La baronesa Juana de Miraflores, llamada por sus vasallos Juana La loca, vió desde la torre de su castillo el avance de tropas enemigas al feudo y exigió a su padre viudo que contrajera matrimonio con la baronesa Oriana de Roca Alta. La idea de unir los feudos para la defensa era sin dudas la mejor salida, pero su proposición no tuvo eco. No le quedó otra : debía casarse ella con el bruto y mujeriego Barón Alvaro Pelayo Roca Alta.
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Capitulo 14. La fiesta.
Después de los saludos y de acompañar Luisa al invitado a sus aposentos, Juana y su esposo fueron a su alcoba. El Conde abrazó a Juana y sus labios se unieron. Otra vez pareció surgir por un breve momento la chispa del deseo en Alejandro, pero sus besos no eran como los que recordaba Juana de su luna de miel.
_ Esposa mía. Acompañaré al Duque a conocer el castillo y sus alrededores. Estaremos juntos esta noche. Qué dices? -
_ Me hubiera gustado que reposes conmigo. Estás con tu amigo en cada batalla, pero si es de tu agrado ve. - dijo Juana un poco molesta.
Pasó la mañana eligiendo vestido para la fiesta. Quería estar bonita y parecer feliz. Parecer feliz aunque no lo era. Extrañaba cada vez más su casa y su vida y el amor que tenía por su esposo parecía no ser correspondido.
Su esposo volvió del paseo más extraño aun. Se dio un baño rápido y bajo al salón donde ya empezaban a llegar los invitados.
Juana María Cristina tendría que bajar sola y no de su brazo como había soñado. Luisa, su asistente, mientras la vestía realizó varios comentarios sobre la amistad de su esposo con el Duque.
_ Todos conocen las aflicciones del Duque de Braganza - dijo- le gustan los hombres. Usted debió acompañar a su esposo Condesa.-
La condesa Juana no podía creer que el hombre que la amó locamente en su noche de bodas estuviera ahora de romance con otro hombre.
Trató de sacarse los malos pensamientos de su cabeza y luego que Luisa terminará con su cabello , Vistió para la fiesta un bonito traje largo rojo. Estaba delgada por sus habituales descomposturas.
Extrañaba su hogar y la comida sabrosa de Ludovica. Y se sentía muy sola. Tenía deseos de llorar habitualmente cosa que cuando soltera nunca le había sucedido.
--Esta usted maravillosa - dijo Luisa - Aún no se le nota nada en su cintura-
_ Y que debe notarse? --contestó -- estoy delgada por mis continuos malestares.
_ Creo que está embarazada Milady - dijo Luisa. No ha tenido su sangrado y tiene las descomposturas de un embarazo.
_ Embarazo? - repitió Juana - tu crees que estoy esperando?--
--¡ Eso creo condesa! Está muy hermosa. Debe ser un varón.- completó.
_ Juana quedó pensativa. Si estaba embarazada y el conde, su esposo, andaba con un hombre, no podría dejarlo.
_ No digas a nadie Luisa. - dijo.
_ La condesa Ximena ya lo sabe.Perdone usted. Ella me inquirio sobre su sangrado y yo le dije que usted no había tenido --respondió.
_ Pues le dirás que hoy me he descompuesto. Y no volverás a hablar de mi intimidad con nadie. Entiendes.? --dijo Juana y salió de la habitación.
Bajó sola las escalinatas del palacio hacia el gran salón.
Un paje anunció su presencia a viva voz.
_ La Condesa Juana María Cristina de Valladolid y Cuevas. - dijo con voz alta y monótona rescatando de inmediato el interés de todos los presentes en la fiesta.
Todos miraron hacia la escalinata.
Los ojos admirados del Conde Alejandro y su abuela Ximena.
Los ojos asombrados de la belleza de la joven condesa de todos los nobles asistentes.
Los ojos enamorados llenos de fuego de la pasión del Barón Álvaro Pelayo de Roca Alta.
Todos la miraban y se admiraban de su gracia y gentileza. Sí. Juana estaba más bonita que nunca. Pero su corazón estaba totalmente roto. Su esposo fue hacia ella y le beso la mano acompañándola al centro del salón.
Fingir no estaba en su carácter. Pero esa noche fingió una alegría que no tenía. Saludó a todos con elegancia y soltura.
Incluso saludo a Álvaro y a lady Maria Cisneros.
--¿ Podría trasmitirle en privado el mensaje que le envío su padre, Condesa? - dijo Álvaro Pelayo.
_ Diga usted - contestó Juana separándose del grupo para acercarse a su exmarido.
Estaban ya lo bastante alejados de los presentes para poder hablar en privado, una charla que Juana suponía que sería algún genuino recado de su padre. Inexplicablemente, su padre por algún motivo apreciaba a su ex marido. Eso ella lo sabía muy bien. Así que se dispuso a escuchar atentamente.
_ Quiero pedirle perdón mí Señora - dijo Álvaro --Supongo que ya se habrá dado cuenta que en su boda no fue su esposo quien estuvo a su lado en su alcoba --
_ Qué dice usted ?-- preguntó Juana temblando.
_ Hice dormir a su esposo poniendo una sustancia en su copa en el brindis. Y me colé a su recámara. _ habló Álvaro ahora con mayor intimidad _ Juro que solo para hacerte desistir. Pero me besasteis Juana y no me pude contener. Perdóname.--dijo.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Y los de Juana se nublaron . Y las piernas no la sostuvieron más. Entonces, como una rosa herida se cayó en brazos de Álvaro desmayada.
_ La condesa se ha desmayado - gritó Álvaro con Juana en brazos. Su esposo y su suegra corrieron a socorrerla.
Cuando Juana despertó estaba en una recámara y escuchaba las voces de su marido y su abuela.
_ Puede ser el embarazo - dijo la condesa Ximena. Generalmente las embarazadas tienen desmayos. Llamaremos al médico. -
_ No os preocupéis - dijo Juana - hoy volvió mí sangrado. Fue nada más que un atraso. Todo está en orden. - dijo recogiendo internamente los pedazos de su corazón roto.
Había sido engañada. Vivió la ilusión de un amor de Alejandro que nunca fue real. De su exmarido no le extrañaba su comportamiento. Siempre fue mentiroso y mujeriego. Pero ahora Juana María Cristina sabía con seguridad que el mundo del amor, no fue hecho para ella.
Se sentó en la cama y continúo fingiendo.
_ Vamos querido - dijo al Conde- No debemos perdernos la fiesta en tu honor. - y tomando la mano de su esposo volvió al salón.
_ Que fue lo que te ha pasado esposa? El barón Álvaro te ha dicho algo inconveniente? --dijo su marido mientras recorrían el salón.
_ Solo que mí padre me extraña. Y yo también a él. Creo que deberás llevarme a verlo Conde. Es un hombre de edad y puede enfermar de tristeza. - respondió Juana.
No volvió a mirar a su ex ni a Lady Maria Cisneros. Fingió ser la esposa modelo y encantadora frente a todas las personas reunidas en la fiesta.
Su esposo se dedicó a ella olvidando por esa noche al libidinoso Antonio de Braganza. Abrieron el baile de salón y la belleza y elegancia de los esposos brilló esa noche como nunca en el castillo del Conde. Nadie siquiera intuía que esa hermosa mujer tenía el corazón destrozado.