María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 14
Aquiles daba pequeños pasos hacia atrás, mientras que ella lo seguía de manera seductora, haciéndolo pensar que lo quería besar, que se sintiera indefenso ante ella y cuando pegó en el barandal, se sobresaltó, pero ya no pudo moverse, porque María estaba demasiado cerca, dejándolo sin espacio para alejarse de ella sin verse como si le huyera.
María levanta su mano y con el dedo índice toca su mejilla, bajando a su quijada, llegando a su mentón y siguió bajándolo por su largo cuello, hasta llegar a su pecho, donde empezó a dar pequeños círculos; mientras hacía todo eso lo miraba lascivamente y al mismo tiempo le decía. – Entonces tú crees que una mujer tan hermosa como yo, que no se merece a un hombre como Carlos, debería fijarse en un hombre ¿cómo tú?
Que tiene un rostro varonil, una quijada bien marcada, con un mentón cuadrado, unos labios perfectos, un cuello largo, que tiene hombros anchos, con brazos musculosos y con un pecho bien marcado; un hombre perfecto para una mujer como yo de hermosa.
Aquiles muerde su labio inferior, ella era realmente hermosa y se quedó hipnotizado por su mirada lasciva, por ese comportamiento seductor con el que actuaba, esa forma en que paso su dedo por su rostro; él no podía pensar en nada que su belleza y en esa forma que lo seducía y sin querer le contesta. - ¡exacto!
María al escuchar lo que dice frunce el ceño, cambio totalmente su actitud y su respuesta solo la molesto más de lo que ya estaba; seria le dice. – Ni en tus sueños, loco depravado, serás como Carlos.
Al momento que dijo eso con todas sus fuerzas lo avienta haciéndolo caer del barco, estaba tan molesta con todo lo que le dijo de Carlos, que su enojo le hizo sacar fuerzas y de esa manera pudo aventarlo al mar.
Al momento que lo mira caer al agua, se tapa la boca y asustada piensa «¿Qué demonios hice? Ahora sí me metí en problemas, acabo de aventar al agua al capitán, si su gente se entera seguro me matan ¿Qué hago? Tonta, tonta, tonta, debo controlar mi carácter, ¿Qué hago? Piensa, piensa»
María se puso nerviosa, acababa de cometer un error terrible, mira al agua buscándolo, esperando que estuviera vivo y de pura suerte logra ver la cabeza salir del agua en ese momento grita. – ¡ayuda, ayuda! Vengan rápido, el capitán cayó al agua, hay que sacarlo.
Todos al escuchar sus gritos desesperados corren a ver que le pasaba y al escuchar que su capitán había caído al mar, rápido se empezaron a mover para poder sacarlo; tumbaron las anclas para tratar de detener el barco y tomaron las sogas más largas que le aventaron a Aquiles para sacarlo.
Aquiles toma la soga con algo de trabajo y con la ayuda de sus hombres lo fueron jalando hasta llevarlo a unas tablas que estaban clavadas al barco haciendo una escalera que servían para poder subir; fue un poco difícil hacer que subiera, pero después de casi 30 minutos lo lograron y cuando recuperó el aliento, enfurecido busca a María, la encuentra pegada al mástil.
La mira nerviosa, hasta parecía asustada, pero él estaba tan enojado, tanto que la ira lo cegó y se acercó a ella, a pesar de que Omar le pedía que se quedara quieto por el golpe que tenía en la cabeza, que estaba sangrando, pero no le importó el dolor que sentía, solo quería poner a esa mujer en su lugar.
María se le quedó mirando a los ojos, se podía ver lo molesto que estaba y la sangre que estaba corriendo por su rostro lo hacía más feroz, pero ella no pensaba dejarse, algo nerviosa le dice. – Te lo merecías, por todo lo que me dijiste, la verdad no tenías ningún derecho.
Aquiles resopló de coraje y la toma del brazo con fuerza, la jala hasta tenerla casi pegada a él, en ese momento molesto le dijo. – vas a aprender a respetarme, a entender que aquí en este barco yo soy a quien se obedece y al que le inclinas la cabeza cuando habla.
Una vez que dijo eso empieza a caminar a la bodega y Omar al ver que estaba por cruzar la puerta se imaginó lo que iba a hacer; se apresura a llegar con su amigo, lo detiene un poco y nervioso le dice. – Aquiles, tienes que detenerte, no sé lo que pasó, pero no crees que lo que piensas hacer es extremo.
María no ha hecho nada malo, se ha portado bien con todos, hasta está ayudando en la cocina; realmente no entiendo por qué la tratas de esta manera, por favor amigo trata de calmarte, piensa bien lo que vas a hacer.
Aquiles lo mira a los ojos y enfurecido le dice. – Suéltame y esto no pienso que sea extremo, esta mujer casi me mata al aventarme al mar, necesita ser castigada.
Omar no podía creer lo que decía y voltea a verla, esperando una negación a lo que su amigo decía, pero María no lo pudo ver, solo se agachó, si algo no podía hacer ella era mentir, no pudo verlo a los ojos y mucho menos decirle que era mentira lo que decía Aquiles.