Capítulo 17

.../UNA VISITA INESPERADA/...

Poppy

Siquiera el reality show que tanto me gustaba ver estaba siendo de ayuda alguna, porque el tenso momento que había compartido con James en la sala de reuniones no dejaba de proyectarse en mi mente con insistencia. Su manera tan alarmante de actuar y la forma tan agresiva en la que me había hablado me dejó más que claro que ya no era le mismo. Ninguno de los dos lo éramos, claro estaba. Habíamos cambiado; cada uno sabía en su interior si había sido para bien o no.

Todos cambiamos cuando las circunstancias no los pide, y es algo que no podemos evitar. A veces, sale simplemente, y cuando te das cuenta y te pones a pensar, te sorprendes saber que has cambiado de una manera tan radical e impresionante.

Y así lo habíamos hecho.

Me acurruqué un poco más en el sofá y en la manta para obtener más calor del deseado, pero en ese momento el celular comenzó a vibrar inundando la sala con la canción Fairytale. Lo cogí a la vez que me sentaba con las piernas en indio, y antes de descolgar vi el nombre de Camila titilar en la pantalla.

—¡Ey, chica! —dijo Camila a modo de saludo desde el otro lado de la línea—. ¿Qué tal todo?

Solté un hondo suspiro cargado de frustración.

—No muy bien que digamos... —fui sincera, porque lo necesitaba, necesitaba contarle a alguien eso que sentía y me frustraba.

—Eso me di cuenta cuando te fuiste —respondió—. Por eso te he llamado, para saber cómo estás. Sabes que puedes confiar en mí, Poppy.

Y se lo agradecía. Porque en ese momento necesitaba más que nunca hablar con ella.

—Gracias —susurré de manera audible.

—No es nada.

Un pequeño y a la vez gratificante silencio se instaló entre las dos. Aunque no podíamos vernos, sabíamos que nos entendíamos con ese silencio.

—Cuando quieras. —Me daba la libertad de poder contarle lo que quisiera en el momento que quisiera.

Solté otro suspiro armándome de valor.

—Después de que la reunión acabara me encontré con James...

Y así fue como comenzó mi pequeño relato acerca del encontronazo con Julián. Camila me escuchó en todo momento; parecía que solo tenía oídos para mí en ese momento, algo que amé. Porque es lo que a veces necesitamos; alguien que nos escuche hablar de esos problemas que nos atormentan, por más tontos que para los demás sean.

—¡¿Qué ese cabrón te estampó un beso?! —exclamó después de haber terminado.

—Sí.

—¿Pero es que acaso es idiota? Poppy, ¿le diste su buena patada? —preguntó expectante.

—No, pero te aseguro que el empujón que le di seguramente le dolió —aseguré con una sonrisita.

—Esa es mi Poppy Halper. —Parecía orgullosa de ello. Y no pude evitar sonreír aún más.

De la nada, otro pequeño silencio volvió a instalarse nuevamente en la llamada. La respiración de Camila se escuchaba tranquila y al parecer pensaba en algo a lo que yo estaba ajena en aquel momento. Entonces, sin esperarlo, el recuerdo de Nicholas llegó a mí como ese rayo de luz que siempre aparecía cuando lo tenía en mente. Esa sonrisa que me dedicó para decirme que no estaba sola solo hizo que deseara volver a ese momento.

Lo sentí tan poderoso y protector que temblé.

—Poppy —habló mi amiga después de unos segundos haciendo que volviera a la realidad—, no te preocupes. No estás sola —eso era lo que su sonrisa me había transmitido—, por más que creas que lo estás, no es así.

Sus palabras se sintieron tan bien que una sonrisa se instaló en mi rostro dándome a entender que había hecho bien en contarle a ella.

—Gracias, Camila —susurré con nostalgia—. No sabes cuánto me has ayudado. Me siento bien, tal vez mucho mejor de lo que debería. Gracias, de verdad.

—Poppy, tú te mereces sentirte siempre mejor por ser esa mujer tan impresionante y buena como eres. No desees menos, porque hay muchos que deseamos lo mejor para ti. —La manera tan segura en que lo dijo me hizo querer gritarle lo mucho que la quería.

Y tal vez la emoción me ganó en el momento porque no medí bien lo que dije después.

—No sé qué me pasa, pero Nicholas parece ocupar mi mente en el momento en el que necesito una ayuda. Y no comprendo por qué reacciono de esa manera tan descontrolada cuando estoy a su lado —expresé sin darme cuenta de que no había sido un simple monólogo con mi fuero interno. Lo había dicho en voz alta y...

Daba miedo.

Realmente lo hacía. Admitir eso delante de alguien hacía que el temor de volver a ser lastimada se pronunciara nuevamente.

Pero no me importó. Ya había hablado.

