Samantha desde pequeña tuvo una infancia dura, fui víctima de maltrato y bullying por su apariencia y falta de economía, esto no impidió que pensará en un futuro mejor, fue obligada a tomar una dura decisión, abandonar todo, esperemos que la vida le sonría y sea para mejor
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Capítulo 11
Me desperté temprano, me puse el uniforme que me había dado Beatriz, lo tomé cuando volví a la casa aún estaba en el clóset en mi antigua habitación, me pareció buena idea tomarlo, era mucho más cómodo usar uniforme para realizar mis labores en casa de Brayan, también al usarlo todos tendrían conocimiento de que trabaja allí y así no habría más malentendidos cómo anoche con la prometida de Brayan, también era mucho más cómodo para trabajar y cómo no tenía casi ropa, era lo mejor.
Una vez en la cocina preparé todo y monté la mesa para esperarlo, antes tomé mi desayuno en la cocina, por más que él me pidiese sentarme en la mesa, que de seguro era por cortesía, no lo volvería hacer, debía mantener distancias si quería conservar este empleo, por lo menos hasta que fuese capaz de mantenerme por mi misma.
Brayan hizo su entrada a las seis, ya estaba perfectamente vestido, iba de traje, parecía un galán de telenovelas.
- Buenos días, cómo dormiste anoche, espero te sintieras cómoda aquí y perdón por lo de mí prometida, es un poco intensa cuando ve alguna mujer a mí alrededor, ya está aclarado.Dijo en cuanto me vió.
- Sí, dormí bien gracias, por lo otro no hay problema.
- Buena idea lo del uniforme, se ve bien.Dijo mirando mi cuerpo de arriba hacia abajo.
- Gracias, tu abuela me lo entrego para usarlo cuando trabajaba allá.
Sonrió y tomó asiento en la mesa, comenzó a probarlo todo y parece que estaba complacido con mi servicio, lo devoró todo.
- Todo está exquisito, dijo, no puedo esperar a seguir degustando los demás platillos.
- Muchas gracias, debo preguntar si es alérgico algún alimento, para prestar atención.
- No tranquila, hasta ahora jamás. Dónde aprendiste a cocinar. Qué edad me dijiste que tenías.
- La verdad que aprendí de casualidad, fue hace mucho, como un trabajo secundario luego de clases, en la casa de unos ancianos, su hija me contrató cuando apenas tenía doce años, al inicio fue un caos, pero poco a poco fui aprendiendo, no me despidió por la paga, cobraba cinco dolores al día, no iba a encontrar a nadie que aceptara eso, pero me vino bien, así aprendí con la práctica, en casa no éramos de cocinar mucho, así que nunca hubieses aprendido.
- Tan joven y tu madre no decía nada sobre que trabajaras. Dijo atónico Brayan.
- No, en realidad fue ella la que me buscó ese trabajo.
Me miró con un poco de lástima tal vez, no me gustaba esa mirada, me hacía sentir inferior, pero era la realidad, mi vida había sido un caos desde el minuto cero.
- Bueno ya me marcho, te dejo mi número de móvil por si necesitas algo, siéntete libre de andar por casa, recuerda que hay personas que se encargan de la limpieza y el lavado, vienen a las once cada día, ellos tienen llaves, no te asustes si los ves, también debo decirte que regreso siempre luego de las cinco de la tarde.
- Comprendo. Nos vemos entonces que tenga un buen día.
- Gracias igual. Dijo Brayan tomó su portafolio y se marchó
Una vez sola hice inventario de los víveres, programé el menú de la cena, luego fuí a mi habitación a descansar un poco. Sentí cuando llegaron los empleados de la limpieza y baje a presentarme. Ellos se veían buenas personas, eran tres Marisa, Maribel y Juan Carlos. Luego de las presentaciones volví a mi cuarto para que hicieran su trabajo, quedé completamente dormida y al despertar ya no estaban.