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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Status: En proceso
Genre:Romance / Vampiro
Popularitas:519
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.

Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.

Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T2 Capítulo 12 - El eco de la marca

Ignacio caminaba de un lado a otro en la estancia, con el rostro endurecido por la preocupación. Se detuvo frente a Matt, buscándole la mirada.

—Matt, ¿estás seguro de que puedes lograr que mi hija se olvide de ese joven vampiro?

—preguntó con voz ronca.

—Sí, señor Ignacio. Confíe en mí —respondió el joven con total seguridad.

—Confío en ti —asintió el padre, aunque una sombra de duda cruzó sus ojos—. Pero si no lo logras, nos iremos de este lugar. Haré lo que sea para que mi hija olvide todo lo que vivió aquí.

—No se preocupe —insistió Matt, decidi

—. Yo voy a sacar a Bibiana de esa depresión. Es más, iré a verla ahora mismo.

—Adelante. Cualquier cosa que te diga o cualquier reacción que tenga, me lo dices enseguida.

Matt asintió y se dirigió a las escaleras, dejando a Ignacio solo con sus propios miedos.

Mientras tanto, afuera de la casa de los Anderson, la tensión era diferente. Melissa se detuvo frente a la puerta, dudando.

—¿Y si Bibi no me quiere ver? —le preguntó a Diego con un hilo de voz.

—No digas eso —la animó él, dedicándole una sonrisa—. Estará feliz de verte, estoy seguro. Cuando estés con ella, aconséjala. Dale fuerzas para salir adelante.

—Claro que lo haré, no te preocupes —respondió ella, intentando disimular su propio nerviosismo.

Al entrar a la sala, la calidez del recibimiento de Diego se esfumó al chocar con la figura de su padre.

—¿Qué hace esa vampira aquí? —estalló Ignacio, su rostro transformándose por el enojo.

—Melissa es la amiga de mi hermana, papá. Vino a verla —explicó Diego, poniéndose frente a ella.

—¡Que se vaya! Mi hija no volverá a tener contacto con los de su clase.

—Tú no decides por mi hermana —replicó Diego, alzando la voz.

Melissa, sintiéndose fuera de lugar, tocó el hombro de su amigo.

—Diego, no pelees con tu padre. Es mejor que me vaya.

—No vas a ir a ningún lado —sentenció Diego con firmeza. La tomó de la mano y la arrastró hacia las escaleras—. Viniste a visitarla y la vas a ver, le guste a mi padre o no.

Ignacio gritó el nombre de su hijo, furioso al ver cómo su autoridad se desmoronaba en su propia casa.

En la planta alta, la habitación de Bibiana estaba sumida en el silencio. Ella permanecía sentada, con la mirada perdida, pensando en Adam. El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos.

—Hola, Bibi —dijo Matt al entrar.

—¿Qué haces aquí? —respondió ella, sin siquiera mirarlo.

—Quería saber cómo seguías.

—Ya ves que no estoy bien. Por favor, vete.

Matt no se movió. Se acercó un poco más, adoptando un tono de reproche.

—Bibi, tu familia está muy preocupada por ti. Piensa en la angustia que les causas con esta depresión.

—¿Y quién piensa en mí? —estalló ella, poniéndose de pie con los ojos encendidos de dolor—. ¿Quién piensa en lo que siento al haber perdido al hombre que amo?

—Si hubiera sido humano, entenderían tu dolor —soltó Matt con frialdad—. Pero no lo era. Él ya estaba muerto. Es normal que no entiendan que te aferres a un ser sobrenatural.

Bibiana sintió una punzada de rabia.

—Eres igual a mi padre y a Elena. ¡Vete, Matt! —gritó, abriendo la puerta de par en par.

—No me voy a ir —dijo él, cerrando la puerta con un golpe seco.

—¿No entiendes que no quiero escucharte?

—¡Me vas a escuchar! Olvida a ese vampiro y sigue adelante. Hazlo por tu familia.

Se hizo un silencio tenso. Matt intentó acercarse para acariciarla, un gesto que pretendía ser de consuelo, pero algo lo detuvo en seco. Al intentar tocarla, sintió el rechazo instintivo. Se apartó de inmediato, con el corazón acelerado.

—¿Qué pasa, Matt? —preguntó Bibiana, confundida por su reacción.

—No... no es nada —balbuceó él, saliendo apresuradamente de la habitación.

En el pasillo, Matt casi tropieza con Elena.

—Hola, Matt. ¿Estabas viendo a mi hermana?

—Sí, pero ya me voy —respondió él sin detenerse.

—Espera, ¿por qué tanta prisa?

—Ahora no quiero hablar, Elena.

Ella lo vio bajar las escaleras casi corriendo. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios mientras hablaba para sí misma.

