El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 16
El amanecer en la Fortaleza Sombría no trajo consigo la luz dorada de la capital, sino una claridad pálida y cortante que se filtraba a través de las estrechas saeteras de piedra. Anya se despertó antes de que Danna entrara en sus aposentos. El silencio del Norte era absoluto, roto únicamente por el silbido del viento contra las torres de obsidiana. Se vistió con un traje de montar de cuero negro y una túnica de lana escarlata, un color que en el palacio real se habría considerado una provocación, pero que aquí parecía el único desafío válido contra el gris eterno.
Bajó hacia el Gran Salón de Estrategia, una estancia que Gustav le había indicado la noche anterior. Al entrar, se encontró con una mesa rectangular de madera de roble negro, cubierta por mapas tácticos, frascos de tinta y extraños artefactos de metal que giraban lentamente sin que nadie los tocara. Liam Gallagher estaba allí, de pie frente a un mapa gigante del reino de Cromwell, con una daga en la mano que utilizaba para señalar puntos específicos en la frontera.
—Ha madrugado, Lady Anya —dijo Liam sin girarse. Su voz era profunda y carecía del cansancio que suele acompañar a las vigilias—. Pensé que las damas de la corte no conocían otra luz que la de las lámparas de aceite.
—Las damas de la corte que usted conoce están muertas o esperando a que alguien les diga qué pensar —replicó Anya, acercándose a la mesa—. Yo he venido aquí a trabajar. Si hubiera querido dormir hasta tarde, me habría quedado en mi mansión esperando la ejecución de Erick.
Liam se giró, guardando la daga en su funda. Sus ojos grises la recorrieron con una intensidad que no intentaba ocultar.
—Bien. No perdamos tiempo en cortesías innecesarias. Usted ha pedido una alianza. Yo pido claridad. Si vamos a unir nuestros destinos contra la corona, necesito saber exactamente qué papel jugará cada uno.
Anya se apoyó en el borde de la mesa, observando el mapa. Sus dedos rozaron la zona donde se encontraba la capital.
—Erick Cromwell es un hombre débil rodeado de consejeros ambiciosos. Mía Roster es su debilidad más grande; ella lo ciega con una pureza que es, en realidad, una fachada de ignorancia manipulada. Mi papel es desmantelar esa imagen. Conozco cada protocolo, cada secreto de alcoba y cada debilidad financiera de las familias que sostienen el trono.
—Eso es información, no poder —objetó Liam, cruzando los brazos sobre su pecho—. La información puede ser silenciada con una espada.
—No si esa información se convierte en un arma política que ni siquiera el Rey pueda ignorar —continuó Anya con calma—. Pero para eso, necesito protección. Necesito un lugar donde mis movimientos no sean filtrados a la iglesia de la Luz. Y necesito acceso a los registros que usted guarda aquí.
Liam caminó hacia un rincón de la sala y regresó con un pergamino en blanco y una pluma. Lo extendió sobre la mesa.
—Entonces, hagámoslo oficial. Un pacto de no agresión y de beneficio mutuo. No somos amantes, no somos amigos. Somos socios en una empresa criminal llamada supervivencia.
Anya tomó la pluma, pero antes de escribir, miró a Liam a los ojos.
—Primer término: Ninguno de los dos actuará a espaldas del otro en asuntos que involucren a la corona. La transparencia entre nosotros debe ser absoluta, incluso si la verdad es desagradable.
—Aceptado —dijo Liam—. Segundo término: La Fortaleza Sombría le proveerá de escolta, recursos y asilo político. A cambio, usted pondrá el nombre de los O’Higgins y su fortuna al servicio de la logística del Norte. Mis soldados necesitan acero y comida, no medallas de oro.
—Hecho. Tercer término —Anya hizo una pausa, midiendo sus palabras—. Si en algún momento la trama de este reino se vuelve en mi contra de una manera que yo no pueda controlar... usted no me abandonará. No pido que muera por mí, Duque, pero pido que no me entregue como moneda de cambio para salvar su propio cuello.
Liam dejó escapar una sonrisa ladeada, casi cruel.
—Lady Anya, si supiera lo poco que me importa mi propio cuello en comparación con ver a los Cromwell caer de rodillas, no pediría eso. Pero está bien. Lo juro por mi sangre: mientras este pacto esté en pie, su seguridad es la mía.
Anya comenzó a escribir los términos con una caligrafía impecable. Mientras lo hacía, el ambiente en la habitación cambió. Una presión invisible comenzó a emanar del pergamino. Liam notó que los ojos de Anya brillaban con un matiz carmesí más intenso de lo habitual.
—¿Qué está haciendo? —preguntó él, su tono ahora alerta.
