«Y que si el mundo está por derrumbarse y que si los seres humanos morirán, yo solo quiero proteger a mi familia y todo lo demás no importa. No importa si soy egoísta por eso».
«Si quieren ser salvados, busquen quien los salve porque yo no lo haré »...
Cuando menos lo esperas algo llega y pone de patas para arriba toda tu vida y en ese momento empiezas a pensar que debiste haber disfrutado cada momento de lo vivido en el pasado.
Nada es eterno, nada es para siempre.
Todo dura solo un instante.
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CAPÍTULO 11: Seguir buscando y no rendirse.
Me arrodillé en el suelo cubriendo mi rostro con ambas manos y lágrimas rodaron por mis mejillas de nuevo, la impotencia de no poder saber sobre mí y el tener que sacrificar vidas inocentes me estaba carcomiendo por dentro. Las preguntas volvieron a invadir mi mente: ¿Valía la maldita pena seguir? ¿No había otra manera de saber sobre mi pasado? ¿De verdad era necesario sacrificar vidas inocentes? ¿Era necesario poner en riesgo la vida de las personas por mí? ¿No había alguien más que pudiera tomar mi lugar? ¿Por qué yo? ¿Por qué mientras más avanzaba más insensible me volvía? ¿Qué estaba sucediendo conmigo? Y aunque me cuestionara nunca había respuestas, lo único que mi ser pedía a gritos internamente era: «¡No quiero seguir con esto por favor! Alguien que detenga esto, alguien que me saque de aquí por favor, solo quiero volver a mi vida de antes, por favor ayúdenme, ¡por favor no quiero cambiar!»
Y por más que pidiera un rayo de esperanza, no lo había y nadie me lo daría porque era mi vida, mi batalla contra lo que fuera ¿A quién llegaría importarle mi estúpida vida? Aunque pidiera a gritos que alguien se compadeciera de mí, nadie lo haría; ¿Por qué era tan difícil? ¿Tal vez porque solo era una adolescente de 15 años? O ¿Porque simplemente no soportaba un pequeño peso encima como lo había dicho mamá? Debería ser lo segundo supongo, pero mamá no sabía lo que estaba haciendo y a lo que me enfrentaba, si le dijera la verdad ¿Diría lo mismo? O ¿Respondería de otra manera? No lo sabía y preferiría no saberlo.
Después de llorar a mares como una idiota a mitad de la noche, me limpié las lágrimas restantes para luego pararme dando pequeños suspiros e intentando no volver a llorar.
Al dar la vuelta para volver, alguien me interceptó agarrando mi hombro derecho con una mano y con la otra apuñalando mi estómago, todo sucedió tan rápido que lo único que hice fue retroceder unos pasos atrás intentando ver aquella silueta en la oscuridad bajo la tenue luz de la luna.
Sin decir una palabra se acercó y volvió a apuñalarme repetidas veces hasta que caí al suelo soltando pequeños quejidos de dolor y sosteniendo mi estómago con ambas manos.
La sangre no tardó en hacer acto de presencia aunque intentara detenerla, pronto toda mi ropa estaba completamente manchada simplemente seguí intentando detenerla con mis manos pero… ¿Por qué no intentaba curarme con mis poderes? ¿Por qué no había reaccionado ante el ataque si en todos los casos siempre me defendía y por qué ahí no lo hice? Realmente ni siquiera quería responder aquellas preguntas lo único que deseaba era poder olvidar todo y parecía estar consiguiéndolo.
El dolor y el sangrado me estaban haciendo olvidar lo que pensaba momentos atrás, todos aquellos pensamientos se estaban esfumando poco a poco y solo quedaba aquél dolor.
Estaba arrodillada sosteniendo mi estómago con ambas manos mientras trataba de sentir lo que sentían las personas al ver sus vidas reducirse en segundos, pronto la desesperación de no poder hacer nada, de ver como se había formado un charco de mi propia sangre y no poder detenerla, me invadió. Solo dejé que todo sucediera, esperé pacientemente mi muerte disfrutando de cada sensación que mi cuerpo experimentaba, cerré los ojos para imaginar cómo moriría.
—. ¿Por qué no luchas por tu vida? ¿Por qué no me suplicas para que te deje vivir?
Se escuchó una voz proveniente de algún lugar, simplemente sonreí.
—. ¿Por qué suplicar por vivir? ¿Acaso vivir una desgraciada vida es mejor que morir?
