Gabriel es el ceo multimillonario de una empresa a la que le va demasiado bien y Levi está obligado a casarse con él para salvar la empresa de su padre.
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Capítulo 14.
Sostuve la taza de té mirando la hora por milésima vez en menos de una hora. Son pasadas la media noche y después de lo que sucedió en la oficina de Gabriel no lo he vuelto a ver, lo cual me tiene preocupado.
Ya le había dado la orden a los empleados de irse a descansar hace varias horas por lo que me encuentro solo.
Llame una vez más al teléfono de mi esposo y como a sucedido en las otras dos horas anteriores, me mandó a buzón. Pensé en si debía de mandar a buscarlo, pero recordé que no lo conozco lo suficiente como para saber si estoy siendo dramático.
Escuche la puerta principal siendo abierta y rápidamente me puse de pie caminando hasta ella encontrándome a mi esposo pasado de copas y a pesar de que me encuentro a unos metros de donde esta él puedo oler un perfume de mujer en su ropa que se encuentra mal acomodada.
—¿Dónde estuviste?— Camine hasta él asegurándome de cerrar bien la puerta.
No mencionó nada y supe que no lo haría al verlo tambalearse mientras se dirigía a las escaleras. Fui hasta él colocando uno de sus brazos en mis hombros y ayudándolo a llegar hasta su habitación.
—Tienes que bañarte antes de acostarte para que te quites todo el apeste del alcohol y del cigarro.
Lo ayude a desvestirse y lo lleve al baño ayudándolo a darse una ducha. Él siguió sin mencionar nada y el pensamiento de creer que su estado se debe a lo que sucedió esta mañana me hizo sentir miserable.
Cuando salimos del baño me aseguré de secarle el cabello para evitar que se fuera a enfermar y lo ayude a cambiarse. Una vez que me aseguré de que ya se encontraba dormido salí de su habitación dirigiéndome a la mía.
Me deje caer sobre mi cama sintiendo mis ojos inundándose de lágrimas que amenazaban con salir. Me lleve las manos al rostro y me permiti llorar buscando una forma de soltar todos los sentimientos de este día e ignorando la marca de labial que encontré en su cuello y camisa.
...~♡~...
—Señor Beaufort, ¿le gustaría que le traiga el desayuno a su habitación?
Me cubrí con las cobijas hasta por encima de la cabeza ignorando a Sofía. Unos minutos en lo que la ignore fueron suficientes para que saliera de la habitación cerrando la puerta detrás de ella, pero no paso mucho tiempo antes de que Olivia entrará.
—Señor Beaufort su esposo lo espera en el comedor.
Ni siquiera hice el intento de moverme y creo adivinar de que se encuentra abriendo las cortinas para que la luz del sol pueda entrar a la habitación.
—Señor Beaufort, ¿se encuentra enfermo o acaso no me ha escuchado?— Su voz se escucho aún más cerca por lo que deduje que se encuentra a los pies de la cama.
—Dígale que me encuentro indispuesto.— Me quite las cobijas a la altura de debajo de mis ojos para poder verla.
—No creo que él se crea esas palabras.— Colocó sus manos en sus caderas mirándome fijamente.
—Solo vaya y dígale eso y en cuanto se marche a su trabajo venga rápido a traerme el desayuno.— La mire con ojos suplicantes.
—No te prometo nada, pero.— Me señaló con un dedo.— Haré lo que me dices.
Sonríe satisfecho con su respuesta y en cuanto la mire marcharse me puse de pie yendo hacia el closet y colocándome una bata de seda. Escuche la puerta volver a ser abierta y me dirigí hasta ella mientras abrochado los tirantes de la prenda.
—Olivia, que le parece si vemos una película juntos. Hay una de unos monos azules que se mira interesan….— Me detuve de golpe al levantar la mirada y ver a Gabriel en mi habitación recargado en el marco de la puerta.— ¿Qué haces aquí?— Pregunte molesto.
—Creí que estabas enfermo.
—No es de tu incumbencia como me encuentre.— Me cruce de brazos.— Ni siquiera sé que haces aquí si tu mismo dijiste que no te interesaba lo que hiciera con mi vida, y estar o no enfermo incluye mi vida.
—Tienes razón, podrías estar grave y no me interesaría, pero sigues siendo mi esposo y hasta que no nos divorciemos, forzosamente es de mi incumbencia tu vida.— Se cruzo de brazos de igual forma que yo.— Aparte, hoy tengo una cena importante y tienes que acompañarme.
Sonreí de forma burlona llevándome una mano al pecho sin poder creer lo que acaba de decir. Ayer quien sabe en donde estuvo y después de llegar con marcas de labial y oliendo a mujer piensa que puede venir aquí como si nada.
—No pienso ir contigo a ninguna parte.— Camine hasta mi cama dando por terminada la conversación.
Realmente sigo molesto por lo de ayer y el estado en el que llego a casa.
—No pienso llegar solo y tú eres mi esposo, así que te guste o no, tienes que acompañarme.
Lo ignore metiéndome bajo las cobijas y cubriendo todo mi cuerpo. Ya no me interesaba su actitud y prefiero pasar el tiempo encerrado en mi habitación antes de seguir conviviendo con él.
—Levi, deberías de ser más agradecido y aceptar ir conmigo después de lo que hizo tu padre.
—Ve y quéjate con él.— Cerré mis ojos dispuesto a seguir durmiendo, a pesar del hambre que siento.
Su ultima respuesta fue salir de la habitación azotando la puerta por lo que no me sorprendió haberme sobresaltado. La verdad es que no me lo esperaba, aunque debí de suponerlo.
Suspire recordando lo que sucedió anoche y la tristeza que sentí de pensar que pasó la noche con otra persona. No creí que el fuera ese tipo de hombre que a pesar de tener pareja, elige ir a meterse con alguien más.
Me arrepiento mucho de todo lo de ayer y es un día que quisiera que se borrara del tiempo. Él y yo ya estábamos bien y en cuestión de pocas horas todo se arruinó.