chiara: Bueno, ese no es problema mío. Yo soy una persona, no una máquina. También me merezco descansar...
Marco: [tono burlón] ¿Ah, sí? ¿Qué haces de especial, a ver?
Chiara: ¡Nada!
Marco: Ha de ser una tontería, como todo lo que hacés.
*Con esas palabras, Marco se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando a Chiara sola. Ella lo miró irse, sintiendo la ira y la frustración*
*Por otro lado, Malena iba caminando por la calle, con la cabeza gacha y tristeza. Sus pensamientos la atormentaban, pero de repente, una voz familiar la sacó de su ensimismamiento*
Dani: [energía] ¡Eh, hola, amiga!
*Malena levantó la vista, sorprendida y un poco confundida al ver a Dani acercarse a ella*
Dani: ¡No me digas que no te acordas de mí!
Malena: A ver... no me digas... ¡Dani!
Dani: El mismo...
Malena: Ey, pero se te ve distinto... tenés algo de distinto...
Dani: ¿Capaz que estoy más arreglado? ¿Puede ser?
Malena: [sonriendo] Sí, eso puede ser...
Dani: Se te ve mejor que la última vez...
Malena: ¿En serio?
Dani: [riendo suavemente] Sí, ya no se te ve tan... gruñona...
*Malena lo miró con un gesto de indignación, pero no pudo evitar que una sonrisa se asomara en sus labios*
Dani: [expresión de arrepentimiento] Hablé demasiado rápido, creo...
*Malena soltó una risa, su enojo disipándose rápidamente*
Malena: ¡No me dejás enojarme!
Dani: [sonrisa traviesa] Así soy yo, es una de mis especialidades.
*Malena rió, sintiendo que la tristeza se desvanecía poco a poco*
Dani: ¿Sabés qué siento, Malena?
Malena: ¿Qué?
Dani: [mirándola a los ojos] Que sos una chica muy linda, muy especial...
Malena: [con un brillo en sus ojos] ¿En serio te parezco linda?
Dani: Pero claro.
*Malena sonrió, una alegría genuina cruzando su rostro, mientras se quedaba pensativa al mismo tiempo*
Dani: No entiendo cómo una chica tan linda como vos puede estar sola...
Malena: [suspiro, bajando la mirada] Porque no todos piensan como vos... para el resto de la gente, soy fea, insuficiente...
Dani: [con tristeza, tomando su mano] No, no, escuchame, no digas eso. Vos valés mucho, no dejes que te hagan creer lo contrario...
*Conmovida por sus palabras, Malena lo abrazó con fuerza. Dani la envolvió en su cálido abrazo*
*Por otro lado, en la cafetería, Mariano y Miguel estaban sentados en una mesa. Miguel tenía el rostro preocupado, mirando su bebida sin realmente verla*
Miguel: [suspiro profundo] Estoy muy preocupado...
Mariano: ¿Por qué estás tan preocupado? Apenas la conoces...
Miguel: [brillo en sus ojos] Pero me flechó...
Mariano: Es la primera vez que te veo así por una chica...
Miguel: Es que nunca me había sentido así por nadie...
Mariano: ¿Y cómo se llama? ¿Cómo es? Contame un poco más.
Miguel: [sonriendo mientras recuerda] Se llama Luli. Tiene el pelo castaño, tipo color madera, pero con algunas mechas rubias. Ojos castaños, y es medio bajita, casi como Antonella, pero un toque más alta.
Mariano: [riéndose] Parece que algo tenemos con las bajitas vos y yo...
Miguel: ¡Eso parece!
Mariano: ¿Y cómo es ella? Tipo, en personalidad...
Miguel: Medio tímida, callada... es de esas personas que, aunque estén calladas, expresan mucho...
Mariano: Re lindo... ¿y qué te impide de estar con ella?
Miguel: Me dijo que está casada... pero sospecho que el marido la agrede...
Mariano: [preocupación] Uy, eso es muy fuerte. ¿Estás seguro?
Miguel: Sí... no sé qué hacer. No quiero ser metido, pero no me gustaría que esté pasando por una situación así...
*Mariano lo miró con seriedad, sintiendo la carga de la situación que Miguel compartía*
Mariano: Intentá mantenerte al margen, pero cerca de ella. Así podés apoyarla...
Miguel: [asintiendo lentamente] Sí, capaz deba hacer eso... No quiero que se sienta sola.
Mariano: Es bueno que te preocupes por ella, pero tené cuidado. A veces, involucrarse demasiado puede complicar las cosas.
Miguel: Lo sé, pero no puedo evitarlo. La veo y siento que hay algo más... algo que la está lastimando...
