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Mi Mundo Cambio Cuando Te Conocí (Vindicta Dinasty 1)

Mi Mundo Cambio Cuando Te Conocí (Vindicta Dinasty 1)

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amor-odio / Mafia / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

En un mundo donde el poder corrompe y la sangre siempre se paga con más sangre, la paz no es más que una mentira bien contada.

Ella creció entre sombras, bajo las reglas de una familia donde la mafia dictaba cada paso.

Ahora sigue el mismo camino hasta que un enemigo de su familia aparece para arrastrarla a un infierno de verdades que duelen, pactos rotos y recuerdos que jamás murieron.

Entre la oscuridad del odio y la fragilidad del amor, deberá elegir: ¿vale su alma mas que la venganza… o ya es demasiado tarde para salvarla?

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 12

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Temprano por la mañana decidí hacer un poco de ejercicio, me puse ropa deportiva y prendí una radio para escuchar música.

Necesitaba mantenerme en forma y más aquí que los cambios climáticos eran mas elevados que los de Italia. Me ejercite y luego practique meditación. En estos momentos que estaba lejos tenia que controlarme, sobre todo mis cambios de humor elevados. Y así fue por una semana me acostumbre a estar en Alemania poco a poco, aunque la comida no era de mi agrado, podía caminar tranquila entre la gente junto a monica y Ricci quienes nos tomábamos fotos en monumentos o lugares turísticos.

Todos los días revisaba mi celular, pero no había señales aun no perdía la esperanza hasta que un día mientras comíamos en un sitio de la calle me empezó a llamar Theo, ellos me dijeron que contestara tranquila y eso hice.

—Vaya, Theo… ¿A qué debo el milagro de que me llames?

—Sé que desaparecí un tiempo, pero estuve ocupado—respondió—Te noticias sobre nuestro encuentro.

—Habla—dije, apoyándome contra la pared.

—Markus Becker quiere verte. Está interesado en conocerte, Bianca.

—¿En serio? —sonreí—¿Le dijiste que tenía información sobre los Vindicta y todo lo demás?

—Claro. Quiso saber si tenías fotos, pero como no encontré nada concreto, eso solo aumentó su curiosidad. Quiere saber quien eres realmente.

—Perfecto. ¿Algo más?

—Propuso que se vieran en un restaurante del centro. De hecho, pregunto si podían reunirse hoy mismo por la noche. Dijo que mandaría a recogerte donde estes viviendo.

Sonreí sin poder evitarlo y asentí, aunque él no pudiera verme.

—Excelente. Te enviaré las coordenadas y allí estaré.

Colgué la llamada. Apenas bajé el celular, Mónica fue la primer en hablar.

—¿Y bien? ¿Qué pasó? ¿Qué es eso de mandar coordenadas?

—Markus Becker quiere conocerme.

—Así que si funciono tu estrategia con Theo…

—Funcionó—admití—pero quiere verme esta misma noche. Y no tengo ropa adecuada para la ocasión.

—Eso se arregla fácil—dijo Mónica con una sonrisa cargada de intención—Llegó el momento que estábamos esperando. Tendrás que llevar un dispositivo oculto para escuchar toda la conversación.

—Lo haremos—afirmé—pero con inteligencia. No nos dejaremos atrapar tan fácilmente.

Sabía que este momento era inevitable. Lo necesitaba. Pero también sabía que debía estar segura de cada paso que diera, de cada palabra que pronunciara. No tenia certeza de si él creería todo lo que pensaba decirle durante esa cena… y un solo error podía costarme mucho más que una mentira mal dicha.

Fui con Mónica a casa para empezar a alistarme. No tenía demasiada ropa, pero elegí con cuidado: un conjunto en tonos marfil, casi blanco.

El chaleco entallado se ajustaba a mi cuerpo, marcando mi silueta sin exagerar, dejando un escote en V sobrio. El pantalón de tiro alto caía recto y firme, alargando mis piernas y obligándome a mantener la espalda erguida, como si la prenda misma exigiera seguridad. Sobre los hombros llevé el blazer del mismo, sin introducir los brazos en las mangas, dejándolo caer como una capa. Un gesto calculado.

Completé el conjunto con un bolso pequeño color negro, y una cadena dorada rodeando mi cuello.

