Capítulo 16

¡Doble actualización!

.../SE EQUIVOCA, MILLER/...

Poppy

—Halper, ¿podría arreglar mi corbata desde ahora en adelante? —me preguntó con su mirada en mí.

—¿Qué? —pregunté sorprendida y anonadada ante su abrupta pregunta.

¿Nicholas Kuesel me estaba pidiendo que arreglara su corbata desde ahora en adelante?

No supe qué decir, no encontraba las fuerzas suficientes como para articular palabra alguna, porque mi mente no me lo permitía, sólo se tomaba el tiempo necesario para procesarlo todo. Pero también me sentí un poco valiente por ser capaz de sostener su profunda mirada que parecía no querer darme tregua a escapar.

Con cada segundo que pasaba sentía su respiración cada vez más cerca de mí, golpeando mi rostro con una intensidad tan delicada que, extrañamente, me gustó. Había acercado su rostro a pocos centímetros del mío sin soltar mis muñecas de entre sus manos.

¿Qué era esto? ¿Qué era esté sentimiento que me estaba invadiendo y recorriendo de una manera intensa y acalorada?, me preguntaba internamente.

Mi subconsciente me pedía moverme, alejarme de él y tal vez huir en ese momento, pero mi cuerpo no reaccionaba. Su tacto se sintió tan jodidamente bien que tenerlo tan cerca me hizo desear más. Entonces, sus labios comenzaron a acercarse lentamente a los míos y hasta yo misma me sorprendí al abrirlos por instinto esperando aquella acción que, tal vez, él se había propuesto.

Creí que ese beso llegaría, que nuestros labios se tocarían por fin, pero estuvimos tan sumidos en nosotros dos que no nos dimos cuenta de que alguien nos observaba. Hasta que ese alguien se aclaró la garganta.

No lo pensé dos veces y me alejé instantáneamente de Nicholas a la vez que volteaba la cara, sentí las mejillas arder y el pulso descontrolado. Nicholas se puso recto y con disimulo fingió limpiar un polvo imaginario en su chaqueta de firma.

—Esperamos no interrumpir nada —habló el secretario de James, con el aludido al lado.

—¿Interrumpir? —pregunté nerviosa—. Oh, no, no. Claro que no. Los estábamos esperando —negué rápidamente a la vez que lo hacía con la mano que tenía libre.

Entonces, levanté la mirada y vi el ceño fruncido de James y una gélida mirada clavada en Nicholas, quien también lo observaba con neutralidad, como si lo que el primero pensara le importara un bledo.

¡Qué me tragara la tierra!

—¿Entramos? —pregunté finalmente, tratando de que el momento tenso terminara.

—Me parece bien —respondió James con una sonrisa, sonrisa que me hizo recordar momentos a su lado. Pero ya no los sentía como anhelos, sino como bonitos recuerdos que fueron bellos en su momento.

«Concéntrate» me pedí con severidad.

Abrí la puerta de la sala de reuniones y esperé a que Julián, su secretario y Nicholas entraran. Pero este último se quedó a mi lado y me indicó que entrara de primeras. Cuando Nicholas cerró la puerta nos ubicamos en la mesa de reuniones donde estaban los directivos y trabajadores que ayudarían para las nuevas actualizaciones de Lite Chat.

—Buenos días —dijo James sonriendo.

—Buen día, CEO Miller —respondieron todos al unísono con una sonrisa.

Nicholas también saludo con esa cortesía y dualidad tan suya, el respeto que todos le profesaban se vio reflejado en el saludo que todos le devolvieron. Era impresionante ver como hombres de mayor edad eran respetuosos con Nicholas, un hombre joven. Aunque llegados a ese punto todo se debía a que él sabía tratarlos con el mismo respeto que le brindaban.

Cuando Liam se levantó de la mesa y se paró frente a todos comenzó a hablar después de que Camila pusiera el reproductor a funcionar.

—Bueno, como todos saben, ya casi se acerca el quinto aniversario de Lite Chat...

