.../LA CARICIA DE UN BESO. UN RECUERDO/...
Nicholas
Las llamas consumían con una lentitud aterradora aquel auto que, poco a poco, se iba desvaneciendo. Era espantoso, quería gritar hasta desgarrarme las entrañas y quedarme sin voz para nunca más poder hablar. Pero no podía. No encontraba mi voz, era como si en ese momento hubiera desaparecido.
Y me aterró aún más.
Bajé la mirada a mi cuerpo y encontré mis pantalones rasgados; una de esas rasgaduras me permitió ver la quemadura que tenía en el muslo derecho. Mi camiseta también estaba rasgada, y mis delgados brazos estaban llenos de rasguños y quemaduras leves que ardían.
Sentí miedo.
Algo en mi interior me dijo que él ya había muerto. Y me estremecí al recordar que, si no hubiera sido por él, yo también lo estaría.
El intenso sonido de varios autos; en especial el de una ambulancia, hizo que llevara mis pequeñas manos a mis oídos e hiciera presión en ellos a la vez que me hincaba en el suelo mientras lloraba aterrado, desconsolado.
Luces intensas, sonidos arañándome los tímpanos, gente a mi alrededor y un dolor intenso en mi interior, era lo que me rodeaba ahora.
Todo se volvió borroso, no debía volverse así. No veía nada. Solo encontraba oscuridad. Quería gritar, pero otra vez no volvía a encontrar mi voz. Otra vez no. Otra vez no. Necesitaba…
—¡NO! —grité.
Lentamente ojeé a mi alrededor y solté un suspiro lleno de alivio al comprender que estaba despierto, en mi habitación. Segundos después me incorporé en la cama y me pasé una mano por la frente. Estaba sudando.
«¿Por qué otra vez?» Me pregunté internamente con cierta rabia.
Hacía demasiado tiempo que no soñaba aquello. Gracias a los somníferos que solía tomar era fácil de conciliar el sueño, aunque ante el más mínimo ruido me despertara. Pero algo fue distinto esta vez, se sintió mucho más real y aterrador. Como si otra vez volviera a revivir ese instante.
Temblé.
Me levanté de la cama sintiendo resequedad en mi boca. Fui a la cocina, serví un vaso de agua y lo bebí con una rapidez que me impresionó. Puse las manos en la encimera después de haber dejado el vaso a un lado. Necesitaba respirar con tranquilidad, calmarme. Algo que no conseguía.
Inesperadamente un gritó proveniente del apartamento de Poppy mezclado con un agudo y delgado golpe de algo hacerse añicos contra la baldosa captó mi atención.
—¡MALDICIÓN! —la escuché quejarse adolorida—. ¡QUEMA! ¡QUEMA!
No lo pensé dos veces y de inmediato me puse recto y salí a toda velocidad hacia el apartamento de Poppy. Cuando llegué, toqué el timbre, pero nadie abrió. Volví a tocarlo y nada. Seguí insistiendo varias veces hasta que la puerta se abrió con lentitud y una débil mirada me recibió, causando una sucumbida en mi interior.
Sus hermosos ojos cafés inyectados en sangre me indicaron que la tos era su impedimento a la hora de dormir, por lo que seguramente llevaba toda la noche despierta. Pero hubo algo que llamó mi atención al completo, y fue ver la mueca de dolor que dibujó en sus labios mientras que con la mano derecha se apretaba la muñeca izquierda.
—Señor Kuesel —dijo casi en un susurro—. ¿Qué hace...?
—¿Está bien? —la interrumpí de manera abrupta, haciendo que ambos nos
sorprendiéramos por mi tono de voz empleado—. Escuché un ruido y quise venir a ver que todo estuviera bien.
—No se preocupe —respondió antes de regalarme una débil sonrisa.
Como yo sabía que Poppy era terca y diría «No se preocupe, todo está bien», fijé la mirada en su mano y con una delicada rapidez que me hizo estremecer, cogí su muñeca izquierda entre mis manos y la revisé con cuidado. Ella se estremeció bajo mi contacto.
Estaba roja, tratando de hacerle un sarpullido pequeño que parecía tener vida propia. Pronto se inflamaría si no se le atendía de inmediato.
