Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.
Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.
El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.
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pasado
**Capítulo: Recuerdos de Luz**
En un pueblo donde las flores florecían en cada esquina y el canto de los pájaros llenaba el aire, el sol brillaba intensamente sobre la casa de Luciana. Era un día perfecto de primavera, y el aire estaba impregnado del dulce aroma de las flores recién brotadas. Luciana, su papá Luis y su mamá, Esther, estaban en el jardín, riendo y disfrutando de la compañía mutua mientras plantaban tulipanes y margaritas.
—¿Sabían que estas flores tienen un poder especial? —dijo Esther, inclinándose para colocar cuidadosamente un tulipán en la tierra—. Siempre que las cuidamos, la felicidad florece en nuestras vidas.
Luciana sonrió, sintiendo que el mundo era perfecto. Tenía apenas diez años, pero ese día se sentía como si todo lo que deseaba estuviera al alcance de su mano. Mientras sus padres hablaban, ella los miraba con admiración. Esrher y Luis tenían una forma especial de hacer que todo se sintiera mágico, como si el simple acto de plantar flores pudiera cambiar el mundo.
Después de un rato, se sentaron en el césped, exhaustos pero felices. Luciana se recostó en la hierba, mirando el cielo azul. Las nubes blancas parecían figuras de cuentos, y su mente viajaba a mundos lejanos llenos de aventuras.
—¿Qué quieres ser cuando seas grande, Luciana? —preguntó Luis, mientras mordía una galleta que había traído de casa.
—Quiero ser como mamá —respondió Luciana, sin dudar—. Quiero ayudar a la gente y hacer del mundo un lugar mejor.
Esther sonrió, sus ojos brillando de orgullo.
—Siempre puedes ser lo que desees, mi amor. La bondad y la valentía son los mejores poderes que puedes tener.
Luciana sintió que su corazón se llenaba de calidez. En ese momento, todo parecía posible. La risa de sus padres resonaba a su lado, y el amor de ellos la envolvía como un abrigo cálido.
Después de un rato. Esther se levantó con una sonrisa y dijo:
—Voy a preparar una merienda. ¡Vengan a ayudarme!
Luciana y Luis siguieron a Esther hacia la cocina, donde el calor del horno las envolvió. La cocina estaba llena de risas y el sonido de utensilios chocando. Esther les enseñó a mezclar la masa, a medir los ingredientes y, sobre todo, a disfrutar del proceso.
—La cocina es como la magia —dijo Esther—. Cada ingrediente tiene su propio poder, y juntos crean algo delicioso.
Mientras esperaban que las galletas se hornearan, se sentaron en la mesa, compartiendo historias y sueños. Luciana recordó un momento en el que había encontrado un pequeño pájaro herido y cómo su mamá lo había ayudado a sanar. Luis, por su parte, relató una aventura en la que habían explorado un viejo granero, encontrando objetos misteriosos.
Finalmente, el temporizador sonó, y el aroma a galletas recién horneadas inundó la casa. Luciana y Luis se apresuraron a sacar las bandejas del horno, sus ojos brillando de emoción.
—¡Mmm, huelen delicioso! —exclamó Luciana, mientras se llenaba un plato con las galletas.
Se sentaron en el porche, disfrutando de la merienda mientras el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. Las risas y las historias continuaron fluyendo, creando un momento que se sintió eterno.
Pero la vida, como las estaciones, también trae cambios inesperados. Un par de años después, durante una revisión médica de rutina, a Esther le diagnosticaron cáncer de mama. La noticia cayó como un rayo, dejando a Luciana y Luis en un mar de incertidumbre y miedo.
—Vamos a luchar, juntos —dijo Esther con una sonrisa valiente, tratando de mantener el optimismo. Luciana recordaba cómo su madre siempre había sido una guerrera, y esa lucha se convirtió en parte de su vida diaria durante los siguientes años.
Esther pasó por tratamientos, sesiones de quimioterapia y momentos de debilidad, pero también hubo días de esperanza y risas. Luciana aprendió a valorar cada pequeño momento y a ser fuerte, como su mamá.
Finalmente, cuando Luciana cumplió 16 años, Esther dejó este mundo, rodeada del amor de su familia. La pérdida fue devastadora, y aunque la tristeza llenaba el corazón de Luciana, los recuerdos de los momentos felices en el jardín seguían vivos en ella.
Y en ese instante, rodeada de amor y recuerdos, Luciana supo que su madre siempre viviría en su corazón, incluso en los días más oscuro.
FRASE DEL DIA
" 𝐏𝐥𝐚𝐧𝐞𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐚𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐃𝐢𝐨𝐬"
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