.../¿ME GUSTA? TE GUSTA/...
Poppy
La fiebre que el día anterior había tenido había desaparecido por milagro. Aunque mi mano estaba vendada, los recuerdos de la noche anterior estaban presentes, recordándome frecuentemente que había sido Nicholas mi cuidador.
Un sentimiento extraño inundaba todo mi cuerpo de tan solo pensarlo y recordar la manera en la que me observó, como si fuera algo que debía cuidar. Extrañamente me sentí cómoda, pero eso no quitaba lo avergonzada que me sentía por haberlo hecho preocupar y pasar gran parte de su noche despierto.
El día estaba muy bonito, por eso la espera del ascensor la sentí más amena.
En la espera comencé a tararear una canción antes de sentir la presencia de alguien a mi lado, que me hizo sobresaltar y girar la mirada. Nicholas Kuesel se presentó ante mí con esa dualidad estremecedora que lo identificaba. Su traje azul oscuro pulcro y bien planchado era la viva imagen de una impecable presentación. Aunque noté que sus hombros estaban un poco decaídos.
—Buen día, señor Kuesel —lo saludé con una sonrisa.
—Buen día —respondió de manera cortante, haciendo presencia de su frialdad habitual.
Me le quedé mirando fijamente antes de pestañear, como si eso me fuera a dar la respuesta a la pregunta que ahora rondaba en mi mente. ¿Acaso había hecho yo algo? Sabía perfectamente que así era su manera de ser, y tal vez por eso los días en los que se había mostrado tan amable me hicieron creer que sería así siempre.
Antes de poder articular palabra alguna al ascensor se detuvo frente a nosotros, instándonos a entrar.
—Yo —ya dentro del ascensor me decidí a hablar—, quería agradecerle por lo de anoche. —Me encogí de hombros—. Sé que no era su obligación, pero gracias, de verdad.
Por un momento no dijo nada. Se le veía retraído en algo que, al parecer, albergaba en su mente.
—No fue nada —respondió después de un par de segundos—. Y no creo que deba ir a trabajar con la mano así.
No fue hasta que dijo lo último que volví a recordar la venda en mi mano. La miré, e, inconscientemente, sonreí.
—Oh, eso. Realmente no es nada. Me siento muy bien.
Por alguna extraña razón mi interior deseó que dijera algo que me diera la señal de que le importaba, que también se alegraba de que estuviera bien gracias a sus cuidados. Sabía que me engañaba, pero no estaba mal querer escucharlo de sus propios labios. Taciturno miró su reloj y no dijo nada durante el trayecto. Minutos después el ascensor se detuvo, indicándonos que ya habíamos llegado a nuestro destino.
—Bien —su respuesta se asemejó más a un suspiro agotador—. Haga lo que quiera, entonces.
Sin decir nada más salió del ascensor a paso lento y seguro.
Lo observé irse a la vez que un desconcierto invadía mi corazón. La forma en la que me había hablado había sido... diferente, distante y fría. Solía ser un insensible del carajo, pero no tanto como lo había sentido esa mañana. De repente, mi sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco.
Solté un suspiro y si no hubiera sido por el sonido de las puertas del ascensor cerrándose, no habría vuelto a la realidad. Salí cabizbaja.
Minutos después estaba en mi puesto de trabajo tratando de concentrarme en lo que tenía que hacer. El problema estaba en que no podía. Nicholas y unas tontas preguntas albergaban mi mente sin compasión, haciendo que tuviera que soltar constantes suspiros para poder regresar a la pantalla de la computadora y enfocarme en lo realmente importante.
¿Por qué estaba así? ¿A caso había hecho algo que le había molestado?
No debía importarme el por qué actuaba así conmigo, o si había hecho algo que le incómodo, pasarlo por alto. Solo que no podía porque ahí estaba mi traidora mente recordándome que sí me importaba y mucho más de lo que me gustaría admitir.
«Tonto, Nicholas Kuesel» grité en mi interior.
—¿Está Nicholas? —preguntó una voz femenina trayéndome de vuelta a la realidad.
Tan sumida había estado en mis pensamientos que no me fijé en que alguien se acercaba. Levanté la mirada y vi a la rubia de la otra vez. Rose Kuesel.
»—Llevas trabajando con Nicholas Kuesel tres años, ¿y no sabes que ella fue su primer amor?
Recordé las palabras de Sebastian en el peor momento, porque ese mismo sentimiento de la otra vez volvió a instalarse en mí.
Me aclare la garganta sin poder evitar sentirme estúpida ante ella. La señorita Rose Kuesel se mostraba indudable, inalcanzable y derrochaba dualidad en aquella posición con los brazos cruzados y una pierna sosteniendo el peso de su cuerpo.
—Sí, claro que sí —respondí—. ¿Tiene cita con él?
—No.
—Entonces le avisaré que usted está acá —dije.
