UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.
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CAPITULO 13
Aquella semana transcurrió relativamente tranquila.
Bueno, todo lo tranquila que podía ser mi vida después de descubrir que estaba dentro de una novela, que mi mejor amiga había cambiado por completo el rumbo de la historia y que el villano más sexy del reino parecía haberse propuesto acabar con mi poca cordura.
Por suerte, conseguí mantenerme ocupada.
Mis estudios aumentaron considerablemente y mi padre parecía decidido a convertirme en una experta en negocios. Cada día tenía nuevas lecciones, documentos que revisar y números que, sinceramente, prefería no volver a ver en mi vida.
¿Acaso no era suficiente con ser rica?
¿También tenía que aprender a administrar una fortuna?
¡Qué injusticia!
Aunque, pensándolo bien, no podía quejarme demasiado. En mi vida anterior habría dado cualquier cosa por tener tantas oportunidades.
Así que estudiaba.
Leía.
Hacía mis tareas.
Y, cuando podía, intentaba dormir.
Porque mis sueños seguían siendo un problema.
El bosque aparecía una y otra vez. Siempre el mismo lago, las mismas flores extrañas y aquel monumento de piedra cubierto de símbolos que no lograba comprender.
Y siempre ocurría lo mismo.
Justo cuando estaba a punto de descubrir algo, cuando aquella voz parecía estar más cerca o la misteriosa silueta estaba a punto de mostrarme su rostro…
Me despertaba.
¡Siempre!
Era desesperante.
¿Tanto le costaba a mi propio subconsciente dejarme terminar un sueño?
Estaba empezando a sospechar que hasta mi cerebro disfrutaba burlándose de mí.
Pero, por más frustrada que estuviera, no podía dedicar todo mi tiempo a perseguir respuestas que ni siquiera sabía cómo encontrar.
Tenía otras cosas de las que ocuparme.
Como la próxima fiesta del palacio.
Una celebración a la que asistiría prácticamente toda la nobleza y que, según había escuchado, sería uno de los acontecimientos más importantes de la temporada.
¿La razón?
El príncipe heredero presentaría oficialmente a Clara como su acompañante.
Mi querida Clara.
La misma muchacha tímida y reservada que, hasta hacía poco, apenas se atrevía a hablar de sus sentimientos.
Y ahora iba a presentarse ante toda la nobleza del reino del brazo del hombre del que había estado enamorada desde niña.
Si eso no era un avance en la vida amorosa, no sabía qué podía serlo.
Estaba tan emocionada por ella que casi olvidé la otra razón por la que quería asistir.
Casi.
Porque también estaría allí Sofía.
La protagonista.
La famosa mosquita muerta de cabello rosado que, según la novela, conseguía que todos los hombres terminaran girando a su alrededor.
Y, por supuesto, también estaría el príncipe menor.
Aquel flacucho de pacotilla que había convertido a Clara en la villana de la historia simplemente porque prefería a otra mujer.
No podía esperar a ver su expresión.
Imaginarlo descubriendo que la mujer que supuestamente estaba loca de amor por él ahora caminaba del brazo de su hermano mayor era, sencillamente, maravilloso.
Una pequeña parte de mí incluso quería llevar palomitas.
Lástima que no fueran apropiadas para una fiesta real.
Aunque quizá podría esconder algunas en mi bolso.
No.
Isabel, compórtate.
Eres una señorita de buena familia.
Una señorita que está a punto de disfrutar del mejor espectáculo de la temporada, pero una señorita al fin y al cabo.
La noticia de la fiesta llegó a casa acompañada de una invitación oficial.
Mi padre la recibió durante el desayuno y, después de leerla, anunció que asistiríamos juntos.
—Será una buena oportunidad para que conozcas a otros miembros de la nobleza —me explicó—. También habrá varios comerciantes importantes.
Asentí con una sonrisa.
Por supuesto.
Negocios.
Siempre negocios.
—Será un placer acompañarte, padre.
Y lo decía en serio.
Desde que había llegado a este mundo, mi padre se había mostrado cariñoso conmigo. Aunque sus ocupaciones le impedían pasar demasiado tiempo en casa, siempre intentaba dedicarme un momento cuando podía.
No quería decepcionarlo.
Además, asistir con él me permitiría observar cómo se desenvolvía entre las personas más influyentes del reino.
Quizá aprendería algo útil.
O quizá terminaría escuchando conversaciones aburridas sobre precios, mercancías y acuerdos comerciales.
En cualquier caso, había algo que tenía claro.
Esa noche iba a disfrutar.
Y, si el destino me sonreía, también iba a presenciar el nacimiento de uno de los mejores chismes de la historia.
El día de la fiesta llegó más rápido de lo que esperaba.
Mei me ayudó a prepararme y, cuando finalmente me miré al espejo, tuve que admitir que el resultado era impresionante.
Mi cabello rojo caía en ondas sobre mis hombros y el vestido que había elegido resaltaba el color verde de mis ojos.
Me quedé observándome unos segundos.
Todavía me resultaba extraño verme así.
En mi vida anterior, nunca había imaginado que podría asistir a una fiesta de palacio, vestir prendas tan hermosas o sentirme saludable.
A veces olvidaba que aquel cuerpo no siempre había sido mío.
Pero ya no podía cambiar lo que había ocurrido.
Solo me quedaba vivir.
Y, sinceramente, pensaba aprovechar cada oportunidad.
—Señorita, está preciosa —comentó Mei mientras acomodaba uno de mis accesorios.
Le sonreí.
—Gracias. Ahora solo espero que la fiesta esté a la altura del vestido.
Mei soltó una pequeña risa.
Cuando llegué al salón principal, mi padre me esperaba junto a la entrada.
Me ofreció el brazo y salimos hacia el carruaje.
Durante el trayecto, intenté imaginar cómo reaccionaría el príncipe menor al ver a Clara.
¿Se quedaría sorprendido?
¿Se enfadaría?
¿Intentaría fingir que no le importaba?
Conociendo su personalidad, probablemente haría alguna estupidez.
Y yo estaría allí para disfrutarla.
Me acomodé en el asiento y sonreí.
Aquella noche prometía ser interesante.
Muy interesante.
Porque Clara estaba a punto de demostrarle a todo el reino que no necesitaba perseguir a ningún hombre para ser feliz.
Y yo, por mi parte, estaba decidida a descubrir qué ocurría cuando la protagonista de una novela dejaba de seguir el guion.
Aunque, conociendo mi suerte, probablemente terminaría metida en algún problema.
Y si ese problema tenía cabello negro, ojos peligrosos y una sonrisa arrogante…
Bueno.
Entonces sí que estaría perdida.