Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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3 ASESINATO EN LAS SOMBRAS Y JUEGO DE CORAZONES
Mara, la criada de Rosa, cruzaba el pasillo con una antorcha en la mano – llevaba un mensaje secreto para la emperatriz, advirtiéndola sobre mi "peligrosa influencia". Yo la esperaba detrás de una estatua de mármol del fundador dragón, envuelta en una capa negra que se desvanecía con las sombras.
"Los mejores crímenes son los que parecen accidentes. Y los mejores mentirosos son los que hacen que la verdad parezca una mentira."
Cuando ella pasó frente a mí, dejé caer un pequeño frasco de aceite de ricino por el suelo – el líquido resbaladizo se extendió por los azulejos de piedra. Mara dio un paso sobre él y resbaló violentamente, golpeando la cabeza contra la base de la estatua. En el momento en que cayó, me acerqué sigilosamente y le quité el pergamino del bolsillo, reemplazándolo por otro falso que decía que Rosa estaba conspirando contra el emperador.
Luego rompí el cuello de la linterna, haciendo que el aceite inflamable se esparciera por el suelo y prendiera fuego con una chispa de mi navaja. El fuego se extendió rápidamente, consumiendo el pergamino falso y dejando solo cenizas y el cuerpo de Mara. Cuando llegaron los guardias, yo estaba de rodillas junto al fuego, con lágrimas en los ojos.
"¡Ayuda!" – grité con voz desgarrada – "Mara estaba llevando un mensaje importante y resbaló... intenté salvarla, pero el fuego se apoderó demasiado rápido. ¡Dios mío, qué horror!"
Los guardias la llevaron fuera mientras yo me agarraba a la ropa de uno de ellos, temblando de "miedo". Nadie sospechó nada – todos creyeron que fue un trágico accidente. Más tarde, cuando Rosa enteró la noticia, rompió a llorar de dolor... pero en mi cuarto, bebía vino mientras sonreía fríamente.
"Primera ala cortada..." – susurré, girando la navaja entre mis dedos – "Ahora viene la segunda. Nadie se mete conmigo y sale ileso – eso es una regla que aprendí en las calles, y que aplicaré en este palacio hasta el último de mis enemigos."
El guardia que Elle me había señalado – Marcus, un hombre alto con cicatrices en la cara y ojos llenos de tristeza – estaba de servicio en la puerta principal. Me acerqué a él con paso lento, con la cabeza baja y las manos temblando.
"Señor guardia..." – murmuré, con voz quebrada – "Perdóneme la indiscreción, pero necesito su ayuda. Soy... soy muy pobre y no tengo a nadie más en este mundo."
Marcus se acercó, con una expresión de compasión en su rostro. "¿Qué pasa, joven? No deberías estar aquí solo."
Mis lágrimas empezaron a caer como agua de roca, mientras contaba la historia falsa que había preparado con esmero.
"Mi madre fue una esclava que fue violada por un noble..." – lloriqueé, cubriéndome la cara con las manos – "Cuando yo era pequeña, la mataron por intentar defenderme de sus golpes. Viví en las calles, comiendo lo que encontraba, hasta que la casa Seceet me recogió... pero Rosa me trata como si no valiera nada. Me ha dicho que si me atrevo a hablar con alguien, me enviará a las minas de sal, donde moriré de hambre y dolor."
Le mostré una cicatriz falsa en mi brazo – hecha con una mezcla de hierbas que crean marcas temporales – y agarré su mano con la mía.
"Usted parece un hombre bueno... un hombre que entiende el dolor de los pobres. Solo pido que me deje salir alguna vez al pueblo – necesito visitar la tumba de mi madre antes de que me maten aquí dentro."
Marcus se puso rojo de emoción, y una lágrima corrió por su mejilla. Él mismo había crecido en la pobreza, y mi historia le había llegado al corazón.
"No te preocupes, niña..." – dijo, apretándome la mano – "Yo te ayudaré. Cualquier día que quieras salir, solo tienes que darme una señal. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí."
Yo le sonreí con ternura fingida, mientras pensaba: "Otro peón en mi juego. Los hombres que sienten compasión son los más fáciles de controlar – basta con darles una causa por la que luchar, y ellos harán lo que sea por ti."
Taylor llegó a mi habitación sin anunciarse, su rostro tenso y sus ojos brillantes con deseo. El aroma de mi perfume de jazmín y ámbar seguía rondándolo, y yo sabía que no había podido sacarme de su mente.
"Lobelia..." – dijo, cerrando la puerta a sus espaldas – "No puedo dejar de pensar en ti. Sé que dije que solo amo a Rosa, pero... hay algo en ti que me atrae como una marea."
Me acerqué a él con paso lento, mis dedos deslizando por su pecho hasta sus hombros. Mi vestido de seda negra se deslizó por mi hombro, dejándolo al descubierto. Sentí cómo su respiración se aceleraba, cómo sus manos se posaron en mi cintura con fuerza.
Pero justo cuando él iba a besarme, me aparté con una expresión de dolor en el rostro. Las lágrimas volvieron a mis ojos, y me cubrí el rostro con las manos.
"No puedo, mi señor..." – susurré, entre sollozos – "No siento nada por usted... estoy aquí solo porque el emperador me obligó. Si me acuesto con usted, será solo por cumplir con mi deber, no por amor. Y usted merece alguien que lo ame de verdad – alguien como Rosa. Yo no soy más que una herramienta, un objeto para darle un heredero."
Taylor se puso rojo de ira y decepción. "¿Así que todo fue una farsa? ¿Tus lágrimas, tu ternura... nada de eso fue real?"
"Lo siento..." – murmuré, sin mirarlo a los ojos – "No soy digna de usted."
El príncipe dio un golpe en la mesita con su puño y se marchó furioso, cerrando la puerta con un estrépito. En cuanto se fue, yo me tumbe en la cama y solté una carcajada fría y calculadora.
Elle entró con paso sigiloso, con una expresión preocupada. "Señora... esa era su oportunidad de conquistarlo. ¿Por qué la desperdició?"
Yo me senté y le di una sonrisa siniestra.
"Aprende esto, Elle: a los hombres no les gusta lo fácil. Mientras más difícil eres de conseguir, más locos se vuelven por ti. No tengo ningún interés en acostarme con ese patético príncipe – él es solo un escalón en mi camino hacia el poder."
Me levanté y me puse una capa negra, mirando por la ventana hacia el distrito sur.
"Hoy saldré del palacio con la ayuda de Marcus. Mi plan para destruir a Lyra – la segunda criada de confianza de Rosa – ya está preparado. Ella es la única que le queda para avisarla de mis movimientos... y cuando la elimine, Rosa quedará completamente a merced mía. El juego se está poniendo interesante, ¿no crees?"