... /LA CELEBRACIÓN/...
Poppy
—¿Ah? —levanté la mirada y vi a mi jefe frente a mí, observándome con atención. Recordé su pregunta y rápidamente me apresuré a responder negando con la cabeza—: No, claro que no.
Al sentir su silencio asentí levemente con la cabeza.
—Ujum.
—Bueno, pues me pareció escuchar algo.
—De pronto escuchó mal.
—¿Usted cree? —se inclinó un poco hacia mí.
Su imprevista cercanía me había puesto algo nerviosa, y no lograba comprender el porqué. Dios, si solo era mi jefe. ¡Mi jefe!
¡MI MALDITO JEFE!
Ojeé a mi alrededor y confirmé que todos estaban tan sumidos en lo suyo que no se habían dado siquiera cuenta que había llegado Nicholas.
—¿Señor Kuesel? —preguntó alguien después de unos segundos—. ¿Ha venido?
«No, idiota, se ha quedado en casa, ¿qué no ves que es su espíritu santo el que esta acá?»
Todos giraron instantáneamente la mirada hacia Nicholas, quien rápidamente se puso recto y se aclaró la garganta de manera sonora, tratando de disimular lo demasiado cerca que había estado de mí. Se le habían quedado viendo, extrañados, pues no era normal verlo en tipo de celebraciones como estas, las cuales solían hacer con constancia en la empresa, y, a las cuales, yo me solía negar en asistir.
Nicholas se sentó a mi lado. Tal vez no se dio cuenta, pero su hombro chocó con el mío, su leve rose me hizo sobresaltar instantáneamente y un corrientazo recorrió mi espina dorsal. Cuando se sentó a mi lado su olor se impregnó en mis fosas nasales y... ¡Dios santo! Su olor era muy varonil, sexy y atrayente. Olía tan bien que me hubiera podido quedar disfrutando su olor durante toda la noche.
«Concéntrate, Poppy. Recuerda, es tu jefe, el psicópata guapo» me recordé internamente.
La llegada de Nicholas para muchas de allí había sido como la gloría; estaban encantadas con tan solo ver su perfecto rostro, como también estaban encantadas con James y Liam. Tanto así que dijeron que se sentían como si estuvieran en el cielo.
Por mi parte, solo podía disimular lo poco encantada que estaba con la presencia de los dos primeros. Pero, por alguna extraña razón, la presencia de Nicholas me hizo sentir bien... aliviada. De seguro y solo era porque James estaba ahí y aquello hacía que se me contrajeran los músculos y no pudiera hacer otra cosa más que incomodarme.
Minutos después la canción, la melodía inicial de la pegajosa canción Levan Polka inundó el lugar con intensidad. A pesar de que no se entendía lo que decía, todos comenzaron a bailar con entusiasmo.
—¡Waoo, amo esta canción! —dijo una de las chicas en un grito.
—Pues a bailar, entonces —animó Liam con gran entusiasmo.
Y, sin decir más, Liam se levantó y nos invitó a todos a bailar junto a él. Todos, excepto Nicholas, otro chico y yo, se habían levantado a bailar.
—Oh, no, ni de coña bailare esa canción —afirmó Nicholas, cruzado de brazos.
—Anda, viejo, no seas amargado. Mira que todos vamos a hacerlo. Además, la canción solo dura aproximadamente tres minutos —insistió Liam.
—Bueno, pues que la disfruten —fue su respuesta.
—Bien, tú te lo pierdes —declaró Liam, se dio la vuelta y se fue a la pista a bailar.
—Vamos, señor Kuesel, no puede ser tan amargado —le dijo Camila, jocosa—. Y tú, Poppy Halper, ¿qué haces ahí sentada, ah?
—¿Quién dice que no? —inquirió el aludido, serio.
—¿Ah? —la miré, y antes de que pudiera volver a hacer la pregunta, respondí—: Es que no pienso bailar.
Camila frunció el entrecejo, confundida.
—¿Cómo qué no? Mejor levántate de esa bendita silla y vente a bailar —se acercó hasta mí y me jaló hasta la pista, donde ya todos bailaban.
—Camila, no —protesté.
—¡Qué no ni que nada, vamos es a disfrutar, ¿ok?!
