André es un beta bastante trabajador y soñador, pero que la vida no le ha sonreído jamás, desde muy chico tuvo que empezar a trabajar para cuidar de su madre y hermana menor, arreglárselas con varios trabajos para poder pagar las deudas de vicios que les dejó su difunto padre.
Además de esto por su manera de ser y personalidad complicada se mete en muchos problemas.
Tras salvar a un extraño de unos matones su mundo como lo conoce se viene abajo, no solo es la clase de persona que él más odia, sino se ve obligado a quedarse a su lado por el bien de los que ama, además ¿le empieza a gustar?
La llegada de este desconocido, pondrá más de una cosa de cabeza para este beta.
NovelToon tiene autorización de LESSY GC para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Acuerdo٭
La situación para el beta no era nada favorable. La fuerte patada que había recibido del alfa le dificultaba respirar, incluso intentar moverse resultaba casi imposible. Aun así, André jamás se dejaría vencer por algo como eso.
(Solo un idiota se quedaría sin hacer nada cuando intentan matarlo. Incluso si es solo este tipo, puedo ganarle. Hace unos días tenía un pie en la tumba y, por la sangre en su camisa, es seguro que su herida se abrió. Si no puedo ganarle en estas condiciones, me sentiría peor que la mierda.)
Con dificultad, comenzó a incorporarse y a ponerse de pie.
Fue un intento inútil. El alfa golpeó con fuerza la parte trasera de sus rodillas y el beta cayó de nuevo al suelo.
Acto seguido, el rubio se posicionó sobre él, sujetándole los brazos hacia atrás. El dolor era intenso, pero André se negó a dejar escapar un solo grito.
—Maldito hijo de puta —escupió con rabia.
—Debería arrancarte la lengua primero —respondió Max con frialdad.
—Vete al diablo.
La puerta se abrió en ese instante. El recién llegado saludó como si nada y luego fijó su atención en la persona atrapada bajo el alfa.
—¿No es este el chico que te salvó? Creí que ibas a agradecerle, no a matarlo.
—Todavía no me decido. ¿Qué quieres? —respondió Max sin apartar la mirada.
En ese breve momento, la guardia del alfa bajó. La pérdida de sangre que había ignorado hasta entonces finalmente comenzó a pasarle factura.
André aprovechó.
En un movimiento rápido, logró liberarse y cambiar los papeles. Tomó el puñal y lo presionó contra el cuello de Max.
—¿Dónde diablos está mi familia? Habla, maldito infeliz.
El alfa no respondió de inmediato. Sus ojos estaban entrecerrados y la molestia era evidente, tanto por el cambio repentino de la situación como por no haberse dado cuenta de lo mal que estaba.
André sintió al recién llegado acercarse y afirmó el agarre del cuchillo contra el cuello del otro, amenazando con matarlo si daba un paso más.
—Por mí puedes matarlo —dijo el desconocido con tranquilidad —Incluso te ayudaré a escapar si quieres. Aunque lo harías por las razones equivocadas. Es un maldito desgraciado, sí, pero no tiene a tu familia.
—No les creo una mierda —replicó André —Sé que su gente las tiene.
—Eres listo, así que piensa —continuó el otro —Si fuera así, ¿por qué no usar eso desde el principio para obligarte a hablar? Como sea, creo que puedo encontrarlas. Obtuvimos información rastreando a quienes trabajaban los tipos que Max mató. Pero si quieres volver a verlas, tendrás que dejar de provocar a ese tipo.
La advertencia llegó justo a tiempo. André se apartó antes de recibir el golpe del alfa, que ya parecía haberse recuperado lo suficiente como para atacar de nuevo.
El recién llegado intervino de inmediato.
—Debiste quedarte en la clínica. Llamaré para que vengan a revisarte.
—Estoy bien. ¿Qué fue lo que descubriste, Jamie? —preguntó Max mientras se sentaba.
El beta tampoco bajó la guardia.
—Dejen el cortejo para después —dijo Jamie —Y tú, Max, deberías ser un poco más amable con los invitados. Siempre has sido pésimo anfitrión.
—¿Viniste solo a decir estupideces? —gruñó el alfa mientras se quitaba la camisa y retiraba los vendajes.
—Eso no se ve bien. Esta vez sí podrías morir —comentó Jamie, aunque fue completamente ignorado.
—¿Qué sabes de mi familia? —interrumpió André.
—La persona que los contrató no quería que sufrieran daño —explicó Jamie —Incluso la droga que usaron para dormirlos es poco común y bastante costosa. Evita reacciones en los inhibidores.
—Nay es omega, igual que mamá —dijo André —¿Quiénes son? ¿Qué quieren de nosotros?
—Lo que sí puedo asegurarte es que no tenían nada que ver con quienes te buscan para matarte —respondió —Las bandas que te querían muerto eran mucho más violentas y tenían órdenes muy distintas. A estos se les indicó llevarlos ilesos a un aeropuerto privado. El problema es que el nombre del arrendatario no existe y el destino también parece falso.
—Demasiado cuidado para secuestrar a una familia de bajos recursos sin nada especial —murmuró Max.
—¿Puedes encontrarlos? —preguntó André.
—Por supuesto —afirmó Jamie —Tomará tiempo, pero nuestra gente puede encontrar lo que sea. Claro que tendrá un precio.
—Si lo que dices es cierto, les diré lo que quieren saber.
—¿Lo ves, Max? —sonrió Jamie —Solo era cuestión de decir las palabras correctas.
Le entregó al beta una carpeta con la información.
—Puedo llevarte con la pandilla que fue contratada —añadió —Aunque no estaban colaborando mucho y mi gente se puso algo creativa. Tal vez sea demasiado para ti verlos.
—No es necesario —respondió André —La descripción no coincide.
—¿Y cómo era la persona que viste? —preguntó Max.
El beta cerró la carpeta.
—Alto, ojos verdes, cabello castaño, piel clara… y un tatuaje particular —dijo, señalando la mano izquierda del alfa —Justo como el que tienes ahí.
Max y Jamie se miraron en silencio.
—Me da igual si no me creen —continuó André —o si se matan entre ustedes. Por eso hubiera preferido no decir nada… o no haberme involucrado nunca.
—Para tu buena suerte, te creo —dijo Max —Pero esa descripción no me dice nada.
—A mí tampoco —admitió Jamie —¿Algo más que recuerdes?
—No… eso es todo.
—¿Seguro? Parece que ocultas algo.
—Cuando por fin quedé inconsciente —añadió André —alcancé a ver una cicatriz de quemadura en la parte trasera de su cuello.
—¿Y eso por qué nos serviría? —preguntó Max.
—Tenía forma de garra. Me pareció demasiado extraño.
—¿Estás seguro? ¿No lo confundiste con otra cosa?
—No me confundí. Querías saber lo que vi, y eso fue.
—No sé qué significa —murmuró Jamie.
—Yo tampoco —respondió Max —pero no me gusta nada.
—Ni siquiera voy a preguntar de qué se trata. No es mi asunto.) —Pensabs André intentando ignorar a ambos.