—. Solo eres una niña ¿Cómo puedes saber que la vida es tan desgraciada como para preferir la muerte? Abre los ojos y mira a tu alrededor, hay personas que se preocupan por ti. Es fácil pedir la muerte pero ¿Qué hay de las personas que quedan atrás?
Apreté los puños al escuchar esas palabras que realmente hirieron mi orgullo aunque tenía toda la razón, apenas comenzaba a vivir y ya deseaba la muerte, que estúpido de mi parte pensar así. Puede que fuera más fácil morir pero ¿y mi familia? ¿Y mis sueños?
—. Es verdad que estás sufriendo ahora pero imagina el dolor que sentirán tus seres queridos, además de la decepción que sentirán todos los que dieron su vida para que vivieras. Realmente me has decepcionado, ¿Dónde quedó la chica que dijo que habían despertado la furia del dragón? Creí en ti pero ¿Qué podría esperar de una niña que apenas puede controlar sus emociones?
—. ¡Sí! ¡Soy una niña inmadura y qué! Yo no elegí este camino, yo solo quiero vivir mi vida como una persona normal ¿Acaso es demasiado pedir?
Las risas no tardaron en resonar mientras aquella silueta se acercaba a mí, solo agaché la cabeza mirando el suelo.
—. Eres totalmente diferente a antes, la princesa que una vez conocí era digna de admiración, es una pena que esa chica se haya reducido a alguien como tú. Me siento realmente decepcionado. Todos los esfuerzos y las vidas inocentes que se dieron para tu salvación lastimosamente no dieron frutos.
Seguí con la cabeza agachada sin responder y supongo que tenía razón, de un momento a otro aquella persona me tomó del cuello y me lanzó lejos. Mi cuerpo compactó contra el duro suelo y un quejido de dolor salió de mi boca pero no me defendí y ni siquiera me levanté, me quedé en la misma posición esperando que al menos él acabara con mi vida.
—. ¡Levántate! ¡Demuestra que vale la pena el precio que dan los inmortales por ti! ¡Demuestra que eres una princesa!
Apreté los puños sin levantarme y solo pequeñas lágrimas rodaron por mis mejillas y no, no valía la pena lo que daban esos inmortales por mí, no tenía caso seguir viviendo y ser blanco de todos, solo quería morir y tal vez así el mundo volvería a vivir en paz.
—. ¡Te he dicho que te levantes! ¡Aún tienes mucho por descubrir, no puedes simplemente rendirte! ¿Acaso quieres dejar que todos lo que se sacrificaron por ti lo hayan hecho en vano? ¿Acaso no buscarás venganza por ellos? ¡Lo prometiste!
Levanté la cabeza mirándolo cuando dijo aquello, me levanté y mis heridas rápidamente fueron sanando, el hombre al verme rió ligeramente. Lo observé y me limpié las lágrimas.
—. Si lo prometí, lo cumpliré.
—. Esa es la princesa que una vez conocí, sé que aún no ha encontrado las suficientes pistas para saber sobre su pasado y lo que sucedió exactamente.
—. ¿Usted puede ayudarme?
El hombre volvió a soltar una ligera risa para luego descubrirse el rostro y mirarme.
—. He estado esperando a su alteza durante siglos, me siento muy feliz de poder verla antes de desaparecer.
Dicho eso se arrodilló e hizo una reverencia algo extraño para mí para luego pararse y mirarme nuevamente.
—. No puedo decirle mucho pero sé de un lugar donde puede encontrar algo que le puede servir.
—. Hable.
—. En el antiguo continente asiático algunos inmortales y demonios aparecieron para proteger un reino. Los emperadores en agradecimiento por la ayuda de ellos pidieron realizarles monumentos además de que también mandaron a escribir sobre la vida que ellos llevaban en su reino. Puede que ahí encuentre lo que busca.
—. ¿Y en qué parte de ese continente puedo encontrar esa información?
—. Hoy en día ese reino ya no existe, fue destruido y nuevos reinos ocuparon ese lugar pero aún puede encontrar estos escritos en alguna biblioteca del país.
—. ¿Y el nombre del país?
—. China.
—. ¿China?
—. Los chinos adoraron a los inmortales y demonios incluso existen muchas leyendas sobre ellos, algunos inmortales se enamoraron de humanos y tuvieron hijos, estos hijos a su vez se convirtieron en emperadores. El país de China es el lugar en donde la presencia de los inmortales se pudo observar más aunque no solo ahí, cuando aún teníamos libertad los demonios e inmortales podíamos viajar por todo el mundo.