Mi mente había comenzado a divagar, buscando una respuesta para su propuesta. Aunque era sencillo lo que debía responder, no iba a hacer lo que él decía.
Me reacomode en la silla.
—Antes de responder, quiero dejar en claro alungas cosas. —el reproche en su mirada e inexpresividad mantenían aún más frio aquellos ojos.
Él se inclina un poco hacia mi lado, aun con los brazos apoyados sobre la mesa.
—Quiero por escrito que cuando te digan donde están, mi hermana regresara a salvo a mi lado y que ambas seremos libres. —trago saliva, cuando termino de hablar. —Que seré libre.
—Solo llevas dos días aquí.
—Suficiente para querer salir corriendo de aquí. —añado después de su fría respuesta.
—¿Quieres algo tan insignificante escrito en un papel? —Demitri eleva un poco su barbilla, en ese momento sentí el olor mezclado de menta, whisky y jabón. Mis sentidos parecían quebrarse por aquella tan exótica mezcla. —Soy el gobernante de la nación del fuego, bendecido por la misma Diosa Ignis, y tú, dices no confiar en mí.
—Insignificante o no, lo quiero por escrito. —me inclino un poco más hacia adelante. Quedando a solo centímetros de su rostro, la mezcla exótica se intensifico. —Y no. Tú no lo eres.
Sabia que lo que acaba de decir podría haber hecho que firmara mi propia sentencia de muerte. Pero este hombre horrible y arrogante que se ocultaba detrás de tan bello rostro y hermosos ojos fríos, no me iba a despreciar.
Mis últimas palabras habían salido lentas y con ácido, y cada una de ellas golpeo su rostro inexpresivo. Su mandíbula se tenso y apretó con bastante fuerza los dientes, podía decir que escuchaba como los rechinaba como un animal hambriento. Mis defensas se activaron, sus manos se volvieron un puño, pero luego de unos segundos las relajo, su rostro que se había oscurecido se mantuvo inexpresivo cuando levanto la mano sin despegar los ojos de los míos.
Sentí pasos acercarse hacia donde nos encontrábamos, en ese momento él se alejó de mi, pero mantuvo su mirada en mí.
—Trae los papeles que están sobre mi escritorio. —por el rabillo del ojo veo a Simon asentir para luego alejarse con paso apurado pero elegante.
La tensión aún se mantenía en el aire electrificante. Él aparto la mirada cuando Simon regresó y le entregó los papeles. Los miro y luego extendió un papel hacia mí.
—Firma esto. —la rudeza de su orden hizo que mi cuerpo temblara y que el enojo solo aumentara.
Agarre los papeles de mala manera, en esa fracción de segundos veo a Simon mirar con ojos incomodos a Demitri.
—¿…las partes B y C perderán todo derecho sobre cualquier dinero dado en donación por la parte A? ¿…las partes B y C no se acercarán o comunicarán con la parte A? ¿…las partes B y C perderán todo derecho y apoyo de la nación de fuego, serán reubicas en otra nación? —mis ojos no dejaban de pasear por la simple hoja, ¿Qué demonios que significaba esto?, sabía perfectamente que las partes B y C, se refería a mi hermana y a mí, mientras que la parte A, es Nathan.
—Aquí tienes un bolígrafo, firma esto y te aseguro tu libertad después de decirme en donde esta Nathan. —su voz sin interés total choca contra todos mis sentidos.
Sentía como mi cuerpo completo temblaba por el enojo, apreté con fuerza el papel sin importarme en lo mismo si lo arrugaba. Y lo que hizo que perdiera toda lógica en mi fue el hecho que su firma y sello, ya se encontraban al final de la hoja.
—¿Estas loco? —escupo las palabras. Mi mirada se vuelve a clavar en él. —¿Piensas que mi hermana y yo somo alguna clase de casa de donaciones? ¡Y una mierda que firmare esto! —sentía como mi voz se elevaba con cada palabra, apretaba con fuerza los dientes. —¿Piensas que puedes arrojar a las personas que no son de tu agrado como basura? ¿Y que te crees, que me hermana secuestro a tu hermano? ¡Por todos los dioses, eres un idiota!
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