Ravenna, siguiendo al capitán por el bullicioso muelle, se embarcó en el barco con una sensación de cautela.
Mientras subía a la embarcación, Ravenna observó a los marineros en sus quehaceres diarios. Algunos ajustaban las velas, otros cargaban provisiones, y algunos limpiaban la cubierta del barco. Para Ravenna, cada movimiento y gesto de la tripulación era llamativo, el ambiente frenético y organizado del barco creaba una escena completamente nueva para ella.
Una vez a bordo, su mirada se elevó hacia las velas ondeando en lo alto, danzando con el viento marino. El barco se mecía suavemente con las olas, y Ravenna notó la maestría con la que la tripulación manejaba la nave. La estructura del barco, los intrincados detalles de la cubierta y el sonido constante de las cuerdas y el crujir de la madera eran elementos que atraían la atención de alguien ajeno al mundo marítimo.
Un extraño y tenso momento se vivió cuando los marineros vieron a su capitán llegar con un extraño encapuchado.
Murmullos y miradas curiosas se extendieron entre la tripulación mientras observaban a Ravenna.
El capitán, notando la curiosidad y sorpresa de sus marineros, les pidió atención y anunció la presencia de Ravenna.
- Capitán: ¡Silencio, todos! Déjenme presentarles a nuestra nueva compañera. Ahora, presente jovencita.
Ravenna bajandose la capucha dijo.
- Ravenna: Mi nombre es Ravenna. Agradezco la oportunidad de viajar con ustedes.
Como si un hechizo se hubiera desatado, un silencio sepulcral se apoderó del lugar.
La tripulación quedó impresionada por su belleza, luego de un instante de silencio, murmullos y susurros cobraron fuerza llenando el aire. Algunos incluso murmuraban que podría ser una sirena. La luz del sol acariciaba su cabello plateado y resaltaba la gracia de sus rasgos.
Los hombres que hasta hasta hace un instante había estado sin palabras corrieron hacia ella para intentar saludarla y presentarse.
Antes de que cualquiera pudiera siquiera acercarse a Ravenna,el capitán se interpuso con autoridad.
-Capitán: ¡Basta! No es necesario que se acerquen tanto. La nueva tripulante no necesita presentaciones adicionales.
Con un gesto firme, el capitán dejó en claro que Ravenna debía ser tratada con respeto y distancia. Los marineros, aunque un poco desconcertados por la reacción del capitán, obedecieron sus órdenes y se retiraron, dejando espacio entre ellos y Ravenna.
Después de la presentación ante la tripulación, el capitán llevó a Ravenna a través del barco hasta un camarote que ella podría ocupar durante el viaje.
El capitán abrió la puerta y le mostró el modesto pero acogedor espacio.
- Capitán: Aquí tendrás tu lugar durante el viaje. Espero que te sientas cómoda aquí.
Ravenna asintió con gratitud, observando el camarote con interés.
- Ravenna: Gracias, capitán. Es más de lo que esperaba.
El capitán sonrió y luego le advirtió con amabilidad.
-Capitán: Debo advertirte que los próximos días podrían ser difíciles para ti. No todo el mundo está acostumbrado al movimiento del barco, y a veces puede causar mareos o malestar.
Ravenna, sin embargo, mostró determinación en su respuesta.
- Ravenna: Estaré bien, capitán, no le debo dar importancia a pequeñeces como esa ante el gran favor que me está haciendo. Además, no quiero estar aquí sin hacer nada. Si hay algo en lo que pueda ayudar, ya sea limpiar, cocinar o cualquier otra tarea, estoy lista para hacerlo.
El capitán, apreciando su disposición, le respondió con sinceridad.
- Capitán: Aprecio tu ofrecimiento, pero te aseguro que si alguna de esas tareas no tuviera a alguien que las realizara, mi barco ni siquiera se pondría en marcha. No te preocupes, aquí en el mar, todos tenemos nuestras responsabilidades y nos ocupamos de ellas.
Ravenna asintió, entendiendo la perspectiva del capitán, y se comprometió a respetar las normas y la dinámica del barco durante el viaje.
Más tarde en la cubierta del barco, mientras el sol comenzaba a sumergirse en el horizonte, el capitán se acercó a Ravenna con una sonrisa en el rostro.
- Capitán: Ravenna, permíteme presentarte a mi hijo, Oliver. Forma parte de nuestra tripulación.
Oliver, un joven de mirada curiosa y cabellos oscuros, se acercó tímidamente. Sin embargo, en el momento en que sus ojos se encontraron con los de Ravenna, quedó instantáneamente atraído. Intentando disimular su interés, desvió la mirada hacia el mar y extendió la mano en saludo.
- Oliver: Un placer, Ravenna. Bienvenida a bordo...
Ravenna asintió con una sonrisa amable, notando la leve tensión en la expresión de Oliver, aunque Oliver intentaba ocultar su fascinación, sus ojos revelaban una historia diferente.
Con el pasar de los días, Ravenna notó la timidez persistente de los marineros a su alrededor. Intentaba entablar conversaciones ligeras, pero las risas nerviosas y las miradas tímidas persistían.
La belleza de Ravenna parecía haber creado un aura de fascinación y respeto entre la tripulación, o talvez la amenaza del capitán los mantenía a raya.
Una noche, mientras compartía un momento tranquilo con el capitán en la cubierta, Ravenna se aventuró a preguntar sobre los contratos y la escritura.
- Ravenna: Capitán, he notado que ha tenido que firmar algunos documentos con frecuencia. ¿Si me permite preguntar, cómo ha manejado eso si no sabía leer?
El capitán, mirando hacia el horizonte, suspiró antes de responder.
- Capitán: Solíamos tener a alguien en la tripulación que sabía leer y escribir, pero ya no está con nosotros.
Sonaba como si hablara de alguien muerto, pero a Ravenna no le interesaba indagar sobre ello, con una expresión reflexiva, sugirió.
- Ravenna: Podría enseñarle, si lo desea. A leer y a escribir. Así no dependerá de nadie más para eso.
El capitán, intrigado, la miró con curiosidad.
- Capitán: ¿Enseñarme? Suena interesante, pero hay algo que me sigo preguntando y es como es que tú sabes leer... Eso es inusual para alguien de tu origen.
- Ravenna: Mi madre me enseñó. Aunque soy plebeya, aprendí a leer y escribir gracias a ella.
- Capitán: ¿tú madre? Asumo que también era plebeya... eso sigue siendo algo inusual.
- Ravenna: sí lo era...
El capitán, notando el desaire de Ravenna al hablar de eso decidió cambiar de tema.
- Capitán: ¿Y cuál es tu motivo para viajar a Silvanthal?
Ravenna vaciló por un momento, y el capitán, notando su reserva, le aseguró.
- Capitán: No es necesario que me lo digas. Tus razones son tuyas.
- Ravenna: gracias...
Murmuró casi inaudible.
La noche continuó en silencio, con el sonido suave de las olas acompañando sus pensamientos en la cubierta del barco.
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Comments
Elda Nayeli Esquer pallares
estoy esperando los siguientes capítulos me enamoré de está novela
2024-02-06
1
Elisa Patico
Imagino que su madre era la hija de alguna familia importante y huyó con algún plebeyo del que se enamoró...
2024-02-06
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