Capítulo 12
Mahtob estaba en su recámara continuando con la lectura estaba hechizada por aquellas letras de Homero, por primera vez se sentía en otro mundo lejos de lo que conocía. Pero solo por momentos recordaba su vida en aquella tierra, aunque limitante, estaba llena de mistisidad y secretos. Rodeada de la inmensidad del desierto, como su testigo las pirámides y la esfinge que llevaban miles de años siendo expectadores de su inmensidad. Refugio entró a la habitación.
—Señorita le traje algo de comer.—dijo Refugio
—Shukran.—contestó Mahtob
—Que bonito cabello tiene, esa forma en que se delineó los ojos resalta su belleza.—dijo Refugio
—Encontré algo de maquillaje en el closet, supongo que es de la mujer que durmió aquí anoche. Solo estaba practicando aún no puedo maquillarme, solo hasta que vaya a casarme. Bueno ahora no lo sé, me siento dividida, sabes Refugio en mi casa me la pasaba danzando a mi padre le gustaba que danzara y aquí ni siquiera Pedro me deja usar el velo.—dijo Mahtob
—Creo que la señorita Paris tiene música árabe ella estudio danza deje ir a revisar.—dijo Refugio y salió de inmediato a la habitación de Paris.
Mahtob se emocionó, después de unos minutos volvió Refugio, traía con ella un cd de danza árabe, grabadora y un bedlah color rojo. Era tan brillanté.
—¿Quieres verme danzar Refugio? Mi madre me enseño desde pequeña. ¿Estamos solas en la casa?.—preguntó Mahtob
—Si señorita adentro solo estamos usted y yo, además estoy segura que el traje le quedará a la perfección.—respondió Refugio
—Se llama bedlah, bien entonces iré a cambiarme, es hermoso y trae su propio velo. Te va a encantar ya verás.—respondió Mahtob
Mahtob fue emocionada a ponerse el traje, es la primera vez que tenía la oportunidad de ponerse un bedlah para danzar. Dejó su cabello suelto, en el colocó algunos accesorios que tenía el bedlah, su cabello era tan largo que llegaba hasta abajo de su cintura, colocó el velo desde su cabeza y más medio cuerpo, ocultando su rostro solo dejaba ver sus ojos, eligió una de sus danzas favoritas. Refugio estaba sentada esperando que ella saliera, la danza comenzó a sonar
Mahtob entro danzando el movimiento de cadera característico de la danza del vientre, al igual que su madre, Mahtob bailaba como una diosa del desierto. Hechizaba con su movimiento, al mismo tiempo con el velo jugueteaba. Refugio jamás había visto algo tan bonito, para ella, Mahtob era como una princesa de los cuentos. No hay duda que lo traen en el ADN, Mahtob se sentía feliz haciendo su danza, se sentía en casa eso hacía que su corazón sintiera calor de nuevo y su sangre hirviera.
Pedro llegó a casa mientras se dirigía a su recámara se percató que se escuchaba música árabe, pensó que su hermana había regresado sin avisar. Siguió el sonido de la música hasta que se dio cuenta que esta salía de la habitación de Mahtob, llegó hasta su puerta y sigilosamente quería observar que estaba haciendo. Su sorpresa fue enorme al ver que estaba danzando usando el bedlah rojo, lleno de brillo que era de su hermana, quedó hipnotizado por el movimiento de sus caderas y lo hermosa que se veía. No podía apartar su mirada de ella, se veía tan sensual. Se veía diferente a la Mahtob que él conocía, se veía libre y feliz. Sus deseos se sintieron a flor de piel comenzó a sentir ese hervir en su sangre que solo ella provocaba, por fin podía admirar su hermosa figura. Para no arruinar el momento se retiro y las dejó solas. Se sentía perturbado.
Después de unos minutos se terminó la pieza y Refugio aplaudió fuerte.