Después de dos intensas horas de reunión todos se disponían a salir de la sala mientras yo guardaba todos los portafolios que había puesto en la mesa para todos. Lo que se había dicho durante la reunión había quedado bastante claro y se había llegado a la conclusión de que instalarle juegos a la aplicación era la mejor opción y las estadísticas hechas de una encuesta mostraban que al 70% de los usuarios les gustaría la idea. Para mi gusto, era fantástico; no solo podría chatear, también podrías jugar y lo mejor de todo es que podrías hacerlo en dúo o en solitario, como quisieras. De verdad que a veces Nicholas Kuesel me sorprendía con su ingenio.

Cuando ya todos se habían ido yo fui la única que quedó en la sala de reuniones.

O eso creí.

—¿Cómo has estado? —escuché detrás de mí.

Esa voz...

Era James.

—Bien, gracias por preguntar —respondí por cortesía.

—Me alegro mucho por ti —dijo sonriendo—. Quería disculparme contigo por haberte llamado anoche. Estaba pasado de tragos y no sabía lo que hacía. Espero comprendas.

—No hay nada de qué preocuparse. Solo… —me giré y lo observé fijamente— no vuelva a hacerlo.

Cuando me di la vuelta empecé a caminar en dirección a la puerta con la carpeta en la mano. Necesitaba salir de ese lugar con urgencia. No lo soportaba más.

—¿Por qué no? —inquirió detrás de mí—. ¿Es por él?

Frené en seco a la vez que el pulso se me disparaba.

—¿Disculpa? —pregunté por encima de mi hombro.

—Es por él que ya no quieres que te llame, ¿verdad? —su voz sonó ronca y con una insistencia que me sorprendió—. ¿No es así, Poppy?

Ahora comenzaba a irritarme.

¿Qué carajos se creía él para preguntarme cosas que no sabía y que ni siquiera le importaba?

Encolerizada, me di la vuelta de una manera brusca, quedando frente a él.

—No sabes de lo que estás hablando, James —le advertí.

—Ah, ¿no? —Rio irónicamente—. Pues las veces que los he visto han demostrado todo lo contrario. Es como si él te comiera con la mirada y tú aceptarás gustosa ese hecho —espetó con agresividad.

Fruncí el ceño a la vez que apretaba los puños.

—¿Y eso a ti en qué te afecta? —inquirí frustrada. No respondió y yo decidí proseguir—. Ese hecho no te afecta en nada porque tú y yo no somos nada.

—Claro que me afecta, Poppy.

—Ah, ¿sí? ¿Cómo por qué, haber?

—Porque eres mi... —se cortó a sí mismo al ver que yo había levantado una ceja con ironía, sabiendo que diría “esposa”.

—No —hablé con firmeza—. No soy nada tuyo. Y para los demás nunca hemos sido nada, ¿comprendes?

Estaba tan frustrada que no lo pensé dos veces y decidida me di la vuelta más que dispuesta a marcharme, pero al parecer James no pensaba lo mismo que yo y quería seguir con eso hasta el final, y lo supe en cuanto deslizo su mano alrededor de mi brazo con una agresividad que me sorprendió, dejándome frente a él.

—¿Por qué no, ah? —su voz sonaba airada y su furiosa mirada me indicó que le molestó lo que dije.

—Suéltame —le pedí sintiendo escozor en el brazo.

—¡No, no lo haré! —vociferó.

—¡James, suéltame, me haces daño!

Pero no me soltó.

—Poppy, no entiendo por qué te comportas así cuando fuiste tú quien acabo lo nuestro, no yo. Fuiste tú quien quiso marcharse y dejarlo tirado todo por la borda. —Su mirada me transportó a ese momento—. Éramos felices, una esposa y un esposo que pudieron tenerlo todo. ¡Pero qué tú te encargaste de mandar al traste!

—¿Yo? —sabía que tenía que controlarme, porque estaba en la empresa y no sería muy bien visto si me comportaba de una manera inapropiada. Y mucho menos hacer un escándalo.

Pensé en empujarlo, pero mi pensamiento se vio interrumpido cuando James me tomó por ambos brazos y, sin darme tregua, estampó sus labios contra los míos. Había olvidado cómo se sentía besarlo, pero su brusquedad me confirmó que ya no lo hacía como antes, ya no era cariñoso ni delicado. Fue un beso lleno de posesión, una posesión que lejos estuvo de gustarme en lo absoluto.

