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EL REY ALFA QUIERE SALVAR A SU OMEGA

EL REY ALFA QUIERE SALVAR A SU OMEGA

Status: En proceso
Genre:ABO / Hombre lobo / Reencarnación
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabitha

El reino de los hombres bestia prospera bajo el mando del rey alfa Samuel Costa… o al menos así lo cree el mundo.
Porque detrás de la reina falsa que ocupa el trono, Samuel oculta un secreto mortal: su verdadero cónyuge es un omega humano, Camilo, cuya mera existencia está prohibida por la ley.
Cuando la verdad sale a la luz, la traición cae como un golpe implacable. Uno a uno, sus aliados son asesinados. Samuel y Camilo mueren juntos sin haber podido aceptarse como los destinados que siempre fueron… hasta que el destino les concede un milagro.
Samuel renace en el instante en que su tragedia comenzó. Ahora, con la memoria intacta y el corazón ardiendo de arrepentimiento, hará lo que no hizo antes: proteger a su omega, desafiar al consejo real y reescribir el futuro, aunque para ello deba destruir enemigos ocultos y el propio sistema que lo traicionó.

NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

TRAICION Y ENGAÑO

—Rey Samuel, ¿acepta usted que ha traicionado al reino al enlazarse con un humano? —preguntó uno de los consejeros, con la voz cargada de desprecio.

Delante de una multitud enmudecida, Samuel Costa yacía de rodillas sobre el piso frío de mármol. Su cuerpo temblaba. Llevaba una semana sin probar agua ni comida; cada respiración era un recordatorio de su caída. Su crimen: haber amado a quien no debía.

—Antes de que decidan mi castigo… déjenme hablar —pidió Samuel, con la boca tan seca que le dolió articular las palabras.

—¡Déjenlo por favor! ¡Él no ha hecho nada malo! —gritó Camilo, el omega humano que había jurado proteger ante la diosa luna.

Un juramento que Samuel había roto una y otra vez. Lo había engañado, ocultado, humillado… y lo peor de todo: se había casado con una mujer bestia para darle descendencia al reino.

La culpa le ardió como hierro al rojo vivo por el fuego.

—¡Es cierto! —exclamó Samuel, forzando su débil cuerpo a incorporarse un poco—. Yo lo traje a este reino con engaños. Camilo no ha hecho nada malo. Yo soy quien lo trajo… yo soy quien lo condenó.

Hice un juramento ante la diosa luna: amarlo y protegerlo. Y en cambio lo humillé, lo abandoné, hasta le quité el alimento… —su voz se quebró—. Acepto mi castigo. Pero déjenlo ir. Él es inocente.

El silencio que siguió fue insoportable. Samuel buscó en los rostros del consejo un poco de compasión. Un gesto. Un mínimo temblor. Algo.

Nada.

Corazones endurecidos.

Esa noche sería decidido su castigo. Al amanecer, se ejecutaría.

---

—Samuel… despierta —susurró una voz urgente detrás de la puerta.

Samuel abrió los ojos con dificultad.

—¿Raúl? ¿Cómo llegaste aquí?

El beta empujó la puerta entreabierta y entró sigiloso.

—Le dije que encontraría la manera de ayudarle una y mil veces —susurró—. Levántese, debemos salir antes de que el guardia regrese.

Samuel se incorporó con torpeza, y el dolor le arrancó un gemido.

—¿Y Camilo? —preguntó, aterrado.

—Natalie fue por él. Pero debemos apresurarnos o no podremos ayudarles a ninguno de los dos.

Raúl lo guio por un pasillo húmedo que conducía a la salida de las mazmorras. Se detuvo apenas para escuchar, atento a cualquier paso enemigo.

—Es por aquí, señor —dijo finalmente.

Giró una vieja percha de hierro incrustada en la pared. Un mecanismo se activó con un clic y apareció un pasadizo oculto.

—Vamos, mi rey. No tenemos mucho tiempo.

Samuel asintió y, apoyándose en Raúl, avanzó por el estrecho corredor. La oscuridad les envolvía, pero era una oscuridad que ofrecía esperanza.

Cuando al fin sintieron que se alejaban de las mazmorras, ambos respiraron, aunque de forma temblorosa.

—Raúl… —murmuró Samuel—, lamento haberte ofendido.

El beta negó con la cabeza.

