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Tentaciones Prohibidas

Tentaciones Prohibidas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor de la infancia
Popularitas:17.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yance

El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El regreso a casa

El avión aterrizó y Emma sintió que el corazón comenzaba a latirle más rápido.

Había pasado casi un año desde la última vez que estuvo en casa. Casi doce meses sin desayunar con su familia, sin escuchar las bromas de Alessandro, sin discutir con sus hermanas por tonterías y sin que Nicolás apareciera en su habitación para preguntarle algo que perfectamente podría haberle preguntado a cualquier otra persona.

Los había extrañado más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Aunque jamás lo reconocería delante de Alessandro, también había extrañado que la trataran como si todavía tuviera quince años.

Sacó el teléfono y escribió en el grupo familiar:

Emma: Ya aterricé. Espero que estén preparados para mi regreso triunfal.

La respuesta de Alessandro apareció casi de inmediato.

Alessandro: Estamos esperando. Y más te vale no tardarte una eternidad recogiendo las maletas.

Emma sonrió mientras tecleaba.

Emma: Te amo también, papi.

Guardó el teléfono, recogió su equipaje y se dirigió hacia la salida.

No tuvo que buscar demasiado.

Su familia era imposible de ignorar.

Alessandro estaba junto a Isabella, mirando constantemente hacia las puertas. A su lado, Alessandra y Daniela conversaban, mientras Nicolás intentaba asomarse por encima de una barrera para verla antes que los demás.

—¡Ahí está! —gritó Daniela.

Emma apenas tuvo tiempo de levantar la mirada cuando su hermano pequeño salió corriendo hacia ella.

—¡EMMA!

—¡Nico!

Dejó la maleta a un lado y se agachó para recibirlo. Nicolás se lanzó a sus brazos y ella lo levantó, llenándole el rostro de besos.

—¡Mi bebé! ¡Estás mucho más grande!

—¡Ya no soy un bebé! ¡Tengo ocho años!

—Para mí siempre vas a serlo.

—¡Eso dices porque no me ves todos los días!

Emma soltó una carcajada.

—Tienes toda la razón, señor adulto.

Alessandro se acercó y, después de ayudar a Nicolás a bajar de los brazos de Emma, extendió los suyos.

—Ahora me toca a mí.

—¡Papi!

Emma rodeó su cuello con los brazos y se apretó contra él. Alessandro la abrazó con tanta fuerza que consiguió arrancarle una risa.

—Te extrañé, princesa.

—Yo también, papi.

Él se apartó un poco para observarla de arriba abajo, como si necesitara comprobar por sí mismo cuánto había cambiado durante aquel año.

—Estás preciosa.

—Todavía no me he arreglado para la fiesta.

—No importa. Sigues siendo la mujer más hermosa de este aeropuerto.

Emma abrió la boca, divertida.

—¿La mujer más hermosa? ¿Y mamá?

Alessandro miró a Isabella, que los observaba con una sonrisa.

—Tu madre es la mujer más hermosa del mundo. Tú eres la segunda.

—Aprende desde ahora: nunca discutas con tu madre cuando se trata de belleza.

Isabella negó con la cabeza, divertida, y se acercó para abrazar a su hija.

—Ven aquí, mi amor.

Emma se refugió en sus brazos y cerró los ojos.

Había imaginado aquel momento tantas veces que, cuando finalmente sucedió, le costó contener las lágrimas.

—Te extrañé muchísimo, mamá.

—Y yo a ti, mi niña.

Isabella le acarició el cabello y le besó la frente.

—No vuelvas a dejar pasar tanto tiempo sin venir.

Emma sonrió contra su hombro.

—Lo intentaré.

—No, Emma. Prométemelo.

—Te lo prometo.

Alessandra y Daniela se unieron al abrazo, rodeándolas a ambas.

—¡Ahora sí estamos completas! —exclamó Daniela.

—Hasta que Emma vuelva a irse y nos abandone otra vez —añadió Alessandra.

Emma las miró con fingida indignación.

—¡Qué recibimiento tan bonito! ¿No pueden dejarme disfrutar de mi regreso al menos cinco minutos?

