Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
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ARCO 2 : EL TORNEO JÚNIOR DE GUERREROS: CAPÍTULO 11: RUMBO AL TORNEO
La luz de la mañana se filtraba por la ventana de la pequeña casa donde Kael vivía con sus padres . El silencio del hogar estaba acompañado por el suave sonido del viento moviendo los colgantes de madera que su madre había fabricado. Kael, ya vestido con su ropa de viaje, ajustaba las vendas de sus antebrazos mientras observaba su reflejo en un espejo antiguo. La marca del Guardián del Éther, tenue como un susurro de luz bajo su piel, brillaba suavemente en su brazo izquierdo. No era dolorosa, ni ardía—simplemente estaba ahí, como si lo observara a él también.
—No voy a quedarme atrás —murmuró Kael para sí, recordando a Shinro, a Layra, a Lena, Ryn, los demás… y a todos los que participaban en el torneo.
La puerta se abrió suavemente. Su padre entró, con una sonrisa cálida pero preocupada.
—¿Listo?
Kael asintió. El le acomodó un mechón de cabello y lo abrazó fuerte, como si quisiera protegerlo del mundo entero.
—No importa qué pase, Kael… vuelve siendo tú mismo —susurró el.
Él solo respondió con un gesto firme. Después tomó su mochila, la ató con un cordón resistente y salió rumbo a la escuela. Cuando iva por el camino encontró a su madre. No le dijo nada , no hubo palabras, solo un beso en la frente que significaba más que mil palabras para el adolescente, solo una frase–Encontrarás en la capital a un viejo amigo mío, confía en él. La Escuela de Guerreros: Los Elegidos se Reúnen. El sol iluminaba el patio principal de la escuela, donde ya esperaban los seis estudiantes seleccionados para el Torneo Júnior de Guerreros. Shinro, apoyado contra una columna, observaba todo con sus ojos afilados y su expresión arrogante habitual. Layra mantenía una conversación tranquila con Leon y Ryn, mientras Lena buscaba a Kael con la mirada.
El profesor Aren, imponente como siempre con su túnica oscura y el brazalete plateado de instructor superior, aplaudió una vez para llamar la atención.
—Bien, ahora que todos están aquí, comenzamos oficialmente el Camino del Representante. Serán los embajadores de nuestra escuela y competirán contra los mejores jóvenes del Reino.
Aren se acercó especialmente a Kael y puso una mano en su hombro, hablando con voz baja.
—Lo que hiciste en las pruebas fue admirable. Pero no te confíes, yo se que tienes mas poderes de los que crees, solo tienes que liberar tu mente y dejar de pensar como una persona normal, ten eso en cuenta. El torneo no es un examen… es un escenario donde los verdaderos monstruos aparecen.
Kael tragó saliva. Lo sabía.
Luego Aren dio un paso atrás y anunció:
—Hoy conocerán a quien será su guía, su estratega y su coach en el torneo.
De entre las sombras del pasillo surgió una mujer joven de cabello celeste y ojos extremadamente afilados, casi depredadores. Su presencia exudaba calma y peligro al mismo tiempo. Vestía una armadura ligera negra con detalles en dorado y llevaba una espada curva en la espalda.
—Chicos… ella es Sania, una antigua campeona del Torneo Júnior —dijo Aren—. También fue mi alumna, así que tengan cuidado. Es más estricta que yo.
Sania inclinó la cabeza ligeramente.
—Un gusto conocerlos. Espero que no sean blandos. El torneo no perdona errores… y yo tampoco.
Shinro arqueó una ceja, como si se sintiera ofendido. Kael sintió un escalofrío. Layra sonrió con curiosidad. Lena tragó aire; algo en la mujer le era intimidante. Ryn , Densel y Leon reían bastante nerviosos
Los elegidos partieron en un carruaje reforzado tirado por dos caballos blancos. El camino hacia la capital del Reino, Asterum, atravesaba colinas, ríos cristalinos y bosques donde se decía que los espíritus del viento aún susurraban historias antiguas.
Sania se sentó frente a ellos, observándolos como un halcón a sus presas.
—Antes de llegar, vamos a hacer algo simple —dijo mientras sacaba una vara de madera—. Quiero ver qué tan inútiles son.
Ryn bufó, Leon tragó saliva, y Kael se enderezó.
—Uno por uno. Intenten golpearme.
Shinro dio un paso primero.
—Será fácil.
No lo fue. En un movimiento casi invisible, Sania evitó su golpe y lo hizo chocar contra el suelo del carruaje sin siquiera levantarse de su asiento.
—Demasiado frontal —comentó.
Luego vino Lena, quien usando giros ágiles logró al menos rozar la vara antes de caer sentada.
—Velocidad decente, poca precisión —dijo Sania.
Cuando llegó el turno de Kael, la marca de Éther vibró ligeramente, como si despertara.
El joven sintió una claridad peculiar, igual que en la pelea contra Shinro, pero mucho más controlada. Kael lanzó tres ataques firmes, rápidos, calculados. Sania los esquivó con facilidad… pero mostró una sonrisa.
—Tú… vas a ser problemático. Me gusta.
Kael no entendía si era un halago o una amenaza. Al caer la tarde, las murallas gigantes de Asterum se hicieron visibles. La capital era colosal: torres de plata, enormes estructuras de piedra decoradas con runas antiguas y mercados llenos de colores que daban la impresión de que la ciudad nunca dormía.
Los jóvenes miraban boquiabiertos.
—Bienvenidos —dijo Sania—. Esta es la ciudad donde los sueños se cumplen… o se rompen.
Recorrieron las calles centrales y vieron:
El Coliseo Imperial, una estructura circular tan grande que podía albergar diez mil personas.
El Salón de los Estandartes, donde cada escuela colocaba su bandera.
La Plaza del Guardián, con una gigantesca estatua del primer guerrero que encontro y dominó el Éther. El primer Semidiós del cual por alguna razón nadie recordaba su nombre. Kael sintió un tirón en su brazo, justo sobre la marca. Una sensación indescriptible, como si algo en la estatua tuviera una conexión con él.
—¿Estás bien? —preguntó Layra acercándose.
—Sí… creo que sí —respondió Kael, sin convencerse del todo.
Al llegar a la entrada del Coliseo, el sonido de miles de voces los envolvió. El aire vibraba, lleno de expectativa. Banderas ondeaban con los colores de cada escuela: Azules brillantes, Rojos intensos, Verdes esmeralda, Dorados imperiales
Sania los reunió a todos.
—Escuchen. Aquí no vienen como estudiantes. Aquí vienen como guerreros. Aquí se inician las leyendas.
Kael sintió un escalofrío en la espalda, una mezcla de nervios y emoción. Al mirar al cielo vio el sol , iluminando el Coliseo con tonos dorados.
Era el comienzo de algo grande.
Muy grande.
—Entren —ordenó Sania.
Kael dio el primer paso. Los demás lo siguieron.
Así, los elegidos cruzaron las puertas gigantes del Coliseo, mientras la multitud rugía como un océano viviente.
El Torneo Júnior de Guerreros había comenzado.