Felicity siempre ha vivido para servir a su familia.. Pero, ahora cuando se siente madura y en paz, tiene la posibilidad de volver a empezar..
* Esta novela es parte de un universo mágico *
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Estanque
Cuando la ceremonia concluyó y los invitados comenzaron a dirigirse al gran salón para el banquete de bodas, Felicity se movía con la naturalidad de siempre, pendiente de que todo estuviera en orden y, sobre todo, de Florence, que hasta ese momento había permanecido tranquila en sus brazos.
Fue entonces cuando ocurrió algo que no esperaba.
El barón Ferdinand Dagger se acercó en silencio. No dijo nada al principio.. solo extendió los brazos con un gesto torpe, casi inseguro, como si no estuviera del todo seguro de tener derecho a hacerlo.
—Déjamela un momento… —pidió finalmente, con voz baja.
Felicity dudó apenas un segundo. Luego asintió y colocó con cuidado a Florence en los brazos de su padre.
El barón la sostuvo rígido al inicio, como quien carga algo frágil y desconocido. Florence abrió los ojos, sorprendida por el cambio, y por un instante pareció desconcertada. Sus manitas se aferraron a la tela del traje de su abuelo… pero luego su expresión cambió.
Sonrió.
Una sonrisa pequeña, sincera, llena de curiosidad.
Felicity observó la escena sin moverse, con el corazón apretado. Vio cómo el rostro de su padre, marcado por el cansancio y la pena contenida durante tanto tiempo, se suavizaba. Sus brazos se relajaron, su postura se volvió más natural. Con un dedo torpe, acarició la mejilla de la niña.
—Se parece tanto a tu madre… —murmuró, casi para sí mismo.
Pero no hubo dolor en su voz. Solo una nostalgia serena.
Florence balbuceó algo ininteligible y apoyó la cabeza contra el pecho del barón, cómoda, confiada. Parecía feliz, como si ese abrazo fuera algo que había estado esperando sin saberlo.
Felicity sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, aunque no las dejó caer. Por primera vez desde la muerte de su madre, vio a su padre realmente presente, no solo físicamente, sino con el corazón.
Mientras el salón se llenaba de risas, música y copas alzadas, el barón permaneció así, sosteniendo a Florence con cuidado, sin apuro por devolverla.
Y Felicity comprendió, en silencio, que algo había empezado a sanar.
No de golpe, no del todo… pero lo suficiente como para que su pequeña hermana, sorprendida y feliz, encontrara un lugar seguro también en los brazos de su padre.
Fantine reía suavemente, abrazada al brazo de Miles, ya no como una joven ilusionada, sino como una esposa amada y segura. A unos pasos, su padre sostenía a Florence, hablándole en voz baja, con una ternura que Felicity no le había visto en años.
[Todo esta bien.]
Por primera vez en mucho tiempo, no hacía falta que ella sostuviera nada.
Felicity suspiró, un suspiro largo y contento, como si al exhalar dejara ir un peso antiguo que había cargado sin darse cuenta. Aprovechando ese instante de armonía, decidió salir en silencio del salón.
Los jardines de la mansión Scriew estaban especialmente hermosos aquel día. Las flores abiertas despedían aromas suaves, y el murmullo lejano de la música llegaba amortiguado, como un recuerdo agradable. Felicity caminó despacio, con cuidado, apoyando el peso de su cuerpo de forma consciente para no forzar su pierna izquierda, que siempre le recordaba sus límites.
No se alejó demasiado. Sabía medir sus fuerzas.
Al poco andar, encontró un hermoso estanque, rodeado de piedras claras y plantas acuáticas que se mecían con la brisa. El agua estaba tranquila, reflejando el cielo y las ramas de los árboles como un espejo imperfecto.
Felicity se sentó con cuidado en un banco cercano, acomodando su vestido. Apoyó las manos sobre el regazo y cerró los ojos por un momento.
Allí, en esa tranquilidad inesperada, dejó que el silencio la envolviera. No pensó en responsabilidades, ni en lo que aún quedaba por hacer. Solo respiró. Escuchó el canto lejano de los pájaros, el suave chapoteo del agua, su propio corazón latiendo con calma.
Por primera vez en años, no se sintió culpable por detenerse.
Abrió los ojos y observó su reflejo en el estanque. No vio a una joven rota ni a una carga para los demás. Vio a una mujer cansada, sí, pero fuerte.
Felicity permanecía sentada junto al estanque, dejando que la quietud del lugar la envolviera, cuando una voz masculina, joven y respetuosa, rompió suavemente el silencio.
—Disculpe… ¿mi lady?
Ella abrió los ojos y giró ligeramente la cabeza, sorprendida, aunque sin sobresalto. A pocos pasos de distancia se encontraba un joven de porte elegante, vestido con sobriedad, sin ostentación innecesaria. Su postura era recta, pero no arrogante.. había en él una mezcla de cortesía y cierta timidez contenida.
—Mi nombre es Reth Dewish —dijo, inclinándose con educación—. Conde de Dewish.
Felicity respondió al saludo con una leve inclinación de cabeza, evaluándolo con esa mirada tranquila y atenta que había aprendido a usar con los años.
El joven señaló el banco, manteniendo la distancia.
—He notado que estaba sola… y no quisiera ser una molestia. ¿Me permitiría acompañarla un momento?
Había algo en su tono que llamó la atención de Felicity.. no había insistencia, ni curiosidad impertinente. Solo una petición sincera, como si entendiera que aquel rincón era un refugio y no quisiera invadirlo sin permiso.
Felicity dudó apenas un instante. Luego asintió.
—Puede quedarse —respondió con suavidad—. El jardín es lo bastante amplio.
Reth sonrió con discreción y tomó asiento a una distancia respetuosa, sin romper la calma del lugar. Durante unos segundos, ninguno habló. El sonido del agua y el canto lejano de los pájaros llenaron el espacio entre ambos.
—Este estanque es hermoso —comentó finalmente él—. Es un lugar… tranquilo. No parece parte de una boda.
Felicity esbozó una pequeña sonrisa.
—Por eso vine aquí.
Reth asintió, como si comprendiera más de lo que ella había dicho en voz alta. No hizo más preguntas, no forzó la conversación. Simplemente compartió el silencio.
Y Felicity notó algo inesperado.. su paz no se había roto.
Al contrario, la presencia del joven conde, serena y respetuosa, parecía encajar con ese momento, como una piedra más en el borde del estanque, quieta, sin alterar el reflejo del agua.
Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió observada, sino acompañada.
... pero me gustaría que colocarán una imagen de él... aún no lo describen del todo... cómo es su cara... falta una imagen