.../BESO DULCE PERO POR ERROR/...
Poppy
—¡Cuidado!
Sentí mi caída como un tipo de cámara lenta, recibiendo un buen golpe. Lo último que vi antes de cerrar los ojos fue el rostro sorprendido de alguien observándome. Impactaría en el suelo, pero mi pensamiento se vio interrumpido cuando me llevé al dueño de aquella mirada por delante de mí y, segundos después, me sentí encima suyo.
Inconscientemente, mis labios impactaron contra los de esa persona, haciendo que un corrientazo martirizante me recorriera todo el cuerpo. Y, por si fuera poco, sentí mis manos encima de su torso duro y musculoso, el cual se sentía a través de la delgada tela de traje que tenía.
Sabiendo que no sería nada bueno, abrí lentamente los ojos y al ver el rostro de él… mi jefe tan cerca de mí, sus labios junto a los míos y su mirada puesta sobre mí, me sobresalté instantáneamente. Sin pensarlo dos veces me moví de encima de él hacia un lado como si su cercanía quemara.
Sus ojos abiertos como platos eran la clara imagen de que estaba igual de sorprendido que yo.
—¡Qu-qué...! —balbuceé algo nerviosa—. ¡No era mi intención, de verdad! —dije con rapidez negando con las manos.
Él no dijo nada, solamente se limitó a mirarme mientras con una mano tocaba sus labios, sorprendido.
Momento de silencio.
Ninguno dijo nada, solo nos quedamos viéndonos por un largo e incómodo momento que parecía nunca tener fin.
«Entre todas las personas de este edificio, ¿tenía que ser él precisamente?» me pregunté mentalmente.
Mi subconsciente aún no procesaba lo ocurrido, mi corazón latía desbocado y mi mente no mandaba señales de movimiento a mi cuerpo. Estaba en shock. Y una pregunta rondaba mi mente: ¿Había besado al psicópata de mi jefe, Nicholas Kuesel, realmente?
Nicholas se levantó y, después de dedicarme una fugaz mirada, se dio la vuelta y se desapareció. Y allí quedé yo; estupefacta y anonadada por lo ocurrido. Segundos después, tuve el valor para levantarme, ver el informe por que el cual había ido allí y por el cual me había caído. Con las piernas temblando como gelatina, me agaché y lo recogí.
Encogida de hombros y con el informe pegado junto a mi pecho salí de la biblioteca, aún nerviosa.
Llegué hasta mi escritorio y con la misma pregunta rondando mi cabeza empecé a corregir aquel informe que él había dicho que me había quedado como un montón de mierda.
Me sentía extraña, aquel beso había sido... cómo podría explicarlo... No encontraba la palabra adecuada.
El reloj marcó las ocho de la noche. Mis compañeros empezaron a salir entre risas y bromas; eran muy sociables entre ellos y aquello era algo agradable, ya que nunca había discordias y entre todos nos ayudábamos.
Estaba tan perdida en mis pensamientos y a la vez tan concentrada en el trabajo que no me di cuenta el momento exacto en el que Camila se acercó a mí.
—¿Ya te vas? —me preguntó con una sonrisa.
—No puedo —negué con la cabeza.
—¿Por qué? —frunció el ceño.
—Tengo que terminar este informe. Además, tengo que entregarlo mañana en la mañana —respondí, suspirando y bostezando.
—Entonces, me voy. —Asentí con la cabeza.
Camila se fue y el edificio quedó sin persona alguna a la vista. Los únicos que quedábamos en aquel grande edificio éramos mi jefe y yo, lo cual no era para nada bonito. De vez en cuando miraba de reojo la oficina de Nicholas y no sabía el porqué de mi atención tan interesada. Bueno, tal vez sí lo sabía, aún me sentía desorientada por aquel tonto y abrupto beso sin sentido.
«Te has dado un pico con el psicópata de Nicholas Kuesel, y te ha gustado» dijo mi mente de repente.
«No» contesté.
«Sí, sí te gustado»
«Bueno, sí. Sí me ha gustado, ¿vale?»
Mi mente a veces no colaboraba y aquello era uno de sus problemas.
Los minutos empezaron a pasar con una lentitud que se me hizo eterna. Pero, sabía que, aunque el tiempo pasará rápido no valía de nada si yo no terminaba ese informe que me tenía harta hasta la médula.
Me levanté del escritorio y fui por una lata de Sprite a la nevera de refrescos que quedaba en la planta baja de descanso, la cual nuestro querido Nicholas Kuesel había mandado a hacer para que sus empleados pudieran descansar cuando les placiera y que así pudieran rendir al cien por cien.
