La tarde se desvanecía lentamente en el horizonte, y Ravenna se preparaba para su tarea diaria de recolectar hierbas medicinales. Su cuerpo estaba exhausto, su mente nublada por la falta de sueño y su corazón pesaba con la carga del sufrimiento que había presenciado durante días.
Su figura, demacrada y descuidada, reflejaba el agotamiento físico y emocional que la atenazaba. El color plateado de su cabello ahora se confundía con la tierra y el polvo, y su delgadez marcaba el sacrificio que hacía por aquellos a quienes amaba.
En esa tarde casi nocturna, cuando la luz del día comenzaba a ceder ante las sombras, Ingrid, llamo Ravenna en un breve momento de lucidez, pronunciando unas palabras que cortaron el aire viciado de la habitación. Con manos temblorosas señaló una cajonera específica.
-Ingrid: Hija... En ese cajón, en ese cajón, toma el anillo que está ahí, Ravenna, y vete. Ve al Reino de Silvanthal, busca a la familia Reichstag. No necesitarás decir más.
Las palabras que habían sido pronunciadas con dificultad desconcertaron a Ravenna, pero más aún la enojaron.
Ravenna, al borde de la desesperación, no podía soportar la idea de abandonar a su madre y hermano. En un estallido de enojo y tristeza, le respondió con determinación.
- Ravenna: ¡De que estás hablando, madre! No los abandonaré, no pienso hacerlo. No lo discutiré, así que no vuelvas a decir algo así. Se curarán, madre, solo un poco más. Solo hay que esperar un poco más...
Pero la voz de Ingrid se alzó con una fuerza inexplicable para golpear a Ravenna con la cruda realidad que había estado omitiendo.
-Ingrid: ¡André está muerto! ¿De qué hablas, Ravenna? ¿Mejorar? !cuando tu hermano está muerto! Hace días que ocurrió, y tú sigues cuidando de él como si tuviera vida!
Ravenna, incapaz de aceptar la realidad, se derrumbó al escuchar esas palabras. Cubriéndose los oídos, negaba la cruda verdad que su madre le exponía.
Sus manos temblaban, sus labios resecos temblaban escapándose de ellos casi inaudibles murmullos de.
- Ravenna: no...no... No es cierto...
André había muerto hace dos días, durante todo ese tiempo Ravenna siguió dándole medicina como si estuviera vivo.
Se podría pensar que ella debido a su agotamiento extremo no podía diferenciar si sus signos vitales aún persistían, pero no era el caso, Ravenna sabía que su hermano había muerto, pero estaba convencida de que mejoraría con ayuda de la Santa, por ello Ravenna no aceptaría que su hermano había muerto.
Ingrid, aunque con pesar, insistió en que Ravenna debía irse de ahí.
- Ingrid: lo siento tanto Cariño... Lamento que tengas que sufrir de este modo, pero sé que eres fuerte y que saldrás adelante sin nosotros... Pero debes irte, no te preocupes por algo que está fuera de tus manos resolver... Diste todo y más de ti, así que hija preocúpate por ti... Vive una vida feliz Ravenna...
Los ojos llenos de lágrimas de Ravenna no le dejaban ver claramente, así que no vio que su madre se estaba desvaneciéndose.
- Ravenna: ¡No es así! André está bien... Lo estará. Tú, tú también madre, solo deja que busque algunas hiervas, se sentirán mejor... se sentirán mejor luego de beber un poco.
Entre los árboles del bosque, la figura desaliñada de Ravenna se movía con urgencia. Sus pasos resonaban en la penumbra, guiados por la desesperación que la consumía. En su búsqueda frenética de hierbas medicinales, su voz se elevaba en maldiciones que cortaban el silencio del bosque.
- Ravenna: ¡Malditas hierbas! ¡Inútiles, todas!
Exclamaba mientras arrancaba con furia algunas plantas, arrojándolas al suelo con frustración.