—¿En serio creé que está bien? —enarqué una ceja, interrogante.
—Eso fue... —trató de decir, pero no le permití dar explicaciones, porque la llevé dentro a su apartamento para después hacerla sentar en el sofá.
No tuve que preguntar qué le había pasado; ver una tetera de aluminio en el piso botando agua hervida junto con los restos de lo que supuse era un pocillo de vidrio hecho añicos, tuve la respuesta a la pregunta que no había hecho.
Volví la mirada a Poppy, su manera de mirarme me indicó que la fiebre seguía causando estragos en ella. Un fuerte calor inundó la palma de mi mano cuando la coloqué en su frente. Tenía fiebre. Y ella me había dicho, cuando íbamos para su departamento, que no me preocupara, que estaría bien.
—¿Dónde tiene un botiquín? —pregunté.
—¿Un botiquín? —me miró.
Asentí levemente con la cabeza.
—Sí, un botiquín —afirmé con seriedad.
—No tengo un botiquín. —Se encogió de hombros, tal vez apenada—. Aunque sé que debería.
¿No tenía un botiquín? ¡¿Cómo carajos no tenían un botiquín?! Eso era indispensable en todo hogar, por más mínimo que lo hiciera ver la gente.
Los nervios que había tenido se habían transformado en frustración, aunque no le permití que lo notara. Verla con la mano de esa manera hizo que la preocupación me volviera a inundar. No podía enfadarme con ella y menos en un momento como ése.
—Espéreme acá —le pedí haciendo un gesto con la mano antes de dirigirme hasta la puerta. Antes de salir me giré hacia ella—. Ni se le ocurra moverse.
—Está bien.
Un sentimiento se instaló en mi interior causando un estrago desconocido para mí. Tal vez después tuviera tiempo para prestarle atención, por el momento debía cuidarla.
Fui por el botiquín que tenía en casa y volví al apartamento de Poppy, quien cuando llegué parecía estar dormida, o eso creí al verla con la cabeza encima del reposabrazos del sofá y los ojos cerrados. Cerré la puerta y me acerqué hasta ella con tranquilidad.
Dejé el botiquín en la mesita que había frente al sofá antes de ir a la cocina por una taza de agua fría. Después regresé donde ella y me senté a su lado, sintiendo como la respiración comenzaba a pesarme con nuestra genuina cercanía. Con sumo cuidado tomé su mano y la sumergí en el agua. Instantáneamente se sobresaltó cuando el aguante fría inundó su delicada mano. Abrió los ojos con cautela y se me quedó viendo.
Solo era una mirada, pero fue lo suficiente como para hacerme tensar.
—Tranquila —le dije con delicadeza—. ¿Arde? —quise saber.
Asintió levemente con la cabeza.
—Un poco. —El escozor fue evidente cuando hizo una mueca de dolor.
Diez minutos después de tener su mano sumergida en el agua la saqué, le apliqué manteca de cacao por la parte superior de la quemazón y la vendé. Por prevención le hice tomar un acetaminofén.
—Tiene que descansar —le recomendé. No respondió—. Vamos, la llevaré a su habitación. —Tampoco la dejé reprochar y la levanté en mis brazos. Aún con entrecortados jadeos de escalofrío me indicó dónde quedaba su habitación.
Solo fue cuestión de segundos para llegar y deslizarla en la cama. Cuando terminé de arroparla puse una mano en su frente y me sorprendió el calor que aún albergaba. Estaba ardiendo en fiebre.
—Voy a prepararle un agua —comenté antes de salir de la habitación.
Hacer la bebida para Poppy y recoger el pequeño desastre no fue algo tan complicado de lo que preocuparse, es más, hasta yo mismo me sorprendí al ver la pasión con la que hice las acciones. Después le llevé el agua y se la bebió como una niña educada antes de volver a acostarse.
No supe por qué ni con qué intención lo hacía, pero mi fuero interno me pidió que la observará por un momento. Me le quedé viendo embelesado. Poppy demostraba ser una mujer de carácter fuerte, divertida y con una chispa de alegría en sus ojos, por eso verla de esa manera tan débil y frágil hizo que se me encogiera el corazón.