—Tampoco hace falta, iré a verlo. —Y antes de que yo pudiera reprocharle ya se había marchado.
.... ¿y no sabes que ella fue su primer amor?
Esa vocecita retumbó en mi mente como si alguien me lo estuviera susurrando con constancia.
Por primera vez sentí celos, aun sabiendo que no me incumbía nada de su vida. Celos de que aunque ella había sido su primer amor aún se siguieran frecuentando. Mi corazón se encogió.
«¿Qué me importa? No somos nada de todos modos» casi grité en mi consciencia.
Minutos después vi a Camila y Sebastian acercarse a mí con una sonrisita en sus labios.
—¿Qué más, chiqui baby? —preguntó el segundo, sonriendo—. ¿Cómo has
estado?
—Bien, ¿y ustedes? —los observé.
—Bien, gracias por preguntar —respondió Sebastian.
—¿Podrías callarte, Sebastian? —le preguntó Camila poniendo los ojos en blanco.
—¿Y tú podrías dejar de ser una amargada de cuarta? —inquirió el aludido.
—No comiences con tus cosas —pidió ella.
—Entonces no me vuelvas a pedir ayuda con nada, ¿ok, chiqui baby? —su tono de voz sonó indignado, y su expresión lo dejó entrever.
—Pues mira, querida…
—¿Necesitan algo o sólo vinieron a pelear delante de mí? —los interrumpí alzando las cejas, expectante.
—No —respondió Camila sin vacilar. Se acercó hasta mí para poder susurrar—: Hemos venido para saber qué hace la señorita Rose en la oficina del señor Kuesel.
La miré con seriedad.
—¿Es en serio? —inquirí.
Ambos asintieron levemente con la cabeza, interesados.
—La verdad no lo sé, cómo tampoco me importa —respondí taciturna.
—¿Entonces por qué la has dejado entrar, ah? —Sebastian levantó las cejas, contraatacando.
—Además, eres su secretaria —afirmó Camila.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que deberías saber a qué vienen sus reuniones —concluyó.
Solté un pequeño suspiro. No tenía ganas de hablar y ellos dos me lo estaban poniendo difícil. Me gustaba bromear, en realidad era fan de molestar con ellos, pero en ese momento sentía muy pocas ganas para hacerlo. O para chismorrear.
—Vean, tengo mucho trabajo como para andar pendiente de la vida de ese psicópata guapo. —Y solo fue hasta cuando terminé de hablar que supe que había metido la pata hasta el fondo.
—¿Psicópata guapo? —Sebastian empezó a burlarse.
—¡Uy, Poppy Halper, tu psicópata guapo, eh! —Y así fue un buen rato, molestándome la existencia—. Alguien parece estar celosa del primer amor fallido de nuestro querido jefecito.
Fruncí el ceño y la miré.
—No lo estoy —me defendí—. ¿Por qué debería estarlo? Vean, mejor váyanse, ¿sí? —Me levanté de la silla y los eché a la fuerza.
Minutos después de que esos dos seres insoportables se fueran a sus respectivos puestos de trabajo vi salir a Nicholas junto a la señorita Rose.
Pararon frente a mí. La señorita Rose comenzó a observar el lugar con un detenimiento impresionante. Mientras que Nicholas fijó su gélida mirada en mí, haciendo que me estremeciera de manera sorprendente.
—Halper, cancelé todas mis citas por hoy, por favor —ordenó antes de acomodar las solapas de su chaqueta de paño con elegancia—. Y hoy puede salir más temprano.
Asentí levemente con la cabeza haciendo un gran esfuerzo por evitar su mirada. Aún no comprendía porqué volvía a comportarse de esa manera tan fría.
No me dio tiempo siquiera a responder, cuando me di cuenta ya se dirigían al ascensor caminando con una dualidad impresionante. Me les quedé mirando ensimismada y, sin darme cuenta, mi mirada chocó con la de Nicholas cuando estuvo dentro de la caja de metal.
Otra vez ese tonto sentimiento.
Nicholas
—¿Qué pasa entre tú y esa secretaria? —preguntó Rose de la nada recostada en la pared del ascensor y con los brazos cruzados.
—Nada —respondí tajante, porque Poppy Halper era un tema que no estaba dispuesto a tocar—. ¿Por qué?
—Nicholas, no soy tonta, me di cuenta como la mirabas y como ella se empeñaba en evitar tu mirada —espetó.
Al parecer Rose Kuesel no se daría por vencida así de fácil. Era terca, perseverante y una cabezota cuando quería saber algo, aún en su manera hermética. Y... por primera vez sentí que quería contar algo que me pasaba.
—Es difícil —empecé con dificultad—, porque ni yo mismo lo entiendo. No tenemos nada, excepto algo laboral, pero cuando la veo tengo sentimientos que sé no debería tener. Y menos por ella... Pero es que... —hice una pausa recordando su expresión de confusión cuando trate de ignorarla—. Me siento tan bien cuando la veo y la tengo cerca. —No lo soporté y me tapé la cara con una mano.
