Tormentosa, dolorosa hasta que llega el.
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Cap.2
Todo el personal médico se preguntaba ¿qué había pasado? Aunque estos casos de complicaciones en los partos eran impredecibles, el diagnóstico médico daba para salvar a Emilia… Pero solo la consciencia del doctor, era la responsable de haber dado paz al alma de una madre que se aferraba a su decisión, la cual no se arrepentía de haber tomado.
Cuando Ethan, volvió a ser consciente de que su esposa ya no estaría nunca más con él, su corazón se fundió en una capa de hielo, que lo envolvió para no volver a sentir afección. Se llenó del deseo de venganza hacia el doctor, y un profundo resentimiento hacia su hija, que era un alma pura e inocente y el fruto del amor que una vez su esposa juro darle.
24 Horas pasaron, horas que fueron una tortura para Ethan, porque no le permitían salir del cuarto de hospital, hasta que no estuviese tranquilo. Cuando el personal se cercioró que había recobrado la cordura, una psicóloga lo visitó, para evaluar si era conveniente dejar a su cuidado a una menor.
Ethan manejó todo con calma, al cabo de unos minutos la psicóloga aprobó que su reacción solo fue producto del impacto de la noticia. Cuando en realidad en el interior de Ethan solo había sed de venganza, matar al doctor, era lo único que le podría dar algo de calma a su dolor. Al cabo de unos minutos, Ethan expresó a la psicóloga que necesitaba tomar un poco de aire, que necesitaba pensar, para aclarar un poco sus pensamientos. Lo que la doctora no imaginaba era que en realidad Ethan iba a buscar el arma para acabar con la vida del Doctor.
Caminó rápido y precisamente hasta el estacionamiento. Cuando abrió la puerta el olor que aún albergaba de su esposa en el interior del auto, lo desplomó en llanto, no por mucho tiempo, porque, no obstante, Ethan recobró la cordura tomando el arma que resguardaba en la guatera, para dirigirse nuevamente al hospital. A paso apresurado, caminó por los pasillos llenos de pacientes que se quejaban de dolor buscado al médico que intervino a su esposa; pero en el afán de aquella búsqueda macabra, solo se topó con una enfermera que le menciono con una gran sonrisa en su rostro que la siguiera para presentarle a su pequeña. En ese momento Ethan quedo sordo, solo escucha el pito de las sirenas de la ambulancia que allegaban al hospital; aún no procesaba que era padre, y que en algún punto su hija también tuvo parte de culpa en la muerte de su amada.
-Señor, sígame. –Habló la enfermera nuevamente.
Ethan salió de su estado, acomodo su cabello y camino detrás de la enfermera que lo condujo a una pequeña sala donde había cantidades de bebés. La enfermera le pidió amablemente que se quedara detrás del enorme cristal transparente, mientras ella buscaba la bata y el gorro para que pudiera ingresar y tener el primer contacto con su hija. Ethan abrió los ojos, y de inmediato negó, diciéndole a aquella mujer de blando que solo la observaría desde donde se encontraba.
La enfermera sin más opción logró entender el estado de Ethan, entro a la habitación y tomó a un pequeño bulto envuelto en una sábana rosa que Emilia había comprado justamente para recibir este momento. Ethan tragó saliva cuando la enfermera la acerco, era una niña hermosa, su piel era blanca, y su cabello detonaba que sería cobrizo como el de su madre, el color de sus ojos lo desconocía, pues la bebé dormía y era imposible poder detallarlos. Sonrió, pero luego su sonrisa se borró al recordar que su esposa no estaría y que por culpa de esa pequeña y bonita bastarda que también tuvo culpa, ahora ya no estába.
Apretó la mandíbula y sus nudillos quedaron envueltos en un puño fuerte. Dio media vuelta y siguió buscando al doctor, al que no tardó en encontrar. Lo vio ingresar a una oficina, donde recibía los pacientes, rápidamente caminó y sacó su arma, cuando cruzo el umbral de la puerta, apunto directamente al Doctor a su cabeza. Este, al ver que lo apuntaban, levanto sus manos, implorando para que no lo matase. Ethan retiró el seguro del arma, el doctor le suplicaba y le pedía piedad por su vida, le gritaba desesperado que su esposa le rogó con su último aliento que salvara la vida de su hija.