Nicholas

Había estado al tanto de la conversación entre James y Poppy y sentí la necesidad de entrar a defenderla cuando vi que él estampaba sus labios en los de ella de manera posesiva. Me mostré neutro, aunque mi corazón se hubiera acelerado y un sudor frío recorriera mi espalda, un corrientazo me invadió de una manera martirizante.

Poppy y James habían estado casados. Ahora comprendía porqué Poppy había reaccionado de esa manera la primera vez que Liam lo presentó. El matrimonio había sido el lazo que los había unido.

Ahora todo comenzaba a cobrar sentido.

«Ella aún lo ama, no sé qué haces aquí» me preguntó mi mente con desdén.

Tal vez lo más apropiado habría sido entrar y dañar ese momento.

«¡¿Qué?! ¿Estás loco?» mi parte más racional no tardó en hacer presencia.

Iba a seguir a mi instinto que lo único que anhelaba era arruinar ese puto beso, pero decidí detenerme cuando escuché a alguien caer al suelo y segundos después a Poppy hablar con un enojo que nunca había escuchado en ella.

—Que sea la última vez, James Miller, que tú te atreves a tocarme sin mi consentimiento, ¿entiendes? —le espetó remarcando cada palabra con agresividad—. Y te recuerdo, era —enfatizó la última palabra—, ya no soy nada tuyo. Nunca más seré nada tuyo.

James no dijo nada, tal vez porque Poppy tampoco se lo permitió, saliendo del lugar con rapidez. Sus ojos se abrieron de par en par al verme parado frente a ella

—Señor Kuesel —tartamudeó cabizbaja—, yo... No es lo que usted...

—No se preocupe —la acallé—. Creo que lo mejor es que se vaya a casa. —Sabía que de seguro no tenía ganas de verle la cara al estúpido de su exesposo y yo tampoco quería que lo viera.

—Pero aún no termina mi turno —respondió trémula.

—Pero ya casi, solo faltan veinte minutos, mejor salga ya. —Le dediqué una sonrisa en la que le decía que no estaba sola. Que yo estaba con ella. Aunque no lo supiera.

—Gracias... —dijo antes de marcharse.

En el mismo momento en el que perdía a Poppy de mi campo de visión James salió de la sala de reuniones y paró en seco al verme. Nuestras miradas chocaron con una brusquedad que hubiera alertado a cualquiera acerca de una posible pelea. Pero, quién usaba golpes cuando podía herir con palabras, ¿no?

—Debería alejarse de ella —fui el primero en hablar y lo hice con mi serenidad habitual.

—¿De mi exesposa? —preguntó jocoso.

Me mantuve intacto en mi lugar observando como James creía tener controlada la situación. Lo que él ignoraba era que la situación la manejaba yo.

—Pues cuando ella entregó su hoja de vida decía que estaba divorciada... No, espera... —Puse una mano en mi mentón y fingí recordar algo, después volví la mirada a él—. Es más, ni siquiera colocó nada. Esa parte estaba totalmente en blanco. Eso quería decir que no tenía nada con nadie ni tuvo nada con nadie, ¿no cree? —mentí.

James tornó su expresión a una más seria y me observó a la vez que tensaba la mandíbula, iracundo.

«Muy bien, Nicholas Kuesel, eres un total encanto»

—Mire, Miller, sólo le voy a decir una cosa —torné mi voz a una más seria y proseguí—: aléjese de ella.

—¿Me está amenazando, Kuesel? —inquirió.

—Se equivoca, Miller, yo no tengo necesidad de amenazar. Que usted lo tome como una amenaza es cuestión suya.

Y antes de que él pudiera decir algo llegó su secretario con la respiración agitada y unos papeles en la mano. El hombre se nos quedó mirando y tragó saliva antes de dirigirse a su jefe

—Señor Miller, ya todo está listo, podemos irnos.

—Muy bien, vámonos —respondió el aludido.

James pasó por mi lado con los hombros tensos y una expresión iracunda.

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Comments

Momys.rub

Momys.rub

En tu jeta!!!
Pies q se cree este todas mías??
Fue del verbo No existe nada wey!!!
Fuiste u eres su Pasado..
Nils es Su Presente!!
Así q bye!!
Por algo te mandaron al carajo y No creo q haya sido por ser una blanca palomita!!!
Así q saquese a la roña!!!

2025-01-20

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