El capitán quedó perplejo ante la extraña negativa de Ravenna de utilizar su libro para enseñarle a leer. Le resultaba desconcertante que ella rechazara algo que parecía valorar tanto, pero aceptó su solicitud de utilizar los contratos del barco como material de enseñanza.
- Capitán: Claro, podemos usar los contratos. Pero me intriga, Ravenna, ¿por qué no quieres usar tu libro para enseñarme? Parece que lo valoras mucho.
Ravenna, con una expresión de desagrado, respondió.
- Ravenna: Ese libro... es repugnante.
El capitán se sintió desconcertado ante la respuesta de Ravenna. No podía entender por qué algo que ella parecía leer con frecuencia le provocaba tal aversión.
- Capitán: ¿Pero si te desagrada el contenido, por qué sigues leyéndolo?
Ravenna, con una expresión sombría, respondió con una extraña sonrisa en sus labios.
- Ravenna: Porque espero que el final sea de mi agrado.
Desconcertado por su repuesta, el capitán preguntó con curiosidad.
- Capitán: ¿Y qué tipo de final sería de tu agrado?
Ravenna mantuvo su sonrisa mientras respondía con voz calmada.
- Ravenna: Un final en el que los protagonistas mueran. Y aún más satisfactorio sería que el mundo entero se destruyera.
El capitán no sabía qué decir ante las palabras de Ravenna, pero intentó disimular su sorpresa, su respuesta le resultaba inquietante y perturbadora decidió no darle demasiada importancia al comentario y continuar con la planeación de sus respectivas clases.
En los días posteriores al extraño episodio, Ravenna se convirtió en la inusual maestra del capitán, enseñándole a leer y a escribir con paciencia y determinación. Además, compartió sus habilidades con la espada, sorprendiendo a toda la tripulación con su destreza.
Los marineros, acostumbrados a la autoridad del capitán, observaron con asombro cómo Ravenna no solo le enseñaba a leer, sino que también recibía lecciones de esgrima. Su habilidad con la espada dejó perplejos a muchos, y algunos se preguntaban cuál era la conexión entre la misteriosa joven y el experimentado capitán.
Los días siguieron una rutina de aprendizaje y práctica, hasta que el último día en alta mar fue anunciado.
El cielo sobre el mar se teñía con tonalidades cálidas a medida que el barco se acercaba al puerto de Granata. Las aguas agitadas por la navegación se volvían más tranquilas, anunciando la proximidad a tierra firme. La tripulación, experimentada en la rutina de llegada a puerto, comenzó a prepararse para el anclaje.
Ravenna, de pie en la cubierta, observaba con atención el horizonte que revelaba la silueta de Granata. La misteriosa conexión de su madre con ese lugar la llenaba de intriga y desconcierto.
El capitán, notando la expresión de Ravenna, se le acercó con un gesto de despedida.
- Capitán: Ravenna, ha sido un viaje peculiar y revelador. Gracias por las lecciones y por compartir tus conocimientos con la tripulación, gracias a ti ahorra nadie podrá estafarme.
Ravenna asintió con gratitud.
- Ravenna: Gracias a usted, capitán. Me ha enseñado más de lo que esperaba...
El capitán le deseó suerte en su futuro y agregó .
- Capitán: Si alguna vez te arrepientes de tu decisión, recuerda que siempre serás bienvenida a bordo. Estaremos en Granata durante una semana; si decides regresar, estaremos aquí.
- Ravenna: Gracias, capitán. Quiero asegurarme de agradecerle correctamente. Sé que no regresaré, por ello, quiero agradecerle una vez más.
Dijo inclinando la cabeza en señal de agradecimiento.
- Capitán: esta bien niña... Espero que encuentres lo que buscas y ten cuidado...
El capitan hablaba como un padre preocupado, Ravenna no lo notó ya que nunca tuvo la figura de uno, Ravenna bajó del barco, una vez en el muelle giro para dedicarle una última mirada a la embarcación que había sido su hogar en los últimos meses, entonces se encontró con la mirada triste de Oliver. Sabía de los sentimientos que él albergaba por ella, pero a Ravenna no le causó ninguna sensación, además consideró que era lo mejor para él que no se confesado porque de seguro era un sentimiento fugaz y no valía la pena que se esforzara en hacerle llegar sus sentimientos a ella que ni por un instante tuvo algún tipo de sentimientos por el, ni los tendría por nadie, o al menos eso pensaba Ravenna.
Alzó la mano en una última despedida a la tripulación y se dispuso a alejarse del muelle. Sin embargo, la voz grave del capitán la detuvo.
- Capitán: Niña, voltea.
Ravenna obedeció y vio una bolsa volando hacia ella. El capitán le había arrojado una bolsa que contenía dinero. Sorprendida, Ravenna miró al capitán con interrogación, y él le explicó desde la borda.
-Capitán: Es un regalo que quería darte espero que te sea útil.
Ravenna comprendió el gesto del capitán que había esperado hasta ese momento para dárselo a propósito, porque sabía que sí intentaba dárselo mano a mano Ravenna lo rechazaría, le agradeció una última vez antes de perderse entre la multitud del muelle.
El capitán viendo a la joven encapuchada perderse entre la multitud se vio invadido por una tristeza que no podía entender, pero luego de un momento lo entendió, el capitán en el corto tiempo que convivió con Ravenna llegó a apreciarla como la hija que nunca tuvo y su partida ahora le causaba una sensación de perdida de algo que no tenía.
Ravenna se internó en el bullicioso pueblo portuario de Granata, con la capucha cubriendo su rostro para mantener su anonimato. Observaba con curiosidad y cautela a su alrededor, tratando de ubicarse en ese lugar en el que tenía mucho por averiguar.
Decidió acercarse a algunas personas para preguntar por la familia Reichstag, pero notó que nadie parecía prestarle atención. Su capucha podría estar intimidando a la gente, pensó Ravenna, así que decidió bajársela para parecer menos sospechosa.
Sin embargo, su decisión no fue la mejor, además del desafío de obtener información en un entorno desconfiado, Granata no era precisamente un lugar seguro. Aunque no era un secreto para nadie, el puerto era conocido por la frecuencia de crímenes que ocurrían en sus calles. El rumor de secuestros, principalmente de mujeres, acechaba constantemente en el ambiente.
Cuando Ravenna bajó su capucha en un intento de ganarse la confianza de los lugareños, sin darse cuenta, atrajo la atención no deseada de aquellos malhechores que operaban en las sombras de Granata.
Estos individuos, siempre al acecho de una oportunidad, comenzaron a seguir cada movimiento de Ravenna con ojos codiciosos y aviesos.
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Comments
Laura Aguado
qué bien escribes!! m encanta está historia!!
2024-02-07
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