—¿Hablas de... Nicholas Kuesel? —preguntó, tal vez para estar segura de que le decía.

—Sí... —y asentí levemente con la cabeza como si ese gesto pudiese verlo ella cuando no era así.

—¿Y cómo te sientes con ese descontrol que experimentas a su lado? —inquirió con delicadeza, porque esa era su forma de indicarme que ya pisábamos otro terreno mucho más íntimo del que hablar.

Lo pensé por un momento.

Ese descontrol de emociones que experimentaba cuando estaba al lado de Nicholas era magnífico... daba miedo... se sentía jodidamente bien... volvía a dar miedo.

—No niego que me gusta ese descontrol, como tampoco niego que me da miedo —fui sincera.

—¿Y crees que eso es bueno? Digo, para ti.

—No lo sé, Camila, no lo sé...

—Poppy —pronunció a la vez que el timbre de la puerta sonaba dos veces con insistencia y al mismo tiempo con una sutil delicadeza.

Llevé la mirada hacia la puerta y la oteé con intriga. No esperaba a nadie, entonces, ¿quién podría ser?

—Oye, Camila, te tengo que dejar, hablamos después, ¿vale?

—Sí, no te preocupes. Adiós, lidiadora de psicópatas. —Era el mismo, aunque no se lo hubiera dicho aún.

Cuando la llamada se colgó dejé el celular a un lado del sofá y me levanté y caminé descalza hasta la puerta. No pude descifrar bien quién era, pero su respiración se entremezclaba con el sonido de una bolsa que al parecer cargaba. Y abrí, porque algo en mi interior me incitó a hacerlo.

La respiración se me cortó por un momento y mi corazón se disparó con ligereza.

Era Nicholas, cargando una bolsa en la mano derecha y una sonrisa adornando su rostro con encanto.

Algo en mí se sorprendió al verlo, pero la otra parte de mí me había incitado a abrir la puerta porque ansiaba verlo a él.

—Señor Kuesel, ¿qué hace aquí? —fue lo primero que se me ocurrió preguntar.

—Espero no incomodarla —respondió con tranquilidad—. De camino acá compré pollo asado y quise saber si le apetecía un poco —me mostró la bolsa en la que estaba el pollo. Olía muy bien—. ¿Tal vez podamos comerlo juntos?

«Nicholas Kuesel, ¿por qué me haces esto, ah» me pregunté con un cierto toque de nostalgia.

Entonces, sonreí.

—Por supuesto. Pase —le pedí abriendo un poco más la puerta para darle paso.

Cuando llegamos a la sala se sentó en el sofá después de haber puesto el pollo en la mesita con delicadeza. No perdió el tiempo y abrió la bolsa, sacó la caja del pollo y después de abrir esta última me instó a sentarme junto a su lado. Así lo hice.

Ninguno de los dos probó el pollo por el momento.

Una sonrisita pequeña ocupó su rostro al llevar la mirada al frente y toparse con el reality que él tanto odiaba. Me le quedé observando con intriga mientras él observaba por un momento la televisión y no dejaba de sonreír por la programación. Yo tampoco pude evitarlo.

—Ahora comprendo porque le gusta —habló de la nada antes de clavar su clara mirada en mí al tiempo en que yo también lo hacía.

—Las discusiones y dramas de los famosos siempre me han gustado —respondí bajito encogiéndome de hombros.

—Con razón es así de dramática —insinuó con mofa.

Pero tal vez él no debió decir aquello, porque yo no fui capaz de contenerme en soltar mis comentarios.

—Pero no niegue que aun así le gusto. —Fue después que me di cuenta de que no había sido un simple pensamiento.

Pero el comentario que le siguió a esa respuesta superó con creces mi imaginación.

—Por supuesto, Halper, es por eso que tanto me gusta —respondió con un tono de voz sexy que me hizo temblar y sentir un intenso calor recorrerme todo el cuerpo. Me le quedé mirando embelesada a la vez que él en un movimiento rápido y ágil se acercaba a mí—. Y no lo niego. —Terminó susurrando sabiendo que por su cercanía su cálido aliento impactaría en mi rostro, haciendo que me erizara de la manera más veloz.

Comenzaba a causar estragos.

No lo permitiría.

—Eeeeh —giré la mirada al televisor. Estaba nerviosa—. Lo mejor es que comamos el pollo antes de que se enfríe.

Con las manos temblorosas, aparentemente por los nervios que me producía tenerlo cerca, saqué un trozo de pollo y lo bañé en salsa de tomate, la cual se alcanzó a regar en la mesa cuando me lo fui a llevar a la boca. Supe que me observaba con demasiada atención porque sentí su mirada de una manera profunda y persistente en mí.

—Por supuesto —respondió antes sacar un pedazo de pollo y llevárselo a la boca.