—Sellando el pacto —respondió ella—. En los libros que encontré en mi biblioteca, aprendí que las palabras tienen peso, pero los contratos de sangre tienen alma.
Anya tomó la pequeña daga que Liam había dejado sobre la mesa y, antes de que él pudiera detenerla, se hizo un pequeño corte en la palma de la mano izquierda. Presionó la herida sobre el final del pergamino. El papel absorbió la sangre instantáneamente, y las palabras escritas empezaron a emitir un tenue resplandor plateado.
—Ahora es su turno, Duque —dijo ella, extendiéndole la daga.
Liam la observó con una mezcla de horror y fascinación.
—Usted está loca. Lo que acaba de hacer es magia antigua, prohibida por el Concilio de los Siete. Si alguien ve este documento, nos quemarán en la misma pira.
—Entonces asegúrese de que nadie lo vea —replicó ella sin inmutarse—. ¿Tanto miedo le tiene al fuego, "Villano del Norte"?
Liam soltó un gruñido bajo y tomó la daga. Con un movimiento rápido, emuló el gesto de Anya. Al presionar su palma contra la de ella sobre el pergamino, una ráfaga de viento helado recorrió la estancia, apagando momentáneamente las lámparas de aceite. Por un segundo, sus almas parecieron rozarse, un choque de voluntades tan fuerte que ambos quedaron sin aliento.
El pacto estaba sellado. No era solo un documento político; era un vínculo que los unía más allá de las leyes de los hombres.
—Ya no hay vuelta atrás —murmuró Liam, soltando su mano. Sus ojos estaban fijos en la marca de sangre que ahora desaparecía del papel, dejando solo una runa invisible—. Si usted cae, yo caeré con usted. Espero que su "conocimiento" sea tan infalible como su arrogancia.
—Lo es —aseguró Anya, envolviendo su mano con un pañuelo de seda—. Ahora, hablemos de lo que el Rey no sabe. He oído rumores de que usted está reclutando a los "Marcados", aquellos que han sido expulsados de la sociedad por poseer rastros de magia.
Liam se sentó en una silla de respaldo alto, suspirando. La máscara de indiferencia regresó a su rostro, pero había un nuevo respeto en su mirada.
—El Rey los llama monstruos. Yo los llamo mi ejército. Los Cromwell han intentado purgar el mundo de todo lo que no pueden controlar. Yo simplemente estoy recogiendo los pedazos que ellos tiraron.
—Erick planea enviar una inspección al Norte en los próximos dos meses —reveló Anya, utilizando uno de los datos que recordaba de la novela—. Usará la excusa de verificar los impuestos, pero su verdadera misión es encontrar pruebas de su "ejército de sombras" para declarar una guerra santa.
Liam se tensó.
—Eso es antes de lo previsto. Mis espías no habían captado nada sobre una inspección tan cercana.
—Es porque Erick no lo ha anunciado oficialmente todavía. Lo discutirá con Mía y su consejo privado la próxima semana —Anya se inclinó sobre el mapa—. Si queremos ganar, debemos hacer que esa inspección sea un fracaso absoluto. O mejor aún, debemos hacer que los inspectores vuelvan a la capital convencidos de que el peligro no está aquí, sino dentro de sus propios muros.
Liam la observó, y por primera vez, vio en ella no a una villana de cuento, sino a una estratega nata.
—¿Y cómo propone que hagamos eso, mi Lady?
Anya sonrió, una expresión hermosa y gélida que habría hecho temblar a cualquiera que la conociera en su vida pasada.
—Mostrándoles exactamente lo que quieren ver... mientras preparamos lo que nunca se atreverían a imaginar. Pero para eso, Duque, necesito que me enseñe cómo usar este fuego que arde en mis venas. El pacto de no agresión es solo el comienzo. Mañana, quiero empezar a practicar la magia que los Cromwell tanto temen.
Liam asintió lentamente, reconociendo que había encontrado a su igual.
—Mañana, entonces. Pero prepárese, Anya. La magia del Norte no es como las luces brillantes de la capital. Es oscura, exige sacrificios y no perdona la debilidad.
—He sacrificado mi vida entera por un guion que no escribí —concluyó ella, encaminándose hacia la puerta—. Un poco de oscuridad no me asusta.
Cuando Anya salió del salón, Liam Gallagher permaneció en silencio, mirando el pergamino ahora invisible. Sabía que acababa de invitar al centro de su poder a la criatura más impredecible del reino. Y aunque el pacto decía "no agresión", Liam sentía que la verdadera batalla —aquella que se libraba entre sus instintos y la fascinación que Anya despertaba en él— apenas estaba comenzando.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)