Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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LA RED DE ALIADOS Y LA CAÍDA DE ROSA
MANSIÓN DE LA CONDESA TERESA • DOS DÍAS DESPUÉS
Teresa cumplió mi orden con la desesperación de alguien que tiene todo que perder. Organizó una reunión de las damas más influyentes del imperio, entre ellas duquesas, condesas y hijas de nobles poderosos – el corazón de los círculos sociales.
Vestida con su mejor vestido de terciopelo rojo, se puso de pie en el centro de la sala y habló con una voz que resonaba en cada rincón:
"Amigas mías," empezó, con una expresión seria – "Hoy vengo a hablarles de una verdad que he mantenido en silencio por demasiado tiempo. Rosa Seceet, la esposa del príncipe Taylor, no es quien dice ser. La conocí cuando era joven... y sé que manipuló a Taylor con promesas de herencias y poder para que la eligiera como esposa, dejando atrás a la mujer que realmente amaba – la hija de un mercader honesto que ahora vive en la pobreza."
Las damas empezaron a murmurar entre sí, mientras Teresa continuaba: "Además, he descubierto que mantiene contactos secretos con los nobles rebeldes del norte. Un mensajero suyo fue atrapado llevando cartas con instrucciones sobre los movimientos de la guardia imperial. No puedo permitir que una mujer tan codiciosa y traidora contamine nuestros círculos."
En cuestión de horas, los rumores se extendieron como el fuego en un campo seco. Rosa fue excluida de todas las reuniones de la nobleza, las tiendas de modas le negaban sus servicios y hasta sus propias amigas la evitaban. Cuando intentó defender su reputación, Teresa presentó "pruebas" que yo había preparado – cartas falsas con su caligrafía y objetos que parecían provenir de los nobles del norte.
"Rosa, querida hermana," pensé al enterarme de los sucesos – "Cada mentira que te lanzan es un paso más cerca de tu destrucción. Tu belleza y tu orgullo ya no valen nada cuando la opinión pública está en mi mano."
Mientras Rosa se encerraba en su cuarto llorando por la pérdida de su reputación, yo preparaba mi jugada para atraer al general Víctor Solen. Sabía que él era el comandante del ejército imperial más poderoso – con 30 años, cabello oscuro y ojos grises que inspiraban tanto respeto como miedo, controlaba a más de 50.000 hombres y era el único capaz de asegurar mi posición en el trono.
Le envié una invitación para un banquete privado en mi sala de estar, con una nota que decía: "El ejército necesita una mano que lo guíe hacia la grandeza. Yo puedo ofrecerle más poder del que jamás haya soñado."
Mientras esperaba su llegada, enseñaba a Elle los secretos de la seducción: cómo moverse con gracia, cómo usar la mirada para atrapar la atención de un hombre, cómo decir mucho sin pronunciar ni una palabra.
"Víctor es un hombre de honor, pero también ambicioso," le expliqué a Elle, mientras ajustaba su vestido de seda verde – "No se puede atraer con regalos ni promesas vacías. Hay que hablarle en su lenguaje: el del poder y la estrategia."
Elle asintió, con los ojos brillantes de entusiasmo. "Señora... Lobelia... nunca he tenido a alguien que me enseñe estas cosas. Estoy dispuesta a hacer lo que sea para ayudarte."
Yo le sonreí y le di un collar de perlas. "Yo sé, querida. Y cuando Víctor llegue, serás mi escudo y mi aliada. Él notará tu belleza, pero también tu inteligencia – eso es lo que lo atraerá."
El general Víctor Solen llegó puntual. Vestido con su uniforme de cuero negro y plata, entró con paso firme y mirada alerta – un hombre acostumbrado a estar en peligro.
"Señora Lobelia," dijo, inclinándose levemente – "Me dijo en su nota que tenía algo importante que decirme."
Yo me levanté de mi sillón y le ofrecí una copa de vino de uva negra. "General Solen," respondí con voz clara y segura – "Sé que eres un hombre que ama a su imperio, pero también sabe que la corrupción y las intrigas palaciegas están destruyéndolo desde dentro. La emperatriz Isadora es débil, Taylor es ingenuo y Rosa es una traidora."
Le mostré documentos que había preparado – informes sobre las deficiencias del ejército, las malas decisiones de los consejeros actuales y los planes que yo tenía para fortalecer las fronteras y aumentar los sueldos de los soldados.
"Yo puedo hacerte comandante en jefe de todo el ejército imperial," dije, mirándolo directamente a los ojos – "Puedo darte tierras, títulos y el poder de hacer las reformas que siempre has querido. Pero en cambio, debes jurar lealtad a mí – no al emperador, no a la corona, sino a mí."
Víctor frunció el ceño, pero sus ojos mostraban interés. "¿Por qué debería confiar en ti? Eres solo una concubina."
En ese momento, Elle entró en la sala con una bandeja de frutas y queso. Se detuvo frente al general, con una sonrisa dulce pero segura, y le habló con voz suave:
"General, mi señora no es solo una concubina – es la mente detrás de la caída de los nobles rebeldes del este, la que ha protegido al emperador de más de una conspiración. Ella ve lo que otros no ven, y sabe cómo ganar batallas sin levantar una espada."
Víctor miró a Elle, luego a mí, y vi cómo su expresión de desconfianza se convertía en respeto. "¿Y qué pasa si el emperador se entera?"
Yo sonreí fríamente y levanté mi copa. "El emperador ya está en mis manos, general. Soy su luz en la oscuridad, su consejera más confiable. Pronto será mi esposo, y cuando eso pase, tú serás el hombre más poderoso del imperio después mío."
Le tendí la mano, y Víctor la tomó con firmeza. "Juro lealtad a ti, Lobelia Seceet," dijo en voz baja pero clara – "Y prometo servirte mientras mi corazón siga latiendo."
Mientras él se iba, Elle se acercó a mí con una sonrisa triunfal. "Lo conseguiste, señora. Tenemos al ejército de nuestro lado."
Yo me senté en mi sillón y cerré los ojos, pensando:
"El ejército es la espada que necesito para conquistar el trono. Teresa controla los círculos sociales, Elle controlará a Víctor, y el emperador está atrapado en mis redes. Ya solo quedan algunas piezas en el tablero... y pronto tendré todo lo que siempre quise."
"El poder no se toma – se construye, piedra por piedra, aliado por aliado. Y cada piedra que pongo es una garantía de que nadie podrá derribar mi imperio."
Palabras de la autora:
La protagonista es muy desalmada, pero me gusta que sea así. En un mundo machista y cruel donde solo eres un objeto, no tienes opción.
La protagonista es una mujer que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. No ama a nadie. El protagonista masculino es el emperador, pero no es el típico de este género; tampoco es una historia de amor convencional, sino una historia de romance oscuro donde quien maneja los hilos es la protagonista.
Hay muchas novelas donde el protagonista masculino usa sin piedad y abusa de la protagonista, y esta, a pesar de todo, queda con él. Esta historia la creé de puro coraje: casi todos los manhwa muestran mujeres sumisas, así que quise hacer lo contrario: una mujer que no se doblega ante nadie y no cae por el hombre que la forzó a contraer matrimonio, donde la Lobelia original tuvo un final horrible. Nadie merece piedad.