«Es tu secretaria. Concéntrate» me reproché.
«Ay, anda, vamos, acéptalo. Te gusta Poppy Halper» me dijo mi interior y me sorprendió ver la guaza que esté podía usar.
Seguía observándola con atención a la vez que un tema que no sabía cómo había aparecido se discutía con mi fuero interno y mi mente. ¿Realmente me gustaba Poppy Halper?
No, no podía ser.
Con torpeza me incliné hacia ella y acomodé un mechón de cabello detrás de su oreja antes de acariciar su rostro suavemente. Y sin pensar muy bien lo que hacía, perfile sus labios con mi pulgar, lentamente. Parecía tocar una pluma, suave. Con lentitud me incliné un poco más y rocé mis labios con los suyos, haciendo que sintiera que podía tenerlo todo con esa pequeña acción que parecía contener demasiado.
Entonces mi mente proyectó el momento en el que por primera vez nuestros labios se buscaron con demasiada urgencia hasta encontrarse con exigencia.
»—¿Cómo puedo ser bueno contigo, Halper? —le había preguntado la noche que la había llevado a comer hamburguesas—. Porque de verdad quiero ser bueno contigo —terminé susurrando en su oído mientras ella
aún seguía con sus brazos alrededor de mi cuello.
»—No lo sé... —fue su respuesta, mirándome con profundidad a los ojos.
» El cálido ambiente en el auto era tranquilo y tenerla tan cerca de mí en ese momento había sacado mi parte más vulnerable. No recordaba muy bien cómo había comenzado. Solo que ella había estado dormida durante todo el trayecto, y que yo no había podido apartar mi mirada de ella. Y que cuando se despertó, nos quedamos mirándonos de una manera que no supe descifrar, pero que nos llevó a eso.
» Tal vez el alcohol que albergaba en su sistema y el mío fue el causante de eso. Y nuestras miradas el detonante.
»—Poppy —la llamé y ella me miró—, tengo una vida hecha un caos, pero por primera vez en mi vida quiero que eso cambie.
»—Prometo que lo hará, Nicholas. —Lentamente comenzó a atraerme más hacia ella—. Pero yo tampoco quiero que mi caos solo aumente tu caos.
»—Por eso dime cómo puedo ser bueno contigo —terminé diciendo, como si fuera la súplica de una persona desesperada.
»—Por el momento puedo estar bien con esto. —Y, sin esperarlo, sus labios se pegaron a los míos, adentrándonos en un apasionante beso lleno de encanto y deseo. Y aunque yo sabía que todo lo que Poppy me había dicho solo era por el efecto del alcohol y su dolor de cabeza, y sabiendo que después lo olvidaría todo, decidí aferrarme a aquellas palabras que me daban un poco de esperanza menguando la incertidumbre.
» Fue una esperanza que parecía lejana de llegar pero que yo sabía que si no ponía de mi parte se iba a esfumar totalmente.
«Concéntrate» me reprendí volviendo al presente. A ese presente tan delicado y vulnerable.
Seguí rozando sus labios con mucho cuidado mientras pedía a todo mi ser que grabará esa noche en el lugar más preciado de todos, ajeno a lo que de sus labios saldría a continuación.
—James...
Los latidos de mi corazón pararon de golpe a la vez que un frío me recorría la espina dorsal.
Me quedé estático en mi puesto, procesando aquel nombre que yo sabía no era bueno para ella, pero que ahí estaba, nombrándolo. Segundos después me levanté rápidamente y sin hacer ruido salí de aquel lugar y me dirigí al departamento a descansar. O eso quise hacerme creer.
Poppy
—Nicholas... Nicholas, por favor, quédate —pedí entre susurros, sabiendo que ya se había alejado sin comprender bien la razón.
Se alejaba.
Ya no estaba.
Y yo sentí que lo necesitaba…
💐
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Comments
Momys.rub
Ay nooooo manaaaaa!!!!!
Acabaste con el encanto con solo una palabra James!!!!
Nico relaja la raja amiiiikoooooo!!!!
Iraaaaaa esas lombrices q sientes q te están jodiendo la barriga, se llaman CELOS!!!
2025-01-20
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