—Que hermosa danza señorita, es lo más bonito que haya visto.—dijo Refugio
—Shukran, me trajiste felicidad. Iré a ducharme para comer. En un momento te devuelvo el bedlah, también todo lo que es de la hermana de Pedro. No vayas a tener problemas por haberme complacido.—dijo Mahtob
—No se preocupe este será nuestro secreto.—dijo Refugio
Mahtob se fue a dar un baño, después buscó ropa adecuada. Todo era muy ajustado, eligió unos jeans jamás había visto o usado algo así. También se puso un blusón blanco tipo camisa que le quedaba totalmente holgada. No podía acostumbrase a la ropa de esa tierra extraña y a no usar su velo. Tenía años utilizándolo, ella recordaba la emoción que sintió al saber que tendría que usar su velo. Su madre le compró miles de velos para que eligiera los más bonitos, cada vez la nostalgia la invadía más y más, sentía como todos sus recuerdos los arrastraba el viento lejos de ella. Se sentía perdida, dividida y sin rumbo.
Pedro se encerró en su habitación hasta controlar sus deseos, no podía apartar de su mente la imagen de Mahtob danzando. ¿Que le había hecho? Él jamás había sentido tanto deseo por alguien. Pero no solo era deseo cuando estaba cerca de ella lo hacía sentir tranquilo. Él jamás había tenido a una persona que le diera tanta armonía con solo tenerla cerca. Cuando la besó a la fuerza ella lo desarmó, Mahtob era lo único bueno, puro y sano que había en su vida. Esa vida corrompida por los negocios sucios y la perversidad del dinero. También sabía que ella lo aborrecía, por eso se arrepintió de habérsela robado. Pero no había otra manera de tenerla con él. Estaba enloqueciendo, perdiendo su buen juicio por una mujer musulmana.
No podía más tenía que estar cerca de ella, así que salió de su habitación y se dirigió a buscarla. Llegó hasta su recámara estaba la puerta abierta, ahí estaba ella sentada en su sillón de lectura terminando la iliada con su cabello castaño claro y largo, para Pedro ella era perfecta.
—¿Estas bien?—preguntó Mahtob
—Si, estoy bien. Veo que ya comiste.—respondió Pedro
—Si, ¿tú ya comiste?—preguntó Mahtob
—No, aún no. estaba buscando a Refugio. Ya casi terminas la iliada, eres una lectora muy hábil.—dijo Pedro
—¿Seguro que estás bien? Tu tono de voz se escucha algo alterado. Por lo que he visto estos días tú no eres así.—dijo Mahtob
—Ya te dije que estoy bien.—contestó Pedro
—Está bien ya no preguntaré, deberías tomar asiento. Necesito hablar algo contigo.—dijo Mahtob
—Bien dime.—dijo Pedro
—Como ya no pertenezco a mi familia, ahora pertenezco a ti. ¿Que destino tienes para mi?—preguntó Mahtob
—Eres demasiado atrevida al hacer esa pregunta, en verdad ¿quieres saber qué destino tendrás?—preguntó Pedro
—Te lo preguntó, porque es claro que no sabes qué hacer conmigo.—dijo Mahtob
—Vas a ser mi esposa, cuando yo lo decida. Mañana quitarán los sellos de las ventanas para que puedas salir al balcón. Ya te lo había dicho una vez, pero lo repetiré te quedarás conmigo para siempre.—dijo Pedro
—Si, pero tus mujeres estarán de acuerdo. por qué la que se fue en la mañana casi me agarra a golpes por no saber dónde estabas. —dijo Mahtob
—¿Tienes celos?—preguntó Pedro
—No, no sé qué es eso, pero ella si y estaba furiosa pensé que me golpearía. Pero solo me insultó, pienso que una mujer como ella es más de tu tipo. Obviamente más que yo.—dijo Mahtob
Pedro se levantó sin decir una palabra y salió de la habitación. Estaba furioso por lo que acababa de escuchar, iba a buscar a Florencia, como era posible que se atreviera a intentar agredir a Mahtob
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Comments
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
será mejor que la hagas desaparecer
2025-02-10
1
Irma Ruelas
🤬😡🤨🤔🫣🫣😭🥺😔😔
2024-08-12
1
Lía Thiago
Excelente 👏👏👏👏
2024-06-20
1