Shiro es un soldado el cual no revela nunca emociones, pero al llegar una carta de una desconocida su futuro qué parecía oscuro se ve iluminado por un sentimiento que no sabe de donde proviene ¿descubrira Shiro quien es esa persona o sabrá cual es ese sentido?
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Revelaciones y cambios
La biblioteca estaba en calma.
Rayos de sol caían sobre los escritorios polvorientos y las columnas silenciosas.
Yuki seguía ordenando unos tomos antiguos cuando una voz amistosa rompió el silencio:
—¿En qué piensas?
—¿Eh? ¿Quién eres? —dijo Yuki confundida.
Y cuando Yuki volteo vio a una chica de cabello corto, ojos vivaces y uniforme igual al de ella.
—Oh, lo siento no me presente, soy Mei, un gusto —dijo la chica mientras extendía su mano hacia Yuki.
—Un gusto también, soy Yuki —dijo mientras daba la mano a Mei.
—Y dime, acaso piensas en un chico —dijo con una sonrisa un poco pícara.
—¿Qué?… no, no es eso. Solo estaba distraída.
Mei sonrió de forma aun más pícara mientras miraba a Yuki
—¿No me digas que estás pensando en él?
Yuki parpadeó, nerviosa.
—¿En quién?
—En el Señor Kutogane, por supuesto —dijo la otra como si hablara de una leyenda viva.
—¿Señor Kutogane…?
—Sí, ese hombre. Alto, callado, fuerte como una montaña y más serio que el capitán de la guardia.
Dicen que puede partir una espada con otra espada. Y que nunca sonríe.
Todas las chicas del fuerte se vuelven locas por él… aunque él ni las mira.
Yuki frunció el ceño, algo confusa.
—…Creo que me suena, choqué con él ayer en la tarde.
La chica se quedó boquiabierta.
—¿¡QUÉ!? ¿¡TÚ QUÉ!?
—S-sí… me disculpé y él me dijo que no era nada…
—¡Chocaste con el hombre por cual todas quieren y lo tomas como nada! —dijo Mei algo sobresaltada.
Yuki se sonrojó y nerviosa se oculto en sus brazos.
—No fue para tanto…
—Haber no solo chocado si no hablado con el Señor Kutogane no fue para tanto.
—¿Por qué le dices Señor? —dijo Yuki intentando salir del tema.
—Como que ¿Por qué?, es obvio pues no hay nadie mejor que él en este fuerte, tanto en belleza como en habilidad —dijo con un tono un poco más serio.
—Ya veo
En ese momento, un mensajero entró con un pequeño paquete de cartas, revisó su lista, y se acercó.
—¿Yuki?
Yuki se levantó rápidamente por la sorpresa.
—Sí, soy yo.
El mensajero le entregó dos cartas.
Una atada con hilo rojo y la otra normal.
El mundo se silenció a su alrededor.
Yuki la tomó ambas con delicadeza, con el corazón latiendo más fuerte.
La compañera alzó una ceja, curiosa.
—¿Es de tu familia?
Yuki bajó un poco la mirada, ocultando el lazo con su palma.
—No… es privada.
—¿Qué?, déjame ver porfavor —dijo Mei juntando sus manos
—Ya te dije que no —Pero al voltear donde debía estar Mei no encontró a nadie.
Mei ya tenia en su poder una de las dos cartas y sin permiso la abrió y Empezó a leerla.
Que tal Yuki:
Dime llegaste bien, como te fue por la noche
Acaso alguien te molesto, recuerda que puedes hablarlo con nosotros
Y descuida nadie leyó la otra carta
Así que cuídate
—”Otra carta” —repitió Mei —Ya veo esta es de tu familia lo siento, así que como disculpa, no leeré la otra carta.
—Pero dime al menos — Y respiro muy profundo— ¿De quién? ¿Es un romance? ¿¡Acaso un admirador secreto!? —Empezó a decir de forma más acerelerada
Yuki sonrió nerviosamente, escondiendo la otra carta entre sus cosas.