—Está muy bueno —se me ocurrió decir para menguar lo tenso que comenzaba a tornarse el momento—. ¿Quiere... algo de tomar?

—Sí, por favor.

Dubitativa, me levanté del sofá después de haber soltado el pedazo de pollo a medio terminar y, sabiendo que su mirada me seguiría, pasé por su lado y me dirigí a la cocina. Cuando llegué me acerqué a la nevera y la abrí.

El gélido frío que desprendía del interior de la nevera me golpeó de manera delicada, haciendo que mi cuerpo se erizara bajo aquel manto de frío que en aquel momento fue mi ayuda. Al menos ese calor que me había invadido desaparecía lentamente.

«Maldito, Nicholas Kuesel» dije en mi interior con reproche.

El muy desgraciado sabía que su cercanía me había puesto los vellos de punta y que tenía los nervios a flor de piel, y al parecer eso le gustó. Su mirada juguetona me lo dio a entender.

Saqué dos latas de Sprite antes de cerrar la puerta de la nevera. Las latas estaban frías y mis manos no tardaron en sentir ese álgido y refrescante tacto. Me encaminé hacia la salida de la cocina, pero por un instinto paré y me permití soltar un hondo suspiro para armarme de valor y tranquilizar a mi cuerpo.

Volví a caminar.

—Tenga —dije al llegar a su lado, entregándole una de las bebidas.

Nicholas miró la bebida que le entregaba y la aceptó. En el proceso sus delgados dedos rozaron los míos con una delicadeza que me hizo temblar bajo su cálido tacto. No negaré que me sobresalte, aunque solo fuera un simple roce. Quité la mano con una rapidez que me sorprendió.

«Tranquila, Poppy, solo fue un simple roce... un pequeño y... tonto roce» me dijo mi fuero interno con la intención de tranquilizarme y, por un momento, lo consiguió. Pero volví a lo mismo cuando me senté nuevamente a su lado y el calor que desprendía me arrolló junto a su atrayente aroma.

Como si no hubiera pasado nada seguí comiendo.

—Halper. —Esa manera suya en la que pronunció mi apellido me desconcertó.

Evite mirarlo.

—¿Sí?

—¿Puedo hacerle una pregunta?

—Sí, porqué no.

Con mi respuesta Nicholas parecía que lo pensaba, tal vez porque ahora pensaba la mejor manera de hacerme esa pregunta que al parecer, deseaba hacer.

—¿Cuántos años tenía cuando se casó? —Evitó decir el nombre, pero sabíamos de quién hablaba. Después de todo, yo solo me había casado con un hombre.

No negaré que su pregunta me descolocó por un momento, pero supe recomponerme con destreza.

—Veinte —respondí.

Nicholas lo pensó. Seguramente pensaba y trataba de responderse a la pregunta que muchos se hacían: ¿Cómo era que siendo tan joven me había casado? No solamente había estado casada, sino que había pasado a estar divorciada. Algo demasiado rápido para unos jóvenes como lo habíamos sido James y yo. Pero todo tenía una explicación.

Su silencio me hizo sentir incómoda y me removí en mi lugar para poder encontrar un poco de seguridad en él.

—¿Puedo... saber... por qué se casó? —volvió su mirada a mí, parecía intrigado en un tema en el que yo siempre me esmeraba por no dar demasiados detalles, solo cosas navales a las que no les daba demasiado sentido.

Y no pude negarme, porque sin darme cuenta ya me estaba preparando para contárselo, porque algo en mí me instaba en contarle eso de lo que no hablaba. Su clara y profunda mirada me dedicó la seguridad que había buscado segundos antes. Tan solo con eso ya me sentí preparada.

—Mi padre... —suspiré—. Mi padre sufría de cáncer, se lo determinaron cuando yo apenas tenía dieciocho años. —El recuerdo de mi padre hizo que el corazón se me estrujara—. Para ese entonces yo era novia de James, teníamos una relación estable y muy tranquila. Siempre me hizo sentir bien, no negaré que James fue ese apoyo que necesitaba en esos momentos de crisis. —Paré un momento y me permití tomar aire para poder continuar—. Hubo un tiempo en el que los médicos nos dieron la esperanza de que con el tratamiento se estaba recuperando, poco a poco. Pero eso para mí era lo más importante.

No me di cuenta de que volver a hablar de eso dolería tanto, hacía mucho tiempo que había sucedido y en mi interior no dolía tanto, pero me di cuenta de que el recuerdo dolía mucho más cuando se hablaba en voz alta. Y delante de alguien.

