Capítulo 18

.../EXPLOSIÓN ARROLLADORA/...

Poppy

Cuando Nicholas se separó de mí sentí como mi cuerpo entero gritaba que volviera a acercarse nuevamente, que lo necesitaba y que anhelaba su suave tacto en mí. Pero nada pasó. Nicholas volvió a su lugar en silencio sin dar señal alguna de un nuevo roce.

—Siento mucho si... —trató de decir. Supe que iba a disculparse por haberme preguntado acerca de mi vida, pero no se lo permitiría.

No lo dejé terminar.

—No pasa nada —le aseguré con decisión.

Si no hubiera sido por el reality seguramente el silenció que se había instalado entre los dos nos habría consumido de una manera voraz.

De repente, Nicholas volteó su mirada a mí y se me quedó viendo por un rato que se me hizo eterno y a la vez gratificante. No me dio tiempo de reaccionar, porque cuando lo hice sentí sus labios sobre los míos. Por sus tensos músculos supe que presintió que lo rechazaría, pero se relajaron cuando abrí la boca para darle paso a la suya. Su lengua vagó por mi boca en toda su plenitud, como si hubiera deseado ese momento por mucho tiempo. Un tiempo que al parecer yo también anhelaba.

Nuestros labios se buscaron con urgencia y nuestras lenguas se enroscaron como necesitadas. Porque yo sentí que lo necesitaba. Lo quería en mí. Lo anhelaba ahora más que nunca.

Con sus manos en mi rostro me incitó a acercarme más a él. No lo dude e hice lo que me pedía a la vez que estrujaba su chaqueta de paño con fuerza. Solté un audible jadeo inesperado que murió en su boca al haberme sentado a horcajadas sobre él.

Conmigo encima se acomodó en el sofá y se recostó en el espaldar sin permitir que nuestro ardiente beso se deshiciera. Además, yo tampoco se lo permitiría si eso pasaba.

Sus suaves manos comenzaron a descender lentamente sobre mi espalda hasta posicionarse en mis caderas. El apretón que realizó en esa parte hizo que otro jadeo muriera en su espléndida boca. Su dureza hizo que sintiera lo desesperado que él también se encontraba, pero sus caricias me hacían entender que podíamos ir como yo quisiera.

Otra vez sus manos eran las protagonistas. Las movió con una exquisita delicadeza que cerca estuvo de robarme otro jadeo que fui capaz de contener. Lentamente las bajó hasta mis nalgas, y yo creí que solo haría eso; dejarlas ahí, pero la manera en la que las apretó e hizo que me acomodara más sobre él me gustó...

—Si me pides que pare, ten en cuenta que así lo haré, ¿comprendes? —susurró con la respiración entrecortada al separar nuestros labios.

Puse mis manos en sus hombros y clavé mis ojos sobre los suyos, se mostraban lujuriosos y eso solo me incitó a desear más. Todo si se podía. Todo si él también quería.

—¿Crees que quiero que pares y más en este momento? —inquirí con una seguridad muy lejana a mí, pero que me hizo sentir jodidamente bien.

Volví a unir nuestros labios en otro beso igual de ardiente al anterior.

Nuestras respiraciones entrecortadas...

El sonido de aquel beso retumbando en nuestros oídos con intensidad...

Nuestros labios buscándose con un deseo lujurioso que nos dejó fascinados...

Todo aquello me provocó un espasmo de placer y sentí que pronto llegaría al clímax sin ni siquiera habernos rozado desnudos, sin ni siquiera habernos sentido más allá de lo que deseábamos en realidad.

Lo quería en mí.

Lo anhelaba...

No sería la primera vez que estaba con un hombre, pero ¡era Nicholas Kuesel, el psicópata guapo de mi jefe! Y la idea era tan atrayente como aterradora. Después de esa noche nada sería igual. Me lo decían mis instintos que comenzaban a hacerme dudar.

Nicholas se dio cuenta y calló mis instintos cuando volvió sus manos a mis caderas y con agilidad comenzó a hacerme subir y bajar sobre él. Sentí que perdía la cordura con la intensidad y solté un sonoro gemido que al parecer lo excitó bastante porque de manera implícita me pidió que aumentara mis movimientos, y así lo hice.

Sus labios se despagaron de los míos y bajaron juguetones por mi barbilla hasta posicionarlos en mi hombro. Subir y bajar, esas dos acciones nos estaban volviendo locos a los dos. Sus cálidos labios comenzaron a succionar mi cuello con voracidad. Algo que me cautivó con demasiado fulgor.

Volvió sus labios a mi boca y la succionó con la intención de hacerme temblar y jadear al mismo tiempo. Y lo consiguió, porque me aferré más a él como si en algún fuera a caerme y necesitara que me sostuviera.

—¿Te llama la idea de hacerlo acá, Poppy, o prefieres en tu habitación? —Su voz salió ronca y varonil.

En el momento en el que paramos hundí mi cabeza en el hueco de su cuello tratando de recomponerme. Su aroma se impregnó en mis fosas nasales y estrujé su cabello haciendo que soltara una débil sonrisita. Los acelerados latidos de su corazón se mezclaban con los míos de manera extraordinaria. Su pecho bajo mi piel...

—Vuelve a repetir mi nombre, por favor —le pedí con la voz casi audible.

