La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
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Damisela en apuros
—Hola, amor —su voz dulce, tímida y un poco chillona me hacía estremecer aún cuando lo único que estaba haciendo era evitarla. Angie no había asistido a la escuela durante toda una semana. Muchos creían que era por qué sentía vergüenza después de lo ocurrido y sí, sé que en parte así era pero también sabía que le estaba tomando tiempo recuperarse de lo que le había hecho su mamá —. ¿Podemos hablar un momento?
—Angie… justo ahora tengo que ir a entrenar pero qué te parece si a la salida yo te busco —le dije haciendo todo lo posible por no mirarla a los ojos; aún no sabía cómo le diría lo que tenía que decir así que me comportaba igual que un cobarde.
—¿Por qué haces esto, Ricardo? —me preguntó dolida.
—Hacer que, Angie. ¿Qué estoy haciendo? —le respondí con una falsa dignidad. No me importaban tanto las burlas de los demás, podía lidiar con eso, la semana anterior, justo tres días después de lo que pasó, le rompí la cara a un tal Martín porque había dicho una sarta de idioteces respecto a nosotros, podía con todos los que se atrevieran a hablar mal de nosotros, pero me era muy difícil lidiar con su carita de sufrimiento, también me era difícil saber que yo le ocasionaba sufrimiento, directa o indirectamente
—Esto, evadirme. Acaso crees que no me he dado cuenta que me has estado evitando.
—No se de que hablas, Angie pero ya tengo que irme.
Pase a su lado huyendo de sus ojos, sujetando con fuerza mi mochila, necesitaba sujetarme algo para no ir hacía ella y besarla como hace días no lo hacía; no podía hacerlo, ella era lo más importante para mí y no podía arriesgarme a perderla, dejarla en ese momento parecía ser la única manera de poder estar con ella en el futuro, tenía que hacerlo, pero no tenía el valor; la amaba, como podría decirle que quería terminar con lo nuestro cuando en realidad no era lo que quería. Entonces sentí su mano sujetarme del brazo, su agarre no era fuerte, pero si firme, sus dedos fríos en ese momento, hicieron que mi piel se erizará; cerré los ojos y solté un suspiro al viento, debía hacerlo, era el momento.
—Angie, creo que no podemos seguir.
—¿A qué te refieres? —una mirada incrédula y una risa nerviosa fueron la antesala a una reacción de furia y dolor que solo podía sentir alguien que ha defendido su amor con fuerzas, yo lo sabía, por dentro también me estaba rompiendo, solo me consolaba la idea de que era algo temporal, que solo había que esperar un poco, claro que eso no se lo podía decir, ella no lo aceptaría y su madre mucho menos.
—A que lo nuestro no puede continuar.
…
—Tu que opinas, Ricardo.
—Me parece bien —respondí sin saber bien de qué iba la conversación.
—Acaso escuchaste algo de lo que te dije —me cuestionó Fernando con su típica sonrisa burlona —quieres que te lo explique de nuevo.
—Disculpa amigo, últimamente no he dormido bien.
—Se nota. Aún no has podido hablar con ella.
Fernando se reclinó en su asiento estirando las piernas poniendo sus brazos detrás de su cabeza; me hubiera gustado poder relajarme igual que él pero yo no tenía esa suerte.
—Apenas si me saluda.
—Pero qué pasó con las flores que le mandaste ayer, no le gustaron.
—No importa si le gustaron o no, yo sé que eso no es suficiente para que ella me perdone, tampoco lo hice con esa intención, solo quiero que sepa que yo pienso en ella.
—Pues no te entiendo entonces. Además de que te tiene que perdonar.
—A Angie le encantan los detalles, como a la mayoría de mujeres, pero es necesario que la convenza con acciones que sean perdurables y no con detalles efímeros.
El signo de interrogación en la cara de Fernando era evidente, no era tan difícil de entender pero al parecer para él sí lo era.
—Porque no mejor regresas con Mónica —dijo sonriendo —ella es hermosa, sexy y lo más importante es que quiere volver contigo. No dices que te ha estado llamando y mandando mensajes.
Yo me sentía algo fastidiado, porque era tan difícil de entender, ya se lo había dicho no quería volver con Mónica, se lo había dicho a ella también, a menos que Fernando siguiera interesado en Angie, quizás por eso intentaba disuadirme.
—Voy a salir a comer fuera, ¿está bien? —me levanté de golpe, molesto por la idea de Fernando y cuales podrían ser sus intenciones.
—Claro, amigo —te hará bien despejarte un poco.
No le respondí, solo salí golpeando la puerta, aún si hubiera querido no habría podido evitarlo, el cansancio aunado a la frustración que sentía me hacían actuar paranoico pero Fernando podría disculparme, quizás ni siquiera lo había notado.
Llegado al estacionamiento, a punto de introducir la llave para abrir el auto, volví a debatir conmigo mismo sobre si sería buena idea salir a comer fuera o regresar a la oficina e intentar dormir un poco, de verdad, llevaba algunas noches sin poder dormir bien, entre los recuerdos y las fantasías; el sentimiento de impotencia y frustración, las noches en vela se volvían cada vez más comunes para mí.
—¡Demonios! —escuche decir por lo bajo un par de autos más allá —¡Enciende, estúpido auto!
Estoy seguro que los golpes que dió al volante le dolieron más a ella que lo que pudieron haber dañado al coche, y tampoco habían sido suficiente para liberar su tensión.
—Necesitas ayuda con eso.
Angie soltó un bufido y biro los ojos a un lado, pero de alguna manera supe que no era porque le fuera desagradable verme, ella se fingía molesta porque es lo que sentía que debía hacer —se un poco de autos, si quieres lo reviso.
—No es un buen momento, Ricardo. Tengo algo de prisa.
Angie se bajó del auto; nerviosa como estaba, agradecí al cielo que el coche no hubiera arrancado. Cuándo cerró la puerta, su abrigo quedó atorado.
—¿A dónde vas? Puedo llevarte si quieres.
Angie pareció pensarlo un momento, su ceño se suavizó y sus labios se curvaron ligeramente, no tanto como una sonrisa pero era algo.
—Está bien. Solo porque de verdad necesito llegar cuánto antes.
—¿¡En serio!?—su respuesta me tomó por sorpresa, por un momento creí que tendría que insistir dos o tres veces más, parte de mi regocijo se esfumó al pensar que podía ser tan urgente que la ponía así, tan nerviosa.
—Pero solo porque de verdad necesito llegar cuánto antes.
Yo asentí cediendo el paso a la damisela en apuros.
—Bien, ¿a dónde vamos? —pregunté una vez que ambos estuvimos dentro de mi auto.
—Al colegio de mis hijos.
La sola mención del colegio me tensó, entonces ella tenía razón para estar nerviosa, algo había pasado.
—Y eso porque ¿Dafne está bien? ¿Emir? ¿Qué pasó con ellos? Dime qué pasó —pregunté mientras hacía maniobra en reversa para poder salir.
—Emir está bien. Es Dafne, ella… ella se involucró en una pelea.