—No se preocupe, señor. Entiendo que con todo lo que ocurría… no tenía con quién desquitar su ira.

—Aun así —Samuel apretó los puños—, fue un error decirle a Alexandra sobre Camilo. Tenías razón.

Raúl tragó saliva y respiró hondo.

—Señor… hay algo que debe saber. La noche del baile, Alexandra entró a la habitación de Camilo. Creo que le dijo la verdad. Cuando ella se fue, fui a revisarlo, pero él había comenzado a soltar feromonas. Se lo juro, mi rey, yo no hice nada. Pero fue entonces que lo descubrieron.

Samuel cerró los ojos con dolor.

—Los invitados nunca revisan las habitaciones. No fue tu culpa.

Raúl continuó, con la voz tensa:

—La señora Alexandra llevó personalmente a su madre a ver al omega. Intenté explicarle, pero ella nunca confió en mí. Encerraron a Camilo por adulterio… no por ser humano.

—Entonces… —Samuel comprendió de inmediato—… no lo liberarían.

Si hubiese sido solo mi madre, podríamos haberlo sacado… pero no después de encontrarlos en la misma habitación.

Los dos se miraron, y el terror se instaló en sus pechos.

—Raúl —susurró el alfa—, debemos salir. Ya.

Ambos tomaron su forma animal y emprendieron una carrera desesperada entre los árboles. El aire cortaba sus pulmones, la adrenalina los impulsaba. Pero los guardias los habían rastreado y no tardaron en rodearlos.

Flechas silbaron por encima; luego, cuerdas imbuidas de magia les cayeron encima, aprisionándolos. La transformación se deshizo al instante.

—No lograrán escapar de su castigo —dijo un guardia, acercándose con arrogancia.

—Aún soy su rey —gruñó Samuel.

—No por mucho tiempo.

El alfa se revolvió, luchando inútilmente contra las sogas.

Y entonces lo vio.

Otros guardias regresaban por el camino, arrastrando a Natalie y a Camilo. Ambos golpeados. Ambos sangrando.

Samuel sintió que su corazón se rompía.

Su destino estaba sellado.

---

Camilo y Samuel serían llevados a la guillotina.

Raúl y Natalie serían colgados.

El mundo se redujo a un horror sin salida.

Samuel fue el último en recibir su castigo. Observó con impotencia cómo sus amigos morían. Cómo Camilo, su omega, su destino… era ejecutado frente a sus ojos.

Un sonido ahogado escapó de su garganta. Algo dentro de él se quebró para siempre.

Y cuando creyó que no había nada peor, levantó la vista hacia el trono que alguna vez fue suyo.

Allí, Alexandra se dejaba besar por Félix, su medio hermano.

Su hermano menor.

El mismo que le había jurado lealtad toda su vida.

A lo lejos, Félix acariciaba la panza de la mitad loba.

Su panza, como símbolo de que la mujer estaba encinta.

Samuel entendió.

Finalmente entendió.

Las noches en que abandonó a Camilo por cuidar a Alexandra.

Las veces que defendió sus caprichos.

Los momentos en que golpeó a su omega por discutir con ella.

Las humillaciones públicas.

Sus dudas.

Sus culpas.

Todo.

Todo había sido parte de un plan.

Un plan tejido por Félix desde la oscuridad.

Un plan donde Samuel no fue más que una marioneta, un rey manejado por hilos invisibles.

El alfa apretó los dientes mientras las lágrimas le corrían por el rostro.

—Juro ante ti, diosa luna… —susurró, con voz rota—. Hoy me culpan por un pecado que tú misma permitiste al unirme a ese omega.

Si me dieras una última oportunidad… una sola… haría las cosas bien. No dudaría.

El verdugo lo tomó por los hombros.

Samuel bajó la cabeza y cerró los ojos.

¿Has escuchado que, cuando mueres, tu cerebro te muestra los siete minutos más felices de tu vida?

Eso le ocurrió a Samuel.

Recordó el instante exacto en que vio por primera vez a Camilo.

Y entonces, todo terminó.

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Dayavi
Me gusta tu trabajo sigue así te deseo muchos éxitos 😘🥰🥰🥰
Afrodita Hada♥️
muchas gracias por el capítulo 🫶🫶♥️♥️♥️
Afrodita Hada♥️
😭😭😭
Afrodita Hada♥️
😭😭😭😭
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