Sali del baño luego de casi estar una hora y media metida en la bañera. Concentrada secando mi cabello, la puerta cerrándose bruscamente hace que detenga lo que hacía y levante la mirada con susto. No me había percatado que en la entrada se encontraba el hombre con lentes y alguien más, quien había salido con apuro de la habitación. Él se había quedado mirando algo incrédulo hacia la puerta, el silencio se paseó por la habitación junto a la incomodidad, ambos tomados de la mano. Ajuste mi bata de baño, el hombre de ojos marrones y lentes, me mira directamente a los ojos. En ese segundo me doy cuenta que en sus manos llevaba una caja blanca de plástico.
—Discúlpeme, por la intromisión y algo tarde para la introducción. Soy Simón, secretario del Sr. De’Ath’s. Ahora, ¿Podría, por favor, tomar asiento? —él me indica con la mirada al sillón que se encontraba junto a mí. No me muevo de mi lugar. —Me han informado que podría estar lastimada.
Cuando comprendo la situación, mi mente vuelve a funcionar.
—Yo no…
Simón baja su mirada marrón hasta mis pies, sigo aquella mirada la cual se clava en lo que parecía ser un pequeño rasguño en mi talón. Era como el rasguño de las uñas de un gato. No me había dado cuenta, ni siquiera cuando pase mis manos por el lugar llenas de jabón. Me senté en el sillón y levanté la pierna para intentar tocar la herida. Pero Simón se apresura a arrodillarse ante mí y tomar mi pie. Su cabello como seda fina, cae hacia adelante cuando se inclina un poco, las puntas rozaban sus hombros con delicadeza.
—No es para tanto…es solo un pequeño rasguño.
Él comienza limpiando la herida con delicadeza, desinfectándola y sacando lo que parece ser algo de sangre seca. La herida no era para tanto, pero él estaba demasiado concentrado en ella.
—Su seguridad es nuestra prioridad. Mientras que se encuentra aquí, no queremos que le suceda nada. —al terminar de limpiar, pone lo que parece ser una venda pequeña.
—¿No crees que eso es algo contradictorio? —él no responde. —Tu querido jefe minutos antes acabo tirándome sobre una piscina. —siento mi garganta seca. —Además, del hecho de que te estoy aquí encerrada en contra de mi voluntad, que digas que mi seguridad es su prioridad es mierda.
Simón continuaba con el cuidado del rasguño en mi talón, me ignora y continua con lo que había venido a hacer.
— El Sr. De’Ath’s, solo quiere encontrar a su hermano. El joven Nathan a estado huyendo de sus responsabilidades, dejando que el Sr. Demitri se responsabilice por ello. Pero es en este momento, que el joven Nathan aparezca es crucial, sin él…
—Lo siento. —murmuro con la mirada sobre él. — Como tú tienes a alguien a quien proteger, yo también lo tengo. —mi mirada se profundiza sobre él. —No sé dónde se encuentran Nathan o mi hermana.
Mis labios tiemblan.
—Señorita, yo mismo he hecho el reporte sobre usted. Conozco muy bien todo lo que ha hecho estos seis meses, fui yo quien le entregó el reporte al Sr. De’Ath’s sobre tu cena con su hermana y el Joven Nathan. —trago saliva en seco. —Así que, será mejor si procedemos esto con rapidez, ¿no lo cree?
Me quedo mirándolo por largos segundos, cuando me doy cuenta que esta batalla con él jamás voy a poder ganarla, suspiro por la derrota. Escucho el sonido de una banda elástica desgarrándose para colocarla sobre mi pie. Simón se levanta de donde se encontraba arrodillado y con el botiquín de primeros auxilios en sus manos, él acomoda sus anteojos y aclara su garganta.
—Entonces, me despido. —se aclara la garganta. —Espero que tenga un buen descanso, señorita.
No digo nada, solo lo veo salir de la habitación y cuando la puerta se cierra detrás de él, dejo caer mis hombros, todo mi cuerpo se mantuvo en alerta, pero sentirme de nuevo que estoy sola en la habitación la poca energía que tenia se desvanecen. Me deje caer en el sillón, mi cuerpo comenzó a sentirse pesado y sentía que no iba a llegar a la cama. Aunque no había hecho nada físicamente para que mi cuerpo se sintiera agotado y mis músculos se tensaran con cada movimiento, al parecer el estrés había tomado lugar y drenado cualquier energía que encontré en mí.
Por suerte no tenía que apagar ninguna luz, las luces de las lámparas junto a la cama eran las únicas encendidas, y su tenue luz no molestaban.
Me acurruque en el sillón y mire la habitación en penumbras, un lugar totalmente desconocido en el cual no deseo estar. Comencé a notar que la luz de la lampara cerca de la cama, comenzaba a parpadear, pensé que era un problema técnico, pero luego me di cuenta que era solo yo que comenzaba a quedarme dormida.
No sabía si lo había hecho o no, quedarme dormida. Pero escuche el sonido de la puerta y luego pasos, para cuando intento salir de mi sueño, un rayo de luz choca contra mi rostro. Parpadeando y acostumbrándome a la luz que entraba por las ventanas, mi cuerpo por sí solo se desperezó con ganas y el sonido de metal chocando me saco de mi mundo.
Miré a mi alrededor con atención para darme cuenta que Simón se encontraba en la puerta, sosteniendo la puerta abierta para que lo que parecía ser un carrito entrara sin problema a la habitación. Estaba siendo empujado por un hombre vestido de negro que no conocía. Simón cierra la puerta detrás de él, y da unos pasos hasta quedar junto al carrito, comienza a levantar lo que parecían ser una campana de metal gigante dejando al descubierto algunos platos repletos de comida.
—Buenos días, Sita. Evangeline. —se gira un poco para mostrar lo que se encontraba arriba del carrito. —Le hemos traído el desayuno, pero primero le sugiero que se cambie, ¿O acaso no fue de su agrado la ropa que
le dejamos anoche?
Sentía que era muy temprano aun y que solo mi cuerpo se había levantado, pero mi cerebro aún seguía dormido. Y sin eso, intentaba procesar la situación, hasta que mis ojos bajaron hasta mi cuerpo y vi que aun llevaba la bata puesta. Pero lo que era más raro, fue la pequeña manta color negra colocada sobre mi cuerpo.
—¿Sita Evangeline?
La voz de Simón me saca de mis pensamientos.
—No, me quede dormida anoche y olvide cambiarme.
—Procure que eso no vuelva a suceder, no queremos que agarre un resfriado. Recuerde que su seguridad…
—Mi seguridad no es su prioridad, así que agradecería que se retirara. —El hombre de anteojos y ojos marrones no dice nada, solo se limita mirarme y luego soltar un suspiro. Mira al otro hombre junto a él y sale de la habitación, cuando me levanto del sillón y me acerco al carrito, la puerta vuelve a abrirse. —Olvide decirle que, el Sr. De’Ath’s quiere que se le una en el almuerzo.
Antes de que pueda objetar algo, huye.
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Comments
Gozz Sofia
jajajaja ahora resulta que el sr De'Ath's o sea demitri quiere que se una en el almuerzo si no mal recuerdo dice que es una persona de poca cosa que no está a su nivel q su hermano no debería mezclarse con su hermana y ni con ella pero mira nomás
2024-04-13
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