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Massacre Express

Massacre Express

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Venganza / Terror / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: cshadows

Advertencia: No descargues Massacre Express.

​En el 2013, Los Ángeles se convirtió en el escenario de una pesadilla silenciosa. Jóvenes aparecían muertos con marcas de haber tomado una decisión fatal, pero todos compartían un detalle macabro: una nota con el nombre de una aplicación maldita.

La policía lo llamó suicidio. Los sobrevivientes saben que fue cacería.

​Valentina y Miguel no se conocen, pero comparten la misma herida. Ella perdió a su mejor amiga; él, a su hermano. Atados por la necesidad de respuestas, deciden cruzar la línea y adentrarse en el juego.

​Una vez que aceptas los permisos de micrófono y ubicación, ya no hay vuelta atrás.

El juego empieza... y la camioneta ya está en camino.

★ Actualización todos los días, puntualmente a las 15:00 hrs...

NovelToon tiene autorización de cshadows para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11 — La sombra en el retrovisor

​El amanecer sobre el distrito industrial y las zonas periféricas de Los Ángeles no trajo consigo ninguna sensación real de alivio, ningún respiro físico ni el consuelo efímero de haber logrado burlar a la muerte durante la madrugada; por el contrario, la primera y pálida luz del día se filtró de manera implacable a través de la neblina densa, matutina y los cristales sucios y polarizados del coche viejo, destartalado y de color gris plomo que Miguel había conseguido hurtar deprisa en un estacionamiento subterráneo olvidado mediante un puente eléctrico en los cables de encendido, revelando un paisaje urbano tan gris, desolado, hostil y decadente como el panorama mental que ambos compartían en ese preciso instante de la huida.

Con el motor tosiendo de manera intermitente, ahogándose con un sonido metálico y áspero, y con el olor persistente y pesado a gasolina quemada impregnando la tapicería gastada y llena de rasgaduras del vehículo, el automóvil avanzaba a una velocidad moderada y constante por una autopista secundaria y elevada que bordeaba el canal de concreto seco y polvoriento del río de la ciudad.

Un escenario lúgubre que encajaba a la perfección con la atmósfera de película de catástrofes y suspenso psicológico que ahora servía como telón de fondo para su desesperado intento de escapar con vida.

​Valentina iba sentada en el asiento del copiloto, con las manos aferradas con tanta fuerza, desesperación y rigidez al borde de plástico agrietado del tablero que los nudillos se le habían vuelto completamente blancos, translúcidos y doloridos por la presión.

Tenía los ojos inyectados en sangre, fijos y abiertos de par en par en el pequeño espejo retrovisor central del coche, un rectángulo de cristal gastado, manchado de polvo y tembloroso que se había convertido de la noche a la mañana en su particular y aterradora ventana hacia el infierno.

Desde el momento exacto en que habían abandonado las vías del tren en desuso a altas horas de la madrugada, la abrumadora sensación de estar siendo observados minuciosamente a la distancia no había disminuido ni un solo ápice; por el contrario, se había transformado en una presencia física, pesada, asfixiante y constante que les pisaba los talones sin prisa pero sin pausa, como una maldición imposible de sacudirse de encima.

​—No los pierdas de vista ni un solo segundo... o mejor dicho, dime si notas algo extraño, algún movimiento o cambio de carril a unos doscientos metros exactamente detrás de nosotros —murmuró Miguel con la voz profundamente ronca, quebrada y desgastada por el cansancio extremo, las largas horas de insomnio acumulado y los nervios destrozados por la tensión permanente de mantener el control del volante en medio del tráfico.

Sus manos, aferradas al aro del volante con la misma desesperación contenida, temblaban imperceptiblemente cada vez que el coche vibraba con violencia al pasar sobre los baches, grietas y socavones del asfalto descuidado de la vía rápida.

​Valentina ajustó el ángulo del pequeño espejo retrovisor unos cuantos milímetros hacia abajo con la punta de los dedos fríos, intentando perforar con la mirada la densa cortina de humo grisáceo, vapor y gases de escape que desprendían los enormes camiones de carga pesada que circulaban a su alrededor en la autopista.

Y entonces, como si se tratara de una aparición fantasmal surgida directamente de lo más profundo de sus peores pesadillas, la vio de nuevo, imponente y silenciosa.

​Allí estaba, emergiendo con una precisión milimétrica, fría y calculada de entre el tráfico denso de la mañana, manteniéndose siempre a una distancia prudente pero absolutamente estricta: la inconfundible silueta rectangular, masiva y amenazante de la camioneta negra.

