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MALDITO VILLANO

MALDITO VILLANO

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Villana / Posesivo
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Karol

UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.

NovelToon tiene autorización de Karol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 11

Ese día terminé quedándome con ellos.

Comimos juntos y, por un momento, todo pareció volver a ser como antes.

Clara estaba feliz, hablando emocionada sobre sus encuentros con el príncipe heredero, mientras yo intentaba seguirle el ritmo a sus historias.

Y Alan…

Bueno, Alan seguía siendo el mismo idiota de siempre.

—¿Podrías dejar de comer como si no hubieras visto comida en tres días? —preguntó, mirándome con una sonrisa burlona.

Dejé el tenedor sobre la mesa y lo miré con indignación.

—¿Podrías dejar de hablar como si alguien te hubiera pedido tu opinión?

Clara suspiró.

—Ustedes dos no han cambiado absolutamente nada.

—¡Él empezó! —respondí de inmediato.

—¡Tú empezaste! —replicó Alan.

Lo miré boquiabierta.

¿Acababa de acusarme a mí?

¡A mí!

Apreté los labios y le dediqué mi mejor sonrisa falsa.

—Espero que te atragantes con el siguiente bocado.

Alan soltó una carcajada.

—Qué dulce eres, mi candelita.

—Y tú qué insoportable eres.

—Pero aquí sigues.

Me quedé callada durante un segundo.

Maldito.

Maldito hombre guapo y arrogante.

No tenía ninguna intención de darle la satisfacción de responderle, así que continué comiendo como si no existiera.

Aunque, por supuesto, él se encargó de recordarme su presencia cada cinco minutos.

Era increíble.

Había pasado dias intentando descubrir qué clase de relación tenían Isabel y Alan, y ahora comenzaba a comprenderlo.

Aquellos dos parecían haber nacido exclusivamente para molestarse.

Y, por alguna razón, resultaba extrañamente natural discutir con él.

Como si mi cuerpo recordara algo que mi mente todavía no podía recuperar.

Aquella tarde transcurrió entre bromas, discusiones absurdas y las risas de Clara, que parecía encantada de tenernos juntos.

Por unas horas, conseguí olvidarme de la novela, de los secretos de Alan y de todas las preguntas que llevaban días rondando mi cabeza.

Hasta que llegó la hora de marcharme.

—¿Por qué no te quedas a dormir? —preguntó Clara mientras me sujetaba las manos—. Hace mucho que no pasamos una noche juntas.

Dudé.

Mi primer impulso fue aceptar.

El segundo fue recordar que su hermano también estaría allí.

Miré discretamente hacia Alan.

Él levantó una ceja, como si hubiera adivinado exactamente lo que estaba pensando.

—No te preocupes, mi candelita. Prometo no molestarte demasiado.

—Prefiero dormir en un establo.

—Qué romántica.

—Y tú qué insoportable.

Clara volvió a suspirar.

Al final, acepté quedarme.

Después de todo, no podía permitir que Alan arruinara mi amistad con Clara.

Además, ¿qué era lo peor que podía pasar?

No respondan.

No quería saberlo.

Esa noche, después de despedirme de Clara, me acomodé en la habitación de invitados.

Estaba agotada.

Cerré los ojos con la intención de dormir hasta el día siguiente y, por una vez, no pensar demasiado.

Pero apenas me quedé dormida, volví a encontrarme allí.

El bosque.

Las flores de colores imposibles.

Los árboles que parecían tocar el cielo.

Y aquel lago de aguas cristalinas que reflejaba una luz que no provenía de ninguna parte.

Me incorporé lentamente.

Otra vez el mismo sueño.

O quizá ya no podía llamarlo simplemente un sueño.

Me acerqué al lago y me arrodillé junto a la orilla.

En el agua apareció mi reflejo.

Mi verdadero rostro.

El de mi vida anterior.

Pero esta vez me quedé observándolo durante más tiempo.

Mi piel tenía un color saludable. Mi cabello caía sobre mis hombros, abundante y brillante. No había rastros de agujas, cicatrices ni de aquella enfermedad que había consumido mis fuerzas durante tantos años.