—No —respondieron las dos al mismo tiempo.

Todos estallaron en carcajadas.

Alessandro recogió las maletas y señaló la salida.

—Vamos. Tenemos una agenda bastante apretada.

Emma frunció el ceño.

—¿Agenda?

Isabella sonrió.

—Primero iremos a casa para que dejes tus cosas. Después pasaremos por el cementerio para visitar a tu padre Daniel y, finalmente, te llevaremos al salón de belleza para que estés lista para tu fiesta.

La expresión de Emma cambió al escuchar el nombre de su verdadero padre.

Su sonrisa se volvió más suave.

—¿Vamos a verlo antes de la fiesta?

Alessandro asintió sin dudarlo.

—Por supuesto, princesa. Sabemos lo importante que es para ti.

Emma bajó la mirada durante un instante.

—Gracias, papi.

Él le pasó un brazo por los hombros.

—No tienes que agradecerme eso.

Y juntos se dirigieron hacia el automóvil, rodeados de conversaciones, risas y preguntas que Emma intentaba responder al mismo tiempo.

Había vuelto a casa.

Y no podía estar más feliz.

Una visita pendiente

El cementerio estaba tranquilo cuando llegaron.

Emma llevaba un pequeño ramo de flores blancas que había elegido durante el trayecto. Caminó junto a sus padres en silencio, hasta detenerse frente a la lápida de Daniel Carter.

Durante unos segundos, no dijo nada.

Se agachó para dejar las flores y pasó los dedos suavemente por el nombre grabado en la piedra.

—Hola, Pa.

Su voz salió más baja de lo que esperaba.

Alessandro permaneció a unos pasos de distancia, respetando aquel momento. Isabella, por su parte, le tomó la mano.

Daniel había sido una parte fundamental de la vida de Emma. Era su padre biológico, su primer refugio y uno de los primeros hombres que le habían enseñado que el amor podía expresarse de muchas maneras.

Aunque Alessandro la hubiera criado y amado como a una hija, nunca había intentado borrar el lugar que Daniel Carter ocupaba en su corazón.

Emma se arrodilló frente a la lápida.

—Hace mucho que no vengo, ¿verdad?

Sonrió ligeramente.

—Ya te imagino. Me dirías que estudiar no es una excusa para olvidarme de las personas importantes.

Se le humedecieron los ojos.

—Te he extrañado, papi.

Respiró hondo y se limpió una pequeña lágrima antes de que recorriera su mejilla.

—Hoy cumplo dieciocho años. ¿Puedes creerlo? ¡Dieciocho! Aunque no vas a estar aquí para celebrarlos conmigo, quería venir a verte antes de la fiesta.

Hizo una pausa y miró las flores.

—Mamá está insoportable desde que comenzó a organizarlo todo. Dice que soy igual de terca que tú, aunque yo creo que exagera.

Una risa breve escapó de sus labios.

—Mis hermanas están enormes y Nicolás cree que ya es un hombre. Te habrías reído muchísimo con él.

La sonrisa fue desapareciendo poco a poco.

Emma se quedó mirando la lápida, como si esperara encontrar en aquellas letras alguna respuesta.

—A veces me pregunto qué me dirías si pudieras verme ahora. Si estarías orgulloso de mí. Si pensarías que estoy haciendo las cosas bien.

El silencio del cementerio le respondió.

Emma tragó saliva.

—No tengo todas las respuestas. Creía que a esta edad tendría mi vida más organizada, pero… no sé. He cometido errores, he confiado en personas que no debía y he terminado relaciones que pensé que iban a funcionar.

Bajó la mirada.

—Supongo que soy joven todavía y estoy aprendiendo.

Isabella se acercó y se arrodilló a su lado.

—Él estaría orgulloso de ti, Em.

Emma volvió el rostro hacia su madre.

—¿Tú crees?

—Estoy segura. No porque tengas que hacerlo todo bien, sino porque sigues intentando descubrir quién eres. Y eso es lo que importa, estás muy joven, no te exijas.

Emma se mordió el labio.

—A veces quisiera que estuviera aquí.