-Ella debería vivir ahora. –Dijo Ethan enfurecido, sus ojos estaban oscuros, tornados y cegados por la venganza. –Ahora voy a hacerte pagar tu ineptitud. –Expresó frío. No permitió que el doctor pronunciara una palabra más, porque el impacto de la bala en su cabeza lo silenció para siempre.
Los párpados de Ethan estaban quietos, mirando como el doctor se le iba la vida producto del charco de sangre que bañaba el piso donde reposaba su cuerpo inerte. No le sorprendía, ver el cuerpo sin vida del Doctor, ya que muchas veces sus negocios ilícitos lo llevaron a presenciar muchas muertes e incluso en dos acciones lo obligaron a matar.
Tanto fue el odio y la venganza que sintió en aquel momento, que haber matado a el médico no era suficiente, su mente descartó todo lo bueno que esperaba de una familia, hundiéndolo en el limbo de la venganza contra su hija también. Ethan Salió a toda prisa de aquella oficina, con su arma en la mano, apuntando a todo aquel que se atravesara en su camino, corrió hasta llegar a la sala de maternidad, cuando llegó entro a toda prisa y le apunto a la enfermera que le había mostrado a su primogénita hace un momento.
-Entrégame a mi hija – Dijo entre dientes. -La enfermera no dudó en hacer lo que pedía. Con sus manos vueltas una gelatina, tomo a la recién nacida entre sus brazos y la descargó en los de su padre.
-Hazme una receta de los cuidados dela menor. Tienes menos de 5 minutos. La enfermera, muy asustada y nerviosa por perder su vida, tomo del cajón un folleto que era habitual entregar a todas las madres después de irse a casa con sus bebés. Ethan manoteó el folleto guardándolo en su pantalón, a toda prisa y con su mano libre, apuntaba a todo el mundo para poder huir, ya todos se habían dado cuenta de la muerte del doctor, así que se apresuró a salir del hospital.
Cuando llegó a su auto, acomodo a su hija en el asiento trasero, y se dispuso a manejar como loco, huyendo rápidamente lo más lejos posible de aquel lugar. Una hora después detuvo el auto a las afueras de Michigan, tomo el volante fuertemente y entro en una crisis de ansiedad, cuando cayó en cuenta que no tuvo oportunidad de sacar el cadáver de su esposa de aquel hospital. Empezó a gritar y llorar, le dio golpes una y otra vez al volante y todo lo que había frente a él, logrando lastimar sus nudillos.
Entre episodios de risas y llantos repentinos descontrolados, Ethan empezaba a manifestar una serie de trastornos que lo incitaron a querer arremeter contra su hija también. Bajó del auto y abrió la puerta trasera, cuando la iba a tomar entre sus brazos, la hermosa bebe desplego sus hermosos ojos azul turquesa, iguales a los de su madre, sobre la sombra negra que era la mirada de Ethan. Su interior se contrajo y no pudo más que tirarse al suelo a llorar, no podía, no sería capaz de acabar con la vida de su hija cuando solo iniciaba a vivir. Pero lo que si podía, era hacerla a su semejanza, para que un futuro, no le doliera deshacerse de ella también.
A partir de ese momento, Emily, como había decidido llamarla su padre, creció bajo sus reglas aterradoras y crueles. Encerrada en una cabaña lejos de la civilización, donde Ethan se ocultó por varios años, huyendo de la policía y cerciorándose de que Emily fuera una niña sumisa que solo acudiera a sus órdenes. La educación de Emily, a lo largo de su vida, fue horrorosa, su padre se limitó a inyectarle miedos, a golpearla cada vez que desobedecía. Cuando cumplió 5 años, el instinto de la niñez empezó a surgir haciendo de ella una bolita de curiosidad que eran calladas por golpes de su padre cada vez que surgía una pregunta. Cuando cumplió 14 años, tras una huida de rebeldía de Emily, su padre tomo la decisión de acomodar una cadena en su tobillo, que tenía el largor perfecto para que ella se pudiera movilizar por la cabaña y hacer sus actividades diarias.
Emily creció bajo la cruel soledad, no tenía accesos a nada tecnológico, y solo veía la luz del sol cuando su padre la visitaba cada mes, que iba a dejar provisiones, y revisar su desarrollo físico, que estuviera lista para culminar su castigo que tenía como destino, venderla.