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Entre Bestias Y Pasión

Entre Bestias Y Pasión

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Romance / Fantasía / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Llegué a la selva con miedo.
Me quedé por su protección.
Y sin darme cuenta… encontré un hogar.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 – “El mundo que temía”

Aiden caminaba por los pasillos de la escuela con la cabeza gacha, intentando que nadie lo notara. Sus libros, apretados contra su pecho, parecían la única protección que tenía contra el mundo. Cada paso resonaba con eco, y cada mirada ajena se sentía como un juicio silencioso sobre su existencia. Los murmuros detrás de él, los empujones accidentales y las risas contenidas eran constantes recordatorios de que no pertenecía.

—¡Mira la niña rara! —gritó un chico desde la esquina, empujando su mochila.

Aiden sintió cómo el aire se le escapaba en un suspiro contenido. Su cuerpo se encogió, sus hombros se tensaron y un nudo de ansiedad se formó en su estómago. Las risas y burlas continuaron a su alrededor. Cada empujón y cada insulto se clavaban en su piel como agujas invisibles. “No es nada”, se repetía en silencio, aunque por dentro, el dolor se multiplicaba. Sus mejillas ardían, y su corazón parecía querer saltar de su pecho.

La ciudad a su alrededor estaba gris y húmeda, con los edificios de la escuela proyectando sombras largas sobre los pasillos. Las paredes gastadas, los azulejos rotos y el eco de las voces contribuían a su sensación de aislamiento. Todo parecía más grande de lo que era, y él más pequeño, más vulnerable. Sus compañeros de clase eran gigantes comparados con él en actitudes y crueldad. Cada palabra sarcástica, cada empujón, cada carcajada dirigida a él era un recordatorio de su diferencia, de su fragilidad.

Llegó a casa con el cuerpo rígido, sintiendo aún el calor de la humillación y la mezcla de miedo y tristeza que lo acompañaba como una sombra constante. Su padre lo esperaba en la puerta, con el aliento cargado de alcohol y una expresión de ira.

—¿Dónde está mi dinero, mocoso inútil? —gruñó, empujándolo contra la pared con tal fuerza que Aiden cayó sobre la alfombra gastada.

El dolor físico se mezcló con el emocional. Cada golpe no solo dejaba moretones en su piel, sino cicatrices invisibles en su corazón. Su padre lo miraba con desprecio y rabia, con ojos que brillaban por la ira y la frustración de su propia vida frustrada. Aiden sabía que no importaba cuánto intentara explicar, su palabra jamás tendría valor. Cada centavo que lograba ganar trabajando era robado, y cada intento de defenderse terminaba en más golpes, insultos y humillación.

Se arrastró hasta su habitación, dejando que las lágrimas recorrieran sus mejillas, y abrazó sus libros con fuerza. Eran su refugio, su escape, su única conexión con un mundo donde podía soñar, donde podía imaginar que la vida podría ser diferente. Pero incluso en sus sueños, el miedo estaba presente: miedo a la violencia, miedo a los hombres, miedo a que nadie alguna vez lo aceptara.

Un día, mientras regresaba de la escuela con la mochila cargada de libros, su corazón comenzó a latir con un ritmo frenético. Sabía que los cobradores de su padre podrían aparecer en cualquier momento. Cada sombra parecía moverse, cada crujido del suelo le hacía girar la cabeza con alerta. La adrenalina recorría su cuerpo, mezclándose con la ansiedad, el miedo y un deseo desesperado de escapar.

—¡Ven con nosotros, chico! —gritó un hombre con voz áspera, bloqueándole el paso.

Aiden forcejeó, sintiendo cómo sus manos temblaban y su respiración se aceleraba. Sus piernas corrían solas, impulsadas por el miedo y la desesperación. La ciudad a su alrededor se convirtió en un laberinto de sombras, luces y ruidos distorsionados. Cada callejón parecía más largo, cada esquina más peligrosa. Sus músculos dolían por los golpes recientes, pero su instinto de supervivencia era más fuerte que cualquier dolor.

Corrió sin mirar atrás, el corazón latiendo a mil por hora, los pulmones ardiendo y el sudor mezclado con lágrimas. Las calles parecían nunca acabar, y su mente se llenaba de recuerdos dolorosos: los gritos de su padre, los empujones de sus compañeros, el intento de violación que había dejado marcas profundas en su confianza. Cada recuerdo lo hacía más consciente de su vulnerabilidad, y cada paso hacia adelante era un acto de coraje silencioso.