—La estúpida de mi hermana debió romperle el corazón otra vez. Mejor para mí.

Al salir de la casa, Matt apretó los puños. "Si ese imbécil está muerto, ¿por qué sentí ese rechazo?", se preguntó. "Esa marca debería haberse borrado al morir el vampiro... a menos que no esté muerto". Necesitaba respuestas, y solo su madre podía dárselas.

Dentro de la casa Anderson Diego aprovechó el momento de distracción de su padre para guiar a Melissa hacia el piso de arriba. Se detuvieron frente a la puerta de madera. Diego dio dos golpecitos suaves antes de asomarse con una sonrisa pequeña pero esperanzadora.

—Hermana, alguien muy especial vino a verte —dijo en voz baja.

Bibiana, que seguía sentada en el borde de su cama con los ojos irritados, ni siquiera levantó la cabeza.

—Ahora no quiero ver a nadie, hermanito —respondió con la voz quebrada.

Fue entonces cuando Melissa dio un paso al frente, asomándose detrás de Diego con una expresión llena de ternura.

—¿Ni siquiera me quieres ver a mí? —preguntó suavemente.

Al escuchar esa voz familiar, Bibiana levantó la mirada de golpe. El brillo regresó por un segundo a sus ojos.

—¡Melissa! —exclamó con emoción contenida.

Se puso de pie de un salto y se lanzó a los brazos de su amiga. Ambas se fundieron en un abrazo apretado, de esos que intentan recomponer los pedazos rotos del alma. Diego observó la escena en silencio, sintiendo un alivio inmenso al ver a su hermana reaccionar por fin.

—Bueno, las voy a dejar solas —anunció Diego con una sonrisa de satisfacción mientras retrocedía hacia el pasillo y cerraba la puerta con cuidado.

Bibiana no soltaba a Melissa, escondiendo el rostro en su hombro.

—Qué bueno que estás aquí... —susurró Bibiana entre sollozos—. Tú eres la única que puede comprender lo que estoy sintiendo.

Melissa la separó un poco para verla a los ojos y le tomó las manos con firmeza.

—Claro que sí, Bibi. Y como tu amiga que soy, no te voy a dejar sola nunca. Te lo prometo.

Bibiana asintió, sintiéndose por primera vez protegida en medio de su tragedia, y volvió a abrazar a la que consideraba su única y verdadera amiga.

Alaska - Mansión Soler

En su habitación, Adam permanecía recostado, abrazando contra su pecho un suéter que conservaba el aroma de Bibiana.

—Bibi... —susurró su nombre como si fuera un rito.

—Hermanito —Giselle entró a la habitación, visiblemente aliviada al verlo.

—Hola, hermana —Adam se incorporó para darle un abrazo.

—Pensé que no regresarías después de lo que nuestro padre le hizo a tu novia humana.

—No planeaba hacerlo —admitió él con tristeza—. Pero sus rastreadores me encontraron.

—¿Por qué no escapaste?

—No podia hacerlo así que no tuve más remedio que regresar.

Giselle miró la prenda que él sostenía.

—¿Ese suéter es de Sara?

—No —Adam sonrió con melancolía—. Es de una mujer hermosa de la que me enamoré.

—Me imagino que también es humana—Le dijo ella preocupada—. Adam, hiciste bien en volver. Si nuestro padre se entera, la mataría como mató a Sara.

Adam apretó el suéter con fuerza, sus ojos brillaron con una determinación sobrenatural.

—A ella no va a poder matarla.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Yo la marqué, Giselle. Y mientras yo esté vivo, ningún vampiro ni humano podrá tocarla.

Pueblo Finlandés - Casa de Matt

De vuelta en el pueblo finlandés, Matt irrumpió en su casa. Su madre, Martina, estaba en la cocina.

—Hola, hijo. La comida estará en un minuto.

—Mamá, tengo dudas y solo tú puedes aclararlas.

—Espera a que termine y...

—¡No! Tiene que ser ahora —interrumpió él, ansioso.

Martina suspiró y dejó los utensilios. Fueron a la sala y ella sacó su baraja de cartas, extendiéndolas sobre la mesa mientras Matt le contaba lo sucedido con Bibiana y el rechazo que aún sentia cuando se acercaba a ella.

—¿Qué te dicen las cartas? —preguntó él tras un largo silencio.

—Hijo... ¿ustedes están seguros de que ese vampiro está muerto? —preguntó Martina sin despegar la vista del tablero.

—Eso fue lo que Bibiana nos dijo.

—Pues las cartas no mienten —sentenció Martina con voz grave—. Ese vampiro no está muerto. Lo veo claramente aquí.

Matt se quedó mudo, sintiendo cómo el mundo se detenía.

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