Mariano: Entonces, hacé lo que te diga tu corazón...
*Entonces, Antonella llegó al lugar con una sonrisa radiante, iluminando el ambiente con su energía*
Antonella¡Hola, chicos!
Miguel: [riendo] Hablando de petizas...
Antonella: [mirada de desaprobación juguetona] Ehh, mal ahí, Lito...
Mariano: Antonella, qué bueno que llegaste porque tenía que preguntarte algo...
Miguel: ¿Me voy y los dejo solos? Creo que sí... ¡Chau, chicos!
*Miguel se levantó de la mesa, dejando a Antonella con una expresión confundida en el rostro*
Antonella: ¿Qué querías preguntarme?
Mariano: [tono serio pero tierno] Bueno, yo... quería saber... dónde vivís.
*Antonella sintió una punzada en el estómago, nerviosa por la dirección que tomaba la conversación*
Mariano: [observando su reacción] Siento que nuestra relación está yendo más allá, y me parece que tengo que saberlo.
Antonella: [ligero titubeo] Eh... yo...
Mariano: ¿Por qué no me querés decir?
Antonella: No... no es eso, es que... necesito tiempo...
Mariano: Antonella, ya nos conocemos hace tiempo. Creo que ya es hora.
*En ese momento, impulsada por una mezcla de nerviosismo y determinación, Antonella tomó una decisión*
Antonella: Bueno, acompañame...
*Sin esperar respuesta, Antonella comenzó a caminar hacia la salida de la cafetería, y Mariano la siguió, sintiendo una mezcla de emoción y intriga*
*Ratos más tarde, Antonella y Mariano iban caminando por la calle, cuando Antonella pasó por al lado de su casa, una oleada de nervios la invadió*
*Se detuvo abruptamente, indecisa, mirando hacia su hogar. Mariano, sintiendo el cambio en su energía, se detuvo también, observando su inquietud*
Mariano: ¿Qué pasa, Antonella? ¿Por qué te frenaste acá?
Antonella: [voz titubeante] Porque... porque yo... eh... yo...
*Mariano, esperando una respuesta, se sintió confundido ante su repentino temor*
Antonella: Mariano... ¿vos qué harías si yo fuera familiar de los Santander?
*Mariano se quedó en silencio durante varios segundos, procesando la pregunta. Su mente giraba mientras buscaba entender su significado*
Mariano: No entiendo a qué viene la pregunta...
Antonella: Hipotéticamente...
Mariano: No sé, tampoco quiero hablar de eso.
*La tristeza se reflejó en el rostro de Antonella, y su corazón se sintió pesado*
Antonella: Bueno, vení que te llevo a mi casa, entonces...
*Sin esperar más, Antonella se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia otra dirección, y Mariano la siguió*
*Finalmente, llegaron hasta una casa modesta pero acogedora. Antonella se detuvo frente a la puerta y miró a Mariano*
Antonella: [señalando la casa] Acá vivo...
Mariano: Wow, es muy... linda...
Antonella: Bueno, ya está lo que querías saber, ¿mejor?
Mariano: Sí, mucho mejor...
*Mariano se inclina hacia ella para besarla, pero Antonella lo esquiva, dándole un abrazo, lo que lo dejó confundido. Los ojos de Antonella empiezan a llenarse de lágrimas*
Antonella: [voz quebrada] Perdón...
*Mariano al escuchar la voz quebrada de Antonella, se quedó desconcertado y confundido*
*Al día siguiente, Mariano estaba en la cafetería, limpiando las mesas y organizando el lugar para el día. De repente, la puerta se abrió y Malena entró, lo que hizo que su expresión se tornara de inmediato en una mueca de molestia*
Mariano: ¿Otra vez acá, Malena?
Malena: Ehh, a ver, paremos con la mala onda, ¿sí? Que soy tu amiga...
Mariano: Si fueras mejor persona, capaz que sí me gustaría hablarte.
Malena: No vale la pena que defiendas a esa mitómana.
Mariano: No hables así de ella.
Malena: Mariano, todos acá sabemos lo mentirosita que es. El único caído que no se da cuenta sos vos...
Mariano: ¿Y en qué me miente? ¿Eh? Ya que tanto sabés...
Malena: Yo siempre te dije que era demasiado raro que no supieras nada de ella, ni su familia, ni dónde vivía...
Mariano: [frunciendo el ceño] ¿Qué tiene?
Malena: [acercándose un poco más] ¿Querés saber por qué te lo ocultó?
Mariano: ¿Por qué?
Malena: Porque ella es la sobrina de Pablo Santander y la prima de Lorenzo, tus peores enemigos, Mariano...