Cuando paramos en la pista Camila se dispuso a bailar con demasiada emoción y sensualidad. Me le quedé mirando.
—Vaya, ¿eso acaso se baila así o qué? —le pregunté.
—No, pero lo bailo como yo quiero —fue su respuesta y, como acto seguido, siguió bailando.
El lugar estaba atestado de personas que en su arrebato de fiesteros se te pegaban demasiado. En realidad, ese no era el problema, estaban todos sudorosos y era asqueroso.
La primera canción la pasé moviendo simplemente las manos con simpleza, me apenaba bailar, la verdad. Eso fue hasta que Cheap Thrills inundó el lugar con su imponente encanto y Camila se me acercó y me indujo a bailar con ella. Sabía que me observaban, lo presentí, y tal vez no es que lo hicieran porque bailara muy bien, de pronto era porque hacía el ridículo.
Ahora que lo pensaba con más claridad me había dejado llevar demasiado por el ritmo. Qué más daba, la vida es una sola y el tiempo es oro.
Moví mi cabellera con lentitud mientras bajaba, me giré y comencé a subir con cierta parsimonia. Aún sentía aquella mirada puesta en mí, por lo que abrí los ojos para ver de quién podría ser la persona que me observaba tanto. Pero, al hacerlo, quedé sorprendida cuando vi de quien se trataba; Nicholas. Me observaba con demasiada atención, como si fuera el único lugar en el que pudiera mantener su mirada. Seguía cruzado de brazos y su expresión era neutra, parecía que detestaba estar en un lugar así.
También me le quedé viendo. Hubiera querido decir que sonrió o algo así, pero seguía con su bendita expresión de bloque de hielo.
La canción terminó y, de tanto sentirme intimidada, decidí volver a sentarme. Cuando me senté al lado de Nicholas se me tensaron los músculos y se me contrajo el estómago, estaba nerviosa. Él me estaba poniendo nerviosa. Al sentarme ni siquiera me miró, algo que agradecí, que vergüenza.
Lucas se acercó y todos hicieron lo mismo.
—¡Uuuuuhh! —gritó Liam emocionado y con una copa de alcohol en la mano—. Eres un puto amargado del carajo, Nicholas, ¿lo sabías? —le preguntó al estar cerca de él.
—Por supuesto que lo sabía, Liam —confirmó el aludido sin ninguna importancia alguna.
—Que te jodan.
—Ya lo haces tú, para qué quiero que lo haga alguien más, ¿eh? —lo miró.
—Jódete —masculló.
—Gracias, Liam, gran ejemplo el que das a tus empleados —ironizó con neutralidad.
Liam soltó un suspiro de resignación, cogió una botella de alcohol que estaba en la mesa y con alegría dijo:
—¡A tomar se dijo, pues!
—¡Esooo! —abuchearon todos alzando sus copas.
Liam comenzó a servir bebidas a sus anchas con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando llegó a mí le recibí por cortesía, luego porque en el ambiente había comenzado a hacer calor, y luego porque ya quería.
No sé cuántas copas en total le recibí a Liam, la verdad. Largo rato después la cabeza me daba vueltas, mi cuerpo estaba en un calor terrible a causa de tanto alcohol que seguramente había consumido y, cuando vi el ver el rostro de Julián tan sonriente solo quería irme de ahí.
—CEO Miller, ¿está casado? —le preguntó alguien.
Todos posaron sus curiosas miradas en el aludido, quien en ese momento fue el foco de atención de casi todos los de la mesa.
—No —James sonrió.
—¿Tiene novia? —preguntó otra.
A los únicos que parecía que aquel interrogatorio no nos importaba éramos Nicholas y yo. Aunque yo sí estaba escuchando lo que decía, nada más que no lo veía.
—Tampoco —James volvió a sonreír y, acto seguido, bebió de su copa—. Estoy soltero.
—Pero ¿ha tenido?
Él asintió levemente con la cabeza.
—Estuve casado —contó—. Pero ella decidió que lo mejor era separarnos.
—¡¿Qué?! —exclamaron todos al unísono.