Isabella la abrazó por los hombros.

—Yo también, mi amor. Daniel fue un hombre y padre maravilloso.

Alessandro se acercó entonces y se agachó frente a ellas.

—De eso no me cabe duda. Daniel te amó muchísimo, princesa. Y ese amor siempre será parte de ti.

Emma lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Lo sé, papi.

Alessandro le secó una lágrima con el pulgar.

—Y yo estoy aquí. Siempre voy a estar aquí para ti.

Emma se inclinó y lo abrazó.

—Te amo.

—Yo te amo más.

—Eso es imposible.

—Soy tu padre. Tengo experiencia en estas cosas.

Emma soltó una pequeña risa entre lágrimas.

Durante unos minutos permanecieron juntos, compartiendo recuerdos y dejando que el silencio los acompañara. No había palabras capaces de llenar la ausencia de Daniel, pero tampoco era necesario fingir que aquella ausencia no dolía.

Antes de marcharse, Emma besó la punta de sus dedos y los apoyó sobre la lápida.

—Feliz cumpleaños para mí, papá. Prometo volver.

Se levantó y tomó la mano de su madre.

Después miró a Alessandro.

—Ahora sí. Llévenme al salón. No pienso llegar tarde a mi propia fiesta.

Alessandro sonrió.

—Esa es mi niña.

Los abuelos

Cuando el automóvil llegó a casa, Emma ya estaba revisando los mensajes que Lenna le había enviado durante los últimos minutos.

Lenna: ¿Ya estás en casa?

Lenna: ¿Ya viste a Leonardo?

Lenna: ¿Qué te vas a poner?

Lenna: ¡Emma, contesta!

Emma escribió rápidamente:

Emma: Estoy llegando. Respira, mujer.

Pero ni siquiera alcanzó a guardar el teléfono.

La puerta principal se abrió y Elena apareció en el umbral.

—¡Mi niña!

Emma dejó el teléfono a un lado y corrió hacia ella.

—¡Abuela!

Elena la recibió con un abrazo tan fuerte que ambas terminaron riéndose entre lágrimas.

—¡Mírate! ¡Pero qué hermosa estás! —exclamó, sujetándole el rostro entre las manos—. ¡Déjame verte bien!

—Abuela, acabas de verme.

—¡Y quiero volver a verte!

Emma soltó una carcajada.

Elena le besó las mejillas una y otra vez, como si quisiera recuperar en unos segundos todos los abrazos que no habían podido darse durante aquel año.

—No vuelvas a tardar tanto en visitarnos, ¿me oyes?

—Sí, abuela.

—Porque tu abuelo y yo te hemos extrañado muchísimo.

—Yo también los extrañé.

Entonces apareció Vittorio.

Intentó mantener una expresión seria, pero la sonrisa lo delató antes de llegar hasta ella.

—¿Y para mí no hay abrazo?

Emma abrió los brazos.

—¡Abuelo!

Vittorio la envolvió entre sus brazos y la levantó ligeramente del suelo.

—Mi pequeña ha vuelto a casa.

Emma apoyó la cabeza en su hombro.

—Te extrañé, abuelo.

Él le acarició el cabello.

—Y nosotros a ti, pequeña. Esta casa no es la misma cuando tú no estás.

—¿Daniela y Alessandra no los entretienen con sus peleas?

—Especialmente en esos momentos —respondió él con absoluta seriedad.

Emma soltó una carcajada.

—¡Abuelo!

—¿Qué? Hay que decir la verdad.

Elena se rio mientras le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Vamos, entra. Queremos que nos cuentes todo. Cómo te ha ido, cómo son tus compañeros, qué tal la universidad…

Emma miró a su madre, que consultaba la hora.

—Abuela, me encantaría quedarme toda la tarde, pero tengo que ir al salón de belleza.

Elena se llevó una mano al pecho.

—¡Es verdad! ¡Es el cumpleaños de mi niña!

—Y también el de Leonardo —recordó Vittorio.

Emma sonrió.

—Es cierto.

—Espero que tampoco se te haya olvidado felicitarlo —bromeó él.