—Poppy... —su voz, esa manera tan sexy que tuvo para pronunciarlo—. Poppy Halper... Poppy... Halper...

Temblé. No lo soporté.

—Basta...

—¿Por qué? —quiso saber.

—Porque creo que perderé la cordura si sigues pronunciando mi nombre y mi apellido de aquella manera —respondí sin alejar mi cabeza de su cuello.

Con una de sus manos comenzó a trazar círculos en mi espalda. Y con lentitud levantó la camisa roja que usaba de pijama y que había llevado esa vez que supe que era mi vecino. Me alejé un poco para que pudiera quitarme la prenda con libertad para después dejarla en el sofá, dejándome en sostén.

Hundió su cabeza en mi pecho y sus labios bajaron lentamente hasta mis pechos. Los besó por encima con una pasión que me desbordó a la vez que con una mano desabotonaba esa prenda que le impedía tener libre acceso a ellos. Cuando la tela estuvo fuera la dejó también a un lado y, sin darme tiempo a reaccionar, atrapó uno de mis pezones y los succionó. Llevé la cabeza hacia atrás mientras enterraba mis dedos en su espeso cabello con fuerza.

Un jadeo estuvo por salirse de mi garganta, pero logré callarlo apretando los labios.

—Oh, vamos, Poppy, deja que salga —pidió—. No sabes cuanto deseo escucharlo, cariño. —Hizo una pausa—. Poppy, no has respondido a mi pregunta.

—¿Cuál?

—¿Quieres que lo hagamos acá o prefieres que vayamos a tu habitación? —repitió. Había estado tan excitada que siquiera le había prestado atención, solo al momento en el que pronunció mi nombre.

—¿En dónde quieres tú? —quise saber al volver la mirada a él.

—Encima de ti —respondió, jocoso.

Le di una palmada en el hombro a la vez que sonreía y provocaba el mismo gesto en él.

—Vamos... a mi habitación, por favor —terminé diciendo.

—Poppy, no tienes que pedirme el favor, tú solo ordena y yo haré hasta lo imposible por cumplir lo que has pedido.

Me quedé sin aliento ante su confesión.

Sin esperarlo, Nicholas se levantó del sofá conmigo enroscada a su fuerte torso.

Al llegar a la habitación y tras cerrar la puerta con el pie, nos acostó en la cama, esta se hundió al sentir nuestro peso. Nos miramos y supimos que en pocos segundos volveríamos a perder la cordura con más intensidad que antes. Y así fue.

Me subí a horcajas sobre él y le quité la chaqueta y la camisa y las tiré a cualquier lugar. Su fornido pecho me dejó fascinada y encantada. Bajé los labios hasta sus pectorales y comencé a besar cada parte de su cuerpo con delicadeza y destreza. Después de todo él no era el único que debía complacer.

Lento, despacio, hasta que decidí que debía ir más rápido.

Jugué con la hebilla de la correa de su pantalón y con lentitud comencé a moverme sobre él, haciendo que soltara un sonoro gruñido que me incitó a querer seguir torturándolo.

—Poppy, deberías parar —me pidió desde su posición, pero no le presté atención—. Poppy...

Lo volví a ignorar.

Y supe a qué se refería cuando me insistió que parara cuando en un movimiento rápido me tomó por las muñecas y me tumbó en el colchón, quedando encima de mí.

—Halper, te dije que pararás, cielo. —Me gustaba esa versión suya, posesivo y lujurioso que me estaba mostrando. Esa no se comparaba con el dueño de Lite Chat.

—¿Qué piensas hacerme, eh? —inquirí, pícara.

—Que te arrepientas —declaró.

Se alejó de mí para poder quitarse el pantalón y cuando estuvo fuera de la prenda y solo quedó en bóxer se volvió a posar frente a mí, esta vez con más posesión que antes. Él mismo se encargó en desvestirme a su antojo.

Todo fluyó con demasiada intensidad que temí, jadeé y temblé bajo su ardiente tacto descontrolado haciéndose en mi piel a su merced.

—Nicholas —lo llamé en ese momento en el que él se preparaba para entrar en mí y yo estaba dispuesta a recibirlo.

—¿Sí, Poppy?

—¿Lo... recordaremos? —inquirí temerosa por su respuesta.

—Cariño, no lo dudes, porque desde ahora en adelante me encargaré de tatuar este momento en nuestra piel y sellarlo en nuestro corazón. Así que no temas.

Entonces, sin decir nada entró lentamente en mí, con cuidado y delicadeza, tal vez temiendo a lastimarme. Y se lo agradecí. Empezó lento, con movimientos suaves que me hicieron detestar que quisiera ser delicado y con un gruñido le insté a ser agresivo. Entonces, sus movimientos se tornaron rudos, sus estocadas intensas solo hacían que deseara más y con mucha más intensidad que antes.

—Ahora me tienes, Poppy Halper... a tu antojo —susurró cuando caímos rendidos ante el clímax y descansábamos abrazados.

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Comments

Momys.rub

Momys.rub

Q hermosa.entrega,.llena de ternura y ovio de risa....
Por fin se comieron y no nesecitaron Sprite!!!!
Solo q se les olvidaron los gorritos oigan!!!!

2025-01-20

0

Zunilda Miranda Yepez

Zunilda Miranda Yepez

excelente capitulo como fluye el amor entre ellos dos

2023-12-20

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