—Te gusta —afirmó—. ¿No es así?
—No lo sé —me encogí de hombros—. No creo.
—Ay, Nicholas, te gusta —puso una mano en mi hombro y lo apretó—, otra cosa es que no quieras aceptarlo. —Hizo una pequeña pausa y se volvió a cruzar de brazos—. Pero si está a tu alcance amarla, no lo dejes para después.
—Pero hay alguien que estoy seguro marcó su pasado y volvió.
Lo sabía. Ya no era un misterio saber que James había sido una persona importante en la vida de Poppy. Sus miradas tensas, lo nerviosa que se ponía al tenerlo cerca y cuando susurró su nombre la noche anterior. Solo que no sabía que lazo los había unido.
—Muy bien dicho "marcó su pasado", pero tú puedes marcar su futuro y de buena manera, ¿entiendes la diferencia? —levantó las cejas—. Mira, sé que somos una familia poco cariñosa y que por ello no somos muy buenos demostrando nuestros sentimientos, pero de algo estoy segura, y es que tú eres diferente a nosotros. Tú tienes algo que ninguno de nosotros tiene: valentía. Inténtalo, no hay mujer que no se resista a un buen hombre.
Y la acción que le siguió a eso me dejó descolocado; Rose me dedicó una de sus sonrisas más bonitas que yo hubiera visto en ella.
—Gracias...
Poppy
Esa gente que compartía memes en Facebook por el simple hecho de que les gustaba me caía tan bien. Era esa la razón por la que veía Facebook con constancia. De repente, una llamada interrumpió mi navegación. El número era desconocido.
—¿Aló? —dije al descolgar.
—Poppy —escuché su voz y odié haber contestado.
—¿Qué quieres, James?
—Solo quería hablar contigo, saber cómo has estado, cómo va todo en tu vida y asegurarme de que estés bien —respondió con dificultad, se le escuchaba borracho.
—Estoy bien, también me va muy bien cómo puedes ver. —Así, tajante.
—Ummm, ya...
Me sentí mal por escucharlo de aquella manera. Aun así, no podía lastimarme con reproches. Era lo mejor para los dos.
—James, no me vuelvas a llamar, ¿está bien? —Y antes de que él pudiera decir algo, colgué.
Número desconocido: Poppy, solo quería decirte que me alegró de que estés bien. Y por favor...
Hasta ahí llegó el mensaje porque no quise seguir leyendo. Dejé a un lado el celular y llena de frustración puse el antebrazo en mis ojos. Suspiré con un poco de dificultad y mi corazón sintió la debilidad recorrerme. Un pequeño ardor se apoderó de mis ojos y supe que pronto lloraría. No debía.
No dejaban de llegar llamadas y llamadas del mismo número, hasta que decidí apagar el celular totalmente.
Me levanté para tomar un Sprite y refrescarme la garganta. Me sentía tan fatal que comenzaba a detestar estar en tanto silencio, porque mi mente tenía más tiempo para pensar y recordar todo lo sucedido.
No era el tipo de persona a la que le gustaba vivir sometida a los recuerdos del pasado, pero con James insistiendo de esa manera me estaba siendo difícil no pararme a recordar ese lejano pasado que creí estaba olvidado.
El timbre sonó dos veces y me apresuré a abrir la puerta.
—Lily —dije, sorprendida ante su llegada—. ¿Qué haces acá?
—Tranquila, mamá ya viene. Con tu permiso. —Y sin decir nada más entró cargando unas bolsas en la mano.
Segundos después vi a mamá llegar junto a... ¿Nicholas?
¡Ay, santo cielo! ¡No quería ni imaginarme que estaba haciendo la señora Halper!
—Mamá —sonreí de manera forzada.
—Oh, hija mía —mamá me miró—. Me he encontrado a éste apuesto muchacho y he decidido invitarlo a comer porque se lo debía.
Dubitativa levanté la mirada hacia Nicholas, quien sonreí como si lo que mamá le estuviera diciendo fuera muy gracioso. Ya no estaba ese rastro de tipo frío e intimidante. Ahora solo estaba ese sonriente Nicholas.
—Mamá —hablé entre dientes—, espero que no estés haciendo tu casería de yerno, ¿no?
Mamá me ignoró y entró tomado del brazo de Nicholas. La señora Halper era un caso y estaba más que segura que no dejaría de hacer su casería hasta encontrarme mi —según ella— alma gemela.
La noche sería larga, ya podía entre verlo.
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Comments
Momys.rub
Jajajajajajajajaja......
Suegris 1 Poppy 0!!!
Ella ve lo q Tu te niegas a aceptar!!
Y ni modo!!!
2025-01-20
0
Zunilda Miranda Yepez
muy linda la novela
2023-12-16
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