—¿Cómo me veo?—pregunté.

Mónica me guiño un ojo, recorriéndome de arriba abajo con evidente admiración.

—Te ves 10/10 definitivamente tenemos buen gusto.

—Todo lo elegí yo, Mónica.

—Pero, yo estuve contigo—replicó—Eso cuenta.

Sonreí apenas

—El micrófono.

Mónica se agachó y colocó el dispositivo dentro de uno de mis zapatos. Se activaría únicamente al caminar.

—Listo. No se notará.

—Bien. Cualquier información clave que salga de esa conversación es esencial.

—Espero que lo que consigas nos sirva para enviárselo a tu padre.

—No fallaré esta vez—respondí con firmeza.

En ese momento recibí la llamada de Theo. La gente de Markus ya me estaba esperando. Me despedí de Ricci y de Mónica, bajé las escaleras y entonces la vi: una camioneta roja, estacionada frente al edificio. Uno de los hombres descendió del vehículo y me observo con evidente confusión. Tal vez porque, sin saberlo, estaba viendo una copia femenina de Salvatore vindicta.

—¿es usted Bianca Lombardi?

—Sí, soy yo.

Asintió y me abrió la puerta trasera del auto. Subí. Durante el trayecto, el nerviosismo me recorrió el cuerpo como un pulso constante. Finalmente llegamos al restaurante.

Desde que crucé la entrada noté el trato preferencial. No había otros clientes. Todo estaba dispuesto para una sola mesa. Markus becker había cerrado el lugar. Quería privacidad.

Me guiaron hacia una mesa decorada con velas. Allí estaba él, de espaldas, fumando un cigarrillo. Al escuchar mis pasos, habló sin girarse.

—Es puntual. Me agrada la gente así.

No respondí. Esperé.

—Pero ¿sabe qué me causa curiosidad? —continuó—que una mujer como usted oculte quién es realmente…. ¿o me equivoco, chiara vindicta?

Entonces se giró. Sus ojos cafés fueron lo primero que atrapó mi atención. Oscuros, profundos, de esos que no reflejan la luz con facilidad. Era alto, de complexión atlética, vestido completamente de negro. Su camisa abierta apenas lo necesario dejando ver su abdomen tatuado, su rostro severo, anguloso, marcado por una barba de pocos días que endurecía aún más sus facciones.

Pero eran sus ojos los que dominaban el ambiente. No miraban por mirar; medían, evaluaban, archivaban. Cuando Markus Becker fijaba la vista en alguien, lo hacía con la paciencia de quien sabe que el tiempo siempre juega a su favor.

Su cabello oscuro, cuidadosamente desordenado, suavizaba apenas la dureza de su expresión, creando una contradicción peligrosa: elegancia controlada y violencia contenida. Su postura era relajada, casi indiferente, una mano apoyada con naturalidad, la otra cerca del cuerpo, como si incluso en reposo estuviera listo para reaccionar. No necesitaba demostrar fuerza. La tenía. Y lo sabía.

El reloj en su muñeca brillaba con discreción. No como un lujo, sino como un recordatorio silencioso: Markus Becker no solo controlaba los espacios… también controlaba los tiempos. En una sala llena de hombres armados, no sería el más ruidoso ni el más brutal. Sería el que hablaba poco, escuchaba más… y el que, con una sola mirada sostenida, hacía que todos bajaran la voz.

—Chiara Vindicta Medici—dijo—No pensé que serias capaz de cambiar tu identidad a Bianca Lombardi. Engañaste muy bien a Theo y por poco a mí.

—Era algo necesario—respondí—Tuve que cambiar mi identidad cuando pisé suelo alemán. Tuve que huir de mi país por mi propio bien.

—Te pareces mucho a Salvatore—añadió—Pero creo que tenemos mucho de qué hablar. Tome asiento. La cena estará servida pronto.

Me senté frente a él. Sin embargo, algo en su mirada me inquietó más de lo esperado. Tenia que medir cada palabra, cada gesto. Porque en ese juego, una sola frase mal dicha podía desenmascararme.

Y esta vez…. No habría margen de error.

...CONTINUARÁ ...

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Alejandra Sanchez
excelente autora gracias 🙂
Anna
Me gustó, felicitaciones escritora
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