Hubo un pequeño momento de silencio en el que todos parecían pensar la situación. Sus expresiones indicaban que nunca se hubieran esperado esa respuesta. Hasta que alguien se dignó a romper el silencio de la peor manera posible.
—Pero si es muy guapo, ¿cómo puede ser que lo haya dejado?
Y así fue como mis compañeras comenzaron a soltar cualquier cosa que se les veía a la boca.
—Sí, es cierto. Si yo fuera su exesposa no lo hubiera dejado ir, le hubiera hecho brujería si era necesario para tenerlo conmigo.
—De seguro es una boba.
—No lo merecía, seguramente...
Al escuchar aquello giré la mirada hacia James, haciendo que la suya chocara con la mía con brusquedad. Le dediqué una sonrisa irónica mientras que con la mirada le preguntaba si nunca lo había merecido. Su respuesta fue una mirada llena de decepción a la vez que se encogía de hombros.
—Tal vez —empezó, con voz ronca, como si le pesará lo que iba a decir—, yo tampoco merezco nada. Al fin y al cabo, también he dañado corazones buenos.
Nadie dijo nada. Solo lo observaron con gran desconcierto, tal vez entendiendo lo que había dicho. Reí con ironía por lo bajo y, sin poder aguantar otro momento más en ese lugar, me levanté con un poco de esfuerzo a causa de lo borracha que estaba y cogí mi bolso con desdén.
—¿Podría darme permiso? —le pedí a Nicholas, que estaba a mi lado bebiendo una copa de Whisky.
Él levantó la mirada.
—¿Ya se va, Halper? —preguntó con intriga.
—Sí —respondí con sequedad—. Permiso, por favor —insistí.
Él se movió un poco, dándome el espacio necesario para poder pasar. No dije nada, no me despedí de nadie, solo salí de ese lugar que ya me tenía asfixiada, o las personas para ser exactos.
Al llegar hasta el lado de la calle no me fijé en el semáforo a causa del dolor de cabeza que no me dejaba pensar con claridad y las vueltas que me daba la cabeza de lo mareada que me sentía. Apreté un poco mi bolso y comencé a pasar la calle.
Escuché un pitido, al girar la mirada una luz intensa encandelillo mis ojos de una manera impresionante. Venía un auto. Los nervios me invadieron al momento y el estómago se me contrajo del miedo que sentí.
¡Dios santo, iba a morir!
Mi cabeza dolió con más intensidad y lo único que se me ocurrió fue taparme los ojos con el antebrazo. Que tonta, ¿no?
Creí que sería atropellada por un auto, pero no fue así. Un grito sonoro se escuchó en toda la calle, unos brazos rodearon mi cintura con demasiada protección y el empujón que recibí a continuación me hizo doler hasta la médula.
Segundos después abrí los ojos lentamente con un poco de esfuerzo y lo primero que vi fue el rostro de Nicholas, quien estaba encima de mí, con una mirada de seriedad y pocos amigos. Observé a mi alrededor y visualicé que estábamos en el mismo andén que antes.
Minutos de silencio y de observaciones. Él me miraba y yo también, momento de shock. ¡Dios santo, esto era fatal!
—¡¿Acaso está loca, Halper?! —me preguntó después de un rato en un grito.
No dije nada.
—¡¿Cómo se le ocurre pasar la calle cuando el semáforo está en verde?! —espetó con enojo.
Se quitó de encima de mí, y se limpió con cuidado su traje. Mientras que yo me quedé ahí, tirada. Lo miré con el labio inferior temblándome, quería llorar, estaba harta de que siempre me gritara como si todo fuera mi culpa y, acto seguido, me eché a chillar y a hacer pataleta como una niña pequeña a la cual no le quieren comprar un dulce.
—¿Por qué?, ¿por qué? —preguntaba frenéticamente.
Él se volvió hacia mí y se me quedó viendo, atónito.
Nicholas
Me volví hacia ella y lo que vi a continuación me asombro por completo. Poppy Halper estaba haciendo pataleta, en la calle, llorando
—Halper —dije casi en un susurro.
