En los días que siguieron a la revelación de Santa Celestine, Romandia se vio envuelta en una sucesión de desgracias. Plagas asolaron los cultivos, enfermedades mortales se propagaron entre los ciudadanos, y la escasez de lluvias llevó a la hambruna. Aunque estos males afectaron principalmente a pequeñas localidades del Imperio, el temor se extendió como una sombra sobre el resto de la población, ya que la incertidumbre de cuándo y dónde golpearía la desgracia siguiente pesaba en cada corazón.
En medio de este panorama sombrío, el príncipe Bastian, a pesar de su orgullo y descontento inicial con la presencia de Celestine, demostró un compromiso notorio con los ciudadanos. Se movilizó para brindar ayuda a las áreas afectadas, mostrando una faceta de responsabilidad hacia el pueblo que contrastaba con su actitud hacia la santa.
El Emperador Danthe, por su parte, adoptó una posición cautelosa, resistiéndose a movilizar a Santa Celestine a menos que la urgencia fuera extrema. Aunque argumentaba precaución, sus acciones sugerían una posible intención de monopolizar el poder de la santa y utilizarlo estratégicamente según sus propios intereses, incluso a costa del sufrimiento de sus súbditos.
Mientras tanto, el miedo y la incertidumbre se apoderaban de la población, y cada lugar amenazado por las desgracias se convertía en un recordatorio palpable de la vulnerabilidad del Imperio. Los ciudadanos se preguntaban si la gracia de Lewel sería suficiente para contrarrestar las sombras que se cernían sobre ellos y si la Santa Celestine sería finalmente llamada para intervenir en medio de la creciente crisis.
En este panorama de adversidades y decisiones estratégicas, los destinos de Romandia y sus habitantes estaban enredados en una trama compleja, donde las promesas divinas, el orgullo de la nobleza y las ansias de poder se entretejían en una narrativa que determinaría el futuro del Imperio.
En un apacible día en el tranquilo pueblo de Woodville, Ravenna, después de haber disfrutado de una novela, decidió explorar la biblioteca en busca de una nueva historia cautivadora. El Señor Elio, el bibliotecario, notó su presencia frecuente y no pudo evitar expresar su agradecimiento por compartir la biblioteca con un rostro tan encantador y amigable.
Entre las estanterías, Ravenna encontró un libro que capturó su atención. En la introducción, unas líneas evocadoras hacían referencia a un romance entre un príncipe y una plebeya. Sin dudarlo, Ravenna decidió llevarse ese libro a casa.
En la tranquilidad de su hogar, con la luz de una lámpara como su única compañía, Ravenna abrió el libro con entusiasmo. Su sorpresa fue palpable al descubrir que la protagonista compartía el nombre de Celestine, el mismo que el de la Santa cuya historia recién había llegado a su vida. Murmuró para sí misma, tratando de restar importancia al hecho al decir que Celestine era un nombre común.
- Ravenna: Celestine... Es un nombre común...
A medida que las primeras páginas describían la vida de la protagonista antes de conocer al personaje principal, la mente de Ravenna comenzó a dar vueltas. Fue entonces cuando su madre, notando que era tarde, la instó a ir a dormir.
- Ingrid: Ravenna cariño, es hora de que vayas a descansar.
- Ravenna Sí, si lo haré madre...
Ravenna, con el libro en sus manos y la intriga en su corazón, se retiró a su habitación. Aunque trató de convencerse de que el nombre era simplemente una coincidencia, las similitudes resonaban en su mente.
En el palacio Imperial, Calix se encontraba atrapado entre la intriga y una inexplicable atracción hacia la presencia de Celestine. Aunque aparentaba ser una joven torpe y dulce, algo en ella resultaba extrañamente diferente. Un aura sutil de misterio la rodeaba, y Calix comenzó a notar que Celestine poseía una capacidad singular para influir discretamente en algunas personas.
Un día, mientras los corredores del palacio resonaban con la formalidad y las intrigas de la nobleza, Celestine se acercó a Calix con una expresión inocente y desinteresada. Mencionó su preocupación por los ciudadanos afectados por las plagas y males que asolaban Romandia y expresó su deseo de ayudarlos. Sin embargo, le confesó que el Emperador no le permitía intervenir.
- Celestine: Príncipe Calix, estoy angustiada por lo que ocurre en los rincones más afectados de nuestro Imperio. Mi corazón anhela aliviar el sufrimiento de aquellos que padecen, pero las restricciones me lo impiden.
Calix, conmovido por la bondad y compasión de Celestine, se sintió impulsado a actuar. Al preguntarle qué podría hacer para ayudarla, ella respondió con gratitud y sinceridad.
- Calix: No soporto ver sufrir a nuestro pueblo. Haré lo que esté en mis manos para ayudarte. ¿Qué necesitas?
Sin revelar sus verdaderas intenciones, Celestine, con una sonrisa cálida, mencionó que necesitaba acceder a los lugares afectados para brindar alivio a los ciudadanos. Calix, decidido a contribuir a esta causa noble, ideó un plan secreto. Durante las noches, en el silencio del palacio, guiaba a Celestine hacia los lugares más afectados.
En esas horas nocturnas, bajo el manto de la oscuridad, Calix y Celestine se aventuraban juntos para aliviar el sufrimiento de aquellos que más lo necesitaban. Mientras ella extendía su gracia sanadora, Calix admiraba la habilidad única de Celestine y se preguntaba sobre los misterios que la rodeaban.
La conexión entre el príncipe y la santa se forjó en la oscuridad de la noche, marcada por la compasión compartida y la determinación de enfrentar las adversidades que azotaban a su amado Imperio.
Al día siguiente, Ravenna retomó la novela con aún más sorpresa al descubrir que la protagonista también fue nombrada Santa, y al igual que Celestine era de origen plebeyo. Intrigada, se preguntó si alguien ya había escrito sobre la vida de la Santa o si era simplemente una extraña coincidencia. Impulsada por la curiosidad, pasó algunas páginas y notó algo inusual: la novela no estaba completa. Numerosas páginas permanecían en blanco, creando un misterio en la trama.
Al llegar a la última página escrita, esperando encontrar el desenlace de la historia, Ravenna se encontró con una revelación impactante. Las líneas describían las escapadas nocturnas de la Santa y alguien que también existía en la vida real, nada más y nada menos que el príncipe Calix. La narrativa detallaba cómo, en secreto, Calix llevaba a Celestine a los lugares más afectados, desafiando las restricciones impuestas por el Emperador, no para sanar a las personas afectadas por las desgracias.
Una extraña inquieeld se apoderó de ella, al recordar que había escuchado rumores sobre eso, que el príncipe Calix había estado llevando a la Santa a diferentes lugares para qué ayudará a las personas, como si la realidad y la ficción se entrelazaran de manera inexplicable, Revenna se estremeció.
Se dio cuenta de que la novela no solo era una creación ficticia, sino una crónica no concluida de eventos reales. ¿Cómo podía ser posible que alguien hubiera registrado en un libro lo que estaba sucediendo ahora mismo en el Imperio?
Intrigada y asombrada, se preguntó si aquellas páginas en blanco aguardaban para ser llenadas con los eventos que se desarrollarían en el futuro de Romandia, o si acaso alguien más estaba escribiendo la historia a medida que ocurría, como un lienzo esperando ser llenado con los eventos por venir.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 36 Episodes
Comments