—Ya te dije que es privada.
La otra cruzó los brazos, medio frustrada.
—No se vale. Acaso no somos amigas, amigas del alma que juraron trae la paz al mundo —dijo mientras alzaba la mano con el puño cerrado
—¿Qué…?
Entonces Mei abrazo a Yuki de repente —Es broma, aunque si quisiera saber— dijo mirando a Yuki quien no sabía que hacer.
Cuando Mei dejo libre a Yuki esta agarro la carta con el hilo rojo y sonrió llevándola al pecho.
《No importa leeré esta carta sola, como siempre》.
[---]
Shiro estaba sentado en su habitación, la pluma en mano, la mirada fija en el papel.
Había escrito y reescrito la primera línea tres veces.
No por falta de palabras, sino porque aun no sabia el que contarle.
Finalmente, escribió con claridad:
Tu última carta me hizo sentir algo que no sé nombrar.
Supongo que no necesito entenderlo del todo.
Pero sabes este año la primavera fue grandioso.
El año anterior, no recuerdo que hubiera sido tan hermosa la vista por la ventana.
Dobló el papel con cuidado.
Ató el hilo rojo.
Salió por el pasillo, cruzando las sombras de piedra con paso firme.
Al encontrar al mensajero habitual, se detuvo frente a él.
—Tengo una entrega.
El mensajero alzó la vista y sonrió levemente.
—¿Dónde siempre?
Shiro asintió.
—Sí.
El joven tomó la carta como si fuera un objeto valioso y salió corriendo sin más preguntas.
Shiro observó cómo se alejaba, luego giró en dirección contraria.
Pero su mente aún estaba con esa carta. Con esas palabras.
Con ella.
Tanto así que, al doblar una esquina del pasillo…
Chocó con alguien.
Una figura menuda, de cabello suelto, con una mirada preocupada.
Tanto que parecía asustada.
—¡Ay! ¡Perdón! ¡Lo siento! No miraba por dónde iba, es mi primera vez aquí, acabo de llegar —empezó a decir la chica muy rápido y repetidamente.
Shiro, sin alterarse, la observo como un lobo a un conejo.
—No hay problema
Sus miradas se cruzaron brevemente.
Solo un segundo.
Pero en ese segundo, Shiro pensó:
“Qué chica tan rara…”
No por su aspecto.
Si no por cómo su presencia parecía muy distinta a la de otra chicas.
—Disculpe otra vez… —dijo la chica que parecía aun asustada
Shiro asintió una última vez.
Y sin más fue, sin mirar atrás.
《¿Por qué parecía asustada cuando Chocó conmigo?》
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En el campo de entrenamiento, Shiro se concentraba en sus movimientos, pero sus manos, aunque certeras, estaban un milisegundo más lentas de lo usual.
Kael, observando desde el muro lateral, bajó al centro.
—¿Te estás conteniendo? ¿O estás pensando en algo que no sea espadas o batallas?
Shiro no respondió de inmediato.
Solo dio otro corte al aire, luego bajó la espada.
—Estoy bien.
—“Estoy bien”, dice… con una expresión casi… ¿¡Feliz!?
Kael se cruzó de brazos.
—¿Qué, ahora sonríes y no me avisas? ¿Dónde quedó el hombre que parecía tallado en roca o criado por lobos?
Shiro giró hacia él.
Y con apenas una curva leve en la comisura de sus labios, dijo:
—Kael, estoy bien, de verdad
Y por un instante sonrió.
No exagerada. No fingida.
Sutil.
Humana.
Kael se quedó mirándolo con la boca entreabierta.
—…Wow.
—Está pasando, esta pasando. El mundo se va a acabar.
Shiro volvió a la posición de guardia y retomó el entrenamiento.
—Vamos al menos dime que no me haga el gracioso o has una expresión rara —dijo Kael mientras intentaba llamar la atención de Shiro.
Pero en la mente de Shiro, la imagen de la carta…
Y el breve encuentro con aquella chica…
Seguían flotando.