—¡¿Por qué siempre me grita cómo si todo lo que hiciera fuera lo peor del mundo?! —espetó, enojada y con lágrimas—. ¿Por qué no puede ser cómo esos jefes de las series de televisión que tratan bien a sus secretarias, las ayudan y de premio las invitan a comer hamburguesas con Sprite? —siguió en gritos y lamentos, haciendo que la gente que estaba sobria y pasaba por allí se nos quedará viendo con atención y extrañeza, debíamos estar armando la escena más vergonzosa de todas.
—Halper, levántese, por favor —le pedí acercándome a ella, avergonzado.
—¡Por el amor de Dios!, ¿dime qué habré hecho mal en mi otra vida para haber merecido como jefe a un psicópata guapo? —Se sentó sobre sus rodillas y miró hacia el cielo con decepción—. ¿Qué? ¡Dime qué he hecho!
Sus palabras se clavaron en mí y lo único que se me ocurrió fue acercarme hasta ella y hablarle en el mejor tono posible para que se calmara.
—Halper, levántese —le pedí—. Deje de llorar, se lo pido —junté las manos suplicándole—. Vea, la invitaré a comer hamburguesas con Sprite, pero ya, cálmese, por favor.
Ya había olvidado lo que se sentía pedir un favor con demasiada parsimonia simplemente para que algo se cumpliera de la mejor manera. Pero esta vez era justo y necesario tragarme mi orgullo y utilizar la palabra mágica que, esperaba sirviera de algo.
Ella me observó por un momento y su expresión cambió radicalmente, como si de un extraterrestre se tratará. Pestañeó varias veces.
—¿De verdad? —preguntó como una niña pequeña.
Asentí con la cabeza.
—Sí —apreté los dientes—. Pero ya, cállese, ¿sí?
Ella hizo lo que le pedí y antes de que pudiera decir algo más me levanté, sacudí un poco mi traje y empecé a caminar. Giré la mirada y vi que Poppy aún seguía sentada sin moverse.
—¡Rápido! —le espeté, frustrado—. ¿Acaso no quiere hamburguesas?
Admitía que el tono que use con ella no fue el mejor. Debí haberle hablado de buena manera pese a que por el alcohol estaba un poco sentimental y no podía arriesgarme a que hiciera una escena de nuevo. Y mucho menos en mitad de la calle.
Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y me miró fijamente.
—¿Por qué me grita, idiota? —soltó con brusquedad.
«¿Idiota? Te da dicho idiota, anotado en su contra»
—Espere, ya voy —dijo, levantándose y siguiéndome el paso.
Un rato después estábamos en un local de comida rápida. Era un lugar muy sencillo, pero a la vez tranquilo y acogedor. Las paredes estaban pintadas en rojo con dibujos de hamburguesas y pizzas y unas letras en negro, en las paredes. Los asientos eran de cuero rojo, mientras que las mesas tenían manteles blancos. Era un lugar bonito.
Después de haber pedido nos habían traído dos porciones de hamburguesas y dos latas de Sprite frías. En ese momento los ojos de Poppy se iluminaron con demasiada intensidad. Le dio el primer mordisco a una y, al sentir que era de su agrado sonrió de oreja a oreja como una niña pequeña feliz con cualquier cosa.
—Mhmm... —dijo con la boca llena y, como acto seguido, levantó el dedo pulgar en señal de aceptación—. Están muy buenas.
—Qué bueno que le gusten —dije, observándola con atención.
—¿Cómo conoce este lugar? —inquirió, mirando a su alrededor.
—Simplemente conduje hasta encontrar un lugar donde vendieran hamburguesas y ya.
—Oh, ya veo. Ha hecho una buena elección. —Y siguió comiendo.
De repente, paró de comer y se me quedó mirando durante un corto tiempo, extrañada.
—¿No piensa comer? —señaló las hamburguesas.
—No —negué con la cabeza.
—¿Se muere o algo así? —se mofó levantando las cejas.
—No son mi tipo.
—Bueno, más para mí —levantó de hombros—. Pero por lo menos debería probar el Sprite. Hay un dicho que dice: "Un buen Sprite y se le reinicia la vida a cualquiera".
—¿De verdad existe ese dicho? —inquirí, levantando las cejas, serio.
—Sí —asintió con la cabeza y sonrió—. Solo no le diga a nadie que yo soy la autora de ese dicho —susurró en voz baja como si fuera algo que nadie más podía escuchar. De verdad tenía que estar tomada.