Entonces, frente a él, apareció un destello de luz intensa, como si la misma realidad se hubiera rasgado. Antes de que pudiera comprender lo que sucedía, un portal se abrió y lo absorbió, transportándolo lejos de la ciudad, lejos del dolor, lejos del miedo… aunque no del todo.

Aiden cayó sobre un suelo húmedo y blando. Sus músculos doloridos se tensaron mientras intentaba incorporarse. Todo a su alrededor era diferente: árboles gigantescos, hojas enormes que atrapaban la luz del sol y la filtraban en haces verdes y dorados, sonidos de criaturas desconocidas y un aire cargado de humedad y misterio. La selva parecía viva, respirando a su alrededor, y cada sonido le producía un escalofrío de miedo y fascinación.

De repente, un insecto gigante surgió de entre la maleza y se lanzó sobre él. Aiden gritó con desesperación, paralizado por el miedo y el dolor que aún recorría su cuerpo. Pero antes de que el insecto pudiera tocarlo, un tigre enorme saltó entre ambos, con garras afiladas y ojos brillantes que irradiaban fuerza y protección.

El tigre, con un rugido profundo, defendió a Aiden del ataque. Y entonces sucedió algo que desafió toda lógica: el tigre se transformó ante sus ojos en un hombre-bestia imponente, alto, musculoso y con ojos dorados que parecían penetrar en su alma.

—¿Por qué estás tan herida, pequeña hembra? —preguntó el hombre-bestia, con voz profunda y cargada de curiosidad.

Aiden se estremeció, temblando, aferrándose a sí mismo. Su corazón todavía latía con fuerza por el miedo, los golpes recientes y la confusión de aquel nuevo mundo. Por primera vez, alguien lo miraba con atención, sin desprecio, sin ira… solo preocupación y algo que él no comprendía.

Raegor, como se presentó, lo llevó a su refugio. Los días siguientes fueron de recuperación: lo alimentó, curó sus heridas y le ofreció el calor que Aiden jamás había sentido. Por las noches, mientras dormía, Aiden gritaba en sueños, recordando los golpes de su padre y las humillaciones de la escuela. Cada movimiento de Raegor era un recordatorio de que podía estar seguro, y poco a poco comenzó a aceptar la cercanía física, aunque su miedo al contacto masculino todavía lo hacía estremecerse.

—Shh… tranquila, pequeña hembra —susurraba Raegor—. Estoy aquí, no te pasará nada.

Aiden cerró los ojos, dejando que el calor de aquel abrazo lo envolviera. Por primera vez, el miedo no era lo único que sentía; un extraño calor, mezcla de protección y curiosidad, comenzaba a crecer dentro de él. Su corazón, tan acostumbrado al dolor y la desconfianza, empezaba a latir por algo diferente: una chispa de seguridad, un atisbo de deseo y un sentimiento que aún no podía nombrar.

Mientras se recuperaba, la selva a su alrededor parecía cobrar vida: rayos de sol atravesaban el follaje, iluminando el suelo cubierto de hojas húmedas; el aire olía a tierra y vegetación; y los sonidos de animales desconocidos llenaban la distancia, creando una sinfonía salvaje que lo hacía sentir pequeño pero vivo. Cada brisa que rozaba su piel y cada sonido extraño despertaba miedo y fascinación a la vez.

Pero más allá del miedo, Aiden empezó a notar algo más: el deseo de aprender, de explorar, de comprender este mundo extraño. Sus dedos temblaban al tocar las hojas, al probar los frutos, al escuchar los cantos de aves exóticas que nunca había visto. Cada pequeño descubrimiento era un paso hacia una nueva vida, una que podía construir lejos de su padre y del mundo que lo había herido.

Y así, entre miedo y fascinación, dolor y curiosidad, Aiden comenzó su camino en un mundo salvaje donde su corazón aprendería a confiar, su ingenio sería valioso y donde, tal vez, podría encontrar amor, protección y un lugar al que pertenecer.

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soney_130602
espera que? :0
Luna cristal Rodriguez
pobre 😭 ...🤭 esperando lo bueno
Pirupiupiu
Muy lindo (⁠๑⁠♡⁠⌓⁠♡⁠๑⁠)
Pirupiupiu
♡⁠˖⁠꒰⁠ᵕ⁠༚⁠ᵕ⁠⑅⁠꒱
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