No llevaba las luces de emergencia encendidas para llamar la atención, ni intentaba adelantarlos de forma agresiva, temeraria o violenta para bloquearles el paso como lo había hecho la noche anterior en el estrecho callejón del distrito industrial. Su táctica de acecho había cambiado de manera radical, volviéndose mucho más sofisticada, sutil y perversa.

Ahora operaba como un recordatorio constante, silencioso, invisible para los demás conductores y psicológicamente devastador de su absoluta falta de control sobre la situación y sobre sus propias vidas.

Era una sombra rodante que los seguía a todas partes, un depredador paciente y metódico que sabía perfectamente que sus presas estaban completamente acorraladas, que no tenían adónde huir y que, tarde o temprano, cometerían un error fatal impulsados por el propio peso del agotamiento mental y la paranoia.

​—Está ahí... nos sigue manteniendo la distancia exacta, como si estuviera atada de forma invisible al parachoques trasero de nuestro coche mediante una cuerda de metal —dijo Valentina con un hilo de voz apenas perceptible, sintiendo que un nudo helado, pesado y doloroso se le formaba de golpe en la boca del estómago, paralizándole momentáneamente la respiración

—Miguel, esto ya no es una simple persecución convencional para atraparnos por la fuerza, detenernos o silenciarnos de inmediato; es una campaña planificada de desgaste psicológico deliberado.

Quieren que perdamos los nervios por completo, quieren que nos equivoquemos en una curva cerrada, que choquemos contra el muro de contención de la autopista o que implosionemos mentalmente por la paranoia antes de darnos el golpe final y definitivo.

Saben perfectamente que nuestros teléfonos móviles siguen emitiendo la señal de rastreo a través del troyano de nivel raíz instalado en la placa base, por mucho que hayamos intentado aislar los aparatos en las mochilas o apagarlos de forma manual.

Para ellos somos simplemente animales marcados con un collar eléctrico invisible en medio de un campo abierto, incapaces de escapar de su radio de cobertura.

​Miguel apretó los dientes con tanta fuerza y rabia contenida que los músculos de su mandíbula se marcaron violentamente bajo su piel pálida, sudorosa y demacrada. Un destello de furia sorda, mezclada con la impotencia más absoluta e insoportable por no poder hacer absolutamente nada para romper el ciclo vicioso de la trampa digital, iluminó sus ojos cansados y rojos por la fatiga.

​—Que lo sigan intentando entonces, que sigan jugando a su maldito juego mental —respondió con una mezcla peligrosa de desesperación y un desafío sordo e indomable, pisando un poco más a fondo el acelerador del coche robado, aunque el viejo motor respondió de inmediato con un quejido metálico agudo, un temblores en la carrocería y una densa bocanada de humo negro que salió despedida por el tubo de escape hacia la vía.

—Si quieren jugar al gato y al ratón en las calles de esta maldita ciudad hiperconectada, vamos a ver exactamente quién se queda sin combustible, sin paciencia o sin opciones primero.

Pero te juro que no nos vamos a detener en ningún refugio o lugar seguro convencional, porque ya aprendimos de la manera más cruel y dolorosa que los "lugares seguros" ya no existen en este mundo cuando la propia tecnología que llevamos guardada en los bolsillos es la que le abre la puerta de par en par a nuestros cazadores.

​Mientras el coche continuaba devorando kilómetros interminables de asfalto gris bajo un cielo cada vez más plomizo, amenazante y cargado de nubes oscuras que auguraban una tormenta inminente, Valentina desvió lentamente la mirada hacia la mochila de lona que llevaba firmemente apoyada sobre sus rodillas.

En su interior, protegidos cuidadosamente dentro de una bolsa hermética para evitar daños por humedad, los discos duros recuperados del sótano de la clandestinidad guardaban los fragmentos incompletos, encriptados y peligrosos del código fuente del troyano Massacre Express.

Y al revisar de reojo la pantalla apagada de su teléfono móvil, que continuaba vibrando de forma sutil, rítmica y fantasmal contra el forro de la bolsa como un latido artificial, comprendió con absoluta claridad una verdad aterradora que le heló la sangre: el creador anónimo de la aplicación no solo los estaba persiguiendo físicamente de cerca a través de la mole de la camioneta negra en las calles laberínticas de la ciudad.

Sino que parecía estar enviándoles mensajes y señales directas desde el interior mismo del código binario, anticipando cada uno de sus movimientos, cada uno de sus refugios improvisados y cada una de sus decisiones desesperadas antes incluso de que ellos mismos terminaran de discutirlas en voz alta dentro del habitáculo del coche.

