Alexander Stronghold ha sacrificado mucho por su familia. Ha amado hasta sentirse vacio. Ha visto el amor triunfar en la vida de todos. Nunca se imagino como seria cuando el amor tocara su puerta y mucho menos imagino que su destinada seria una humana. Un mundo a su lado parecia imposible, pero imaginar un futuro sin ella se sentia peor que el infierno. Ese amor estaba destinado al fracaso. Aquella pequeña humana merecia tener una vida lejos de la oscuridad de su alma. Ella vivia con su propia oscuridad.
Emperatriz Walton nacio con una vida perfectamente planeada para servir diligentemente a su familia. Una jovencita educada. Elegante. Perfecta. Eso era lo que se esperaba de ella. Un viaje al mundo sobrenatural la ayudo a descubrir un mundo al que deseaba pertenecer. Pero eso solo era un sueño imposible de alcanzar. Cuando la tentación llama a su puerta sera dificil resistirse. En los brazos del otro encontraron el amor. Un amor fugaz que terminara escapandose de sus manos.
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Capitulo 14: Cuenta regresiva
Despues de la fiesta Alexander llevo a una muy entonada Emperatriz a su habitación, la joven balbuceaba tomada de su brazo, se pegaba de el y dejaba torpes besos en su cuello. Alexander se sentia enternecido por su manera de actuar, la dejo caer sobre las sabanas de su cama sin esperar que ella lo llevaria hacia ella. Su cuerpo cayo sobre el de la joven que solto una risa divertida, se miraron a los ojos. Emperatriz tenia las mejillas enrojecidas y los ojos dilatados por el alcohol.
— Nunca habías bebido antes? — pregunto Alexander.
— Una copa de vino cuenta?
Alexander nego, se alejo de su cuerpo, recostándose a su lado, entonces ella recosto su rostro de su pecho y suspiro.
— Todo me da vueltas.
— Bebiste demasiado. ¿Por que bebes si nunca lo habías hecho antes?
Emperatriz solto una pequeña risa divertida — Tengo que aprovechar cada oportunidad.
— Oportunidad de que? — pregunto Alexander extrañado.
Emperatriz subio el rostro hacia el y sonrio — De ser yo misma. ¿Crees que podría hacer esto si estuviera en casa? — la mujer movio el dedo negando — Una dama de la alta sociedad jamas cometeria tal bochorno.
Despues de sus palabras los dos se quedaron en silencio, cada una atrapado en su propia cabeza. Alexander analizaba cada segundo que habia pasado a su lado, el comienzo de su historia.
— Por que dejaste de enviarme cartas? — pregunto Alexander intrigado.
— Mis padres lo descubrieron, se dieron cuenta de mis sentimientos, mi padre dijo que yo no pertenecía a este mundo, que crear lazos solo terminaria por lástimarme. Me hablo sobre la madre de Lucian y lo dificil que habia sido para el tener una relacion con un ser sobre natural... Ellos me prohibieron hablarte... Talvez el tenga razon, todo lo que dijo no era mas que su realidad, pero no se puede mandar en el corazon... Los años pasaron y mis sentimientos nunca cambiaron y de verdad lo intente — la joven se inclino sobre su pecho, quedando cerca de su rostro, parpadeaba sintendose somnolienta y susurro — Hice un trato con mi padre, el me dejaria venir un año aqui y entonces yo... — la joven no termino de hablar, cayo de nuevo sobre el pecho de Alexander.
El la miro extrañado y intrigado — Y entonces tu que?
— Entonces yo... Yo... — emperatriz susurraba cayendo en la inconsciencia.
— Tu que emperatriz? — solto Alexander con desespero.
Pero entonces ella no respondio mas, pequeños suspiros comenzaron a salir de sus labios y Alexander supo que ella habia caido rendida.
Alexander la tomo del rostro y acaricio su mejilla hipnotizado.
— Tampoco puedo mandar en mi corazon, mi emperatriz, me estoy enamorando de ti. No se si tenga el valor de dejarte ir, pero no quiero obligarte a quedarte — susurro.
Las lagrimas se deslizaron por sus mejillas, se mordio los labios intentando contenerse.
