Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Ella está aquí.
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Todos ya estaban preparados: la ceremonia de bienvenida sería al día siguiente, así que hoy recorrerían el recinto con guías asignados a cada grupo. Los padres de los jóvenes se hospedaban en otro sector, donde había piscina y spa para relajarse; Fernando, por su parte, disfrutaba a gusto con los masajes.
–El Rey llega mañana… ¡Qué emoción! Nunca lo vi en persona; dicen que es hermoso —decía Megan emocionada.
–Mañana lo sabremos. Espero que tenga unos músculos enormes —hizo la forma con sus manos— y un abdomen de piedra.
Lucas rodó los ojos mientras Lorenzo reía a carcajadas.
–No sé si su abdomen es así, pero sí es bastante guapo y tiene músculos bien definidos —comentó Lorenzo.
–¿Lo has visto alguna vez? —preguntó Ema.
–Sí… Cada dos meses asiste a reuniones en nuestra manada para temas de trabajo de campo y exportación —explicó.
–¿Y sus ojos son como cuentan, color sol? —preguntó Megan.
–Sí. Ese tono es bastante raro de ver, pero le queda muy bien —afirmó.
–Entonces es un papacito, Megan. Si tuviéramos celulares, le pediríamos una foto —dijo Ema.
–¡Cierto! Esperen un momento —dijo Lorenzo entrando a su habitación, que estaba frente a la de Lucas.
Todos se encontraban en la pieza de Lucas.
–Aquí tienen —les entregó un celular nuevo a cada una.
–Alfa, no tenías por qué… —dijo Megan emocionada.
–Sí, Lorenzo, no debías gastarte tanto —añadió Ema.
–No es nada. Realmente me sentí mal por lo que pasó y las quiero mucho; es lo mínimo que podía hacer —dijo un poco nervioso.
Megan sonrió y se le escaparon unas lágrimas. Ema también sonrió; sabía que vendría el llanto.
–¡La hiciste llorar! Ahora no parará —dijo Ema dándole un abrazo.
–¡Ay, no! Megan, tranquila, no llores —tartamudeó Lorenzo en medio de una crisis—. Ema, no te rías, no sé qué hacer.
–Gracias, alfa —dijo Megan abrazándolo de golpe. Los demás sonrieron; Lorenzo correspondió el abrazo para calmarla.
–¿Qué ocurre? —preguntó Paolo llegando con Silvia, quien no entendía lo que pasaba.
–Lorenzo hizo llorar a Megan —dijo Lucas. Ema seguía riendo al recordar la cara de nerviosismo de Lorenzo.
–¡Lucas! No digas eso —se quejó Lorenzo.
Todos empezaron a hablar al mismo tiempo. Megan estaba feliz de haber encontrado amigos que la integraban y la aceptaban tal cual era, y Silvia se sentía más segura con ellos.
Fernando regresaba junto a las madres de los alfas, pero al no ver a Ema ni a Megan, salió a buscarlas. La madre de los hermanos y Lárisa, madre de Paolo, tampoco los encontraban.
–Ya sé dónde estarán —dijo Fernando entrando en la habitación de Lucas.
Todos dormían en el piso. Los adultos los miraron, les pareció graciosa la imagen y los dejaron descansar.
–Me alegra que mis hijos encontraran amigos tan buenos —dijo Cara, madre de Lorenzo y Arturo.
–A mí igual. Se nota que se llevarán bien por muchos años —agregó Fernando.
–Sí… Y parece que nosotros conseguimos hijos adoptivos —dijo Lárisa burlona mientras se dirigían a sus habitaciones para descansar.
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Adrián llegó con Patrick y su madre durante la noche; se instalaron en la casa de control, donde se hospedaban los generales y los jueces de los juegos.
–Quiero dormir todo el día… —bufó Adrián.
–Yo igual. No volvamos a programar reuniones antes de los juegos —dijo Patrick. Adrián asintió.
Se retiró a su habitación y se durmió profundamente.
...
Ema se levantó muy temprano, se bañó y se vistió, luego fue a despertar a todos los demás.
–¡Arriba! Llegarán tarde —decía golpeando una olla con una cuchara.
Todos saltaron de un salto y se apuraron. Lucas se chocó con Lorenzo, Arturo se cayó encima de Paolo, y Megan y Silvia gritaron de sorpresa.
Ema reía a carcajadas al verlos:
–¡Eso estuvo increíble! —suspiró cansada de tanto reír.
–¡Emaaaaa! —gritaron todos al unísono como un coro.
–Dejen de lamentarse y vámonos a desayunar; todavía tienen tiempo —dijo señalando el reloj.
Faltaban aún dos horas para la ceremonia. Desayunaron medio dormidos, estirándose constantemente.
Paolo conversaba con Silvia, quien reía a cada rato; Lorenzo se dormitaba en la silla; Arturo comía como si no hubiera un mañana, y Lucas salía de bañarse.
Megan volvió de la habitación lista y emocionada; había hecho carteles con los nombres de los chicos para alentarlos.
–¡Están muy lindos, Megan! —dijo Ema.
–¡Buen día, alfas! —saludó Fernando—. Megan, tenemos que irnos —anunció.
–Sí… ¡Mucha suerte, Ema! —la abrazó.
–¡Suerte, cariño! ¡Peteales el trasero! —susurró en su oído, haciendo que ella riera—. ¡Mucha suerte, chicos! —dijo a los demás. Silvia se fue con ellos, junto con las madres que habían venido a animar a sus hijos.
–¿Me ayudas? —preguntó Lucas a Ema.
–¿No te molestará? Hace como cincuenta grados afuera —le ajustó la corbata.
–Solo es un rato; después me pongo la remera —le pellizcó un cachete.
–Nosotros los esperamos en el zócalo —dijo Lorenzo, quien se marchaba con su hermano y Paolo, dejándolos solos.
–¡Uy! Quedamos solos, Ema —dijo Lucas coqueto.
Ema sonrió y le apretó un poco la corbata:
–¡Ups! —dijo burlona.
–¡Eso fue cruel! —la regañó en tono juguetón.
–No insistas, Lucas… O te quemarás —sonrió ladina mientras se dirigían al zócalo.
–No me molestaría, menos si es por ti —meneó las cejas.
–Mmm… Cuando llegue tu luna, veremos si sigues pensando lo mismo —lo miró fijamente—. Hasta entonces, solo mirarás —le dio una palmada en el hombro.
Lucas apretó los dientes; no podía con ella.
...
Adrián se preparó casi a última hora: se había dormido profundamente y ahora estaba un poco retrasado.
Patrick lo esperaba afuera; su madre ya se encontraba en el podio.
–Lo esperan, Rey. Aún está a tiempo; la gente sigue llegando —informó un ayudante detrás de él.
–Qué bueno… —suspiró aliviado.
Camino hacia el zócalo y de pronto sintió un aroma dulce y envolvente que lo hizo detenerse de golpe.
«Ese es el olor de nuestra pareja… ¡Ella está aquí!» —decía Aron inquieto.
–No puede ser… ¿Compite en los juegos? Tranquilo, no debemos hacer nada hasta saber quién es —murmuró Adrián.
–¿Pasa algo? —preguntó Patrick.
–Ella… está aquí. Mi pareja —dijo continuando su camino, siguiendo el rastro del exquisito aroma que lo hacía estremecer.
–Dime quién es; tengo toda la información de los participantes aquí —dijo Patrick sacando una carpeta.
Adrián asintió. Al abrirse las cortinas, la gente aplaudió al verlo, pero él solo sonrió mientras buscaba con la mirada a la dueña de aquel aroma.
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