Capitulo 15

Ravenna dejó atrás la cueva y se encaminó hacia White Stones, el pueblo portuario que sería su siguiente destino.

Saliendo de la seguridad relativa de la cueva, se aventuró por caminos desconocidos, siempre atenta a cada sonido y movimiento a su alrededor.

Cada noche, al buscar refugio temporal, se ocultaba en lugares poco comunes, alejada de los caminos principales y siempre atenta a cualquier indicio que le indicará que había personas cerca.

Los días se sucedían en una suerte de paranoia silenciosa, con Ravenna moviéndose con la precisión de un animal acechado.

Finalmente, después de varios días de viaje llenos de tensión y vigilancia constante, divisó a lo lejos los techos de las casas agrupadas en la costa de White Stones.

Al llegar a White Stones, se encontró con un panorama lleno de bullicio y actividad. Embarcaciones de diversos tamaños se mecían en las aguas del puerto, mientras comerciantes y marineros iban y venían, ocupados en sus quehaceres. El aroma salado del mar impregnaba el aire, y el sonido de las gaviotas se escuchaba por todas partes.

Ravenna, cubierta con una capa con capucha que ocultaba su rostro y género, se sumergió en la multitud con cautela. Sus ojos recorrían el escenario, absorbidos por el espectáculo de un comercio marítimo tan diferente al que estaba acostumbrada.

En medio del trasiego en el bullicioso puerto de White Stones, Ravenna notó un repentino revuelo cerca del muelle.

Ravenna, intrigada por el revuelo cerca del muelle de White Stones, se abrió paso entre la multitud hasta llegar al epicentro de la disputa. Un corpulento comerciante, que a su vez era el capitán de un barco, estaba en una acalorada discusión con un mercader local.

-Capitán: ¡No firmaré ese papel, sé que hay trampa en cada palabra!

-Mercader: ¡Señor capitán, no hay trampa! Es un simple formalismo para asegurar la entrega de la mercancía.

El motivo de la discordia parecía ser un documento que el capitán debía firmar, pero su expresión indicaba una clara desconfianza hacia las palabras del mercader. Ravenna, observando la situación, notó que ninguno de los presentes, aparte del mercader, sabía leer.

- Ravenna: [Esto puede ser una oportunidad...]

Viendo una oportunidad para ganarse el favor del capitán y posiblemente obtener ayuda para su viaje, Ravenna se acercó y, con voz firme, intentó captar la atención del hombre masivo. Sin embargo, él, sumido en la discusión, parecía no prestarle atención.

- Ravenna: Mi Señor discúlpeme un momento...

El hombre estaba tan concentrado en su discusión que no noto a Ravenna, ella volvió a insistir.

- Ravenna: Disculpe, mí Señor...

El capitán, visiblemente molesto, se volvió hacia ella.

-Capitán: ¿Qué demonios estás haciendo?

Ravenna no se sorprendió por la violenta reacción del capitán en cambio explico con amabilidad lo que intentaba hacer.

- Ravenna: disculpe mí Señor, veo que esta en un problema, yo puedo ayudarle.

El capitán entonces bajo su ferocidad y le pregunto incrédulo.

- Capitan: ¿acaso sabés leer?

A lo que Ravenna respondió.

- Ravenna: si mi Señor, si me lo permite...

Dijo señalando al papel que sostenía él, aún dudoso, él capitán le pasó el documento, Ravenna lo leyó con atención primeramente en silencio y descubrió que se trataba de un contrato en el que evidentemente el perjudicado era el capitán, Ravenna miró al mercader local con desprecio y bajo la expectante mirada del capitán comenzó a leer el documento en voz alta, a medida que avanzaba en la lectura era claro que el comerciante había estado tratando de estafar al capitán.

-Mercader: ¡no sé quién es esta persona, pero está inventando todo! ¡Yo redacté un acuerdo justo!