Cada palabra expresaba la rabia y el pesar que la embargaban. Entre lágrimas y susurros ahogados, Ravenna confesaba su cobardía, admitiendo que no era capaz de enfrentar la cruda realidad. Sabía que sus esfuerzos eran en vano, pero continuaba con ellos para aferrarse a la ilusión de que, de alguna manera, podrían marcar la diferencia.
- Ravenna: Soy cobarde... no puedo afrontarlo. Pero sigo aquí, recogiendo estas hierbas, aunque sé que no servirá de nada. ¿Por qué sigo mintiéndome a mí misma?
Las palabras de Ravenna se perdían entre la maleza del bosque, llevándose consigo la amargura de sus emociones. Su corazón luchaba entre la realidad desgarradora y la necesidad de aferrarse a una esperanza frágil.
En un rincón oscuro del bosque, Ravenna se hincó en el suelo, sus manos manchadas y temblorosas sostenían un puñado de hierbas. Aunque sus esfuerzos eran como gritos en la vastedad del bosque, seguía luchando contra la verdad, esperando que algún acto desesperado pudiera cambiar el destino que se cernía sobre su familia y su pueblo.
De repente, un sonido rompió la monotonía del silencio del bosque. Un estruendo lejano, un murmullo distante que se intensificaba, como si la misma tierra respondiera al clamor de la desesperación de Ravenna. La joven levantó la cabeza, sus oídos se aguzaron, y por un momento, el sonido de una gran caballería resonó en la distancia.
El corazón de Ravenna latía con fuerza. Sus ojos se abrieron con asombro al comprender que no era un eco ilusorio en su mente, sino la promesa de algo más grande. La llama de esperanza, casi extinta, se avivó dentro de ella. La Santa estaba llegando.
Con manos temblorosas, Ravenna dejó las hierbas en el suelo y se puso de pie. La oscuridad del bosque no pudo opacar el destello de expectación en sus ojos.
-Ravenna: La Santa ha llegado... La Santa ha llegado...
Ravenna dejó caer las hierbas al suelo y sin pensarlo dos veces, comenzó a correr hacia el pueblo. Sus pies descalzos golpeaban el suelo con fuerza, mientras las lágrimas se mezclaban con el polvo en su rostro demacrado. A pesar del dolor y los cortes en sus pies, nada podría detenerla en su búsqueda desesperada de esperanza.
Al llegar a la plaza central del pueblo, Ravenna se detuvo bruscamente, jadeando por el esfuerzo y el nerviosismo. Sus ojos escudriñaron el lugar en busca de cualquier señal de la llegada de la Santa Celestine. Entre la multitud dispersa, vislumbró un pequeño grupo de personas reunidas en torno a algo que no podía ver claramente.
Sin perder un segundo, Ravenna se abrió paso entre la gente, ignorando los gritos de sorpresa y las miradas de desconcierto. Su determinación la guiaba, su corazón latía con la esperanza de que fuera verdad, de que la Santa finalmente estuviera allí para salvar a su pueblo.
Finalmente, Ravenna llegó al frente de la multitud y lo que vio la dejó sin aliento. Una imponente caballería de caballeros Imperiales custodiaba un elegante carruaje adornado con símbolos de la facción del príncipe Calix. El resplandor de las antorchas iluminaba el escenario, y el murmullo de la multitud se apagó ante la majestuosidad de la escena.
Los ojos de Ravenna se llenaron de asombro y esperanza. A pesar de las heridas en sus pies y el agotamiento que la consumía, una sensación de alivio la invadió.
En ese elegante carruaje probablemente estaba la Santa, Ravenna se aferró a esa esperanza con todas sus fuerzas.
Por primera vez en días, el peso de la desesperación se aligeró un poco en su corazón.
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Comments
Jenifer 🤓💫
pobre niña 😢😢 y solita 💔
2024-07-13
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Jenifer 🤓💫
ayy x amor a loki 😱😭😭😭
2024-07-13
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