Su cuerpo vuelve a tensarse.
—Mi hermana no secuestro a Nathan. —me levanto de la silla con rapidez, haciendo que esta se corra hacia atrás y se caiga.
—Sita. Laurens, compórtese. —sus palabras salen lentas y llenas de advertencias. Aun cuando veía todas las banderas rojas frente a mí, continue.
—Nathan decidido irse con mi hermana, en todo caso, Nathan secuestro a mi hermana, bastardo.
Él cruza sus brazos por arriba de su pecho.
—Sí. Lo sé. —sigue sin ninguna expresión en aquel rostro de piedra. Y aquello me enojaba aún peor, mi cuerpo temblaba de la ira que intentaba contener.
—Si lo sabes, ¿Entonces que es esta mierda? —apunto hacia los papeles que arroje sobre la mesa.
—Una cuenta a nombre de tu hermana apareció dos meses atrás en el banco nacional, en donde hasta la semana pasada ingresaba dinero, pero en estos días no ha habido actividad.
—¿Supones que mi hermana es quien le está robando a tu hermana? —arqueo una ceja. Sabia lo de esa cuenta y lo que él suponía estaba complemente mal. —Nathan creó aquella cuenta, él es quien ingresa el dinero.
—¿Y por que esta a nombre de tu hermana?
—No lo sé. —mentí.
—Miente fatal, Sita. Laurens. —contuve la respiración, aunque me sentía un poco superior cuando él levantaba la mirada para verme, ya que aún se encontraba sentado. Pero aquello me había tomado desprevenida.
Y aquella mirada de nuevo, esa mirada de reproche, volviéndome a sentir que no valía nada y que era patética. Aprete con fuerza el borde la mesa hasta ver como mis nudillos se volvieron blancos.
—Mi hermana y yo no necesitamos su sucio dinero, tampoco necesitamos su protección. —de mis labios se escapa el acido de la ira. —Puedes tomar todo aquello y metértelo donde no te llega el sol.
Él se levanta de la silla, mi mirada se elevo cada vez que se erguía delante de mí. Me sentía pequeña, aun así, no di un paso atrás.
—No me intimidas. —muerdo el interior de mis mejillas cuando parecía que sus ojos iban a tragarme en aquel frio océano. E iba a desaparecer. —¿Crees que voy a firmar? Eres un idiota si piensas que es así.
Su respiración se mezclaba con la mía, podía sentir que ambos teníamos el pulso acelerado y estábamos bastante tensos. Y en cuento ambas iras choquen, esto podría convertirse en otra gran guerra. No tenia miedo, revolearle el plato de metal rojo sobre su rostro, demonios, estaría destrozando una obra de arte, pero una que tenia una horrible personalidad. Tal vez, estaba haciendo un bien común.
—Sita. Laurens…—contiene la respiración un segundo. —Fírmelo, diga donde esta Nathan y salga de aquí. —su voz parecía haber bajo más de cero grados, un escalofrió recorrió mi cuerpo por completo.
Me moví un poco en mi lugar.
—No voy a firmar ese pedazo de mierda.
El silencio comenzó a congelar cada parte de la habitación, los ojos incomodos de las otras personas que se encontraban en el lugar miraban con miedo e inquietud a su jefe y luego volvían a caer sobre mí. Y cuando parecía que ninguno de los dos iba a decir algo más, Simon da un paso hacia nosotros.
—Sita. Laurens, esto es solo…
—No quiero escucharlo. —corro la mirada para verlo, Simon cierra la boca de golpe, un segundo sentía la mirada de Demitri estudiándome mientras le decía a su empleado que se callara, luego una advertencia me dio a entender que tenia los ojos en el objetivo equivocado. Cuando volví a mirar hacia el Sr. De’Ath’s, el salió det4ras de la mesa y se acercó más a mí, sosteniéndome la mirada, sus pies se detuvieron a un paso de mi y sus manos se colocaron a cada lado de mí. Apoyándose sobre el borde la mesa, había hecho que me girara y ahora estemos ambos cara a cara.
Me tenía acorralada, entre él y la mesa.
—Si quieres que tu vida y la de tu hermana sean perdonadas, firma el acuerdo. —su aliento a menta y whisky choca contra mi rostro. —Luego, me dices donde esta Nathan y podrás irte.
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