Y la hora del almuerzo había llegado. Simon había llegado minutos antes informándome que en treinta minutos se iba a servir el almuerzo.
Sostuve la mirada en los grandes ventanales de la habitación, el cielo despegado de cualquier nube parecía un océano quieto, sin olas y sin vida. El contraste de los edificios a varios metros de donde me encontraba, parecía ser más pequeños del edificio de la familia De’Ath’s. O como lo había llamado Simon, La Torre, menudo nombre para un edificio tan feo. Mis labios se curvan en una sonrisa, sabía que no ganaría la guerra con solo insultar su edificio, pero, aun así, me causaba un sentimiento de satisfacción.
Podía notar un tenue reflejo de mi en el vidrio, apenas visible, pero aun así me hizo sentir fuera de lugar los que mis ojos captaron. La ropa que habían dejado sobre la cama eran dos conjuntos. Uno, era un conjunto de pijama, que constaba de un short de seda negro y una remera de tirantes del mismo color. Estaban dementes si creían que iba a dormir con aquello, por suerte la noche anterior había puesto la remera y mi pantalón a secar en un seca toallas del baño, sin que se dieran cuenta. Y el segundo conjunto, se trataba de un vestido rosa pálido, que llegaba hasta las rodillas, sin ornamentos o accesorio, era liso y de una tela bastante suave. A los pies de la cama se encontraban unas bailarinas de color blanco.
En este momento llevaba puesto el vestido, los dedos de mis pies se contrajeron contra la alfombra cálida y suave. Deseaba de todo corazón de que mi ropa se seque rápido, aunque fue mi primera opción vestir de nuevo con lo que había venido…con lo que me habían secuestrado. Pero la remera mojada era bastante transparente, incluso cuando se encontraba algo húmeda.
No me gire cuando escuché un pequeño golpe sobre la puerta. Un cosquille detrás de mi garganta me indico que una risa había pasado por ahí pero no llego al final. Ahora se dignaban a tocar la puerta, cuando siempre entraban sin dar aviso antes. Un segundo golpe, resonó nuevo en la habitación.
—¿Qué? —mi respuesta seca golpea en el aire frio de la habitación.
—El Sr. De’Ath’s la espera en el comedor. —la voz amortiguada de Simon suena desde el otro lado de la puerta. No respondo. —¿Sita. Evangeline?
Suspiro.
—Puedes pasar. —murmuro lento, me siento a los pies de la cama cuando de reojo veo como él abre la puerta y se colocó a un lado de esta, con las manos a sus costados firmes. Parecía una estatua.
Me coloco las bailarinas de mala manera y luego me dirigió hacia él. Cruzo el arco de la puerta y un segundo después Simon se encontraba caminando a mi lado, con pasos calculados.
—El vestido le queda muy bien. —sigo con la mirada al frente. —Me alegro que sea de su agrado.
Hago una mueca.
—No es de mi agrado. —vuelco mi mirada cansada sobre él. Cuando lo mío mejor y más cerca, era un cabeza más alto que yo, su mandíbula parecía ser fuerte y afilada, sus ojos fijos al frente y ocultos debajo de unos lentes parecían cansados, más cansados que los míos. Sus labios se fruncían en una línea fina, una cicatriz vieja y casi olvidada se pronunciaba justo por debajo de su mejilla, cortando un poco se mandíbula y llegando en el comienzo de su cuello. De lejos parecía perderse, pero de cerca se notaba esa línea irregular. Sacudo mis pensamientos. —Siento más un desagrado por el hecho de que sepan la talla de mi ropa interior.
Veo un pequeño reflejo de querer detenerse por el golpe de mis palabras, pero recupera la estabilidad tan rápido que parece que nunca sucedió. Un rubor algo pálido tiñen sus mejillas.
—El informe sobre usted…—doblamos una esquina.
—Cada vez que hablas sobre ese informe, solo me causas más miedo.
Él cierra la boca abruptamente. Sonrió por mis adentros.
—Simon era tu nombre, ¿No?
Él se aclara la garganta suavemente.
—Si. —afirma sin despegar la mirada del frente.
—Bien, Simon. Tengo una pregunta para ti. —lo miro de reojo, su mandíbula se aprieta solo un poco. Parece algo irritado, eso volvió a llenarme de satisfacción. —¿Tengo permitido comunicarme con alguien de afuera?
—Si ese alguien se refiere a su hermana, sí, puede hacerlo. —responde rápido y con calma. —Si no es para comunicarse con ella, me temo, que eso no es posible.
Suspiro.
—Sí, no esperaba mucho tampoco. —no me di cuenta, pero había juntado a mis manos por delante y entrelazaba mis dedos con fuerza. —¿Al menos puedes decirme cuanto tiempo me quedaré aquí?
—Esa es información difícil de responder. —Antes de que pueda decir algo más él se detiene antes de pasar por un gran arco que daba la bienvenida hacia un área abierta y justo en el centro se encontraba una mesa color negro que brillaba con la misma intensidad que hacia los azulejos grises del suelo. —Pero, dándole un consejo, —Simon me mira directo a los ojos, sin vacilar. Y baja un tono su voz, sus palabras casi salen en susurros. — es mejor que le de al Sr. De’Ath’s lo que quiere o sino esto solo será perjudicial para ti.
Las sillas se mantenían alineadas a los costados de la mesa, perfectamente y hasta podría decir, que estaban calculadas exactamente en sus sitios. En el extremo de la mesa, se encontraba sentado el Sr. De’Ath’s, sus ojos en ningún momento se despegaron de los papeles que sostenían sus manos frente a él. Estaba vestido con una camisa negra que tenía las mangas arremangadas hasta sus codos, la corbata o lo que era de ella, parecía haber desaparecido, pero lo que se mantuvo en su lugar, pero los guantes negros que cubrían
sus manos hasta sus muñecas.
Había un juego de utensilios delante de él sobre la mesa y en el costado derecho otro juego, deduje que ese sería mi lugar. El resto de la mesa, se mantuvo vacío y frío. Cuando levante la mirada un poco más, un poco al costado y hacia atrás, con las manos detrás de su espalda y las piernas ligeramente separadas, se encontraba uno de los tipos al que había arrojado varios almohadones, ahora con el traje color negro sin ninguna pluma sobre el.
Bufe por mis adentros.
En ese momento, el Sr. De’Ath’s dejo uno de los papeles, y tomó un vaso que contenía un líquido amarillento, el tintineo del hielo en forma de esfera contra el cristal, parecía haber hecho eco en todo el lugar. Sus labios se abrieron un poco y apoyo el cristal para que el liquido cayera por su garganta.
No podía despegar mis ojos de él, aunque sabia que estaba siendo demasiado obvio, él no se digno a levantar la mirada.
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Comments
Adriana Mihaela
Me gusta mucho ,por favor actualiza, no nos dejes así
2024-02-11
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