La persecución había traspasado por completo la frontera de lo físico para convertirse en un juego mental retorcido donde la delgada línea entre la realidad objetiva y la locura digital comenzaba a desdibujarse de forma peligrosa y letal, arrastrándolos irremediablemente hacia un enfrentamiento final con una mente brillante pero completamente corrompida que operaba desde las sombras de la red.

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Liliana Sanabria
Se leyó super rápido esta parte, el conteo regresivo de los segundos al principio le dio mucha velocidad al arranque del capítulo
Liliana Sanabria
Ahora el problema es ver cómo se mueven sin que los detecte la policía por el incendio del refugio y con la ciudad empezando a fallar
Johana♡
​La solución de conseguir un todoterreno de los 90 con carburador fue genial, es la única forma de moverse sin que el algoritmo les apague el motor a distancia
Johana♡
Sabía que Vance les había mentido con lo de San Francisco, el servidor maestro estando en el puerto norte tiene muchísimo más sentido para el plan
Johana♡
Me gustó la evolución de Valentina en este capítulo, pasó de estar exhausta y asustada a transformar el miedo en rabia para descifrar el pendrive
Johana♡
Menos mal Miguel tuvo los reflejos de sacarle el USB y el llavero con la clave antes de irse, es lo único concreto que tienen ahora, ya voy al cap 32 rapidísimo
Johana♡
Lo de San Francisco suena a que Vance los mandó a buscar a un lugar falso para ganar tiempo, dudo que un tipo así les dé la dirección real tan fácil
Johana♡
​Me dio rabia que la barra se congelara en el 99.9%, cortaron la señal pero el daño grande ya lo habían recibido los satélites
Johana♡
Julián está completamente ido, el tipo atado al piso y con el auto echando humo pero riéndose porque el virus ya estaba arriba me dio bastante bronca 🤯
Johana♡
La maniobra de Miguel en el motor fue a desesperación pura pero funcionó, la vd me gustó que no fuera un hackeo milagroso de último segundo, sino algo físico para cortar la corriente
🌬 Axel Coronel 🌀
La parte donde escuchan la radio de la policía con los reportes de los choques me dio escalofríos, se sintió re real el colapsoo
celi: Quería transmitir esa sensación de caos a la distancia, cuando escuchás que todo afuera se está desmoronando y no podés hacer nada aún
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🌬 Axel Coronel 🌀
Miguel rompiendo el candado para sacar el V8 de los 90, cine absoluto 🔥 ya necesito leer q ese auto andando ya en el próximo capítulo
celi: ​Jaja ese motor de 8 cilindros va a dar pelea! se viene un viaje directo a la zona industrial
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🌬 Axel Coronel 🌀
"esta noche vamos a pelear con hierro y fuego analógico" quué gran frase para cerrar este capítulo, ya espero el de mañana 🤭
celi: ​¡Muchas gracias! Ya tocaba prepararse para el asalto final al centro de datos ⭐️💗
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🌬 Axel Coronel 🌀
Menos mal q vance usó la misma matriz de algoritmo por arrogante y Valentina pudo romper el cifrado en tres minutos
celi: ​El ego de los hackers siempre termina siendo su punto débil jaja el se confió y le dejó la puerta abierta
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🌬 Axel Coronel 🌀
La antigua central eléctrica en el puerto norte suena a lugar perfecto para la batalla final, se van a encontrar con defensas físicas ahí?
celi: Excelente deducción... un lugar con subestación propia no va a estar desprotegido, en el próximo capítulo se van a enterar de qué hay esperándolos ahí ⭐️⭐️
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🌬 Axel Coronel 🌀
Valentina tecleando a mil por hora mientras pasa todo el desastre es de lo mejor, muuuuy buen personaje femenino de acción ⚔️
celi: ¡Muchas gracias! Me alegra que te guste, ella siempre se la juega toda con la tecnología ⭐️💗
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🌬 Axel Coronel 🌀
​Me gustó mucho cuando Miguel lo apura y lo amenaza con dejarlo ahí jajaja ya era hora de ponerse firmess hermano
celi: Ya se le acabó la paciencia después de tantas vueltas, prácticamente ya no están para negociar
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🌬 Axel Coronel 🌀
Julián Vance está re loco pq atado al suelo y con el auto humeando y se sigue riendo, quué personaje taan insoportable
Alana del Rey
Ya quiero leer el capítulo 33 ⚔️
celi: Espéralo mañana puntualmente ⭐️💗
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Alana del Rey
Menos mal Valentina revisó bien el usbbb, entonces resultó que el servidor no estaba en San Francisco sino en el puerto norte, nos cambiaron el destino de golpeeee
celi: Vance solo tiró la pista de San Francisco para despistarlos, pero el mapa en el pendrive no mentía porque el puerto norte es el objetivo real
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