Nicholas
«Has besado a tu secretaria» Esa afirmación hizo que cada fibra de mi cuerpo temblara.
«Yo no la bese» me obligué a asegurar para no sentirlo tan real.
«¡Te has besado con Poppy Halper, tu bendita secretaria! ¡Y te ha gustado»
«A mí, no»
«Sí, claro, como no»
¡Agh!
Pasé mis manos por mi espeso pelo y traté de concentrarme en el trabajo que tenía delante de mí en la computadora, lo cual no estaba consiguiendo, porque mi condenada mente no hacía nada más que recordarme aquel inesperado y espontáneo beso que, accidentalmente, había compartido con Poppy Halper.
No, no podía concentrarme. Y no lo lograría.
Levanté la mirada hacia el reloj que había en la pared al lado de la puerta y sus diminutas manecillas marcaron las nueve y treinta de la noche. El tiempo había pasado demasiado rápido pero, a la vez, combinado con un martirio sepulcral con aquel pequeño rose que parecía seguir intacto en mis labios, evocando esa misma extraña sensación que me invadió.
Ojeé la ventana para ver si veía rastro alguno de Poppy, pero no la vi cerca. Solo segundos después la vi acercarse con una lata de Sprite en la mano antes de sentarse frente al escritorio. Después de darle un sorbo a la lata miró su computador y suspiró, cansada y abrumada.
«Debe estar cansada» titubeó mi subconsciente.
«¿Y a ti qué te importa? ¿Acaso olvidas que ella te odia?»
Ah, sí, verdad.
Para nadie era un secreto que Poppy Halper, mi secretaria de tres largos años, lo que equivale a mil noventa y cinco días, y la secretaria que todo CEO quisiera en su empresa por lo eficaz que era, me odiaba a morir.
Aunque en la tarde le había dicho que era una persona incompetente, la verdad es que era muy eficaz y pendiente de casi todo, casi. Por lo que no me arrepentía de haberla contratado.
El tiempo pasó tan demasiado rápido que al volver a ojear el reloj ya marcaba las diez de la noche. Y mientras me había dejado llevar por mis pensamientos había logrado terminar mi trabajo. Ya podía irme a descansar con total tranquilidad.
Volví a mirar a través de la ventana de la oficina y observé que bostezaba llena cansancio.
Me levanté del escritorio, me puse la chaqueta y salí de la oficina. Lentamente me acerqué hasta Poppy y la miré fijamente.
—Debería irse a casa —dije, antes de meter las manos metidas en los bolsillos del pantalón.
Ella levantó su mirada y sus claros ojos cafés se clavaron en mí.
—No he terminado el informe —respondió antes de volver la mirada al computador.
Suspiré, frustrado.
Esa mujer era demasiado terca y orgullosa como para ceder, por lo que tendría que acudir a hablarle con tono firme.
—No es una opción, es una orden, Halper.
—No es una opción, es una orden... —me imitó en voz baja, creyendo que no la escucharía.
—¿Dijo algo, Halper? —levanté las cejas intrigado y sonriente en mi interior porque sabía lo que diría a continuación.
Poppy levantó nuevamente la mirada hacia mí, haciéndose la sorprendida antes de negar rápidamente con la cabeza.
—No, claro que no.
—Guardé sus cosas y vaya a descansar.
—Pero es que no he terminado el informe.
—No se preocupe, me lo puede entregar pasado mañana —le aseguré,
Sabía que si me iba adelante ella fingiría que se iría también, pero no sería así, ella luego se devolvería y se quedaría hasta tarde terminando el informe. Lo sabía a ciencia cierta porque en varias ocasiones lo había hecho cuando le había aconsejado que lo mejor era que se fuera a descansar. Por eso decidí devolverme a mi oficina y esperar hasta que se fuera.
Observé cómo se levantó del escritorio, guardó sus cosas y con parsimonia entró al ascensor. Al verla desaparecer suspiré aliviado y... ¡Carajo! ¡¿Por qué me preocupaba tanto?!
«Porque es mi secretaria. ¡Por Dios, solo es eso!» me dije.
Sí, solo era eso y nada más.
Poppy
«Psicópata, Nicholas Kuesel»
Cuando llegué al apartamento solté un suspiro lleno de alivio. Al entrar vi a mamá y a mi hermana Lily sentadas en el comedor, viendo una revista, de esas que ellas siempre solían comprar para estar informadas sobre sus famosos favoritos y chismes de la semana.
—Hola —dije entrando para después de cerrar la puerta tras de mí.
Las dos mujeres me voltearon a ver y me dedicaron una radiante sonrisa que aprecié y guardé en mi corazón.
