DEMITRI
Y aunque ella había pronunciado aquellas palabras con dureza, mantuvo su mirada firme, aun así, cuando no había manera de ignorar como un pequeño miedo al peligro hacia titubear su mirada.
Durante aquel momento, dejé de verla, a pesar de que no le había quitado los ojos de encima. Todo con lo que se llenó mi mente en aquel momento fue el hecho de que ella no tenía que ver en nada de esto y, aun así, había dado en el blanco. Pero no iba a dejar que ella, ni nada me diga donde es mi lugar. Yo debía, iba a mostrarles, obligarlos si era necesario a bajar sus cabezas ante mí.
Y el primero sería el hombre sentado frente a mí, mirándome con un sentimiento de innecesario. Demir entornó sus ojos.
Pasaron los segundos en un silencio que parecía volverse cada vez más tenso.
—Bien…—hace una pausa. —, es como corresponde.
Vuelve a dejar los papeles sobre la mesa de cristal.
—¿Hay otro asunto por lo que mi padre desea hablar? —apuro lo último del licor quedaba en el vaso.
Sus ojos azules recaen sobre mi cuando termina de arrojar los papeles sobre la mesa, la mirada parecía que se volvía más densa cada segundo que pasaba.
—Creo que puedes adivinar porque vine hasta aquí. —su rostro degastado por los años, con arrugas fijas en cada esquina y, aun así, mantenía aquel rostro guapo que lo llevo a tener a mi madre como su amante. El cabello rubio peinado con cuidado hacia atrás, se volvió blanco en algunos sectores. —Además de venir, para recordarte tu lugar.
Antes de que pueda decir algo, hablo en esa pequeña pausa que hizo. El vaso de cristal que aun sostenía en mi mano, iba a tener un futuro desafortunado si el hombre frente a mi continuaba hablando y que sus palabras sigan golpeándome.
—¿Es esto sobre las hermanas Laurens? —dejo el vaso sobre la mesa, sentía el cristal caliente a través de los guantes, incluso cuando él hielo se mantenía intacto.
Demir se inclina hacia adelante.
—Como he notado que tu incompetencia ha estado nublando tu buena concentración para realizar una simple petición. —continua él. —Le pedí a Dallin que agilicé el trabajo que no pudiste hacer.
Aprieto los dientes con fuerzas.
—¿Piensas que un hijo de la sexta familia podría hacer mejor el trabajo que uno que lleva la sangre de un De’Ath’s? —mis palabras salen con fuerza y sarcasmos de mis labios. Cuando termine de hablar sabia que no debía hacerlo, Dallin era alguien muy querido por mi padre, podría decirse que más querido que yo, su hijo.
Dallin Foster, hijo de Peter Foster, quien fue la mano derecha de mi padre durante todos los años de su gobierno sobre la nación del fuego. Los Foster pertenecen a la sexta familia, regentes que ayudan a mantener el orden en los distintos estados de la nación. En total había diez familias en cada nación, excepto la nación de la Luz, ahí solo se encargaba la familia principal de gobernar sin ningún regente. En algunos casos, la familia suprema tomaba a quien más se destacaba de las otras naciones como sus regentes.
Pero aquello pasó hace ya bastante tiempo, ahora la nación de la Luz, era una gobernación autónoma. Donde se dividió el poder entre las seis naciones, cuando la familia suprema dejo de existir.
Por otro lado, las diez familias regentes de cada nación, se dividían por su poder e influencias. Y cada una de ellas se destacaba en alguna área.
—Sé que una sexta familia es mejor que una décima. —sabia a quien se refería. Simon Emerson, quien yo había tomado y nombrado como mi mano derecha, era solo una pelusa de polvo comparada con Dallin Foster a los ojos de mi padre. —Cuya familia esta sucia.
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