Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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La memoria que Valentina pidió borrar
Capítulo 13
Valentina seguía mirando la pantalla del teléfono.
El mensaje continuaba ahí:
“Cuando escuches la grabación, vas a recordar que fuiste tú quien me pidió que te borrara la memoria.”
—Eso no puede ser verdad —susurró.
Mateo no respondió.
Y eso fue peor.
Valentina levantó lentamente la mirada.
—Mateo.
—No sé qué decirte.
—Por primera vez, dime la verdad.
Mateo tragó saliva.
—La verdad es que yo tampoco sabía que habías pedido que te borraran la memoria.
—¿Entonces por qué estás tan asustado?
Él miró hacia la puerta del hospital.
—Porque hay una parte de aquella noche que nunca te conté.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué parte?
Antes de que Mateo pudiera responder, el teléfono de Clara comenzó a sonar.
Clara estaba dormida.
Emilia tomó el teléfono.
—Es un número desconocido.
Mateo se acercó inmediatamente.
—No contestes.
Pero Emilia ya había deslizado el dedo.
—¿Hola?
Silencio.
Después, una voz distorsionada habló.
—¿Ya le enseñaron la grabación?
Emilia palideció.
—¿Quién eres?
—La persona que está intentando evitar que Valentina recuerde.
La llamada terminó.
Nadie dijo nada.
Hasta que Valentina preguntó:
—¿Y si no quieren que recuerde porque hice algo terrible?
Mateo la miró.
—No.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque te conozco.
Valentina soltó una pequeña risa nerviosa.
—Ese es justamente el problema. Tú dices conocerme... y yo ni siquiera sé quién era hace unos meses.
Mateo sonrió apenas.
—Entonces tendremos que conocernos otra vez.
Ella lo miró.
—¿Otra vez?
—Sí.
—¿Y qué pasa si la versión nueva de mí no te cae bien?
Mateo se encogió de hombros.
—Me tocará soportarte.
Valentina soltó una carcajada.
—Idiota.
—¿Ves? Ya estamos avanzando.
Por unos segundos, todo pareció normal.
Hasta que la computadora emitió un sonido.
La grabación estaba lista.
Mateo conectó el USB.
La pantalla quedó negra.
Después apareció Valentina.
Era ella.
Pero se veía diferente.
Tenía el cabello desordenado, los ojos hinchados y parecía haber estado llorando.
La Valentina del video miró directamente a la cámara.
—Si estás viendo esto, significa que funcionó.
Valentina dejó de respirar por un instante.
—¿Qué funcionó?
En el video, su propia voz continuó:
—Probablemente no recuerdes nada. Y si no recuerdas nada... entonces estoy a salvo.
Mateo miró a Valentina.
Ella no apartaba los ojos de la pantalla.
—No intentes recuperar tus recuerdos todavía —decía la Valentina del video—. No confíes en nadie. Ni siquiera en la persona que más quieres.
Mateo se quedó inmóvil.
Valentina lo miró.
—¿La persona que más quiero?
La grabación continuó.
—Sé que vas a pensar que estoy hablando de Mateo.
Mateo abrió los ojos.
—¿Qué...?
Valentina del video sonrió tristemente.
—Pero no.
Silencio.
—Mateo no fue quien borró mi memoria.
Valentina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Entonces, ¿quién fue?
La grabación mostró a Valentina acercándose a la cámara.
—Fui yo quien lo pidió.
Mateo bajó la mirada.
—No...
—Yo sabía que alguien iba a intentar encontrarme —continuó el video—. Sabía que si recordaba dónde estaba escondido el archivo, esa persona podía encontrarlo.
Valentina se acercó a la pantalla.
—¿Qué archivo?
La imagen comenzó a distorsionarse.
La voz se escuchó entrecortada.
—El archivo está...
Ruido.
—...en la casa...
Otro corte.
—...debajo de...
La grabación se apagó.
—¡No! —gritó Valentina.
Mateo intentó reproducirla nuevamente.
Nada.
—Está dañada.
—No —dijo Valentina—. No puede terminar así.
Entonces Clara, que acababa de despertarse, habló desde la cama.
—No está dañada.
Todos voltearon.
Clara los observaba con el rostro completamente serio.
—¿Qué quieres decir?
Clara señaló el USB.
—La grabación no se cortó.
Mateo frunció el ceño.
—¿Entonces?
—Alguien la cortó.
Silencio.
Clara respiró profundamente.
—Y sé quién puede hacerlo.
Valentina sintió un nudo en el estómago.
—¿Quién?
Clara miró a Mateo.
Después a Emilia.
Y finalmente a Valentina.
—La persona que borró tu memoria...
Hizo una pausa.
—...tenía acceso a tu teléfono, a tus archivos y a esa casa.
Mateo se quedó completamente quieto.
—Eso reduce muchísimo las posibilidades.
Clara negó con la cabeza.
—No.
—¿Qué?
—Las aumenta.
Sacó una fotografía vieja de debajo de su almohada.
La dejó sobre la cama.
Era una foto de cuatro personas.
Valentina.
Mateo.
Damián.
Y una cuarta persona cuyo rostro había sido arrancado de la fotografía.
En la parte posterior había una fecha.
La noche anterior al incendio.
Valentina tomó la foto.
—¿Quién es?
Clara respondió:
—La persona que estaba con nosotros aquella noche.
Valentina observó el espacio vacío donde debería estar el rostro.
Entonces algo dentro de su cabeza hizo clic.
Un recuerdo.
Una voz.
Una mano sujetando la suya.
Y una frase:
“Si algún día me olvidas, será porque tú me lo pediste.”
Valentina soltó la fotografía.
—Yo conozco esa voz...
Mateo se acercó.
—¿De quién?
Valentina levantó la mirada.
Estaba aterrada.
—No sé quién es.
—¿Entonces cómo sabes que la conoces?
Ella negó lentamente con la cabeza.
—Porque acaba de hablarme.
Mateo frunció el ceño.
—¿Dónde?
Valentina señaló su cabeza.
—Aquí.
Y entonces su teléfono volvió a vibrar.
Un mensaje nuevo.
“Ya recordaste la voz.”
Debajo apareció otro:
“Ahora recuerda el rostro.”
Y finalmente, una fotografía.
Valentina abrió la imagen.
Era una foto tomada aquella misma noche.
Los cuatro estaban frente a la casa.
Pero esta vez el rostro arrancado de la fotografía antigua sí aparecía.
Valentina se quedó congelada.
Mateo miró la pantalla.
Su expresión cambió por completo.
—No puede ser...
Valentina lo miró.
—¿Tú sabes quién es?
Mateo no contestó.
Ella volvió a mirar la fotografía.
Y comprendió algo mucho peor.
La cuarta persona no era un desconocido.
Era alguien que Valentina había querido.