DEMITRI
Las puertas se cerraron luego de que Tyler saliera con aquella mujer en sus brazos, sus gritos y sus insultos habían opacado todo aire limpio que circulaba en la Torre, de mis labios se había escapado un corto suspiro. Mi mente se detuvo al ver que aquella mujer había hecho que mis nervios se pusieran en punta y que mi energía se drenara por completo. Aunque la conversación había sido corta y sin obtener la respuesta que quería obtener, había hecho que mi cuerpo se sintiera agotado.
Aquella mujer, no era digna y su hermana, menos. Ambas eran un pequeño virus que intentaban combinar su sangre con la sangre de alguien puro como la familia De’Ath’s. Ya le había dicho a Nathan que dejara de jugar y se pusiera serio, no podía seguir con este juego suyo. Mi hermano era demasiado idiota, se había hecho a un lado y dejando de lado a su padre de sangre, decidido apoyarme. Dejándome el asiento del suceder de la cabeza de la familia De’Ath’s, a mí. Aunque iba a tomar aquella posición de todos modos, él había hecho el camino más fácil y limpio. Mi padre lo había dejado muy claro, nosotros la familia De’Ath’s’s no somos alguien con quien podamos mezclarnos con gente comunes de la sociedad. Y las hermanas Laurens, eran pequeños virus tratando de escalar el nombre de nuestra familia.
Y no iba a permitir aquello.
—Joder, eso dolió…—Trevor se queja a la vez que intenta frotarse la espalda, mueve su cuello de un lado al otro, haciendo que sus huesos tronaran. —No pensé que la Señorita supiera algo de defensa personal.
Pase mis manos por mi frente y lleve de nuevo mi cabello hacia atrás, dios esto me estaba molestando. Oír los quejidos de dolor de Trevor y ver que lo que tenía planeado no había salido a la primera, comenzaba a afectar mi cabeza con bastante estrés. Nathan me estaba dando más trabajo de lo normal, padre seguía llamando para concluir la fecha del compromiso. Trevor no cerraba la puta boca desde que aquella mujer, le saco los dientes y lo mordió. Rodeo el escritorio y tomo los papeles que Simón había dejado para que los leyeras. Él se encontraba en silencio desde el momento que entró a la habitación junto a mí y los otros empleados.
—Simón, ¿Has preparado la habitación para…?
—Habitación al final del corredor, junto a la habitación de control de seguridad, vigilada por Tyler y Cooper las veinticuatro horas, por si ella fuerza las puertas e intenta escapar. Todas las ventanas tienen seguro, sensores y la habitación esta vigilada por cámaras. —continúo mirando los papeles, su voz neutra y seria sigue llegando a mis oídos. Él levanta un poco la mirada y se acomoda los lentes. —Si ella se atrevería a escapar por las ventanas, tendría una muerte segura al caer por el piso más alto de la Torre.
—¿Y la florería? —aprieto con fuerza mi mano derecha al sentir un pequeño estirón de dolor. Por un segundo el bolígrafo que sostenía, parecía haberse quejado de la fuerza de mi apretón.
—Desde el momento que ella salió de aquel establecimiento, nuestros hombres se pusieron en marcha. —Simón levanta su mano izquierda y corre un poco el traje en su muñeca y deja expuesto un reloj negro, mira la hora y luego vuelve poner la mirada en los papeles y carpetas que aun sostenía en sus manos. —Para este momento, ellos ya habrán cerrado el local y eliminado todo lo que queda del lugar.
—¿Y el dinero?
—No lo tomo. Ziven, no acepto el dinero, pero si tomo unos días de descanso. —traga saliva y vuelve a acomodarse los lentes. —No nos dio ninguna otra nueva pista, a pesar de estar ahí vigilando a la Sita. Laurens durante cinco meses, ella parece ser…bastante lista y…
—Fiera. —Suelta Trevor con una sonrisa.
Simón lo ignora.
—Por lo que si tuvo contacto con su hermana se lo mantuvo para ella o es verdad lo que dijo Ziven. El último contacto fue hace seis meses.
La voz de Trevor se vuelve a escuchar por encima de la voz de los demás, está bromeando por lo que acaba a de suceder. Saco la última hoja de la carpeta negra y la firmo. Fruncí el ceño, o creí hacerlo porque al parecer ya lo estaba haciendo y no me había dado cuenta. Trevor seguía en el mismo lugar donde aquella mujer lo había derribado, estaba alardeando del dolor que sentía en su pecho.
—Simón, por favor…
Simón a mi lado, me mira y cerrando los ojos asiente con la cabeza.
—Como ordene, Señor.
Simón hace una pequeña reverencia y se aleja. Sus pasos silenciosos se acercan a Trevor quien no se da cuenta de su presencia hasta que lo tiene a solo un paso de distancia.
—¿Qué sucede, cerebrito…? —antes de que pueda decir algo, lo golpea en la cabeza con las carpetas. El quejido de Trevor se vuelve a escuchar por toda la oficina. —¡Eso dolió! ¿Por qué…? —sin decir nada, Simón lo toma por la nuca haciéndole mirar el suelo, para luego sacarlo de la oficina.
Las puertas hacia la parte principal de la Torre se abren, Simón y Trevor cruzan por ellas y antes de que se cierren de nuevo, hablo;
—Todos fuera.
La oficina queda en silencio luego de que las puertas se cerraran. Me dejo caer en el respaldo de la silla, aflojo un poco la corbata en mi cuello. Hago el mismo movimiento que Trevor había hecho con su cuello y siento que mis huesos truenan. Mi mente comenzó a divagar, recuerdo que esta mañana mi rutina no fue tan cansadora, pero desde que llego aquella mujer, pareciera que mis fuerzas fueron absorbidas por ella. Sus ojos verdes no titubearon en ningún momento desde que me presente frente a ella, sus ojos me decían que me odiaba y que no tenía miedo de mí, antes de que sus palabras fieras chocaron conmigo. Aquella mujer había…volví a suspirar cuando mi mente volvió a recordar cada movimiento de ella, cada expresión de resentimiento y cautela que había hecho.
Había sentido su mirada en mí, estudiándome cada centímetro con bastante cautela.
Aunque puedo decir de que había sido demasiado estúpida al venir hasta aquí y caer como si nada en la trampa. Pensé que Nathan le había advertido y que ella no se atrevería a pisar la Torre. Pero el olor del dinero y la necesidad de obtenerlo, le había cegado. Simón se había encargado muy bien en hacer que algunos de sus clientes habituales se desconectaran y no volvieran por el lugar. Si Nathan aun estuviera en el lugar, él se habría dado cuenta que algo estaría mal y sabría que me estaba moviendo y aquello era obra mía. Pero desde el momento en que lo perdí de vista por un segundo, él había tomando la oportunidad y se había escapado.
Su madre comenzaba a hacer un maldito problema, yendo y viniendo como quería de la Torre, Trevor ya no la podía persuadir más desde la recepción. La situación comenzaba a empeorar desde sus últimas visitas cuando padre venia acompañado de ella. Un pequeño molestar en mis manos comenzaba a frustrar aún más mis ánimos. Mis instintos parecían estar tan alterados que parecía que aun escuchaba sus gritos e insultos insoportables, aquella mujer comenzaba a ser el peor de todos mis problemas.
Evangeline Laurens, parecía un cautivador y peligroso problema.
Nathan, espero que te estes escondiendo bien, bastardo. Porque si te llego a encontrar, el recuentro será el peor de tus recuerdos y una gran satisfacción para mí.
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