EVANGELINE
Él continúo caminando a pesar de mis golpes, mis piernas se encontraban acorraladas y aunque continuaba golpeando con mis puños su espalda, esto parecía que no causaba ni el más mínimo dolor en él. Aun así, no me doy por vencida y continuo, él decido tomar lo que parecían algunas escaleras y en minutos volteo mi cabeza para presenciar otra gran vista por un ventanal enorme y en ese segundo cuando veo lo que parecía ser agua, mi mente me había dado una advertencia.
—¿Qué planeas hac…? —sin poder continuar, él coloca sus manos en mi cintura y me eleva para luego arrojarme a lo que parecía ser una piscina. —¡Hijo de….!
Mi garganta se llena de agua, cierro mi boca en ese instante. Aunque ya había sido tarde, mi cuerpo palpitaba por el impacto con el agua, mis ojos parecían arden cuando intente abrirlos debajo del agua. Mi cuerpo comenzaba a hundirse cada vez más, con la ayuda de mis manos intento llegar a la superficie. Cuando siento el aire golpear con mi húmeda cabeza, vuelvo a abrir mis ojos y sin poder detenerme, comienzo a toser, queriendo que el agua que había tragado, saliera.
Mis ojos se centran en la única persona en el lugar, él se encontraba parado con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón a medida. Su rostro no mostraba ningún remordimiento, sus ojos parecían aún más frio que antes.
—¿Qué demonios crees que haces?
—¿Ya te has calmado? —su voz ronca retumba en el lugar. Me acerco al borde de la piscina para sostenerme, mis pies parecían nunca tocar el fondo. Mis oídos parecían algo oprimidos, cuando levanto la cabeza para verlo mejor. Me doy cuenta que tenía agua dentro de los oídos. Volví a tomar aire.
Él saca sus manos de sus bolsillos, y luego flexiona sus rodillas, para quedar más cerca de mi rostro. Mis labios tiemblan por un segundo, él habrá pensado que iba a reprochar de nuevo, por lo que toma mi barbilla con su dedo pulgar e índice, y lo aprieta levemente. Aprieto los dientes.
—Espero que esto quede bien claro. —sentí el olor del alcohol en su aliento. Parecía que había bebido de más, para que este olor se mezcle con la menta. —Tus berrinches lo único que hacen es empeorar la situación para tu hermana. Tampoco voy a dejar que me tomes por idiota, sé muy bien que sabes donde se están escondiendo aquellos dos.
Intento soltarme de su agarre, coloco una de mis manos sobre su muñeca. Sus ojos pasean por mi agarre y luego vuelven a caer sobre mis ojos.
—Te quedaras aquí hasta que me des el paradero de Nathan, o mejor, cuando uno de esos dos se contacte contigo sabremos donde están. —su tono de voz suena seguro y con confianza. Cuando él nota que no tengo nada para protestar, afloja el agarre en mi barbilla. Pero yo no aflojo la mía.
Una sonrisa media se forma en mis labios. Y el asomo de un hoyuelo izquierdo hace su entrada, pero parece tan débil que apenas se nota su presencia.
—Espero que te acomodes a mi carácter, porque me tendrás por un largo tiempo aquí. —suelto su muñeca en el momento que digo aquellas palabras. Por fin, su rostro se distorsiona y la frustración mezclada con el enojo se muestran en aquellos ojos tan magnéticos.
Él se levanta sin decir algo más, en ese momento llegan otras dos personas. Un hombre de cabello oscuro, largo hasta sus hombros y ojos marrones, camina con paso apresurado a donde nos encontrábamos, él analiza la escena. Su mirada viaja desde mi hasta quien era su jefe, el hermano de Nathan camina hacia él y antes de pasar de largo, le dice algo en voz baja. El otro hombre se arregla sus lentes y asiente a la vez que traga saliva.
Para ese momento, estoy intentado subir por el borde de la pileta con algo de dificultad. El hombre de los anteojos, mueve la cabeza hacia quien se llamaba Tyler. Su rostro parecía algo cansado, en sus hombros se podía ver algunos rastros de plumas que dejaron las almohadas que le había arrojado. En el momento que capta la acción del otro hombre, él se acerca a mí y me toma de las manos. Sin enfuerzo alguna, me levanta y me saca del agua por completo, mi cuerpo cae rendido en el suelo. Tyler flexiona una rodilla para estar un poco más a mi altura e intentar levantarme. Siento el roce de sus dedos por mi brazo.
—No me toques. —escupo sin mirarlo, las pequeñas gotas alojadas en mis pestañas comenzaban a molestarme. Tyler no dice nada, se limita a mirarme en silencio mientras con esfuerzo y la frente en alto, me levanto del suelo. Sentía como las gotas caían por mi espalda haciendo cosquillas debajo de la ropa mojada, sentía que pesaba. El hombre de anteojos, suspire en silencio y se encamina, comienzo a seguirle con pasos mojados y pesados.
El recorrido fue el mismo por el cual Demitri me llevo como un saco de papas, junto a Tyler caminaba al unisonó el hombre de lentes. Cuando llegamos a la habitación, los otros dos hombres comenzaban a sacar algunas bolsas negras repletas de cosas, en el momento que pasamos la puerta, la habitación mágicamente volvió a hacer lo que era antes. El desastre que había ocasionado había desaparecido. Me acerco a uno de los sillones, siento la presencia del hombre de anteojos un poco más cerca de mí.
—En La Torre, no tenemos sirvientas mujeres. Por lo que deberá tomar un baño por si sola, algunos empleados ya le han llenado la bañera, también tiene un cambio de ropa justo arriba de la cama. —el de ojos marrones con lentes, cada vez que mencionaba algo lo indicaba con la mirada. Su rostro también parecía cansado, no lo estaba mirando. Mi mente parecía un caos y a la vez ningún pensamiento parecía cruzarse. —Mañana se le asignará una empleada personal y un el hombre aquí a mi lado, se encargará de su seguridad…
—…más bien de mi vigilancia. —digo con un suspiro. Por fin levanto la mirada, me giro un poco para mirar hacia donde estaba el baño. Tyler se tensa por un segundo.
El otro hombre, en cambio, no se inmuta. Comienzo a moverme hacia el baño, cuando ninguno de los dos hombres parece moverse, me detengo.
—¿Qué? ¿Van a ayudarme a cambiarme cuando salga? —el de los lentes parece no inmutarse, pero su compañero junto a él se sobresalta y sus mejillas se volvieron rojas. Al caminar hacia el baño, después de cerrar la puerta detrás de mí, logré escuchar algo de ruido del otro lado y luego el sonido de la puerta cerrándose.
Solté el aire retenido en mis pulmones y en ese momento mis piernas se sintieron débiles, dejándome caer con la espalda recostada contra la puerta del baño. Sentía que todo a mi alrededor iba a ciento por hora, sin detenerse un segundo, avanzando demasiado rápido sin que yo pueda lograr comprender lo que sucedía a mi alrededor. Sentía que me encontraba lidiando con esto hace bastante tiempo, siendo la verdad que solo había pasado un solo día.
Odiaba este lugar, me odiaba a mí misma por caer en tan estúpida situación.
—Si tan solo me hubiera quedado a limpiar las cajas del almacén,
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