Parecía una versión de mí misma que nunca había tenido que luchar por respirar, que nunca había pasado noches enteras en una cama de hospital.

Una versión que había podido vivir.

Tragué saliva.

—¿Por qué sigo soñando contigo?

El agua permaneció en silencio.

Entonces escuché aquella voz.

Lejana.

Suave.

Casi un susurro que parecía surgir de todas partes.

Me llamaba.

No conseguía distinguir las palabras, pero sabía que se dirigía a mí.

Me levanté y seguí el sonido hasta el monumento de piedra.

Los extraños símbolos seguían grabados en su superficie.

No entendía ninguno, pero aquella sensación de familiaridad se hizo más intensa conforme me acercaba.

Era como si hubiera estado allí antes.

Como si una parte de mí reconociera aquel lugar, aunque mi memoria se empeñara en negarlo.

Extendí la mano.

La voz volvió a sonar.

Esta vez, más cerca.

—¿Quién eres? —pregunté.

No hubo respuesta.

Mis dedos estaban a punto de rozar la piedra cuando escuché algo detrás de mí.

Una risa.

Después otra.

Eran risas infantiles.

Me quedé inmóvil.

El sonido provenía de entre los árboles.

Me giré lentamente y distinguí una silueta que corría a lo lejos.

Parecía la figura de un niño.

O quizá de una niña.

No estaba segura.

La silueta desapareció detrás de los árboles, pero las risas continuaron.

Dos voces.

Dos niños.

Jugando en algún lugar del bosque.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¡Esperen!

No sabía por qué había gritado aquello.

Ni siquiera sabía a quién estaba llamando.

Pero sentí una urgencia inexplicable por alcanzarlos.

Di un paso hacia los árboles.

Luego otro.

Las risas se escucharon nuevamente, esta vez mucho más cerca.

La silueta apareció entre la vegetación y corrió en dirección contraria, como si quisiera que la siguiera.

Fruncí el ceño.

—¿Quiénes son ustedes?

No obtuve respuesta.

Solo aquellas risas que parecían burlarse de mi desconcierto.

Comencé a correr.

Las ramas rozaban mis brazos y las flores se agitaban bajo mis pies, pero no me detuve.

Tenía que descubrir quiénes eran.

Tenía que saber por qué me llamaban.

Y, sobre todo, necesitaba entender por qué aquel lugar me hacía sentir que estaba a punto de recordar algo importante.

Finalmente, la silueta se detuvo.

Estaba de espaldas a mí.

A pocos metros.

Respiré agitadamente y me acerqué despacio.

—Oye…

La figura no se movió.

Levanté una mano.

—¿Puedes decirme quién eres?

Entonces comenzó a girarse.

No pude distinguir su rostro.

Pero, por alguna razón, sentí que estaba a punto de descubrir algo que cambiaría todo.

Di un último paso.

Y justo cuando la silueta estaba a punto de mostrarme quién era…

Abrí los ojos de golpe.

Me incorporé en la cama, respirando con dificultad.

La habitación estaba oscura y silenciosa.

No había bosque.

Ni lago.

Ni monumento.

Y, por supuesto, tampoco había niños riéndose entre los árboles.

Me llevé una mano al pecho, intentando tranquilizarme.

¿Qué demonios acababa de soñar?

Me quedé mirando la oscuridad durante varios minutos.

Era la segunda vez que visitaba aquel lugar.

La segunda vez que veía mi antiguo rostro.

Y ahora habían aparecido dos niños.

Me abracé a mí misma.

No sabía qué significaba todo aquello, pero estaba segura de una cosa.

Aquel bosque no era un sueño cualquiera.

Y tarde o temprano descubriría qué intentaba mostrarme.

Aunque, sinceramente, habría preferido que mi nueva vida viniera con un manual de instrucciones.

Porque entre el villano sexy, una historia que estaba cambiando y unos sueños cada vez más extraños…

Empezaba a extrañar los problemas normales.

1
Cliente anónimo
y ☺️
Adeilis
La historia es muy interesante, me gusta mucho más capítulo por favor
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