—Pero cuando estaba próxima a cumplir los veinte los médicos nos dijeron que el cáncer había vuelto y esta vez si era mucho más grave..., el cáncer parecía querer consumirlo sin dejarle una pequeña esperanza de vida. —Su mirada intensificó todo; el momento, las lágrimas que sentía próximas a salir con rebeldía—. Una noche, escuché a mamá y papá hablar, no me habría detenido a escuchar si la voz tan devastada de mi padre no hubiese retumbado por su habitación. En esa conversación él le decía a mi mamá que no le daba tristeza dejar este mundo, le daba tristeza era no tener la certeza de que viviría para poder tener la dicha de llevarme al altar y verme casada junto al hombre que amaba.

No me di cuenta de que las lágrimas se me amontonaban con constancia hasta que miré el rostro de Nicholas y éste se veía borroso. Solté un hondo suspiro para tranquilizarme, y esa acción la acompañó junto a la de Nicholas. Acomodó lentamente su mano encima de mi desnuda rodilla. Su tacto se sintió demasiado bien, tanto, que ahí encontré las fuerzas para continuar.

—Se lo conté a James, desde el comienzo se negó, pero fui persistente hasta que lo convencí. Cuando se lo conté a mi papá sentí que la vida era muy injusta por querer llevárselo y dejarme sin aquella sonrisa tan melodiosa. Fue una boda sencilla, pero mi padre dijo que fue el mejor regalo que había podido darle...

Me detuve, porque llegaba la parte difícil de decir.

—¿Qué pasó después? —quiso saber, delicado.

—Mi padre murió un mes después de mi boda... —Sollocé.

Su silencio me indicó que podía llorar si así lo quería, pero le había prometido a mi padre que no lo haría, porque verme triste era lo que menos quería. Por eso solo me permití sollozar y dejar que las juguetonas lágrimas se acumularan en mis ojos, aunque eso significara ver borroso.

—¿Puedo saber por qué terminaron? —No pretendía ser insistente, solo saber un poco de mí.

—Desde joven James había deseado crear videojuegos, y era un sueño al que nunca me opuse; ahora éramos una sola carne, un solo pensamiento, como su esposa era mi deber apoyarlo. James comenzó a tratar de hacer su sueño realidad, claro era que para cumplirlo no solo se necesitaba de inteligencia y creatividad, sino de dinero. Por eso James comenzó a trabajar el doble y yo le ayudaba. —El recuerdo de los dos siendo jóvenes y tratando de sacar adelante un proyecto me devastó—. Pero un tiempo después todo comenzó a caerse en picada; hacía tres meses que no pagábamos el alquiler y la señora ya nos había advertido acerca de eso.

Recordar lo vergonzoso que había sido ese día para mí me produjo un sentimiento negativo. La señora había tocado a la puerta y nos había amenazado con sacarnos a la calle si no se le pagaba. Todos nuestros vecinos habían visto lo humillante de la situación.

—Después no teníamos para comer y tuve que pasar por la vergüenza de pedirle a mi mamá, ella no se negó, lo hizo con mucho cariño. —Era esa una de las razones por las que mamá venía con constancia al apartamento, para asegurarse que tuviera de comer y me alimentara bien—. Pero no fue eso lo que nos separó, porque yo estaba dispuesta a estar con él, sino su constante falta de atención. Porque eso sí, una mujer puede soportar todas esas cosas, menos que le falte atención. James llegaba tarde a casa y cuando yo quería estar con él, él decía que se encontraba cansado. Solo lo veía dos veces al día.

Paré y me fijé en la atención que me prestaba Nicholas, como si mi vida importara lo suficiente para mirarme de aquella manera tan magnífica.

—Cuando no lo soporté más le pedí el divorcio —finalicé con ese recuerdo del parque intacto, pero ya no dolía.

Cerré los ojos, avergonzada y decidí limpiarme las lágrimas rebeldes que se habían salido de mis ojos y ahora rodaban por mis mejillas. Pero mi acción se vio interrumpida cuando los pulgares de Nicholas las limpiaron por mí con esa delicadeza que lo identificaba y que yo comenzaba a distinguir.

—Lo hiciste bien —susurró después de haber pegado nuestras frentes en un movimiento que me descolocó. Su aliento impactó en mi boca—. No lo dudes, Poppy.

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Comments

Momys.rub

Momys.rub

Poppy hiciste lo correcto ese Cabron se aprovecho de tu vulnerabilidad, si es muy cierto q eran jóvenes pero cuando hay Amor se llega a la meta aunq cueste un poco más de sacrificio. Para el.solo.fuiste su pase para lograr un Sueño, un sueño q no fue en conjunto si no independiente. Tu no estabas incluido en.el!!!
Así q Si, hiciste lo correcto al mandarlo al carajo. Ambos tienen heridas, pero son heridas q pueden curar entre sí!!!
El Pasado es Humo, y Presente es Biento..
Hay q vivir el.Momento!!!

2025-01-20

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