—Lo llamé muy temprano, como todos los años.

Elena tomó a Emma del brazo y la condujo hacia el interior de la casa.

—Bueno, antes de que te marches, déjame darte algo.

La llevó hasta una pequeña mesa donde había una caja envuelta en papel azul y adornada con una cinta plateada.

Emma abrió los ojos.

—¿Abuela?

—Tu regalo de cumpleaños. Tu abuelo y yo queríamos dártelo personalmente.

Emma desató la cinta con cuidado y levantó la tapa.

Dentro había una delicada pulsera de oro con un pequeño dije en forma de letra E.

Se quedó mirándola, emocionada.

—Es preciosa.

Elena sonrió.

—La elegimos pensando en ti. Porque, aunque estés creciendo y tengas tu propia vida, queremos que siempre nos recuerdes.

Emma abrazó a sus abuelos al mismo tiempo.

—Los amo muchísimo.

Vittorio le besó la frente.

—Y nosotros a ti, pequeña.

Desde el otro lado del salón, Alessandro carraspeó teatralmente.

—Lamento interrumpir este momento tan emotivo, pero, si no salimos ahora, mi hija cumplirá diecinueve años antes de que termine de arreglarse.

—¡Papi! —protestó Emma, riéndose.

—¿Qué? Estoy siendo realista.

Isabella tomó la mano de su hija.

—Vamos, mi amor. Hoy tienes una noche muy especial por delante.

Emma miró una vez más a sus abuelos.

—Nos vemos en la fiesta.

—Por supuesto —respondió Elena—. Y quiero el primer baile contigo.

Vittorio levantó una mano.

—¡Protesto! Yo soy su abuelo.

—Pues tendrán que compartir —sentenció Emma.

—¡El papá siempre va primero! —declaró Alessandro, llevándosela del brazo.

Todos estallaron en carcajadas.

Emma salió de casa acompañada de sus padres, todavía sonriendo.

La visita a Daniel le había recordado cuánto había cambiado su vida. El abrazo de sus abuelos le había devuelto una parte de la niña que siempre sería, y el cariño de su familia le había confirmado que, pese a la distancia, había un lugar donde nunca dejaría de pertenecer.

Ahora le esperaban el salón de belleza, un vestido azul celeste y una fiesta preparada especialmente para celebrar sus dieciocho años.

Una noche que prometía estar llena de risas, reencuentros y sorpresas.

Y en algún lugar de aquella misma ciudad, Leonardo también se preparaba para celebrar su cumpleaños, sin imaginar que el regreso de Emma traería consigo cambios que ninguno de los dos había previsto.

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Ana Elena Jiménez
supongo que con lo que hizo valentía quedó marcado y sus celos empeoraron pero caray para como lo pinta Camila,y se lo aguanto cinco años 🤷🤷🤷 además en ese momento ella era bastante liberal
Yura Ran: celoso y mala cama... no lo creo. porque lo cornean 😁
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
exacto
Ana Elena Jiménez
yo digo que son inofensivos, eso espero😬😬🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja si un poquito 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
después de una cuerneada , cualquiera puede volverse desconfiado 😬😬
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
un beso accidental pero deseado 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
qué lindo 🥰🥰🥰🥰al estilo de los tiempos de antes cuando los noviazgos eran a escondidas 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Betty Saavedra Alvarado
Los hombres son celosos por naturaleza Leo no es la excepción Vale lo engaño de la peor manera Camila no le aguanto su carácter
Ana Elena Jiménez
😮😮🤭🤭
Yura Ran: 😁🤪😍 ok Dios mio co.o se van aportar de besitos?
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
ella si te entiende a la perfección 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
bueno Leo a ponerse la diez, mueve los contactos que sea pero que esos miserables paguen,, porque me imagino que a eso se dedican 😡😡😡😡
Ana Elena Jiménez
ese es el verdadero apoyo 🫶🫶
Ana Elena Jiménez
así es 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺tú tienes personas que te aman y están dispuestas a buscarte ayuda profesional
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺pobre lenna, esos infelices tienen que pagar por lo que le hicieron
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱🥺🥺🥺
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