—Hija mía, ¿cómo te fue? —me preguntó mamá levantándose de la silla, se acercó hasta mí y depositó un cálido beso en mi frente.
—¡Poppy! —exclamó Lily con alegría—, al fin llegas. Creí que lo harías más tarde.
—Lo mismo pensé —agregó mamá dirigiéndose a la cocina a preparar un poco de té.
Cuando mamá estuvo en la cocina preparando su adictivo té, Lily y yo nos quedamos en el comedor. Me miraba de una manera tan extraña que presentí que quería decirme algo. Su insistente mirada me lo indicó.
—Poppy, mira esto —movió la revista que tenía en la mano—, pero sin que mamá se dé cuenta. No he permitido que lo vea porque sé cómo se pondrá.
Sin pensarlo, me acerqué hasta ella y tomé la revista, la cual me entregó en una página en específico, que tenía como título: "James Miller, el nuevo CEO que está creando un gran revuelo en el sector de los videojuegos". Debajo del título estaba la foto de la persona de la que se mencionaba. Al ver nuevamente su rostro sentí aquella grieta que yo había creído que había sanado, pareció volver a abrirse.
Miré a Lily con algo de tristeza y le dediqué una pequeña sonrisa antes dejar la revista en la mesa con languidez.
—Me alegró por él —me obligué a decir.
Y sin decir más me levanté de la silla y me fui a mi habitación.
Sentí los ojos llorosos y la grieta nuevamente abierta. Al llegar, no prendí la luz, me tumbé en la cama y sin esperarlo de mis ojos empezó a salir aquel líquido que muchos odiamos, que muchos consideramos una debilidad para el ser humano, algo que otros consideran de fuertes y valientes, pero que sin esperarlo sale sin control cuando realmente necesitas hacerlo. Estaba llorando.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que ver su rostro otra vez? Quería borrar su recuerdo y olvidar que en algún momento lo amé, y que fui su... esposa.
Dos pequeños golpecitos en la puerta me hicieron volver a la realidad.
—Poppy, ¿te encuentras bien? ¿Puedo pasar?
—La voz de Lily a través de la puerta me reconfortó.
—Pasa, Lily.
Me senté en la cama y con el dorso de la mano derecha limpié mis ojos. Lily se sentó junto a mí, puso una mano en mi espalda, frotándola pausadamente.
—No llores, sé que eres una mujer valiente. No te preocupes —comentó con tranquilidad.
—Fue mi culpa —contesté entre sollozos.
—No, no lo fue —aseguró.
—Quiero ser fuerte, fui yo quien le terminó, no lo comprendo. ¿Por qué ahora duele? ¿Lo seguiré amando, Lily?
Ella guardó silencio, pensativa. Tal vez, tanto ella como yo, tratábamos de buscar respuestas a mis preguntas. Las cuales no encontrábamos.
Segundos después se atrevió a hablar con lentitud.
—Tal vez sea porque cuando se ama o amó de verdad, cualquier cosa relacionada con la otra persona nos afecta de una u otra manera, fortuito. Y no quiere decir que aún lo ames, simplemente que tu corazón aún guarda los recuerdos de lo que una vez fue bonito y se mezcla con la pregunta de incertidumbre que nos hacemos: ¿Qué habría pasado si? Y duele aún más cuando se quieren borrar los recuerdos y el pasado vuelve haciendo sobresaltar todo eso.
Me alegraba que hubiera logrado su sueño, y realmente lo hacía. Pero... era inevitable no recordar todo aquello que se había vivido y que habíamos creído bonito y de la nada se había destruido. No lo amaba igual que antes, me lo decía mi corazón, pero no olvidaba su grato recuerdo. Y eso aún dolía.
Un fuerte dolor invadió mi cabeza, recosté la cabeza en el hombro de Lily mientras ella con su cariño afectivo me consolaba. Debía ser al revés. Debía ser yo quien la consolara en ese momento, no ella a mí. No debía ser así. Tal vez el consuelo no busca edad. Y el dolor tampoco.
—Gracias... —susurré.
—No es nada, Poppy —respondió.
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Comments
Momys.rub
Ay mi Popoyssss, tu cora ya esta ocupado mana, ya tiene dueño, Nomas q el cabron se esta haciendo del rogar!!! Tu mentecilla diablilla ya hablo!!!
Y bueno si el wey te dejo ir ps q mal por el no??? El.perdio una joya y tu ganas un Trono!!!
Por q Nico no te va a dejar ir!!
2025-01-19
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patry
estos se aman 😀 pero todavía no lo saben
2025-01-19
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San Aguirre
Parece hombre lobo cuando su lobo le habla 😂😂😂
2024-03-17
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