Miré el Sprite con duda y suspiré. Decidido cogí la lata en mi mano derecha, la destape y con la mano temblorosa bebí aquel dichoso Sprite. Sonreí al saborear y comprobar que lo dicho por Poppy era cierto. Tal vez mi vida no se reinició, pero si fue refrescante y fascinante. Declaraba el Sprite mi nueva bebida favorita.
Mientras Poppy devoraba hamburguesas como si no hubiera un mañana, yo solo podía observarla con detenimiento y atención, como si fuera la creación más bonita que pudiera existir en la tierra. A mí parecer era linda, pómulos definidos, pestañas largas, labios carnosos y rosados, pero lo que siempre me había llamado la atención en ella habían sido sus ojos. Eran cafés claros, muy bonitos, de hecho.
«¿Olvidas que te odia y que te ha dicho idiota?» me recordé internamente.
Aún me preguntaba cómo era había pasado de ser aquella mujer sexy que había bailado con una sensualidad arrolladora en aquella pista, a pasar a ser la Poppy que había hecho una escena en plena calle, y después a esta Poppy feliz simplemente comiendo hamburguesas.
Cuando terminó la hamburguesa que tenía en la mano cogió la lata de Sprite y bebió lentamente. Mi mirada recorrió su cuello lentamente, viendo como la bebida pasaba. De repente, el corazón me empezó a latir frenéticamente cuando ella se dio cuenta de que la observaba.
—Gracias —dijo a la vez que me miraba con una sonrisita.
Asentí levemente con la cabeza y giré la mirada porque era lo único que evitaba que la mirara.
Cuando volví la mirada a Poppy note que en la parte inferior de la boca tenía una pequeña mancha de salsa, y aunque pude habérselo dicho para que ella misma se limpiara, no lo hice. Tomé una de las servilletas de la mesa y, como acto seguido, me incliné un poco hacia ella. Su cejo se frunció durante un momento y su expresión cambió radicalmente a una de sorpresa cuando limpié suavemente aquella mancha.
Me moví lentamente hasta erguirme y supe que su confusa mirada aún seguía puesta en mí, lo cual me puso nervioso, aunque me esforcé en no demostrarlo. El momento se había tornado incómodo-
—¿Nos vamos? —pregunté porque era lo único que se me había ocurrido.
—Ajá —asintió con la cabeza.
Luego de pagar salimos del local y nos dirigimos hasta mi auto que había dejado parqueado frente al local. Nos subimos en un pequeño silencio.
«¿Aún seguirá borracha?» me pregunté, como si ella fuera a responderme por telepatía.
La eché un vistazo y vi que se sobaba lentamente las sienes con los dedos. Tenía el ceño fruncido.
—¿Se siente bien? —le pregunté.
Poppy me miró y tras un momento de silencio asintió con la cabeza.
No, no estaba bien y yo lo sabía. Qué cómo carajos sabían que no estaba bien. Ni idea, solamente sé que lo sabía. Además, su expresión no era muy favorecedora que digamos.
Más adelante vi una farmacia y paré. Sin decir nada me bajé del auto y entré a la farmacia. Minutos después volvía al auto con un ibuprofeno en el bolsillo de la chaqueta y una botella de agua en la mano.
Cuando subí al auto la miré.
—Tómesela —le ordené con amabilidad a la vez que le brindaba el ibuprofeno y el agua.
Ella me miró confundida pero no replicó, simplemente acató y se tomó la pasta. Estaba más que seguro que al otro día la señorita tendría una resaca del carajo, eso estaba claro.
—Gracias... —susurró—. Prometo no dormirme y hacerle compañía.
Más adelante se quedó dormida.
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Comments
Momys.rub
Jajajajajajajaja...
Pop la bebida de traicionó mana jajajajajjaaja..
Le dijiste hasta de lo q se hiba a morir, pero aún así ahí esta el babas llevándote a comer las burguer hajajajajajajaja!!!
Te digo q ya lo tienes bien agarrado de los wuiwis!!!
Esas Sprite solo las comora por ti heemosa. Se sabe cada gesto y cada manía q tienes!!!
2025-01-20
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