— Por favor... Quedate conmigo.
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Pov Mark
Todos los martes y jueves acompañaba a Sana al orfanato de la manada en donde ella era voluntaria. Sana era de esas personas faciles de querer. Era dulce, empatica, pacifica, mimosa. Todos los niños de aquel lugar la querian como a una hermana mayor. Ella les cocinaba, jugaba con ellos, les enseñaba. Con aquella sonrisa dulce en el rostro, dejando salir su aroma, olia a algodon de azucar, increíblemente dulce y aquel aroma se quedaba en ellos, protector.
Sana seria una madre maravillosa.
— Bueno chiquillos es hora de la merienda, vayan a lavarse las manos —
Los niños asintieron obedientes y salieron de la sala en una fila ordenada. Sana se acerco a mi con una sonrisa y se sento a mi lado.
— Son una dulzura, ¿cierto?
Asenti — Lo son. Les gusta mucho estar contigo.
— Y a mi con ellos. En el futuro, quiero adoptar a un par de ellos — solto con emocion, sus ojos brillaban como estrellas — Talvez a un pequeño vampiro. ¿Crees que sea dificil criarlo?
Le sonrei enternecido — No lo creo, sera una familia bastante peculiar. Un lobo, un vampiro y una bruja.
Sana solto una carcajada divertida, se inclino hacia atras en la silla y dejo caer su cabeza en mi hombro, mi cuerpo se lleno de una electricidad ya conocida, aquella que me habia acostumbrado a ignorar.
— Aunque siempre tuve ilusion de tener a mis propios hijos. Estar embarazada y todo eso. Lo que llaman una familia tradicional.
La mire sintiendo mi corazón en calma — No importa si es tradicional o no, lo que importa es con quien vas a tenerla y como te hace sentir eso. Tus madres te tuvieron a ti. ¿Quien dice que tu no puedes tener a tu propio cachorro?
Ella solto un suspiro nervioso, me tomo de la mano y enlazo nuestros dedos
— Lo he pensado, pero me da un poco de miedo.
La mire confundido — A que le tienes miedo, dulce?
— Es mas... Incertidumbre. Soy un poco paranoica aveces.
Lo sabia.
— Crees que puede salir mal?
Ella nego, subio el rostro mirandome — Tengo miedo de engrendrar el hijo de alguien a quien no conozco.
La mire confundido.
— No es lo mismo que criar a un hijo de padres que no conoces?
Ella se quedo pensativa y de repente sonrio
— No lo había pensado. Que tonta.
Ella volvió la cabeza a su lugar y nos quedamos en silencio solo observando el lugar. Hasta que ella se sento derecha con rapidez, me miro con emocion.
— Tengo la solución.
— La tienes?
Ella asintio emocionada, me tomo las manos y se inclino hacia mi.
— Tienes que ser tu.
No estaba entendiendo nada.
— Que? Como que yo? No entiendo.
Ella asintio varias veces, desbordandose de emocion y yo seguia confundido.
— Tu podrias ser el donador — solto con ilusión y entonces la verdad me cayo encima como un balde de agua fria — No hay nadie en quien confíe mas que en ti. Yo podria tener un cachorro, si tu me ayudas con eso.
Cada palabra que salia de sus labios era una puñalada a mi corazon. Ella me estaba destruyéndo y ni siquiera era consiente de lo que hacia. ¿Ella tener a mi cachorro? ¡Era una locura!
— Sana...
Ella nego sin dejarme terminar de hablar, se levanto de su lugar y me miro desde arriba, acaricio mi cabello como si fuera un pequeño niño y sonrio.
— Solo piensalo.
Asenti incapaz de decir ninguna palabra. Ella sonrio feliz.
— Gracias... Ire con los niños.
Sana salio de la sala, dejando un vacio en mi corazon.
Estabamos en una cunta regresiva, en pocos dias Sana cumpliria 18 años y el principio del desastre comenzaria.
de esa noche si abre los ojos a su destino que le diga por que ella piensa que es alguien más o dos que le rompa nuevamente el corazón pero que sufra en ese matrimonio para abrir los ojos cualquier opción podría ser