*Mariano se quedó en silencio, los ojos bien abiertos, sintiendo cómo la confusión y la sorpresa lo invadían. No podía creer lo que estaba escuchando*
Mariano: ¿Qué? Eso no es posible...
Malena: Lo es. ¿Nunca te pareció raro cómo la trataba Lorenzo? ¿Como si fuera su hermana?
Mariano: [asintiendo lentamente] Sí... bueno, ayer hizo un comentario que me llamó bastante la atención... dijo "¿qué harías si yo fuera de la familia Santander?" Y me sorprendió bastante...
Malena: ¿Ves, Mariano? ¿Qué más necesitas para darte cuenta? Es una flor de mentirosa, que se puso de novia con vos solo para utilizarte...
Mariano: [voz temblorosa] Yo sigo sin creerlo, para mí debe haber una muy buena explicación...
Malena: ¿Querés pruebas? Vení conmigo...
Mariano: [confundido] ¿Qué?
Malena: Que vengas conmigo...
*Malena se dio la vuelta y salió de la cafetería, dejando a Mariano luchando con sus pensamientos. Se sentía dividido entre la confianza que había empezado a construir con Antonella y las dudas que Malena había sembrado en su mente. Sin pensarlo dos veces, decidió seguirla*
*Por otro lado, en la casa de los Santander, Lorenzo y Antonella estaban solos en casa, disfrutando de un momento de tranquilidad. Antonella estaba sentada en el living, sumergida en las páginas de un libro, mientras Lorenzo se encontraba en el comedor, revisando algunas cosas del trabajo*
*De repente, Lorenzo se puso un abrigo, preparándose para salir. Antes de abrir la puerta, se detuvo y se volvió hacia Antonella*
Lorenzo: Antonella...
Antonella: Decime...
Lorenzo: Voy a ir a comprar algo, a unas cuadras de acá... ¿vas a querer algo?
Antonella: No, gracias, estoy bien, pero... ¿no te puedo acompañar?
Lorenzo: [firmeza pero con cariño] No, es acá cerquita. No te preocupes, vuelvo enseguida...
Antonella: Dale...
*Lorenzo se despidió con una sonrisa y salió de la casa, dejando a Antonella sola*
*Por mientras, Mariano y Malena se dirigían a la casa de los Santander. Mariano caminaba con una mezcla de miedo y pena, sintiendo cómo la incertidumbre lo envolvía, mientras que Malena, a su lado, sonreía con confianza y satisfacción. Segundos despues, se plantan afuera de la casa de Antonella*
Malena: Adelante, llamala y comprobalo vos mismo...
*Mariano dudó por unos segundos, la ansiedad surgiendo en su interior. Finalmente, tomó el teléfono y comenzó a marcar el número de Antonella, sintiendo que cada tono de marcado aumentaba su inquietud*
*Segundos después, el teléfono de Antonella comenzó a sonar en su casa. Ella estaba en el living, distraída, pero decidió atenderlo*
Antonella: ¿Hola?
"Mariano: Antonella..."
Antonella: [sonriendo] ¡Ah, sos vos!
"Mariano: Sí, soy yo."
Antonella: ¿Pasó algo?
"Mariano: A decir verdad, no... Solo te llamaba para saber si podía ir a tu casa..."
*Los ojos de Antonella se abrieron de par en par, como platos, mientras su respiración comenzaba a agitarse*
Antonella: Ehh... a... ¿a mi casa, Mariano?
"Mariano: Sí, me parece que ya es hora de conocer tu casa."
Antonella: [tartamudeando un poco] Eh... vas a... vas a tener que esperarme, porque yo estoy ocupada haciendo... algo... algo importante, y mis padres no están así que...
"Mariano: ¿Ah, sí?"
Antonella: Sí, igual en 5 ya estoy allá, eh...
"Mariano: ¿Allá?"
*Antonella se dio cuenta de su tropiezo de palabras, y rio nerviosa*
Antonella: Eh... sí, allá, acá...
*Mariano sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. La forma en que Antonella evitó dar detalles lo hizo dudar*
"Mariano: Está bien, entonces te espero."
*Antonella abrió la puerta, lista para salir hacia lo que había planeado como su "supuesta casa". Sin embargo, al abrirla, se encontró de frente con Mariano, quien la miraba con una mezcla de sorpresa y decepción. A su lado estaba Malena, con una sonrisa provocadora*
*El corazón de Antonella se detuvo un momento. La sorpresa y el desconcierto la invadieron mientras sus ojos se encontraban con los de Mariano, que reflejaban una profunda decepción y una chispa de enojo*
Malena: [tono burlón] ¿Cuál es tu excusa ahora?