-Ravenna: En caso de demora, el capitán asumirá el costo total de la mercancía...

Ravenna enfatizó su tono en ese fragmento.

- Capitán: ¡Maldición! ¿Cómo he caído en esto?

El mercader intentó negarlo todo, pero la verdad quedó expuesta.

-Mercader: ¡Es un malentendido, por favor, capitán!

El capitán, furioso, agarró al mercader por el cuello de su camisa y lo levantó en el aire.

-Capitán: ¡Eres un miserable, intentando estafarme!

Con voz firme, expresó su descontento y llamó a sus marineros para que recuperaran la mercadería que habían descargado y la volvieran a subir al barco.

-Capitán: ¡Marineros, devuelvan todo a bordo! Esta negociación ha terminado.

Ravenna observó la escena con satisfacción, sabiendo que había logrado su propósito de ayudar al capitán y así posiblemente obtener un favor.

Después de que el capitán resolviera la disputa gracias a la intervención de Ravenna, este se volvió hacia ella con una mirada de gratitud en sus ojos.

- Capitán: Gracias por tu ayuda. No sé cómo habría salido de esta situación sin ti.

Ravenna, oculta bajo su capucha, asintió con modestia.

- Ravenna: No hay de qué, mi señor. Me alegra haber podido ser de ayuda.

El capitán, sintiéndose en deuda con ella, ofreció compensarla por su intervención.

- Capitán: ¿Puedo ofrecerte algo a cambio? Dinero, tal vez un regalo...

Ravenna, manteniendo su fachada de inocencia e ingenuidad, le preguntó con timidez si podía hacerle una consulta.

- Ravenna: ¿Me permitiría hacerle una pregunta, señor?

El capitán, intrigado, asintió con curiosidad.

- Capitán: Por supuesto, adelante.

Ravenna, tomando un momento para elegir sus palabras con cuidado, formuló su solicitud.

- Ravenna: ¿Sería posible saber hacia dónde se dirige con su barco?

El capitán, sin vacilar, reveló el destino de su próxima travesía.

-Capitán: Los muelles de Granata serán nuestro próximo anclaje.

Ravenna, con una sonrisa sutil oculta por su capucha, encontró la oportunidad que había estado buscando, ya que Granata era una ciudad de Silvanthal.

- Ravenna: Hay una única cosa que deseo, y es llegar hasta Silvanthal. Estaría eternamente agradecida si me permitiera viajar en su embarcación hasta Granata.

El capitán, momentáneamente dubitativo, antes de brindar su respuesta, observó a Ravenna con un gesto inquisitivo. Un momento de silencio llenó el aire antes de que él hablara.

- Capitán: Antes de tomar una decisión final, ¿podrías bajarte la capucha? No me sentiría cómodo viajando con alguien cuyo rostro ni siquiera conozco.

Ravenna dudó por un instante, pero sabía que no tenía opción. Si esa era una condición para poder viajar, la cumpliría sin objeción.

Con un gesto tranquilo, Ravenna se bajó la capucha, revelando su hermoso rostro,sus largas pestañas se abanicaron con gracia, su cabello plateado flotó con la brisa marina, sus labios rojos brillaron bajo la luz del sol, y sus ojos rosas parecían capaces de hipnotizar a alguien.

El capitán quedó impresionado por la belleza de la joven. Tras un momento de silencio, en el que no encontraba palabras, finalmente dijo.

- Capitán: Mejor ponte la capucha nuevamente... Un rostro como ese puede traer muchos problemas...

Ravenna, sin objeción, volvió a cubrir su rostro con la capucha, el capitán se dio media vuelta mientras decía.

- Capitán: está bien, puedes venir.

Ravenna sintió como la tensión se libraba de su cuerpo, al menos un poco, e inclinado la cabeza agradeció.

- Ravenna: gracias mí Señor...

Ravenna siguió al capitán por el bullicioso muelle camino hacia su embarcación.

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